27 de noviembre de 2005

De Felinos Cósmicos, Deidades e imaginaciones

Una de las series de dibujos animados favoritas en mi nunca terminada infancia era la de los Thundercats. Para los que no la vieron, trataba de una suerte de gatos, o mutaciones de felinos y humanos, expulsados por las guerras de su planeta (Thundera) y refugiados en el Tercer Planeta. Las aventuras de estos 7 tipos, no eran simplemente una secuencia de capítulos de batallas fantásticas y magnas, sino que en una línea general asimilable para niños, se trataba de una trama profundamente cargada de simbolismos y metáforas tan profundas (o superficiales) como las dudas existenciales personalísimas con las que me toca lidiar en los buses, en las salas de espera, en las clases aburridas, en las tardes de estudio y poca concentración, en las mañanas de domingo y en la mayoría de mis desvelos, etc, etc. El primer dilema que planteaban era el del exilio y el de la migración. Estos señores aparecieron injertados en este Tercer Planeta por azares de catástrofes en su lugar de origen. Sin embargo ellos nunca abandonaron su cultura, ni sus valores. Aparecieron en un mundo del que sabían poco, con otros sistemas de organización, y les tocó lo que a todo emigrante: Construir su cubil desde los cimientos, conocer el contexto al que ahora pertenecían. Tenían que leer la nueva realidad, tenían que reconocer las nuevas estructuras de poder, adaptarse al nuevo sistema, que a pesar de ser un lugar semi deshabitado y poco urbano, no era en absoluto una conquista ni una expansión geopolítica. Este grupo de Thundercats estaba organizado en forma de cuasi familia, con un único líder que era Leono. Que era el Elegido para ocupar el sitio dejado por el otrora jefe supremo Yaga. Leono tenía que reunir una serie de requisitos y formas, heredados de una manera divina y anunciada desde su infancia. Yaga por su parte es la representación de una Deidad que aconseja, siempre con criterio, con sosiego, con sensatez y sabiduría que se manifiesta siempre ideal. Otras notas configuradoras de las características de esta serie son los lazos de pertenencia al grupo, algo así como una identidad nacional, con simbología y todo; y un escudo en forma de tigre rugiente y una espada que puede ser análoga a la Constitución de esa nación, a la que se debe respetar como signo de marco de poder. Entre la legislación implícita de estos gatos, se repite una y otra vez la defensa del honor y unos principios éticos muy fuertes (que no están recogidos formalmente pero que se cumplen con rigor), y que son fiscalizados y controlados entre ellos mismos. Para mantener esta ecuanimidad, deben luchar contra las fuerzas del mal, normalmente fácilmente identificables (los monstruos contra los que lidian) pero otras veces dispersos y encarnados en otras formas y personas. Este es el caso de Munrra (el maligno) que suele aparecer donde uno menos se lo espera y al que sólo su propio reflejo e imagen lastima. Pero una de las cosas que en estos años siempre me ha dado vueltas por la cabeza ha sido la interpretación de la Prueba Suprema. Leono, el Heredero, debía demostrar que podía superar una serie de obstáculos preparados por sus propios compañeros, en este caso el que me impactó fue el de Tigro, que consistía en llevar a su líder a un mundo en el que luchara contra su imaginación. Leono se enfrentaría a seres venidos de un cerebro, no reales. Durante años he pensado si en realidad todos lo males que nos acechan, todas las injurias que nos agravian, las rivalidades, y toda la infinidad de situaciones que nos torpedean en nombre del destino, son en realidad una Gran Prueba del Creador, llámese Dios, llámese Yaga/Tigro, llámese Alá o simplemente Energía. Siguiendo en esta línea, me paré a pensar que tal vez, ni siquiera es Tigro o el enemigo, sino yo mismo el autor de todas esas calamidades/dificultades que me hunden. Supongo que no seré yo el único que ha pensado en esto. Habrán ya muchos escritos de filósofos más reflexivos y que pensaron más que yo sobre el tema. De momento no acudiré a ellos para resolver mis dudas, sino a mi propia imaginación, y espero que como me mete en estos líos me saque de ellos con una respuesta fácil para no comerme la cabeza ahora que me quiero ir a dormir. Mañana será otro día.

