16 de febrero de 2012

Capital Area Food Bank: corazones hambrientos, ciudades hambrientas


Publicado en Ateneo Naider.


Bruce Springsteen es uno de los artistas más conocidos de la cultura musical popular estadounidense. Su tema Corazón Hambriento fue un éxito allá por el año 1980. Todo el mundo quiere tener un hogar, nadie quiere estar solo, reclama la canción. Eso probablemente fue lo que intuyó durante aquel mismo año Lynn Brantley, quien lleva todo este tiempo, 32 años, al frente del Capital Area Food Bank, la institución encargada de distribuir alimentos más grande en Washington DC y sus ciudades colindantes.

Lynn es de esas emprendedoras sociales que tiene un corazón hambriento, tanto que no se ha contentado con satisfacer a amigos y familiares sino a toda una legión de personas que por una u otra razón se han visto necesitadas de alimentación. Comenzaron un puñado de personas voluntarias que veían con horror que en la capital de país más rico del mundo pudiera haber tanta gente que pasara hambre. El CAFB ahora ya supera la centena de profesionales que día a día tratan de frenar una de las necesidades primarias y fisiologías del ser humano cuando estas no están resueltas, repartiendo casi 14 millones de kilos de alimentos al año, a medio millón de personas que viven en el área metropolitana de la ciudad capital, en un sistema que no se caracteriza precisamente por la redistribución.

Según el Global Metro Monitor, el área metropolitana de Washington DC es una de las 10 ciudades con mayor ingreso per cápita del mundo en 2011 y la tercera de EEUU por detrás de Hartford y San José. Arrastrada principalmente por el aparato político y burocrático de EEUU, por su importante presencia intelectual a través de institutos de i+d social y por think tanks, es un referente para todo aquel que tenga intenciones de influencia política -por razones obvias- en EE.UU. y en el mundo entero. Y a pocos kilómetros de DC se encuentra Baltimore, una de las 50 ciudades más peligrosas del planeta según el estudio del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública de México.

En la otra vida real norteamericana, aquella que va más allá del Capitolio, de Disney World, de Hollywood y de esa Las Vegas de desenfreno, y a mucha distancia de la idea del sueño americano aunque a escasas millas de la Casa Blanca, cohabita gente como Claudia, salvadoreña que trabaja en empresas de limpieza desde hace 10 años y que llegó a este país con muchas ganas de progresar; a pocas calles vive Mike, hijo de un cowboy que emigró a la capital después de la guerra de Vietnam; y por supuesto está también Darlon, de origen hindú e invidente; y por qué no mencionar a Félix, un boliviano del valle alto cochabambino pero que ya se siente de Arlington, después de 20 años allí.

Los cuatro han estado trabajando regularmente durante años, pero por una u otra razón –crisis de empleo, han tenido niños, su empresa les ha reducido las horas al ser a medio tiempo o simplemente no les alcanza para pagar los alquileres- son parte de ese universo de 40 millones de personas en Estados Unidos que viven bajo la línea de la escasez material. Todos ellos ya son Norteamérica, esa que algunos se empeñan en negar irresistiblemente. Los cuatro reciben complementos alimentarios, las llamadas food stamps, una importante fórmula de redistribución de renta, específicamente destinada a obtener alimentos.

La difusión del programa gubernamental de bonos de comida, llamado SNAP (Suplemental Nutrition Assistance Program, antes conocido como food stamps) ejercida por el gobierno federal lleva ya 70 años en marcha, pero ha sido en los últimos tiempos cuando el mismo Departamento de Agricultura, impulsor del programa, ha decidido solicitar ayuda más decidida a quienes mejor saben reducir el hambre a pie de campo: los bancos de comida, que al tener un profundo conocimiento del terreno, al trabajar con otros dispensarios de alimentos y con instituciones de ayuda humanitaria, han decidido emprender campaña para lograr incrementar las cifras de favorecidos. Lamentablemente casi dos tercios de los beneficiarios con derecho a las food stamps no logra hacerse con ellas, principalmente por falta de información, a pesar de ser elegibles.

El Capital Area Food Bank, parte de la red a nivel nacional Feeding America que agrupa a unos 200 bancos de comida, trabaja como una moderna y compacta institución, en el sentido más operativo de la gestión de sistemas logísticos, administrando como un reloj sus dos almacenes de distribución mayorista, sus programas de entrega móvil, además de contar con modernos y efectivos programas educativos. Están interconectados con sus instituciones homólogas en otros estados a través de un sistema de información integrada, con procesos flexibles y haciendo lo que mejor saben hacer: trabajar para reducir el hambre.

Justamente en estos días en que el modelo del estado de bienestar europeo se tambalea, días en los que se debate la funcionalidad del seguro médico universal –todavía a la espera de ser aprobado en EE.UU. como prometió Obama–, y en los que se hace patente que las grandes fortunas pagan porcentajes de impuestos relativamente bajos (ahí está el multimillonario Warren Buffet para admitirlo) es que se requiere un esfuerzo más decidido por evitar el hambre en Norteamérica.

Así, este país en su vanguardia también ha sabido desarrollar sistemas alternativos a lo que marcan las políticas públicas, y aunque la redistribución de la renta no haya parecido una prioridad a lo largo de los años, la crisis actual ha dejado patente nuevamente las necesidades del eslabón más débil de la cadena: el obrero, el trabajador a tiempo parcial, la madre de familia numerosa, el inmigrante de larga data y en general quien forma parte de grupos minoritarios. Y precisamente un dispositivo que ha funcionado eficientemente ha sido el de la filantropía y el mecenazgo. Si el gobierno no da lo que la gente necesita, la sociedad civil se organiza para encontrarlo por la vía privada, al final de cuentas la sensibilidad social no entiende de latitudes ni de idiomas.

Cuando se observa la aplicación informática de oficina del censo norteamericana, publicada en el New York Times, se puede advertir, cómo en casi todas las grandes ciudades del mundo, la diferencia de salarios, de nivel educativo y de ingresos por barrio es en algunos casos abismal. Lo que llama más la atención es que esas diferencias se mantienen y a veces amplifican según el origen étnico. Hispanos con hispanos, blancos con blancos y afroamericanos con afroamericanos. Pero para pensar en lograr una integración efectiva, quizás se deba cubrir una necesidad más primaria aun, la del alimento, tema ineludible en la futura elección presidencial, puesto que las amenazas de recortes han logrado poner en el tapete nuevamente un problema que afecta a uno de cada siete pobladores norteamericanos: el hambre. De esta forma, el 77% de los votantes de DC, cada vez más críticos con sus representantes, piensan que el hambre es un problema grave en EEUU.

El Capital Area Food Bank comenzó a hacer difusión del programa SNAP desde sus inicios, principalmente en el centro de DC, ampliando su presencia hasta tener un equipo que ha logrado incrementar las solicitudes de participación en dicho programa en la región significativamente en los últimos cuatro años. Uno de los mayores obstáculos ha sido el desconocimiento de la gente en materia de derechos y los mitos negativos en torno al programa, entre los que hay un amplio rango de historias. Desde los argumentos ficticios de que quienes soliciten los suplementos serán penalizados o cobrados en el futuro, hasta que es un método de rastreo e identificación de inmigrantes ilegales, o que incluso que trae futuras penalizaciones en la oficina de migración. Mitos que el CAFB trata de apartar. Ni es un indicio para el inmigrante ni es una deuda contraída con el Estado. Simplemente es un bono de comida auxiliar.

La mayor parte de los beneficiarios son personas nacidas en Estados Unidos, aunque también hay quienes acceden a estas ayudas siendo residentes legales en Norteamérica de más de un lustro, abarcando gente de orígenes tan diversos como México, Honduras o Etiopia. En cuanto a los ciudadanos escépticos, cabe recordar que con estos cupones no se penaliza la actividad económica, sino al contrario, se activa. Existen cálculos que demuestran que por cada cinco dólares repartidos en los beneficiarios del programa se obtiene casi el doble en actividad económica para la comunidad. Inclusive en un reciente estudio de la Fundación Sodexho, se ha demostrado que permitir el hambre cuesta nueve veces más que prevenirla. Otro mito extendido difunde que a quienes solicitan este bono se les acusa de comprar comida cara, poco saludable y de efectuar gastos insulsos. La realidad, contrariamente, dice que los beneficiarios del programa alcanzan más productos nutritivos por dólar que el resto de compradores regulares. Huelga decir que con la tarjeta no se puede comprar otra cosa que no fuera comida.

