27 de noviembre de 2005

De Felinos Cósmicos, Deidades e imaginaciones

Una de las series de dibujos animados favoritas en mi nunca terminada infancia era la de los Thundercats. Para los que no la vieron, trataba de una suerte de gatos, o mutaciones de felinos y humanos, expulsados por las guerras de su planeta (Thundera) y refugiados en el Tercer Planeta. Las aventuras de estos 7 tipos, no eran simplemente una secuencia de capítulos de batallas fantásticas y magnas, sino que en una línea general asimilable para niños, se trataba de una trama profundamente cargada de simbolismos y metáforas tan profundas (o superficiales) como las dudas existenciales personalísimas con las que me toca lidiar en los buses, en las salas de espera, en las clases aburridas, en las tardes de estudio y poca concentración, en las mañanas de domingo y en la mayoría de mis desvelos, etc, etc. El primer dilema que planteaban era el del exilio y el de la migración. Estos señores aparecieron injertados en este Tercer Planeta por azares de catástrofes en su lugar de origen. Sin embargo ellos nunca abandonaron su cultura, ni sus valores. Aparecieron en un mundo del que sabían poco, con otros sistemas de organización, y les tocó lo que a todo emigrante: Construir su cubil desde los cimientos, conocer el contexto al que ahora pertenecían. Tenían que leer la nueva realidad, tenían que reconocer las nuevas estructuras de poder, adaptarse al nuevo sistema, que a pesar de ser un lugar semi deshabitado y poco urbano, no era en absoluto una conquista ni una expansión geopolítica. Este grupo de Thundercats estaba organizado en forma de cuasi familia, con un único líder que era Leono. Que era el Elegido para ocupar el sitio dejado por el otrora jefe supremo Yaga. Leono tenía que reunir una serie de requisitos y formas, heredados de una manera divina y anunciada desde su infancia. Yaga por su parte es la representación de una Deidad que aconseja, siempre con criterio, con sosiego, con sensatez y sabiduría que se manifiesta siempre ideal. Otras notas configuradoras de las características de esta serie son los lazos de pertenencia al grupo, algo así como una identidad nacional, con simbología y todo; y un escudo en forma de tigre rugiente y una espada que puede ser análoga a la Constitución de esa nación, a la que se debe respetar como signo de marco de poder. Entre la legislación implícita de estos gatos, se repite una y otra vez la defensa del honor y unos principios éticos muy fuertes (que no están recogidos formalmente pero que se cumplen con rigor), y que son fiscalizados y controlados entre ellos mismos. Para mantener esta ecuanimidad, deben luchar contra las fuerzas del mal, normalmente fácilmente identificables (los monstruos contra los que lidian) pero otras veces dispersos y encarnados en otras formas y personas. Este es el caso de Munrra (el maligno) que suele aparecer donde uno menos se lo espera y al que sólo su propio reflejo e imagen lastima. Pero una de las cosas que en estos años siempre me ha dado vueltas por la cabeza ha sido la interpretación de la Prueba Suprema. Leono, el Heredero, debía demostrar que podía superar una serie de obstáculos preparados por sus propios compañeros, en este caso el que me impactó fue el de Tigro, que consistía en llevar a su líder a un mundo en el que luchara contra su imaginación. Leono se enfrentaría a seres venidos de un cerebro, no reales. Durante años he pensado si en realidad todos lo males que nos acechan, todas las injurias que nos agravian, las rivalidades, y toda la infinidad de situaciones que nos torpedean en nombre del destino, son en realidad una Gran Prueba del Creador, llámese Dios, llámese Yaga/Tigro, llámese Alá o simplemente Energía. Siguiendo en esta línea, me paré a pensar que tal vez, ni siquiera es Tigro o el enemigo, sino yo mismo el autor de todas esas calamidades/dificultades que me hunden. Supongo que no seré yo el único que ha pensado en esto. Habrán ya muchos escritos de filósofos más reflexivos y que pensaron más que yo sobre el tema. De momento no acudiré a ellos para resolver mis dudas, sino a mi propia imaginación, y espero que como me mete en estos líos me saque de ellos con una respuesta fácil para no comerme la cabeza ahora que me quiero ir a dormir. Mañana será otro día.

6 comentarios:

Gary Freedman dijo...

Saludos desde los Estados Unidos!

Soñadora Insomne dijo...

Interesante análisis que haces.
No sé si estoy divagando, pero Leono tenía que mostrar su superioridad en todo sentido para probar que debía ser el líder (moral, intelectual, etc.)
Cuando hablas de la prueba de Tigro de luchar contra los monstruos que su propia imaginación creaba, me haces pensar en la vida que cada persona lleva adelante.
En muchas ocasiones nos enfrentamos a diferentes retos, resolvemos problemas complicados; pero lo más grave de todo es luchar contra nosotros mismos, nuestras creencias y pensamientos que nos esclavizan y que a veces, aunque perjudiciales, obedecemos por costumbre, por miedo...
Lamentablemente, no todos los enfrentamos.

Dique dijo...

Es cierto, nuestra imaginación es un universo aparte, es muy rico saber eso, pero también me da mucho miedo.
Gracias Soñadora.

Anónimo dijo...

Dique no caigas en la chuleria de andar posteando por aqui y por alla, estas minitas entran y lo joden todo, tu blog es inteligente, no necesitas eso.

[i] dijo...

muy a pesar del amigo anónimo aquí presente... te dejo mi comment... creo que nuestro peor enemigo somos nosotros mismos, y dicen por ahí que el infierno también es eso, un mundo lleno de tus enemigos imaginarios, de tus propias sombras, de tus dudas y temores, de tus miedos... como en la película "What dreams may come".

y si... los thundercats eran mis favoritos!.... Thunder, thunder, thunder cats!!! y la espada del augurio! buenisimos!

Dique dijo...

jeje, creo que a veces pensar demasiado vuelve loca a la gente, yo creo que por ese lado yo no me voy a volver insano.
un saludo