23 de noviembre de 2005

Cine Dependiente

Cine Dependiente Más allá de lo que son los consagrados, Woody Allen, Oliver Stone, Steeven Spielberg, Clint Eastwood y un importante etcétera, el cine en Estados Unidos para mí ha venido siendo últimamente (desde que me he aficionado más al cine), muy poco propicio para la autoidentificación del hombre de la calle, de sus miserias, de sus frustraciones, y de sus realidades. Bien es cierto que la ficción no tiene por qué ser necesariamente realista, ni una crítica política o un estudio sociológico, pero se puede acercar más al interior de los espectadores para hacerlos partícipes del drama (en el sentido de representación visual) y no unos simples receptores y consumidores de una industria meramente mercantilista y hasta propagandística de lo que es el american way of life. La bendición de un país que cuenta con el mejor orientado aparato de educación superior del mundo, no se traduce sólo en un puñado de premios Nóbel de economía, física y medicina, sino que irradia Cultura. Esa Cultura con mayúscula que es una rica mezcla de culturas, que el mestizaje y la inmigración han logrado en tantos años de éxodos judíos, latinoamericanos, europeos, asiáticos y africanos, y tantos años de dificultades raciales y de convivencia. Si llegamos a mezclar unas dosis de libertad, tolerancia, convivencia plural, respeto del Estado de Derecho y a las instituciones públicas, un buen sistema de investigación, oportunidades económicas, sólo hace falta (lo más importante) que aflore un poquito de creatividad (no tan complicado en 270 millones de habitantes) y nos podemos encontrar con grandes joyas. Menciono algunas que he tenido la suerte de ver en los últimos dos años y que con un ritmo de acción algo menos vertiginoso, más simbólico, e introspectivo que el común producto hollywoodiense, logra mostrarnos esas dificultades (grandes problemas existenciales) que acarrea el progreso económico entendido como un fin en sí mismo. Elephant, The Station Agent, American Splendor, Broken Flowers, Sideways, The Goodgirl, Storytelling, Lost in Traslation... por mencionar algunas, son un variopinto ramo de opciones para temáticas dispares pero coincidentes en que es el espectador el actor ulterior que pone el punto final a la película con su interpretación del guión. Es así como veo a la industria cinematográfica estadounidense, muy dependiente de estos complementos, para alimentar a una masa de clientes insatisfecha, con los Vandames y Shwarzeneggers, que realmente nunca ha dejado de existir en este país, prueba de ello es la plena vigencia de los autores que mencioné al principio. Larga vida para la Universidad, para el Instituto Sundance y el resto de festivales cinematográficos, y para los arriesgados productores que buscan su nicho en el Mercado. Desde aquí les agradezco, ya que algunos amantes del cine, en parte, dependemos de su creatividad.

22 de noviembre de 2005

Lo Pesado del Clavo

En Lo Pesado del Clavo www.clavo2.blogspot.com he puesto algunos ensayos que hice en la Universidad. El de los Surrealismos se publicó en la Revista de Ciencias del Trabajo, Ed. Lex Nova, Valladolid 2005. El segundo (El Coste) está en publicación en la revista de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de San Simón. Son algo densos en un principio, pero hay partes amenas y de fácil lectura. Esto es sólo una sub rama del Clavo en el Zapato, en la que se habla de Relaciones Laborales.