Los requisitos básicos para acceder a los beneficios del programa comprenden el nivel de renta –menor al techo propuesto por el Departamento de Agricultura–, tener una renta disponible igualmente baja y tener nacionalidad estadounidense o residencia permanente. Javier, ciudadano peruano que vive en Woodbridge desde hace varios años aunque todavía sin su green card, protesta con toda lógica cuando se entera de este último requisito. Y dice con toda lógica, que su hijo ha nacido allí, y que por lo tanto tiene derecho. Está en lo cierto. Para ello, se ha logrado que los menores de edad accedan a un derecho legítimo, por medio de sus padres, quienes reclamarán una tarjeta para ellos.

En el terreno ideológico, igualmente hay ficciones. Está extendida la idea en las capas más conservadoras de que “el que no tiene es porque no quiere”. El economista indio, profesor de la Universidad de Harvard y premio Nobel, Amartya Sen, entre otros, ha tratado de desmontar esta distorsión, explicando las consecuencias perniciosas que trae la desigualdad, ya no solamente en términos de criminalidad sino de éxito económico. Sen defiende que además de las desigualdades de acceso, existen otras capacidades que perviven, las denominadas capacidades de agencia, las de “querer ser” o de aspiración, sin las cuales, los niveles de éxito y las metas, son mas moderados. No obstante aquí se trata de nivelar la desigualdad más básica dentro de la escala de motivaciones humanas, la de la alimentación, en el nivel de seguridad fisiológica más básico.

El investigador boliviano Roberto Laserna, doctor por la University of California-Berkeley, uno de los economistas más prestigiosos de Bolivia en planificación regional, destaca que la opción de los cupones de comida da al consumidor libertad de elección, lo que además le hace más responsable. En cuanto a los beneficios logísticos, destaca su mayor facilidad de administración, lo que a su vez implica menos riesgo de corrupción comparando esta vía con las compras y entregas de bienes físicos. Además destaca la posibilidad de lograr una mayor diversidad de demanda, puesto que al escoger la gente el producto, el rango de bienes demandados es mucho más amplio y por tanto el impacto en el mercado menos concentrado y más diverso, aunque en su opinión recela la posibilidad de que el receptor, necesitando otro bien, obtenga alimentos para venderlos a bajo precio, admitiendo que incluso así, distorsionándose el mercado, se pierde dinero, pero logra satisfacer su necesidad (que incluso pudiera ser medicinas, arreglos de la casa, deudas, etc.).

Pero más allá de las razones y las necesidades objetivas, es palpable la sensibilidad de un sector importante de la población, que se visibiliza aun mas a través del trabajo del voluntariado, siendo ésta otra de las fortalezas que destaca en Estados Unidos, pero sobre todo en el Capital Area Food Bank. Miles de personas han pasado por los centros asistidos para ofrecer su tiempo por el bien de la comunidad, inclusive hace unas semanas la misma familia Obama y otros miles de voluntarios anónimos donando uno de los bienes escasos más preciados: su tiempo.

Así es que corazones hambrientos, dígase solidarios, tratan de redistribuir alimentos y de llegar a cubrir esa insuficiencia que pervive en nuestros días de hiperconexión, a pesar de las mejoras en los estándares de vida, en la salud y en las formas de producción. El hambre es tan antigua como la humanidad, pero por más que avance la tecnología, todavía no se ha erradicado completamente como síntoma perdurable del sistema.

Más información acerca del Capital Area Food Bank: www.capitalareafoodbank.org

8 de febrero de 2012

Culturas: por pedir que no quede


Publicado en Los Tiempos.

Aunque los Reyes Magos ya han pasado de largo hace un mes, todavía queda una esperanza de comenzar con regalitos el 2012 en materia cultural, confiando en que el nuevo ministro Pablo Groux -uno reciclado- que vuelve tras un breve periplo por tierras galas como embajador ante la UNESCO, traiga nuevos vientos.
A propósito de la cutivuelta de Groux, a los moderadores de las redes sociales de las revistas Lamalapalabra y LaRamona se les ha ocurrido hacer sendas tertulias 2.0 y preguntar qué queríamos los lectores sugerir, algo que se obvió en la pasada gestión: la participación vía internet. Entre las peticiones había reivindicaciones varias, desde el fomento de microemprendimientos culturales, pasando por el desarrollo del apartado educativo dentro de lo cultural,  hasta la exportación de las industrias culturales nacionales. El mismo Groux en sus cuentas de twitter y facebook lo hizo, en un ejercicio que su predecesora Salguero olvidó, al menos cuando propuso la Ley de Mecenazgo.
Y aunque Groux ha señalado que las prioridades apuntarían a Samaipata, Tiwanaku, Sucre, el Cerro Rico y las Misiones, una papa caliente es precisamente aquella Ley que permitiría que empresarios y ciudadanos dirijan sus dádivas hacia proyectos de interés social, con el aliciente de recibir beneficios fiscales. El asunto se amplía cuando se reconoce que el mecenazgo abarca otros ámbitos más allá de los culturales, haciendo que, al igual que el Godot de Becket, su entramado legal esté “a puntito de hacerse efectivo”, desde hace muchos años.
Pero ya que se nos pregunta, sugeriría dar un vistazo a la conexión cultural como herramienta de desarrollo local, regando el arbolito para que crezca desde abajo hacia arriba y sean las propias comunidades, asociaciones, barrios, OTB y usuarios directos, quienes desarrollen sus propuestas, dejando un frondoso bosque, en línea a lo que pretende, por ejemplo, el Centro Latinoamericano de Desarrollo Rural, RIMISP, con su experimento de Desarrollo Territorial Rural con Identidad Cultural en lugares como Curahuara de Carangas y Entre Ríos.
Siguiendo con los deseos, los más demandados inciden en la difusión de las culturas nacionales puertas afuera (y también adentro). Se puede sugerir la no tan novedosa (Perú lleva una década en ello) creación/afirmación de la “marca Bolivia” para lograr intercambios e interconexiones efectivas. Estos planes potencian no sólo a los grupos artísticos, sino a toda la industria boliviana, ya que se le da un cariz cualitativo a los productos nacionales, pero desde el germen de la creatividad y el acervo cultural, lo que el teórico Richard Florida denomina aporte de la “clase creativa” al atractivo local. Ya lo comentaba hace unos días el escritor Sebastián Antezana, recordando nuestro caso de “underdogs”, es decir de individuos que llevan  las de perder, siendo una tendencia que quizás en la literatura podría estar cambiándo gracias a gente con visibilidad internacional como Paz Soldán, Mitre, Rivero, Hasbún o Ferrufino.
Se puede dar un vuelco a esta negación de lo nuestro -principalmente por desconocimiento- de una forma integrada. Ya sea en la gastronomía homogeneizando un sistema de denominaciones de origen (certificaciones de procesos cualitativos específicos con una objetiva raíz en los saberes populares) ya en funcionamiento en Tarija, o en casos similares como las artesanías o el periodismo narrativo por poner ejemplos en marcha, pero siempre a través de una “puesta en el mapa” o puesta en valor.
Mucho que hacer para Groux. Una modernización que además debería implicar la sostenibilidad en el tiempo del mismo ministerio más allá de la persona o del proceso de cambio.

26 de enero de 2012

El Volcán de Potosí se llama Óscar


Los volcanes suelen estar rodeados de montañas y su peligro es latente; nunca se puede descartar del todo su erupción. En Potosí hay uno encendido, no se llama Tunupa ni Licancabur, sino Óscar, alias el Volcán de Potosí. Se trata pues de un delgado muchacho, cobrizo y de Villazón, ciudad de 40 mil habitantes fronteriza con la Argentina.

Óscar Soliz Vilca, por sus logros, es seguramente el más importante deportista de Bolivia en disciplinas olímpicas de la actualidad. Es campeón Bolivariano de contrarreloj individual en ruta y ha ganado las competiciones ciclísticas más importantes –nacionales e internacionales-- que se corren en el país, a la sazón la Vuelta a Bolivia y su antecesora Doble Copacabana, la Sucre-Potosí, la Vuelta a Cochabamba o los campeonatos nacionales en ruta y contrarreloj.

Pero esta temporada ha parecido dar el salto definitivo, fichando por el equipo Movistar Continental, filial de uno de los más grandes del mundo, el Movistar Team, heredero de la estructura “piramidal” donde ha competido gente como los españoles ganadores del Tour de Francia y Vuelta a España Miguel Induraín y Alejandro Valverde, y más cercanos como el venezolano José Rujano, pódium en un Giro de Italia. Con sus nuevos compañeros de la rama sudamericana, Soliz ha ganado una etapa hace pocas semanas de la Vuelta a Costa Rica.

Se podría afirmar que, quitando a futbolistas, es uno de los escasísimos deportistas profesionales de Bolivia, tanto que se pueden contar con una mano, utilizando la acepción más monetaria –en perjuicio de la cualitativa—del término, ya que prácticamente nadie vive del deporte por estos pagos.
Dar pedaladas 6 horas diarias, arriesgando la salud, la educación formal y las obligaciones familiares no es sencillo. Estamos hablando del deporte probablemente más absorbente en términos de tiempo y bienestar físico. Para mantener a su familia, además de su club, recibe ayuda del Viceministerio de Deportes (vía FID) y de un par de instituciones privadas.

