18 de marzo de 2006

La llegada

Experiencias en Moscú La travesía rusa comenzó antes de aterrizar en Moscú…, comenzó en el consulado general, que hizo gala de su legado estatista y de alta burocracia inútil. Empecé llamando a una especie de número erótico, no sé si por su contenido explícito, por lo menos a mí me lo pareció cuando escuché la seductora voz de la telefonista que me repetía hasta el cansancio que esa llamada me acarrearía 1.56 € el minuto. Ya en ese momento intuía que este no sería el primer gasto improductivo que los señores siberianos me ocasionarían. Una vez citado en esa oficina, me recibió algo así como un oso ártico, que medía muchos centímetros y pesaba muchos kilos. Este guachimán seleccionaba a los afortunados que pasaban al diminuto habitáculo que cumplía las funciones de Embajada. Estando adentro hice las respectivas colas, incluyendo la de información, y en 7 días tenía mi preciada visa. Pues bien, nada más aterrizar mi avión a suelo ruso, se me erizaron los pelos de las piernas al pensar que me encontraba del otro lado del Telón de Acero, y sobre todo porque con los -9 grados centígrados que congelaban todo organismo vivo que yacía por allí. No solo se me erizaron los pelos de las piernas, sino todos los demás. Cuando desenfundé mi pasaporte, una mujer sin expresiones amistosas emitió algunos ruidos con su dentadura y con un gruñido ininteligible me tiró el documento sobre el mostrador, haciendo un ademán para que camine y no prolifere la interminable cola que se formó detrás de mí. Nos montamos, yo y el equipo español, en uno de esos “caimanes”, esos convoys donde otrora llevaban a las tropas rojas, con poca calefacción, con muchos ruidos, de formas angulares y de poco diseño. Cruzamos todo Moscú, iluminado por la tenue luz que emitían las cansadas luminarias, al paso de la gente apresurada en las calles, por llegar a su destino. Al cabo de dos horas de viaje, divisamos por la ventanilla unas lucecitas como de árbol navideño. Al agudizar la vista comprendimos que se trataba del Gran Hotel Casino Cosmos, sede del evento. Este inmenso bloque de concreto en forma oblicua y de medio cilindro, tenía nada menos que 2500 habitaciones. En el frontis del hotel se erigía una enorme estatua de un militar broncíneo, en un pedestal gigantesco que me hizo recuerdo al de Sadam Hussein que derribaron cuando los gringos empezaron a destrozar Irak. Pregunté yo si se trataba de Lenin y de Trotski, y me respondieron unos franceses, que minutos antes no supieron decirme donde estaba el baño por “no entenderme”, que era el general De Gaulle. Mi asombro fue mayor cuando me enteré que la pusieron en enero de este año… yo hubiese puesto una de Kournikova (en caso de que me obliguen a poner una estatua). El hotel era el paraíso de los ludópatas, tenía más tragamonedas que teléfonos en todo el distrito sur moscovita. En ese momento un amable ruso, Eugeny (Kafelnikof para los amigos), se me presentó como el traductor asignado para Bolivia, Honduras y Nicaragua. Afortunadamente para él, el total de su cuerpo asignado era de 5 personas. Eugeny y los hondureños eran almas opuestas. El primero hiperactivo, puntual, algo nervioso y recto. Los segundos, tranquilos, flexibles y muy graciosos, afortunadamente se llevaron bien. …Próximamente: Las competiciones La fiesta final Los paseos por el Kremlin y Plaza de la Revolución

3 comentarios:

Almada dijo...

Hombre, nos dejas con ganas de más relato.. ya se espera la siguiente entrega con más relatos siberianos.. no te cobraron aquello que te dijo Prude??

sandra dijo...

Hace mucho que leo tus relatos y hasta ahora me he aguantado las ganas de no hacer ningún comentario pero ya no puedo más. ¿Cuánto tiempo vamos a tener que esperar para conocer el siguiente capítulo de tu viaje a Moscú? creo que no es justo que nos dejes durante tanto tiempo con la miel en los labios. Si te envidié cuando supe que estabas en Atenas esto casi lo iguala así que aunque supongo que estarás muy ocupado intenta sacar un rato para contarnos la segunda parte, porfavor.
Por cierto, enhorabuena por el puesto en que quedaste, de eso ya nos hemos enterado.
Un saludo

Dique dijo...

Gracias muchachos, ahora viene....