14 de noviembre de 2005

Lunes Todos Los Días

Lunes todos los días Uno de los males que fatiga nuestro deporte local (y también nacional) es el hecho de que esta infrautilizado. A la hora de conformar un equipo departamental de cualquier deporte, se recurre solamente a la provincia de Cercado. Esto puede parecer una obviedad pero en realidad es una fuga de recursos que no podemos permitirnos si queremos, como cochabambinos, seguir abasteciéndonos de campeones nacionales. En los últimos tiempos se ha trillado mucho con el tema autonómico y regional, aferrándonos al miedo a una desintegración. Miremos pues el lado positivo, de crear una sana competitividad que favorezca el progreso tanto en oriente como occidente. En el caso de un análisis de amenazas y oportunidades, entre las primeras podemos ver limitaciones en cuanto a recursos económicos, y entre las segundas un amplio capital humano que todavía no ha desarrollado todo su potencial. De esto quiero hablar. De las más de ochenta provincias que hay en nuestro país, para conformar selecciones nacionales de atletismo, normalmente se recurre a atletas que provenientes de 6 o 7 provincias (Murillo, Cercado Cochabamba, Cercado Oruro, Andrés Ibáñez, Oropeza…) y se olvida al resto. Es cierto que el momento más idóneo para acordarnos del resto de provincias no es cuando se hace la lista, sino al momento de planificar las directrices orientadas hacia cambios estructurales del sistema educativo y deportivo. Por otra parte, dentro de los mismos núcleos urbanos poderosos (La Paz, Cochabamba y Santa Cruz) existen desigualdades asombrosas en la estratificación social que repercuten en el rendimiento deportivo. No es lo mismo pertenecer a una familia con posibilidades de equipamiento deportivo, que costeen viajes, que den seguridad económica y estabilidad en el hogar, que a una estirpe descalabrada. Según el nivel de renta familiar también se podrá acceder a un deporte o a otro. En el caso del atletismo, parece ser un deporte más igualitario, donde la capacidad económica no sería tan decisiva como en otros deportes como la hípica o el golf. ¡Pues no!. En el atletismo se marcan diferencias, que ocasionan desventajas a los más inocentes de todos: los propios chicos desfavorecidos. En un deporte de fuerte gasto energético y muscular (también nos podemos referir al ciclismo, natación, etc.) la ingesta balanceada de minerales, proteínas, hierro, hidratos de carbono, vitaminas y demás “combustibles” se convierte en un factor clave. Imagínese usted la diferencia de conducir un auto con gasolina premium a hacerlo con uno a gasolina mezclada con agua y carbón… tal vez el coche ni siquiera andaría. Cuando entrenaba en Cochabamba lo noté alguna vez. Gracias a dios yo no he tenido problemas por falta de alimentos en casa, por lo que siempre he tenido una dieta más o menos balanceada (o era lo que mi madre pretendía). Cuando llegaba el lunes, y me encontraba con un compañero concreto, que no tenía las mismas posibilidades de alimentación, pero sí parecidas cualidades físicas, entrenábamos parecido, incluso él me dejaba atrás en varias fases del entrenamiento. El día miércoles, ya nos íbamos equilibrando y hacia el final de la práctica ya le ganaba. El día sábado, él ya quedaba atrás. En la competición por consiguiente, tras varios meses de entrenamientos regulares, los resultados eran más o menos predecibles: no necesariamente ganaba el mejor, sino el mejor entrenado, por consiguiente el mejor alimentado. He mencionado un factor, muy visible, pero existen muchas más variables que ayudan a incrementar el rendimiento deportivo, como el acceso a instalaciones: mi compañero tardaba todos los días 40 minutos en llegar pedaleando en su bici Caloi desde El Paso. Mi compañero llevaba usando las mismas zapatillas parchadas desde hacía 4 años, lo que le ocasionaba molestias en la rodilla por el desgaste de la suela. Mi compañero no podía ir regularmente al dentista, por lo que tenía pequeñas infecciones que luego desembocaban en microroturas musculares. Mi compañero trabajaba en un aserradero 8 horas al día y dormía 5. Además mi compañero no tuvo acceso a estímulos que influyen en la conducta que se reciben en la infancia, como los que desembocan en una mayor autoconfianza, mayor seguridad, capacidad de liderazgo y autodeterminación. Quiero invitarles, amables lectores a pensar qué hubiese pasado si mi compañero entrenaba todos los días como aquellos lunes, ¿y si además niveláramos todas esas carencias que he mencionado? ¿Serían los mismos de ahora los “supercampeones nacionales”?. Dejemos volar nuestra imaginación, e imaginemos también a las autoridades nacionales, esos “padres de la patria” repartir las posibilidades entre los “hijos” más desfavorecidos… uuuuuyyy, ¡mejor no!, a lo mejor a mí también me quitan la pega… ¡así mediocres nomás estamos bien!. Fadrique Iglesias 2005.