Entre sus objetivos importantes de la temporada está la Vuelta a Colombia, país donde el ciclismo es un asunto nacional y en el qué saben bien cómo se mueve esa industria. Allí precisamente conoció a uno de sus grandes amigos del pelotón, el ciclista Libardo Niño a quien guarda cariño. Igualmente aprecia como amigo de profesión al cruceño Yamil Montaño, y admira  a Lance Armstrong aunque evade comentar el caso Contador.

Pero a Óscar le quedan por cumplir un par de sueños deportivos, cada vez más cercanos: competir en Europa, ya sea en las clásicas flamencas o en una de las Tres Grandes, y en unos Juegos Olímpicos, gusto reservado hace cuatro años a otro buen ciclista boliviano, Horacio Gallardo.

Y aunque ya quedan pocos meses para los Juegos de Londres, Soliz dice no saber nada sobre el asunto. De hecho todavía no se ha dado una lista de los preclasificados más allá de los beneficiarios de las becas de la fundación con sede en Suiza, Solidaridad Olímpica.

Paso a paso, es la idea. Seguramente no habrá una medalla olímpica en 2012, ni una etapa en el Tour, pero ya ha cumplido el sueño de muchos, hacer del deporte una forma de vida (seguramente desmintiendo alguna teoría de profesores de corte clásico) y sobre todo, demostrar que, al menos se puede competir en igualdad de aspiraciones y hasta colgarse medallas, no importa si el rival ha nacido en Buenos Aires, Bogotá o Villazón.


11 de enero de 2012

“Memorabilia” y otras intimidades literarias


Publicado en el diario Los Tiempos, Página Siete, Ecdótica y en el blog de Claudio Ferrufino Coqueugiot. Ilustración de Jaime Saenz, para la obra teatral La noche del viernes. Publicada en La Mariposa Mundial Nº 18, 2010. 


            Desde la infancia nos hemos esforzado por conseguir la llave del diario juvenil de nuestras hermanas mayores. Ahora con Facebook todo es mucho más fácil, ya que no sólo ellas, sino los cientos de contactos que tenemos, se esfuerzan por mostrar pedazos de su intimidad, más todavía con el nuevo “timeline”, que pretende llegar a ser un gran libro o secuela de recuerdos, todo en apariencia muy entrañable.
Ya lo sugirió Enrique Vila-Matas en una novela suya, “Extraña forma de vida”. Las personas comunes, pero más todavía quienes escriben, son curiosos compulsivos, que se esfuerzan por escudriñar en la privacidad del resto de la gente, teniendo siempre un prisma más exhibicionista, por muy pudorosos que sean.

Los diarios personales, a veces secretos, han sido un subgénero latente en la literatura, digamos que de culto, igual que la literatura epistolar. Ana Frank ha dejado quizás el relato personal más leído (y vendido) sobre las penurias durante la II Guerra Mundial; Oscar Uzín, ganador del Premio Nacional de Literatura Erich Guttentag en Bolivia y sacerdote dominico, defendía los diarios como una potencial escuela primaria de todo escritor; Rodrigo Hasbún y Maximiliano Barrientos, por su parte, han hecho de esta plataforma una pasión, reflejándose en la forma de su escritura y en sus inquietudes académicas; inclusive el Premio Nacional de Novela de este año ha recaído sobre la obra “Diario Secreto”, firmada por Claudio Ferrufino-Coqueugniot.

En el mercado anglosajón, las editoriales han respondido con éxito a estos impulsos de curiosidad con la edición de textos dedicados a lo que llaman “memorabilia”. El célebre cronista norteamericano del exceso, refundador del nuevo periodismo y conocido por impregnar de subjetivismo al objeto, Hunter S. Thompson, recopilaba vivencias, anécdotas y fotografías de lo que ahora se conoce como el periodismo Gonzo, una suerte de narrativa de la experiencia.  El autor de “Miedo y asco en Las Vegas”, encarnada en el cine por Johnny Deep y Benicio del Toro, durante un viaje a Bolivia mencionado en “Cartas de miedo y asco, vol. 1: La carretera orgullosa”, apuntó destellos de su malditismo y vida de bohemia entregada al alcohol y a las drogas, dejando escrito en La Paz en 1962: "Estoy tratando de salir de aquí, en el tren de la selva, pero el hotel no aceptará mi cheque, así que no puedo salir. Me siento en la habitación a tocar el timbre por más cerveza. La vida ha mejorado enormemente desde que me he visto obligado a dejar de tomarla en serio”.

Pero la intimidad literaria no se reduce a los impulsos pasionales puntuales, mezclándose éstos a veces con proyectos literarios potentes. Si en el mundo hispano la literatura epistolar entre los argentinos Bioy Casares y Borges ha dejado abundante material para el análisis, el estudio y el recuerdo nostálgico, en Bolivia en 2010 se contó con una iniciativa valiosa, promovida por el poeta Rodolfo Ortiz, exbaterista de Loukass, recuperando cartas, folletos, poemas, revistas y dibujos de uno de los escritores más importantes de la historia boliviana, Jaime Saenz, en el especial de la revista literaria “La mariposa mundial” nº 18, y ya parece ser objeto de colección.

Llámense diarios personales, cartas, memorias, blogs, libretas moleskine, agendas gráficas o álbumes de fotos escritos a mano, “timeline” o biografía de facebook, necesitamos y nos interesamos por esa parte que no se quiere mostrar frontalmente pero que nos gustaría que se conozca algún rato.

29 de diciembre de 2011

La fuerza natural de Cerati y Spinetta



Son dos tipos delgados, desgarbados, rockeros, de apellidos italianos, de pelo rizado y moreno, acostumbrados a dejar riffs poderosos en sus guitarras y melodías penetrantes, bonaerenses, nacidos en los años 50 –uno a principios de década, el otro a fines-, sufridores del contexto de las dictaduras, y sobre todo transformadores de la música popular argentina o de la percepción de ésta fronteras afuera.

Luis Alberto Spinetta y Gustavo Adrián Cerati son dos de los más importantes sobrevivientes de la leyenda del llamado rock latino. El único que tiene una sombra más alargada es Charly García. Todos ellos son supervivientes de una vida frenética, dirigida por esa bestia creativa que el trío sin proponérselo comparte.

En una encuesta realizada años antes a varios músicos de la escena rockera argentina preguntando por el mejor álbum de la historia de ese país, proclamaron al disco “Artaud” vencedor y fue firmado por una de las bandas de Spinetta, Pescado Rabioso, en un guiño al literato francés Antonine Artaud. Cerati precisamente votó por aquella pieza musical.

La importancia del triduo sacro del rock argentino compuesto por Charly, Spinetta y Cerati en América Latina es fundamental. Si el movimiento del rock mundial tiene base en Chuck Berry, Elvis, Los Beatles, Dylan y los Rolling Stones, lo que implica que la música de este género tenga el inexpugnable filtro británico y norteamericano hasta los años 70 (incluso después), en las décadas posteriores surge también el tamiz de influencia de estos tres argentinos en un gran espectro de la música rock en español, desde el Rio Grande mexicano hasta el Cabo de Hornos chileno.

El 4 de diciembre de 2009, Spinetta festejó 40 años de actividad musical con esos dos colegas en escena, entre otros, dedicando media docena de horas al nutrido público que atestaba el estadio de Vélez. Juntos, Spinetta y Cerati interpretaron Bajan y poco tiempo después Té para tres, dos piezas antológicas.

Pocos meses después de aquel concierto, Gustavo Cerati sufrió un ictus cerebral que lo dejó postrado en la cama de un hospital hasta hoy, en estado de coma. Por su parte, el Flaco Spinetta ha sorprendido esta semana a todos comunicando que padece de un severo cáncer de pulmón. Aún así, ambos se mantienen como pueden aferrados a una vida acelerada, violenta en lo artístico, transformadora. Spinetta impuso su impronta a fines de los 70, Cerati lo hizo diez años más tarde junto con su banda Soda Stereo.

A la manera de Los detectives salvajes de Roberto Bolaño, sus fans saltan de link en link, de noticia en noticia buscando rastros de ambos. Una persecución desbordada para encontrar esa buena noticia que no termina de llegar. También persiguen entrevistas, acordes y relatos relacionados que eviten especulaciones burdas. En cuanto a García, parecería estar repuesto de los nocivos fantasmas de sus adicciones, con unos kilos de más, y ha vuelto a dar conciertos. Los otros dos lo tienen mucho más complicado. Sus hinchas, en un ejercicio irrefrenable y quizás egoísta, esperan una difícil recuperación, la vuelta de ese patrimonio que ya es de todos, pero que no parece atravesar su mejor momento de salud.

