28 de marzo de 2006

De Comidas, Keniatas y Gulas

Ya vuelvo para contar más cosas de mi periplo por tierras rusas. Pues resulta que todavía no he detallado los kilos y kilos de calorías que metía al cuerpo para contrarrestar las que iba perdiendo según pasaban los minutos y las horas. Dado que mi equipo (Bolivia) se limitaba a mi persona (incluyendo médico, fisioterapeuta, entrenador, dirigente, etc,) ya que como buen vecino de la calle Lanza he aprendido a desempeñar papeles diversos sin formación alguna, decidí no intimidarme cuando compartía la mesa, a la hora de las comidas, con mis similares de Kenia. Pensé en que para el primer y segundo plato les podría remedar, en lo referente a su alimentación y que para contrarrestar toda la tensión acumulada durante esos minutos, tenía que recuperar lo perdido en el postre. Resulta que mis colegas africanos comían: pasta, trigo, arroz, un poco de pescado, y algo así como tres o cuatro plátanos por sentada, además de un jugo de frutas. Por ventura la comida era gratis. La alegría me inundaba sobre todo cuando mis rivales emprendían retirada; me sentía todo un ganador en la afrenta alimenticia que sosteníamos, y para rematar mi aplastante victoria, cuatro o cinco porciones de torta de chocolate eran casi suficientes para amedrentar a mis contrincantes que miraban incrédulos como un diminuto corredor de 1.73 metros y 61 kilos era capaz de engullir esas cantidades de azúcares con tanta desesperación y gula, dignas de un aprovechado sodomita invitado a un banquete real. Me imagino que tal fue mi aspecto de ansiedad y de haber pasado largas hambrunas que en el desfile de inauguración me recordó nuestro amigo Joseph Mutua y se me acercó, de forma simultanea, yo para admirar al atleta y él para admirar al insaciable y desmesurado comensal con el que compartió la mesa momentos antes. No fue sólo él, sino que hasta sorprendí a los colegas centroamericanos con los que a partir de ese momento y hasta el final continué engullendo con glotonería las exquisiteces siberianas. Seguiré

2 comentarios:

GABO dijo...

imagino la sensación de los keniatas, recuerdo haberte visto comer atun en lata en el colegio. Esas cosas no se olvian

Dique dijo...

jeje, como olvidar ese Rally, con el "We are...", es que tenía un hambre impresionante... espero que en un mes podramos atracarnos unos piques en el Miraflores. Un saludo heremano.