10 de noviembre de 2005

Llegada a Armenia, Juegos Bolivarianos 2005

Queridos muchachos, ahora sí que me he perdido, mi último email fue desde tierras escandinavas y creo que lo que más se me pegó en ese viaje a Finlandia fue la frialdad de los compañeros lapones, que no es falta de cariño necesariamente, y que traté de cambiar en Colombia. Tengo un montón de cosas para contar, no les mencioné mi aparición en Bogotá para participar en los Bolivarianos. La resumo. Pensaba que con la llegada del nuevo gobierno del señor Rodríguez Veltzé se acabarían los desórdenes e incoherencias en cuanto a la autoridad deportiva. Fallé casi tan estrepitosamente como las encuestas de NFR, ya que la ira no me dejaba ver que este buen señor (padre de excelentes muchachos) no tenía absolutamente nada que ver con el señor Viceministro de Deportes. Es más, éste último es hijo del ilustre diputado nacional, Óscar Sandóval Morón, uno de los “pensadores” que querían posponer indefinidamente las elecciones nacionales y que asumiera la Presidencia el señor Giordano… Mejor no gasto más letras… Verán, pues, que de tal palo, tal astilla… Enhorabuena señor Vice, lástima que le queda de mandato sólo dos meses… Pues sí, las ineficiencias comenzaron cuando me llevaron desde Helsinki hasta Cocha, para volver a pocas horas al norte, en este caso a Bogotá, donde aparentemente nos esperaban con la conexión hacia Armenia y Pereira, sedes de los Juegos. En efecto nos esperaba un funcionario del Comité Olímpico Boliviano, a las 4 am (a esas alturas entre tanto cambio de hora, yo no tenía ni idea a qué hora comer, mucho menos descomer), y recibirnos en un taxi diminuto a los atletas que faltábamos por llegar (éramos dos) y las dos representantes de billar femenino, y si a eso sumamos el taxista y el propio burócrata dábamos un total de 6 pasajeros, y dadas las reducidas dimensiones del vehículo alquilado, dábamos apariencia de una lata de sopa de calamar más que la Delegación Boliviana. Mi desconcierto fue a mayor, ya que yo imaginaba que probablemente nos llevaban a otro aeropuerto, porque los compañeros de triatlón tomaban el vuelo a Cartagena. Mis sospechas fueron desechadas cuando vi el cartel de Estación de Buses. Al bajar del insignificante habitáculo desdoblé mis articulaciones e inmediatamente el delegado se me acercó llevándome a un lado y susurró en mi oreja (de forma tan sugestiva que yo me estaba poniendo nervioso), señor Iglesias, ya que Ud. el hombrecito del grupo, le asigno la responsabilidad de cuidar de las señoritas (debo decir que me sedujo con su machismo sutil), cuidar de esta platita que le voy a entregar y decirle al micrero que pare en el Hotel Karlaka, una vez allá, se bajan y se compran unas empanaditas si les sobra platita, y si aún queda algo, quédeselo usted, como muestra de mi indulgencia… Solté una feroz carcajada, que mi importante interlocutor no comprendió a juzgar por su expresión de confusión. Inmediatamente comprendí que hablaba en serio, e ipso facto apuntó por si las dudas el nombre del hotel en un papelito arrancado de su revista y con dos palmaditas en el hombro, me despachó hacia otro igualmente minúsculo vehículo, esta vez afortunadamente se trataba de un trufi (un mini, mini bus), ya no un taxi. Aturdido yo, no atiné a preguntar más y me embarqué en el viaje con las lindas muchachitas a mi cargo, para tratar de dormir un poquito ya que eran las 5 am. Cuando el sueño ya se apoderaba de mí, una hora más tarde, desperté arrebatado en un barrio periférico de Bogotá, donde ondeaban banderitas del ELN, de las FARC, de Fidel, de Osama, de Marcos, y de otros “libertadores”. Me pregunté dónde estaba la de Evo. En ese momento investigué qué acontecía, respondiéndome el chofer que se había jodido el auto y que él no tenía nada más que hacer que llamar refuerzos. Mi desesperación se desató a raíz de que el hambre que en ese momento se apoderaba de nosotros y decidí salir en busca de un restaurante, lo que automáticamente provocó una carcajada en los otros viajantes, explicándome que nos encontrábamos en el Bronx bogotano, y que si volvía del restaurante con algo más que unos periódicos para taparme algunas cositas, me podía dar por afortunado. Obviamente desistí, confiando en que la simpática abuelita que estaba sentada a mi lado me convide un poco de su empanada. Para las 8 am ya había amanecido y la falta de alimentos era ahora una profunda hambruna. Justo a esas horas yo ya veía borroso y me sentía al borde de una lipotimia, cuando apareció un hombrecillo bonachón, un poco gordito comandando un tractor con carrocería de minibús, emitiendo por una Aiwa 2005 a 350 decibelios unos estridentes ballenatos, que contentaron a mis compañeras de expedición. Al verme tan encaprichado, la billarista Vanesa, trató de consolarme recordándome que más bien había llegado el “nuevo” trufi” y que estaba mejor que en los Bolivarianos de 2001 a los que fuimos en un avión Hércules del ejército nacional, sin butacas ni baño. De inmediato me consolé al recordar las náuseas que sentí aquella vez y la lección de valentía que las niñas de gimnasia artística me dieron. A medida que transcurría el viaje me iba calmando al ver el paisaje y entre anta curva y tanta maniobra arriesgada opté por cerrar los ojos y orar. En el camino, cuando paramos me corrigieron y me avisaron que el pueblo se llamaba Calarcá y que debía bajarme en la carretera y tomar un taxi hacia el hotel. Llegamos al Gran Hotel Karlaka, y nos recibió la una preciosa conserje, que nos condujo a las habitaciones, unas cabañas de madera, me sirvió un dulce batido de frutas silvestres y me dormí la siesta.