Pero lo cierto es que Charly, y sobre todo Cerati y Spinetta están vivos, en cuerpo y alma. Es de justicia recordarlos y poner play una vez más.

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Estos son versos que Spinetta le dedicó hace unos meses a Cerati, luego de visitarle en el hospital:

Dios Guardián Cristalino de guitarras / que ahora / más tristes / penden y esperan / de tus manos la palabra / Precipitándome a lo insondable / tus caricias me despiertan a la vez / en un mundo diferente al de recién... / Tu luz es muy fuerte / es iridiscente y altamente psicodélica / Te encuentro cuando el sol abre una hendija / que genera notas sobre la pared sombreada / Y suena tu música en la pantalla / sos el ángel inquieto que sobrevuela / la ciudad de la furia / Comprendemos todo / tu voz nos advierte la verdad / Tu voz más linda que nunca

21 de diciembre de 2011

Sobre los Modelos de Conducta Positivos


Artículo publicado en el blog de Educación del Banco Interamericano de Desarrollo, tanto en inglés como en español y en la nueva revista de Comunicación de la Universidad UPAL, Kibernet. Imagen: www.olympic.org

La inferencia es el terreno propicio para sentar las bases de un sólido aprendizaje experimental y eventualmente, científico. Cuando el ser humano hace inferencias cruzadas acerca de sus ideas, capacidades y posibilidades (también imposibilidades) logra despertar ese motor de la curiosidad que lleva dentro.
Afortunadamente existe una cadena evolutiva para ello con miles de años de trayectoria que conviene recordar a nuestro cerebro cada cierto tiempo. Nunca está de más mirar alrededor y pensar el porqué del éxito de una actividad como ejercicio de memoria histórica.
Bolivia, país cercado por una de las porciones más altas de la cordillera de los Andes, es un lugar rico en tradiciones y culturas originarias, aunque quizás con una visibilidad algo encofrada, expuesta a unas cuantas almas curiosas y afortunadas, en parte debido a su enclaustramiento marítimo o a la difícil accesibilidad de su territorio, precisamente por su orografía.
Aun así, el mito del encierro parece estar quedándose poco a poco relegado más a eso, a una leyenda o la historia fundacional del país. En el andar diario, con el desarrollo de los pueblos y ciudades en las llanuras del oriente, con la llegada de la globalización, del internet y la migración -campo/ciudad pero también internacional-, esa capacidad de aprendizaje e intercambio se ha enriquecido, convirtiéndose en una suerte de posibilidad de formación multidimensional y ecléctica.
No obstante, existen todavía algunos terrenos, principalmente simbólicos, en los que la facilidad de transmisión de modelos exitosos, especialmente de conducta, no resultan tan sencillos. Aquellos que en Norteamérica se han trabajado ampliamente a través de los role models, muchas veces espoleados por una cultura deportiva amplia y una industria cultural robusta, también tienen su equivalente en los pueblos y culturas aimaras, quechuas, guaraníes y en general en ese sincretismo heredado de Occidente, a su vez influido por la cultura oriental, encarnado en las figuras de los mallkus, caciques, jefes de tribus o senseis, gujis, sumos sacerdotes o achachilas. Sus enseñanzas se han extrapolado a la vida diaria, ya no en una estructura de castas, cultos o doctrinas, sino más bien como actividad cotidiana. De ahí surge la necesidad de formar o desarrollar nuevos modelos positivos de conducta, a veces complementarios y otras inexistentes por las nuevas realidades, no con un sentido de homogeneización sino más bien como elemento motivador y en el cual mirarnos al espejo.
A todo el mundo naturalmente le suele agradar que el vecino del barrio, o el colega del pueblo de origen, gane una vuelta ciclística regional, firme una obra literaria o sea propietario de una microempresa, porque, generalmente significará que algo hizo bien, y que algunos de los valores que encumbraron su éxito son compartidos por su comunidad de origen.
El sentimiento identitario y de pertenencia es el acervo y patrimonio más singular que tienen las personas. Lamentablemente, en una parte importante de casos, los modelos positivos de conducta suelen sobresalir en las sociedades contemporáneas muchas veces, espoleados por los criterios de mercado. Si el grupo que interpreta cumbia del pariente vende tanto, pues tan famoso es, y si el delantero de la comunidad juega en un equipo participante el Copa Libertadores, tanto más cotizado será.
Los modelos positivos de conducta en América Latina y particularmente en Bolivia han estado históricamente más escondidos, y cuando no, aclamados principalmente como un exotismo. Afortunadamente, gracias a la mundialización de las preferencias y a la democratización cultural, ese patrón está cambiando. Así, una figura del rock/pop de calidad mundial como el argentino Gustavo Cerati, un hilarante actor y guionista como el mexicano Chespirito, un conjunto folklórico como el de los bolivianos Los Kjarkas o un dibujante a la altura del argentino Quino ya no tienen que vender solamente en los mercados del hemisferio norte para ser reconocidos, lo que complementa -en posibilidades culturales- a los que lograron encumbrarse en el gran mercado, como los casos exitosos de Shakira, Abreu y Dudamel con la Sinfónica Simón Bolívar, Vargas Llosa, García Márquez, Fernando Botero o el grupo Calle 13. Los tres ámbitos, -internacional, nacional y regional- son un complemento urgente, ya que los valores estéticos no parecen ser universales, a favor de las representaciones de carácter local, con referencias puntuales y específicas, circunstanciales se podría decir, que al final de cuentas son nuestras referencias más primigenias y cercanas.
La construcción de los modelos positivos de conducta no siempre es un ejercicio planificado. Muchas veces el hecho se desarrolla de forma espontánea y viene a ser marcado por la coyuntura. Aún así, el abono del terreno fértil para lograr que los modelos aludidos se arraiguen mejor, se logra con mayor facilidad en la niñez. Para eso, el deporte es un potente transmisor de valores y objetivos en la infancia temprana. Mucha gente desearía que sus hijos logren un acceso a la filosofía aristotélica, que cultiven una disciplina férrea, que se enfrenten a los dilemas de la ciencia con soltura y que tengan capacidades narrativas sobresalientes, pero los niños necesitan ante todo algo más sencillo: jugar, y esa es la esencia primaria del deporte.
Como bien dice el campeón de futbol argentino y ex director deportivo del Real Madrid, Jorge Valdano, el deporte rescata ese vinculo entre el cuerpo y la mente que tanto trabajaron en la Antigua Grecia, añadiendo el componente social y espiritual que también defendió el Barón Pierre de Coubertin, fundador de la visión olímpica.
Valdano añade las tres características de la actividad deportiva: el deseo de representación, la pasión, y la dimensión estética, facilitando las tres esa innata capacidad de aprendizaje que tienen todas las personas, asumiendo éstas ese proceso casi inconscientemente. Al final de cuentas el deporte es un juego, y en palabras del argentino, el juego quizás sea el primer antecedente del arte y la cultura.
Será importante pues, trabajar una de las regiones del mundo emergentes en materia deportiva en lo que son sus role models o modelos positivos de conducta. Estamos a menos de un lustro de los primeros juegos olímpicos de la historia en Sudamérica –los de Río de Janeiro- y los segundos en un país latinoamericano, tras la aventura mexicana hace más de cuatro décadas y los ejemplos exitosos no faltan, simplemente hay que socializarlos y promocionarlos un poco más. Estamos también a dos años de la Copa del Mundo de futbol de Brasil, lo que en su conjunto será un escaparate excelente para fomentar los modelos mencionados, pero haciendo énfasis en el terreno lúdico y educativo.
Por primera vez en la región el deporte marcará la pauta e influirá en las relaciones sociales, como suceso socioeconómico y hasta político. Habrá pues que aprovechar el hervidero mediático que se avecina, en los albores de un acontecimiento que ejercerá como referente deportivo mundial.
Y cuando los focos apuntan al escenario, a esa caja negra que hace que el único espacio de referencia -el alumbrado- adquiera un cariz mágico, cuando el espectáculo esté preparado y los espectadores en sus butacas, conviene tener listo el guión, ese plan de abono y nutrición de lo que nuestros niños recordaran durante las siguientes décadas.

15 de diciembre de 2011

Europa, sus extremos y rebalses

Publicado en Los Tiempos y Pagina Siete. Ilustración de El Roto, tomada de El País




Desde hace unas cuantas décadas que Europa –como idea territorial continental- no se encontraba en un momento tan complejo. La crisis económica que arrecia aquel espacio desde 2008, está poniendo en cuestión el modelo territorial, político, monetario y hasta social.

