5 de noviembre de 2005

Modelos Sociales

Modelos Sociales Desde pequeño fui a los estadios de fútbol a ver a mi querido Wilster, fui a los Bolivarianos del 93 a ver a Totoño Pavisic y cia., fui a la Dimabol a ver a Eliberto Lema, fui a la Davis a ver a Rodrigo Navarro, a la Media Maratón de Mayo a ver a Poli Calizaya, fui al circuito Bolivia a ver a Armin Franulic, fui al Capriles para ver correr a Jacky y Niusha, vi en periódicos a Genaro Agostopa…y vibraba con todos ellos, me sentía identificado, sobre todo con el “rojo”, pertenecía a ellos y ellos me pertenecían a mí. Cuando ganaban, ganaba yo, y cuando perdían me daba vergüenza ir a clases para aguantar la mofa del curso. Como todo niño, soñaba con alcanzar algún día las gestas que les hicieron famosos, alcanzar su perseverancia, su prestigio social, su tenacidad, su orgullo, su liderazgo. Entonces los tomé como ejemplo. Poco a poco fui tomando también como ejemplo a otros grandes como Hugo Sánchez, Jordan, Indurain o Sampras, viéndoles en la tele. Poco a poco fui llenando mi habitación de póster suyos, de firmas comerciales, de revistas norteamericanas, de propagandas de películas, de zapatillas con su nombre… hasta que llegué a sustituir por completo mis antiguos ídolos por estos últimos, consiguiendo incluso despreciarlos y sentirme avergonzado cuando yo comentaba el partido del Capriles y mi compañero me ofuscaba con sus míticas historias en la Bombonera, alegando que si yo disfrutaba con el Wilster era porque no tenía “mundo” y no conocía el “verdadero” fútbol. Así pasé a engrosar las filas del nada despreciable grupo de “alienados culturales” que en lugar de asignar pesos y lugares, comparan papas con cebollas. Este grueso grupo no ha podido acomodarse a las realidades sociales y de contexto cultural en que vivimos. No nos hemos podido dar cuenta de que necesitamos nuestros propios modelos, que representen nuestra identidad, nuestra cultura, nuestra lengua, nuestra idiosincrasia, nuestro momento. En las sociedades se tiende a la búsqueda de modelos y de normas sociales. Se analiza la historia, no para quedarse en el pasado sino para ir al futuro; se lo hace para facilitar el andar diario y aprender de experiencias tanto positivas como negativas y así no volver a “tropezar con la misma piedra”. De esta forma, con una educación planificada y cimentada en base a modelos sociales atractivos y ejemplificadores se hará más loable y visible el desarrollo personal humano, de forma que su asimilación sea menos traumática y más constructiva. No sólo debemos enseñar a nuestros niños a recordar, conocer y admirar a militares heroicos y patricios, que pudieron haberlo sido o que tal vez sólo supieron empuñar un fusil, que hasta la fecha dominan los nombres de calles y avenidas; enseñemos más bien, que también es meritorio ser un poeta que empuñe un bolígrafo o un tenista que empuñe su raqueta. Algún alcalde dijo con acierto: “las obras entran por los ojos”, pues qué mejor obrero palmario que el deportista o el artista. Por lo tanto pongo punto y final a este artículo y me voy a vestir para llevar a mis sobrinas al fútbol para ir educándolas desde chiquitas y que vayan vestidas de rojo… no vaya ser que se me haga tarde y me las malcríe mi cuñado vistiéndolas de celeste. Fadrique Iglesias Mendizábal 2005. Artículo publicado en las cartas al director, en el diario Los Tiempos

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