5 de noviembre de 2005

Fuerza, Velocidad y Resistencia ante la Desventura

Fuerza, Velocidad y Resistencia ante la Desventura Los hombrecitos no lloran. Aguanta, aguanta. Macho, macho. Más Rápido, vas muy lento. No tienes temple, no aguantas nada. Maricón. Flojo. Lerdo. Miles de veces escuchamos adjetivos peyorativos, juicios de valor y críticas muy poco constructivas que se avocan a pedir un cambio de actitud tanto en la parte física como en la mental. La exigencia de otro talante de cara al dolor, al trabajo y a la dificultad es totalmente legítima y necesaria pero siempre con una dosis de tacto y de oportunidad. En muchos casos en lugar de motivar a la persona se consigue lo opuesto: el axioma del fracaso. El triduo sacro sobre el que se cimienta el Atletismo y la mayoría de los deportes de exigencia física, es el constituido por la velocidad, la resistencia y la fuerza. Para llegar a un óptimo aprovechamiento de las facultades físicas, debemos potenciar cuidadosamente estas 3 áreas y complementarlas mutuamente. Así, la fuerza suele trabajarse con ejercicios de pesas o con los comunes multisaltos. La velocidad se busca transfiriendo esta fuerza mediante ejercicios de explosividad para alcanzar ese punto último de intensidad y por último, la resistencia será la encargada de mantener un ritmo sostenido, ya sea en carreras, saltos o lanzamientos, de forma que nuestro ejercicio pueda ser más prolongado y en el que no perdamos la técnica. Entonces, extrapolando esto al campo mental, quiero notar la importancia que se debería asignar a estas áreas. En la mayoría de los casos la diferencia entre el campeón y el resto, entre el trabajador profesional y el aficionado. La velocidad no sólo determinará el ganador de la carrera, sino que será fundamental para la toma de decisiones, en todo ámbito, y en todo momento, a las que se enfrenta nuestro cerebro. Esta agilidad mental no deberá descuidar la profundidad de tales disposiciones. La resistencia por su parte, será la garantía de nuestra avidez en la búsqueda del desenlace de nuestras decisiones. Por último completando la idea, advirtamos que la fuerza logrará que soportemos nuestro peso corporal, además del peso que vamos yuxtaponiendo en el camino. Ahora bien, existe el entrenamiento visible a pie de pista, pero la base sobre la que se instituye toda la estructura del individuo tiene en su raíz, además del ámbito cognitivo (técnica y entrenamiento), en el ámbito emocional y por lo tanto irracional que es el que se suele mirar menos, perdiendo la posibilidad no sólo de que nuestro cerebro ordene segregar más adrenalina, sino de tener una vida más plena y estable. Vayamos pues al terreno de la praxis, y para esto quiero citar tres ejemplos que son los que me han llevado a concebir este artículo. Modelos de gente que ha sido capaz de utilizar de forma admirable las capacidades de la fuerza, resistencia y velocidad emocional en sus relaciones personales enfrentando a sus seres queridos con la muerte. En primer lugar, señalaré al campeón Olímpico de fondo, Kenenisa Bekele, que perdió este año a su joven novia en las pistas atléticas. En segundo lugar Mauricio Prudencio, mejor nadador boliviano de siempre, que perdió a su padre a raíz d una desconocida y fatal enfermedad. En tercer lugar, en los días pasados hemos presenciado el trágico siniestro de un avión peruano en la localidad de Pucallpa, en el que iba el padre de la recordista y campeona nacional de ese país, Patricia Riesco, portento de fuerza, resistencia y velocidad. En este punto me detengo. Es el momento ideal, en el que podemos copiar las recetas que siempre buscamos a la hora de encontrar la fórmula del “campeón”. Pues sí, como profieren estos ejemplos, la fuerza, la resistencia y la velocidad son condiciones necesarias para llegar a lo alto, no solo en el fondo, en la natación o en las carreras de vallas, sino en la vida misma. No obstante esta fortaleza no significa insensibilidad, rigidez o indiferencia, más bien, será la grandeza y dignidad de sostenerse, nutrirse y abrazarse a la dificultad para vencerla, con la misma garra que habitualmente demuestran estos tres briosos deportistas en los estadios. Entonces, cuando nuestra visión se empañe y sintamos miedo, cuando nos sintamos desvalidos o abandonados, veamos a estos luchadores (en el sentido estricto de la palabra), su forma de afrontar las tragedias con entereza y gallardía, y emulemos su aplomo, su valentía, su tesón y su… velocidad, su resistencia y su fuerza. Fadrique Iglesias 2005 Artículo publicado en la revista Atletismo Peruano.