Ello –el cuestionamiento del modelo-- sería bueno si desde un plano de crisis se repiensa y rediseña el modelo actual, no obstante tales cambios, acompañados por un desmedido gasto público (lejos de lo que persiguen Francia y Alemania), unas altas tasas de desempleo (22% en el caso de España), el desencanto masivo ante las cabezas políticas (Italia, Irlanda), la pérdida de credibilidad en la capacidad de endeudamiento (Portugal o Grecia), el posible aislamiento político dentro de la Unión Europea (Reino Unido) y algún caso aislado de limpieza interna muy positivo (Islandia), serán hechos costosos y de muy difícil manejo.

Pero las dificultades mencionadas no se acabarán allí. La historia suele ser cíclica, y el ser humano suele repetir errores del pasado, aderezados con nuevos ingredientes. La migración masiva contemporánea hacia Europa que debió convertirse en lo que el Presidente de Gobierno español Zapatero trató de impulsar por medio de la Alianza deCivilizaciones, corre el peligro de chocar con los peligrosísimos rebrotes de xenofobia. Un ejemplo visible ha sido el del desquiciado noruego Andreas Breivik y su acto homicida hace pocos meses en Oslo, pero las situaciones de intolerancia en mayor o menor escala se repiten y no parecen ir a menos. Si a ello se suma un alto descontento social, se corre el riesgo de culpabilizar al eslabón más débil de la cadena, en este caso el inmigrante, quien es frecuentemente el que menos culpa tiene de las fallas del sistema, y eso sí que podría ser una bomba de tiempo para Europa.

Pongamos atención en este punto. Hace muy pocas  décadas se produjo el hecho más importante en términos negativos ocurrido allí: el Holocausto en el contexto de la II Guerra Mundial. La reconstrucción fue dolorosa y lenta. Esta semana precisamente se cumple medio siglo del histórico juicio contra uno de sus promotores: Adolf Eichmann. Dentro de unos meses también, se cumplirán las bodas de plata de otro histórico juicio, esta vez contra un personaje conocido en las calles bolivianas: Klaus Barbie, mejor conocido como el Carnicero de Lyon, refugiado entre La Paz y Cochabamba durante más de 30 años y responsable de la muerte de 4.000 judíos, 43 de ellos niños.

Barbie luego de la guerra, colaboró estrechamente con los gobiernos bolivianos de Barrientos, Padilla Arancibia y García Meza, además de formar grupos paramilitares –los temidos Novios de la Muerte, compuestos por italianos, alemanes, argentinos y también bolivianos-- que luego servirían directamente al narcotráfico.

Llama la atención que años después, aunque fuera coincidentemente, se halle en Santa Cruz un nuevo contingente de narcóticos incautado esta semana, empapelado con esvásticas nazis.

Aunque fuera una absurda casualidad, nunca está demás aprender del pasado, recordarlo y comentarlo, para no caer en los errores que nos harán lamentar en el futuro.

2 de diciembre de 2011

Spiderman, la unión y la red


Publicado en Los Tiempos.



La consigna para 2012 (en realidad mucho antes) es clara: conectarse a la red o morir. Lo que de chicos veíamos como el universo del arácnido superhéroe Spiderman se ha vuelto realidad. Nuestra vida se ha transformado en un continuo escalar por esos nodos en los que tan raudamente se movía aquel.

Con la noción del Internet de las cosas comenzando a merodear nuestro imaginario, principalmente en referencia a la interconexión de objetos y usos ordinarios desde esa red como el correo, la cuenta bancaria, nuestro equipo de sonido, nuestro reloj/cronómetro o el GPS, esta idea ha sido principalmente impulsada por una gigantesca campaña de IBM, y nos acerca inevitablemente a un mundo regido desde arriba, desde una suerte de deidad situada en esa nube cibernética llamada “cloud computing”.

Pero si descendemos mas ya podemos notar “serios signos” de convivencia: en el mundo empresarial vemos exitosas empresas nacionales como Jalasoft, vemos la enorme y creciente influencia social de los cibercafés, vemos el rol de los dispositivos móviles y hasta los equipos informáticos repartidos por el gobierno –con la cara de Evo arbitrariamente en el dorso de un objeto pagado con dinero público—y sobre todo, lo hacemos gracias al avasallador proceso de urbanización.

A nivel de la administración pública local, el impulso es el de seguir esta frenética carrera, sin tener ellos la capacidad (ni la obligación específica) de ir a la par, al no necesitan ser competidores aunque sí facilitadores, debiendo encarrilarse en el “Internet de la burocracia” tarde o temprano.

Pero pensemos primero en pequeño, en nuestro contexto específico. El hecho que nuestro país tenga una larga tradición sindical, (somos muy hábiles para unir pequeñas porciones de desacuerdos individuales en una sola voz más grande) es una necesidad que el Internet trata de cubrir, y aunque milenaria se ha vuelto casi obligatoria en los tiempos que corren.

En el terreno cultural en Cochabamba, Fernando García, director del Proyecto mARTadero ha insistido sistemáticamente en introducir ese espacio en una suerte de sistema de redes con otros centros similares. Algunas de estas redes han abierto posibilidades con cada interconexión y hoy el mARTadero, 6 años después de su apertura es un importante modo cultural a nivel nacional y quizás regional, por su capacidad de cambio social y de encuentro.

En cuanto a los municipios, un organismo internacional sin fines de lucro asentado en EEUU, Sister Cities International, ha tratado de interconectar actividades socioculturales entre ciudades de distintas partes del mundo con una coincidencia cultural o dimensional. Según sus registros, Miami es “ciudad hermana” de Santa Cruz y también de Cochabamba (aunque de forma “emérita”, lo que en el papel significa que sin efecto) y Oruro de Salt Lake City, con resultados nada tangibles en la Llajta, a pesar de que en la web hasta se facilita el cómo hacerlo con unos pocos clicks.

El condado de Arlington (Virginia, EEUU) por ejemplo es uno de los lugares en el mundo con más emigrantes bolivianos residentes y está hermanado con otras urbes como San Miguel, Coyoacán, Reims y Aachen. Con estos últimos han preparado una exposición de intercambio de artistas locales, basados en ese “hermanamiento”. Por su parte, en la debilitada Europa, uno de los vertebradores del imaginario de unidad, sobre todo en los segmentos jóvenes, fue el programa Erasmus-Sócrates, que consiste en una red de intercambios homogéneos interuniversitarios entre países tanto para profesores como para alumnos.

Llegó el momento de tejer las redes efectivamente, para las nuevas generaciones, desde las grandes empresas, pasando por los municipios, hasta llegar a pequeñas asociaciones, para así ganar mayor voz y presencia, tal y como los fundadores del movimiento sindical, allá por 1800 lo soñaron.

25 de noviembre de 2011

Del Gran Sueño a la somnolencia




Del Gran Sueño a la somnolencia
Crónica personal sobre la decadencia deporte profesional actual

Este relato será publicado en la edición de la primera semana diciembre de la revista española de crónicas Frontera D y fue finalista del concurso de periodismo narrativo y crónica "Premio Las Nuevas Plumas 2010". El jurado estuvo presidido por Juan Villoro, Julio Villanueva Chang y Juan Pablo Meneses y fue organizado por la Universidad de Guadalajara y la Escuela de Periodismo Portátil, México, 2010.


Estamos ya bastante entrados en el siglo XXI como para darnos cuenta de que las cosas no son como las concibió mi abuela Josefa que, con 97 años, percibe el computador portátil de su hija, donde aparece su nieta saludándole por skype desde otro país, como un bonito cuadro que le recuerda a la añorada niña. Mi abuela, nacida en la ciudad minera de Oruro, Bolivia, no es capaz de ver en ella la realidad virtual de una persona saludándole, en directo, a cinco mil kilómetros de distancia. Y no sólo duda de que esa sea su nieta por el desconocimiento de las nuevas tecnologías, sino también porque mi abuela, con el paso de los años, se ha vuelto desconfiada.

Algún año antes, cuando ella era una católica ortodoxa militante, se ofendía y enfadaba cada vez que le contaba sobre las fiestas rave a las que asistía en La Troje, iglesia de las Capuchinas (o alguna orden distinta) en otro tiempo, ahora reconvertida en santuario del posmodernismo electrónico, ácido y sísmico. En un pub, que digo.

A mi abuela le costará entender que para nuestra generación la plaza pública ya no es la que queda debajo de la catedral, sino que su función la ha tomado el centro comercial, la cancha de fútbol y la pista de skate de la plazoleta. Nuestra nonagenaria señora, difícilmente visualizará que el púlpito ha sido sustituido por los debates televisivos, por DJs o por diseñadores. Que las encíclicas papales son reemplazadas por los blogs, que los profetas están cambiados por los consultores y los entrenadores de fútbol, que las catedrales son reemplazadas por los museos y estadios. La sacristía ahora es la televisión y nuestros confesionarios son el Facebook y el Twitter. La doctrina de la fe ha cambiado.

