13 de noviembre de 2007

Constituyente: "pase lo que pase y hayga lo que hayga"



Ahí está el nivel de nuestros constituyentes. Gozamos o sufrimos de una presidenta de la Asamblea Constituyente, órgano encargado de redactar el nuevo Contrato Social que va a guiar el destino de nuestro país, que brillantemente arremete contra el castellano con la frase de "los asambleístas se instalarán (mañana) pase lo que pase y hayga lo que hayga" sic.
Juzguen ustedes.

Se supone que esta dura tarea debería estar en manos de grandes lingüistas, de eximios catedráticos, de renombrados constitucionalistas, de importantes filósofos, de inteligentes sociólogos, de sobresalientes politólogos y de reconocidos investigadores.
Pues sí, contamos con 255 inútiles personajes que en más de un año, y ganando más de 10.000 bolivianos al mes (más dietas), no han sido capaces de ponerse de acuerdo todavía en nada. En las plenarias, a mi modo de ver, sobran unas 235 personas.
Hay quienes argumentan que esos !casi tres centenares de gritones! tienen que ser muchos (los suficientes) para representar a todos los sectores del país.
Gracias a Dios en el siglo XXI existe la estadística (en realidad desde hace varios siglos). Si no ya me imagino un censo mundial para contar a los 6.000 millones de habitantes en la tierra, para decidir las preferencias del electorado en la India, para calcular la cantidad de espermatozoides que un hombre produce durante su vida o para saber cuantos glóbulos rojos pasaban por día por el corazón de Lance Amstrong en el Tour.
Exigir verdaderos intelectuales y pensadores no tiene por qué disminuir el nivel de representatividad, al contrario, al redactar de forma clara y completa el articulado se logra mayor representatividad y eficacia del texto.

Esta Asamblea nació viciada, y así creció. Es un aborto y ahora seguimos pagando de nuestro empobrecido bolsillo, no sólo a los asambleístas sino también la falta de ese Contrato Social y compromiso que tanto necesitamos los bolivianos.

A ver cómo hacemos para salir del bache. Por el momento, suframos macanazos lingüísticos como el simpático "hayga lo que hayga" de la señora Lazarte, pues eso es lo que hay.