Modelos Sociales

Modelos Sociales Desde pequeño fui a los estadios de fútbol a ver a mi querido Wilster, fui a los Bolivarianos del 93 a ver a Totoño Pavisic y cia., fui a la Dimabol a ver a Eliberto Lema, fui a la Davis a ver a Rodrigo Navarro, a la Media Maratón de Mayo a ver a Poli Calizaya, fui al circuito Bolivia a ver a Armin Franulic, fui al Capriles para ver correr a Jacky y Niusha, vi en periódicos a Genaro Agostopa…y vibraba con todos ellos, me sentía identificado, sobre todo con el “rojo”, pertenecía a ellos y ellos me pertenecían a mí. Cuando ganaban, ganaba yo, y cuando perdían me daba vergüenza ir a clases para aguantar la mofa del curso. Como todo niño, soñaba con alcanzar algún día las gestas que les hicieron famosos, alcanzar su perseverancia, su prestigio social, su tenacidad, su orgullo, su liderazgo. Entonces los tomé como ejemplo. Poco a poco fui tomando también como ejemplo a otros grandes como Hugo Sánchez, Jordan, Indurain o Sampras, viéndoles en la tele. Poco a poco fui llenando mi habitación de póster suyos, de firmas comerciales, de revistas norteamericanas, de propagandas de películas, de zapatillas con su nombre… hasta que llegué a sustituir por completo mis antiguos ídolos por estos últimos, consiguiendo incluso despreciarlos y sentirme avergonzado cuando yo comentaba el partido del Capriles y mi compañero me ofuscaba con sus míticas historias en la Bombonera, alegando que si yo disfrutaba con el Wilster era porque no tenía “mundo” y no conocía el “verdadero” fútbol. Así pasé a engrosar las filas del nada despreciable grupo de “alienados culturales” que en lugar de asignar pesos y lugares, comparan papas con cebollas. Este grueso grupo no ha podido acomodarse a las realidades sociales y de contexto cultural en que vivimos. No nos hemos podido dar cuenta de que necesitamos nuestros propios modelos, que representen nuestra identidad, nuestra cultura, nuestra lengua, nuestra idiosincrasia, nuestro momento. En las sociedades se tiende a la búsqueda de modelos y de normas sociales. Se analiza la historia, no para quedarse en el pasado sino para ir al futuro; se lo hace para facilitar el andar diario y aprender de experiencias tanto positivas como negativas y así no volver a “tropezar con la misma piedra”. De esta forma, con una educación planificada y cimentada en base a modelos sociales atractivos y ejemplificadores se hará más loable y visible el desarrollo personal humano, de forma que su asimilación sea menos traumática y más constructiva. No sólo debemos enseñar a nuestros niños a recordar, conocer y admirar a militares heroicos y patricios, que pudieron haberlo sido o que tal vez sólo supieron empuñar un fusil, que hasta la fecha dominan los nombres de calles y avenidas; enseñemos más bien, que también es meritorio ser un poeta que empuñe un bolígrafo o un tenista que empuñe su raqueta. Algún alcalde dijo con acierto: “las obras entran por los ojos”, pues qué mejor obrero palmario que el deportista o el artista. Por lo tanto pongo punto y final a este artículo y me voy a vestir para llevar a mis sobrinas al fútbol para ir educándolas desde chiquitas y que vayan vestidas de rojo… no vaya ser que se me haga tarde y me las malcríe mi cuñado vistiéndolas de celeste. Fadrique Iglesias Mendizábal 2005. Artículo publicado en las cartas al director, en el diario Los Tiempos