Josefa percibía como un sacrilegio los excesos de miles de jóvenes consumiendo drogas en un recinto que otrora fuese un templo de culto, por lo que siempre me insistió en que para alejarme del mundo de la noche y la bohemia, debía hacer deporte. Mens sana in corpore sano.


Meditando en ello, mientras apoyo mi cabeza en el brazo del sillón, imagino mi natal Cochabamba ahora que vivo en España. Más tarde pienso en Carlos Sorín, interesante cineasta argentino especializado en historias mínimas y guiones de relatos simples, que nos cuenta la fe ciega de los pueblos en sus figuras deportivas.

Pienso en Sorín mientras siento la modorra, al tiempo que vuelvo a ver su film “El camino de San Diego”. Mi fallida dormitación se entremezcla con la idea de esa oda al culto vehemente por la figura de Diego Maradona como salvador de la argentinidad. Nada nuevo en el horizonte.
Vuelvo a quedarme dormido entre tantas cavilaciones. En mis fantasías van y vienen ilusiones y recuerdos de deportistas que marcaron mi vida.

Se mezcla con mis sueños la eterna ilusión incumplida de ver un medallista olímpico boliviano, la sempiterna frustración de ver a España caer en los cuartos de final de un campeonato del mundo de fútbol, el frecuente infortunio de ver al Wilstermann de Cochabamba eliminado de la Copa Libertadores en la primera ronda, a manos de un equipo peruano o ecuatoriano. Dormito nuevamente. Las pesadillas de la República Bolivariana Inacabada merodean mi cabeza como aves rapaces. Como suchas. Un toro cornudo me mira fijamente, con el semblante a medias entre Michael Jordan y Andre Agassi.

Fin de la pesadilla. Demasiado jamón serrano. La costumbre ibérica de cenar tarde todavía no ha sido asimilada por mi metabolismo de expatriado. Las alucinaciones por la pesadez estomacal son reiterativas. Decido dormir. Mañana será un día importante, el de la final de la Copa del Mundo de fútbol, en la que cada vez creo menos. Aunque quizás no sea sólo yo, sino toda una generación de incrédulos, de posmodernos como dice mi tío. Qué alejados de aquellos verdaderos militantes que fuimos a fines de los 60, explica. Quizás tenga razón, o quizás sea una estupidez.


Domingo. Se han apagado las televisiones. Brota el ruido y la maraña. Se escuchan los cláxones en las calles y se ven banderas del país en muchas ventanas, hecho casi olvidado desde la época franquista.

Hay gritos, motocicletas haciendo piruetas, parejas felices, niños pateando el balón. España ha ganado el Mundial de fútbol. Yo soy español, soy el mejor del mundo, dicen. Hasta se ve en televisión el edificio del Empire State de Nueva York con los colores de la bandera española o de la senyera catalana. Rojo y amarillo.

El país tiene casi cinco millones de desempleados. Parados, como aquí los llaman. Yo soy uno de ellos. He visto el partido sentado en la terraza de la casa en la que vivo con una cerveza de marca blanca en la mano y completamente solo. Ir a un bar significa comprar muchas cervezas. Los euros cada vez menguan a más velocidad de mi cuenta Santander Joven, que se mantiene activa, a pesar de mis 30 años, gracias a que soy estudiante todavía.

Me quedo quieto oyendo todo aquel bullicio, desde una décima planta. Hace un clima agradable, lo que ayuda a que la gente salga a las calles después de un duro invierno y de una seguidilla de ataques multilaterales (en red, como diría el sociólogo Castells). Agresiones campales entre el Presidente de Gobierno, el principal opositor, los grupos independentistas y los más visibles actores políticos de Europa, concretamente alemanes, quienes desconfían de la solvencia económica española (dudan también de la griega y del resto de países PIIGS).

Stop. Vuelvo al fútbol. No sé por qué me quedo quieto, escéptico a un triunfo que antiguamente me hubiese puesto los pelos de punta. No sé si será la edad o el intento excesivo de racionalizar el azar del juego.

Después de mirar al vacio por unos minutos, decido no ser menos que el resto y me echo a la calle, más por participar de la fiesta popular que por creer en el fútbol.


De amanecida, vuelvo a casa contento. España necesitaba un impulso de unidad, una palmadita en el hombro que signifique que muchas cosas se han hecho bien y que el país no es tan pig como se decía.

Vuelvo al asiento que dejé hace unas horas. Enciendo el televisor para escuchar las odas y salves de estos profetas, más bien mesías, que han ganado a Holanda en la final del mundial de fútbol. Debo admitir que estoy saturado del asunto.

Mientras dormito, como la noche anterior, en el mismo sillón y con el ventilador esta vez encendido, encuentro una noticia deportiva que no trata de fútbol: el Tour de Francia. Estamos en pleno julio y la Gran Boucle, como los franceses llaman al evento más importante del panorama ciclístico mundial, ha comenzado.

El duelo de favoritos a la victoria parece haberse concentrado en dos nombres: el español Alberto Contador y el luxemburgués Andy Schleck. Ambos pertenecen a la nueva generación de corredores de entidad.

En un deporte longevo, la pareja subió al podio en la ronda gala del año pasado, aunque Contador siendo mayor le lleva dos años y varios títulos del Tour. No obstante Schleck, a sus 25 años, ya ha sido un par de veces mejor ciclista joven. A su edad ni Armstrong ni Induráin, mitos del ciclismo de los últimos veinte años, habían hecho lo que estos dos chicos.

Aparece en casa mi compañero de piso riéndose de la escena que encuentra, abrazado de una simpática moza mientras le hace señas con la cabeza refiriéndose a mí y a mi peculiar rareza. Hay que recordar que, desempleado como estoy, apenas me alcanza para pagar un piso compartido con él, boliviano, y una chica peruana en el barrio obrero de La Rondilla, en Valladolid.

La risa de Mauricio asoma por un lado de su cara, asimétrica, como indicando socarronería. Me pregunta qué hago viendo a ese par de junkies, de k´holos, drogadictos, dando pedaladas como locos.

Para él y para muchos de los que seguimos el deporte individual de alto nivel, el profesionalismo ha distorsionado su función natural. No en cuanto al amor a la camiseta, sino a la brecha entre “pobres” y “ricos”. El hecho es que unos comen más y mejor que otros. Y esta brecha no es necesariamente entre países. Aunque hay que admitir que estas desigualdades son tan antiguas como la vida misma. Unos comen carne de ternera, leche, pan integral, huevos, soya, tomate y garbanzos, mientras otros café con pan. Y no siempre. 

Así es el ser humano y sobreviven los fuertes y los que comen bien. La noción básica de fisiología deportiva en educación física es que el cuerpo es un motor y trabaja más y mejor en función del combustible que recibe. Así unos pueden poner a punto la máquina mejor que otros.

Mi compañero de vivienda, nadador semiprofesional, llegó a España el año 2001 buscando el desarrollo deportivo y educativo que la Junta de Castilla y León ofrecía a sus deportistas, concentrando sus esfuerzos en los atletas de nivel nacional medio-alto (el objetivo posible era el de lograr medallistas en campeonatos de España).

Sentándose a mi lado, saca un álbum de fotos para verlo con su colega. Las fotos eran del año 2000. Él había competido en Sídney, en los Juegos Olímpicos en los que Marion Jones fue la figura ganando cinco medallas. A ella le fueron desposeídas hace tres años por haber confesado trampa, sin haber dado positivo en control antidopaje alguno. La medalla de oro de 100 metros de aquellos Juegos debió haber recalado, después de la sanción, en Ekaterine Thanou, a su vez sancionada en 2004 por huir de un control antidopaje.

Trato de entrar en temas de alta competición y manejo de drogas para la mejora del rendimiento en natación, pero no parece ser que a mi colega le interese demasiado. Intuyo que él también está aburrido del asunto.

Precisamente por esos días, el mejor nadador español, Rafael Muñoz, medallista y plusmarquista mundial, es objeto de atención por su presunta huída de controles antidopaje, además de su reciente medalla en el Campeonato de Europa de Natación.

Seguimos con las fotos. Vamos a 2003, año en que Mauricio clasificó a los Juegos Panamericanos. Yo me pasé todo ese agosto en la soledad que los veranos españoles que las urbes de interior ofrecen. Aquel que ha estado en ese tipo de ciudades sabe que agosto es como un domingo que dura un mes. Todo a medio gas. Cines, teatros, universidades, estadios, comercios y sobre todo la gente, de vacaciones.

Ese año me tuve que contentar con ver por televisión los Campeonatos del Mundo de Atletismo de París. Recuerdo que el febrero de 2003, la temporada atlética arrancó con el  mejor momento deportivo del fondista español Alberto García, que quedara subcampeón del mundo de 3000 metros en la modalidad de pista cubierta unos meses antes, tan sólo detrás de Gebreselassie, mito de la historia del atletismo. A los pocos días, el español daría positivo en un control antidopaje, lo que le impediría, a la postre, defender la medalla mundial en el campeonato principal de París.

Continuamos con las fotos y llegamos al 2004. Mauricio nos muestra un recorte de periódico de las fiestas universitarias de la Facultad de Ciencias en las que había participado. Casualmente, en la otra cara del recorte había una noticia sobre el caso Manzano.

Jesús Manzano es un ciclista que contó, con lujo de detalles, las prácticas dopantes que llevaba ejerciendo cuando militaba en el Equipo Kelme-Comunidad Valenciana.  Decidió relatar su experiencia completa al diario deportivo As, un 24 de marzo de 2004, y su historia fue publicada en cinco entregas sucesivas y firmada por el periodista Juan Gutiérrez.

Por entonces, en un país con amplia tradición ciclística, años después de las glorias de Bahamontes, Perico Delgado, Abraham Olano y, sobre todo, de Miguel Induráin, quizás el mejor deportista español de todos los tiempos, todavía se buscaba al sucesor del siglo XXI. Había un puñado de candidatos sólidos, pero sin cuajar del todo, comandado por los veteranos Joseba Beloki (retirado tras unos escándalos de dopaje en 2007), Roberto Heras (sancionado en 2005) y los jóvenes prometedores como Ibán Mayo (sancionado en 2008), José Enrique Gutiérrez (implicado en 2006) y Alejandro Valverde (sancionado en 2010); todos ellos ocupantes del podio en grandes vueltas ciclísticas.

Manzano, el hombre que me impactó por esos días, no era un fuera de serie sobre la bicicleta a niveles mundiales. No pertenecía al grupo mencionado. No era una estrella mediática por entonces, ni había tenido pódiums en grandes competiciones. Destacó por ser el primero en abrir la lata y cantar todo. No obstante mucha gente le atribuyó insanidad y muchos se negaron a creerle.

Con los años, hoy más de un lustro después, se han demostrado como comunes muchas de sus afirmaciones.

El ciclismo es un deporte que requiere muchas horas de entrenamiento, en las que los ciclistas se enfrentan a la soledad y al desgaste. Esas sensaciones causan cierta solidaridad entre los que lo sufren. Esta solidaridad parecería transformarse en complicidad cuando el telón de fondo y el marco en el que se mueve una parte de este colectivo, para mejorar el rendimiento, es el mundo del dopaje, de las drogas y de la trampa.

Manzano decidió violar el código implícito más importante de un ciclista profesional sospechoso: La Ley del Silencio. Harto de ser, según él, maltratado y engañado por sus albaceas deportivos y directores de equipo, decidió hacer público lo que algunas personas fuera del mundillo intuyeron, pero no visibilizaron, en su entera magnitud: la realidad de un deporte que, en algunos de sus espacios, desde hacía varios años y progresivamente, estaba en periodo de descomposición y putrefacción.

El caso de Manzano es el de un chico que decidió destapar la caja de pandora sin miedo a perder más de lo que ya perdió. Como ciclista, no ganó ninguna vuelta ni clásica, tan sólo un par de etapas secundarias, pero contó, con bastante veracidad, precisión y sobre todo con pelos y señales lo que vio, de una forma tan palpable que incluso plasmó la jerga de la manera más precisa.

Palomas Mensajeras eran los traficantes. Vampiros, los encargados de los controles antidopaje. Rotuladores, las jeringas de hormona EPO. Gas-Bus era como llamaban al Actovegin, extracto de plasma de ternera que los ciclistas se inyectaban en vena para aumentar el rendimiento de larga duración.

Toda una serie de datos que sazonaban de morbo y misterio esta película de terror: escenas al borde de la muerte, mucha sangre (en bolsas depositadas en cámaras frigoríficas para posteriores transfusiones), medicinas de contrabando chinas y rusas, amenazas, evasión de impuestos e, indirectamente, amaño de resultados.

Años después, podemos pensar que las brisas del olvido han barrido hacia un lugar a salvo a toda esa caterva de tratantes de substancias y mandanga dopante, que comerciaban a destajo en Madrid para escribir la historia del ciclismo y del deporte mundial.

Gracias a estas confesiones, sabemos que doparse no es un verbo equivalente a dar positivo. Vemos que de cada doscientos, son cazados dos o tres, es decir, el uno por ciento. No obstante, en foros y diarios deportivos on-line se leen todavía comentarios de gente que defiende el lema “no cazado = no dopado”. Manzano jamás dio positivo en un control antidopaje.

Aprendimos que hay clases y clases. Gracias a las investigaciones en España, nos enteramos de que el médico de estos chicos le cobraba a Jan Üllrrich alrededor de 40 mil euros limpios (de impuestos, claro) más o menos. Vimos que había sistemas “por objetivos”. Vimos que a veces una caja conservadora y su contenido decidían victorias. Vimos consultorios y clínicas encubiertos, tráfico de influencias en centros de la Sanidad Pública, mucho dinero de por medio con más que probables evasiones al fisco, resultados dudosos y proezas deportivas heroicas, que conjuntamente forman parte de esa fantasía.

Lamentablemente, también vimos que de doscientos deportistas implicados salieron a la luz unos pocos. Vimos muchas cosas y hubo otras que no quisimos ver. El miedo a la disonancia cognitiva y el deber jurídico de presunción de inocencia nos paralizó.

¡Basta de fotos! - Argumento cansancio y me voy-.


Vuelvo a cambiar de lado en el sofá. Desasosegado y triste. Me consuelo pensando que esto ocurre en sociedades occidentales donde las ansias de victoria y dinero han corrompido los valores deportivos, pero inmediatamente recuerdo casos de Sudamérica.
La atleta más importante de la zona, la brasileña Maurren Higa Maggi, indiscutible superestrella de aquel país, campeona olímpica en 2008, estuvo sancionada por dar positivo en 2003, cuando fue medallista mundial y el gran público ni se enteró.

También en Brasil encontraron con sustancias dopantes el año pasado a cinco atletas, días antes de comenzar el campeonato del mundo de Berlín.

Traté de descender más en mi autoconsuelo pero recordé otro hecho. Hace unos meses, mirando resultados del equipo boliviano en los Juegos Sudamericanos (ODESUR), me enteré de que la medalla de bronce conquistada por el equipo de relevos femenino de 4x400, en atletismo, había sido desposeída porque una atleta había dado positivo. Me sorprendió mucho la noticia ya que creía que el dopaje era todavía una posibilidad lejana en nuestro país.
No seguí mi acotación geográfica en búsqueda de la autocomplacencia y consuelo, ya que prefiero quedarme con un buen concepto del pueblo donde viví, al menos.

Pero pensando fríamente, si atletas bolivianos dieron positivo en sus exiguas salidas y con los resultados tan limitados que hay, qué podría llegar a pasar si no se toman medidas. Recordemos que en los campeonatos bolivianos de atletismo no hay controles antidopaje. Entonces, si dentro no hay controles, ¿los hay afuera?

En los últimos diez años muy pocos atletas bolivianos han pasado controles antidopaje. Si cada año aproximadamente 15 atletas mayores de edad salen de Bolivia para competir, y teniendo en cuenta que sólo en algunos campeonatos hay controles, cabe pensar que puede haber más dopaje que el que se detecta efectivamente. O no. Todas son suposiciones difíciles de comprobar y que mellan el honor de los no implicados, ya que ellos tampoco tienen cómo demostrar su inocencia. Explicar la limpieza se convierte en una tarea casi imposible, en un juego de palabras cruzadas.

Existen motivos para el escepticismo, ya que casi nunca un atleta admite su culpa. Hay excusas que van desde lo inverosímil hasta lo ridículo. Boicots con injerencias de sustancias en la pasta dental (Diëter Bauman), carne de vaca infectada (Frank de Boer), sustancias para alargar el pene (LaShawn Merrit), sopas de tortuga (Yunxia Qu), ingesta de caramelos con cocaína (Gilberto Simoni), hormonas sanguíneas para su perro enfermo (Franck Vandenbroucke) o unos vasos de whisky que subieron la testosterona el día previo a la alta montaña en un Tour de Francia (Floyd Landys). La excusa más inocente es la de la atleta boliviana en cuestión. La prensa nacional publicó en primera instancia que había consumido “unas pastillas” sin causa aparente. Más adelante dijo ella: “no tenía ni idea de que en un simple antigripal existiesen cosas que estuvieran prohibidas”. Dio positivo por Nandrolona, uno de los anabolizantes más potentes, que dudosamente puede estar contenido en pastillas antigripales.