4 de noviembre de 2005

Lo que cuesta y lo que no

Lo que cuesta y lo que no Desde pequeños nos venden la idea de que las súper estrellas deportivas son de otra galaxia, nos obligan a creer que son inalcanzables, de que tienen que apellidarse Johnson, Kipchoge o Da Souza, que tienen que llevar la última tecnología en zapatillas y que tienen que entrenar en majestuosos Centros de Alto Rendimiento. ¡Mentira! La verdad está en que para llegar a la élite son más determinantes otros factores. Está claro que la tecnología en Zapatillas, los Centros de entrenamiento y sobre todo la ayuda médica ayudan, y mucho, pero en niveles muy altos. En un nivel medio como el Sudamericano o Boliviariano todavía se puede llegar a una cota aceptable sin estos factores. Pregúntenle si no a Niusha Mansilla. Como decía mi amigo e impulsor del deporte cruceño, José Quintanilla, primero agotemos los recursos que no cuestan dinero. Es decir que para motivar a un niño a entrenar no se necesita mucho, fundamentalmente ganas e iniciativas. En cuanto a mi caso particular, llevo 4 años entrenando en España. Sería tonto comparar el dinero invertido respecto a Bolivia, pero lo que sí se puede hacer es emular iniciativas que no cuestan. Por ejemplo, organizar carreras populares para incentivar a los habitantes de una población a que participen, no competitivamente sino como una actividad lúdica; a la vez convocas a los niños de colegio para que participen. Una vez ahí, reunido todo ese marco humano, con algún premio citas a los deportistas de élite. Resultado: Satisfaces a los tres niveles básicos a los que va orientado el deporte: 1. Recreación 2. Educación 3. Profesionalidad. Para hacer un análisis de las falencias con las que contamos, no señalemos primero a las fallas de infraestructura, por lo menos no al principio, sino a las fallas estructurales. La más notoria es la inconsistencia e ineptitud gubernamental a la hora de brindar apoyo concreto y directo a la promoción del deporte. En el caso del atletismo que me ha tocado vivir de cerca, el señor Viceministro de Deportes, elude continuada y sistemáticamente sus responsabilidades, como por ejemplo el impago de viajes, inexistencia de iniciativas para el estímulo de los deportistas, impago de becas de gestiones anteriores, la negación a una comunicación y diálogo con deportistas de élite, ningún reconocimiento público a la labor de éstos, además del abandono y falta de ayuda. En mi estadía en España, he entrenado con un grupo de élite, donde destacaba Isaac Viciosa, uno de los grandes atletas de la historia de este país y de Europa, siendo campeón y recordista continental. Pues él no entrenaba con grandes recursos tecnológicos o en pistas modernísimas. Sino que lo hacía en el bosque, en un camino de tierra, en una calle empedrada en pendiente, en el monte, y en una pista muy similar a la de Sucre o Cochabamba. ¿Cuál es entonces la razón que llevó a Isaac a ser campeón? No hay una sola, son varios factores combinados, pero destacan algunas. La más visible es la capacidad de sufrimiento, de voluntad de trabajo y la constancia para entrenar (educación). Otra es la planificación de su entrenamiento (otra vez educación). Otra de las razones era la satisfacción cubierta de sus necesidades fisiológicas; es decir, amén de sus grandes emolumentos provenientes de importantes clubes, empresas privadas y firmas comerciales deportivas, Isaac cuenta con la posibilidad de asistencia a comedores, la concesión de un monto económico asignado a dentista y medicinas, a fisioterapeutas y un plantel médico en general. (Aquí sí se trata de infraestructuras, pero sí existen en nuestro país) También contaba con un marco de reglas claras: si hacía determinada marca, asistía al campeonato planificado y recibía la beca dineraria previamente asignada: se deja poco campo a la improvisación y a los ardides. Entonces, digo yo inocentemente, qué pasa con las iniciativas que “no cuestan”, ¿es que no se puede solicitar un donativo o la compra de complementos vitamínicos o proteínas?. ¿Es que no se puede hacer contactos institucionales con firmas deportivas nacionales o internacionales?. ¿Es que no se pueden transmitir los campeonatos nacionales e internacionales en el canal de tv del Estado?. ¿Es que no se puede hacer un acto de reconocimiento a atletas y entrenadores de élite con el Presidente de la República?. El gran problema es que para esto hay que pensar y si dedicas horas a pensar en atletismo, ya no las dedicas a los negocios personales, entonces ya no sale a cuenta y lo de ser autoridad estatal… ¡sí cuesta!. Fadrique Iglesias Mendizábal 2005. Artículo publicado en el semanario Los Tiempos USA