Este caso y su posible sanción está en el aire gracias a defectos legales en el laboratorio donde se analizó la muestra, pero es un toque de atención a los responsables de perseguir el dopaje en Bolivia y Sudamérica, ya que más allá de las prácticas de la atleta en cuestión, se puede ver que el sistema, a nivel estructural, no parece estar listo para detectar casos si llegara el momento.

Aún con todos estos casos y pruebas objetivas en casos individuales, éste ya es un tema manido entre deportistas.


Después de retomar imágenes y fotografías mentales de podios y éxitos, de laureles y medallas, de trampas y bochornos, de mentiras y fraudes, vuelvo a mi sopor veraniego.
Cambio de canal y escucho un comentario tímido sobre el caso Manzano. Ya han pasado seis años.

Veo, en el mismo informativo, que se estrecha el cerco al mito del ciclismo norteamericano y mundial, Lance Armstrong, acusado por su ex colega de equipo Landis, y ¿qué más da? No sé si fuese el mejor de la historia, pero ya me da igual.

No logro escuchar lo que dicen los periodistas. Tampoco hago mucho por oírlos. Simplemente veo, impasible en mi sillón, a Alberto Contador levantar los brazos en los Campos Elíseos tras ganar su tercer Tour consecutivo. No me emociona todo lo que me hubiese emocionado en otras épocas. No sé cómo reaccionaré en los siguientes Juegos Olímpicos. No sé qué le diré a mi hijo cuando me pida una bicicleta de competición o cuando me exija que le inscriba en un campus de atletismo. No sé qué le diré cuando me cuente que quiere ser como esos ídolos que tiene en su pared de  coloridas fotos y que yo tuve también a su edad. Sólo espero que este dejo de amargura que reboso se deba, más bien, a un mal sabor de boca subjetivo, personal y agrio, propio de un atleta que no supo o no pudo ser un gran campeón y que justifica insatisfacciones con hechos aislados.

A momentos quiero creer eso y olvidarme de amigos que se doparon, que me lo confesaron y nunca dieron positivo, y que ganaron carreras importantes.

A los pocos minutos me doy cuenta de que está Shakira en la televisión cantando el Waka Waka. Son las 4 a.m. y me quedé dormido nuevamente. Al día siguiente tengo que ir a jugar al fútbol con los colegas del barrio. No recuerdo lo qué estaba viendo en la televisión, pero seguramente no era muy importante, o no me interesaba mucho. Definitivamente no era más importante que mi partido entre bolivianos y ecuatorianos en la cancha de La Rondilla.

Valladolid, Agosto de 2010.

Post Scriptum

Cuando puse punto final a esta crónica, todavía no había acaecido el vendaval del Caso Contador generando titulares en los diarios deportivos más importantes del mundo. Los también ciclistas Ezequiel Mosquera y David García todavía no habían dado positivo por Hydroxyethyl ni fueron exculpados. Tampoco había estallado la Operación Galgo en España, en la que se implicaba, entre otros varios atletas de élite, a la campeona del mundo de 3000 metros obstáculos, Marta Domínguez, palentina con quien compartí entrenamientos y charlas agradables.

El Caso Contador fue llevado a tribunales no como lo que fue, un control antidopaje positivo por Clembuterol, (sustancia que no produce el organismo), sino como un caso más de esas numerosas justificaciones surrealistas. Su equipo jurídico enfocó la defensa como un caso de contaminación alimentaria por la ingesta de carne intoxicada, aunque la lógica y las normas sanitarias apunten lo contrario e incluso la jurisprudencia (ya que la atleta española Josephine Oniya fue sancionada en 2009 por la misma sustancia). Representantes de diversas asociaciones de especialistas del sector cárnico en España expresaron su malestar con el asunto. Incluso el diario francés L´Equipe indica la posibilidad de que hayan sido hallados en la sangre del ciclista restos de plástico, lo que significaría claramente indicios de una autotransfusión, también prohibida por el reglamento. Esta hipótesis no llegó a más ni se profundizó su investigación puesto que todavía no estaba homologada como forma de detección por la Agencia Mundial Antidopaje.

En la semana en que este post scriptum fue entregado al editor (abril de 2011), precisamente Alberto Contador ganó la etapa contrarreloj de la Vuelta a Castilla y León. Contador aún se encontraba compitiendo, siendo más que probable que reciba sanción por el mentado caso y desposeído de los títulos a partir del Tour de Francia del 2010, ya que la Asociación Mundial Antidopaje apeló la sentencia de la Real Federación Española de Ciclismo ante el Tribunal de Justicia Deportiva, en la que se absolvía al corredor pinteño.

Por su parte, atletas como Domínguez o más explícitamente Alemayehu Bezabeh están envueltos en el maremágnum jurídico de una nueva intervención de la Guardia Civil denominada Operación Galgo destapada el 9 de diciembre de 2010, que perseguía una extensa (¡y aún presunta!) red de dopaje, en la que se implica otra vez a Eufemiano Fuentes y al experimentado entrenador español Manuel Pascua Piqueras, preparador del subcampeón olímpico de los 100 metros planos Francis Obikwelu o del medallista mundial Reyes Estévez, entre otros.

Bezabeh fue hallado, en el momento de la intervención del operativo de la Guardia Civil con una bolsa de sangre entre manos (recordemos que las autotransfusiones están penadas en caso de demostrarse). En cuanto a la persona asociada al médico Eufemiano Fuentes, según el sumario desvelado por diversos diarios españoles, se trataba del ex mountain biker Alberto León, quien unos días después del incidente, murió ahorcado en su apartamento de El Escorial. Otro cadáver más que se cobra esta industria.

Ante la desaparición del principal testigo y con el caso empantanado en los juzgados, se antoja muy complicada la solución del caso. A día de hoy, Domínguez ha sido exculpada y el Consejo Superior de Deportes ha solicitado la reapertura del caso.

En cualquier caso, el deporte ya hace muchos años estaba en una espiral de descrédito. Esta es una puntilla más, a una actividad que tal como la concebimos hoy, con la reglamentación vigente, se encuentra arcaica. Muchos deportistas no creen ya ni en que el sistema jurídico o las distintas versiones de los controles médicos puedan poner las cosas en orden. Un ejemplo es el indulto parcial al  subcampeón olímpico Paquillo Fernández, quien recibió una sanción por dopaje proveniente de otra operación de la Guardia Civil, en este caso denominada Grial, que vio reducirse de dos años (tiempo generalmente establecido) a un año por prestar “colaboración en la lucha contra el dopaje”.

 Por si fuera poco algunas voces asociadas a la cadena radial COPE, han señalado que el Fútbol Club Barcelona, actual campeón de España y que cuenta con 8 de los 23 jugadores que ganaron la Copa del Mundo de Sudáfrica, estaría relacionado con prácticas dopantes, hecho desmentido inmediatamente desde el club.

Además el médico Fuentes, tras permanecer aprehendido por unas horas, igualmente que en el ya lejano 2006, ahora colabora con el equipo de fútbol canario Universidad de Las Palmas.
Así, la actualización de este circo parece no tener fin. Mañana, cuando la galerada (o el pdf) de esta crónica esté lista, en Moscú o en Manaos quizás, habrá otro caso de dopaje. Muy probablemente ninguno de ellos sea desvelado, alguno incluso será mentira. Quizás mañana mismo caiga la siguiente red de dopaje mientras se prepara la sucesora. Quizás se exculpen nuevamente a sus implicados. Quizás se cambie el reglamento y se legalice el uso de sustancias hasta hoy prohibidas. Hasta eso, continuaré mirando aletargado ese deporte que sigo por inercia y con cada vez menos convicción, espoleado por las tradiciones familiares y fraternales, santificadas los domingos en el estadio.

Washington, DC, Abril de 2011.

Post-Scriptum II y final (se podría llegar al P.S.ⁿ)

Alberto Contador se coronó la temporada 2011 ganador del Giro de Italia y quinto lugar del Tour de Francia; Mosquera sigue en el limbo judicial; Paquillo prepara los Juegos de Londres; el Barça ganó la Champions europea y Marta Domínguez fue absuelta de las acusaciones por tráfico de sustancias dopantes, archivando el caso la jueza por falta de pruebas concluyentes. Ella ahora afina su preparación para los Juegos Olímpicos de Londres del siguiente verano, es candidata a Senadora por Palencia representando al PP y lo fue al Premio Príncipe de Asturias este año. Como ella misma lo dice, “todo fue un mal sueño”. Quizás tenga razón.

Noviembre de 2011.

Fadrique Iglesias Mendizábal, atleta olímpico por Bolivia y subcampeón iberoamericano de 800 metros en 2006. Foto: LIONEL BONAVENTURE | EFE. El Periódico.