Raza de Bronce

Raza de Bronce Cuando vemos un bonito gol, cuando nos enteramos de una marca atlética impresionante, cuando vemos victorias épicas, a veces nos preguntamos, por qué en Bolivia no ocurren. Una justificación a la que se recurre normalmente es el alegato racial. Somos una raza inferior… es que en Kenia hay negros, es que en Marruecos corren desde niños, es que en la ex URSS los seleccionan desde pequeños, es que en EEUU los manipulan genéticamente… Somos capaces de hacer construcciones teóricas para justificar nuestra mediocridad. Pero, si nos vamos a lo estrictamente racial, en la América india, estamos estrechamente relacionados y derivamos de idénticas tribus madres como las Toltecas, amén del profundo mestizaje que hemos sufrido de importantes inmigraciones europeas, judías, otras descendientes de árabes y hasta asiáticas. En resumen, no creo que genéticamente seamos muy distintos a los habitantes de las zonas altas de México, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. En este artículo no haré referencia al colectivo afroamericano de Norte, Centro y Sudamérica puesto que en Bolivia son una muy pequeña minoría. Partiendo entonces de la absurda suposición de que somos una raza inferior, cómo se explica que existan grandes campeones de atletismo como Jefferson Pérez (campeón olímpico ecuatoriano de 20km marcha), Ana Guevara (campeona mundial de 400m, mexicana), Arturo Barrios (recordista mundial de 10km en ruta, mexicano), Alejandro Cárdenas (subcampeón mundial de 400m, mexicano), Nestor Nieves (campeón panamericano de 3000 con obstáculos, venezolano) y un largo etcétera de atletas mestizos y descendientes de ricas mezclas de pueblos amerindios y criollos asentados en América. Entonces, ¿es tan relevante la raza como se dice?; responderé primero admitiendo que existen estudios, con mayor o menor rigor científico, que defienden la teoría que los atletas de África oriental, concretamente las poblaciones situadas entre Kenia, Etiopía y Eritrea, tienen una masa ósea más ligera, y una musculatura potente y oxigenable. Pero insisto en cuestionar que estas teorías no consideran las demás razones que hacen a un deportista campeón, que son el trabajo diario, la organización, la disciplina, el deseo de subsistencia y superación y otras muchas variables. Además, a la hora de la competición notaremos que no siempre gana el que llega más en forma, a veces gana el que pudo controlar más sus emociones, el que pudo dominar sus nervios, el que aprovechó mejor sus oportunidades y las debilidades de los oponentes. En fin, esa es la riqueza de la competición, que se ilustra de forma más bonita en los juegos olímpicos, que son la cita en la que realmente se demuestra quienes son los grandes, es cuando se separan a los hombres de los niños. En los resultados de los juegos de Atenas podemos ver que los 46 campeones de las pruebas atléticas, corresponden a 23 nacionalidades diferentes, de países con ubicaciones geográficas dispares, composiciones raciales amplias y de capacidades económicas muy dispersas. Y es que cualquier hijo de vecino podría llegar a ser deportista de élite si aprovecha correctamente las variables que ya mencionamos, unidas a la calidad individual y, claro está, a la suerte. Al final de cuentas en los Juegos Olímpicos, todos tienen 2 ojos, una boca, dos manos, y dos piernas. Creo que la diferencia por tanto estaría en la magnitud de la fuerza de un órgano que algunos tienen más desarrollado, por lo menos en cuanto a las ganas y al orgullo: el corazón. Fadrique Iglesias Mendizábal 2005. Artículo publicado en el semanario Los Tiempos USA