29 de abril de 2008

¿Autonomía carajo?



No tengo interés por los mítines que organizan los Jóvenes por la Democracia, no he ido a ninguno. Mucho menos los del tal Bombón (gobernador de Cochabamba), no soy devoto de la Patronal (Empresarios Privados). Sin embargo me llamó la atención el foro que organizaban so pretexto de la Autonomía (descentralización política) y su referendum los Industriales.

Me atrajo, debo admitirlo, la cabeza de cartel Juan Claudio Lechín mucho más que el tema autonomista, que tal y como está llevado da pena o risa, ya que descentralizador convencido como soy yo (de la vida misma), incluso me quedo callado en los pseudo debates pro autonomístas por cómo han encauzado la defensa de este modelo de clasificación de la Administración Pública algunos movimientos de Santa Cruz.

Me sedujo fuertemente la obra literaria del ponente, del que sólo he leído su Gula, y su importante herencia familiar intelectual.
De todos modos él no me decepcionó. Al contrario. Tuvo un discurso en el que apeló a la historia y al sentido común, cosa que suele ser desdeñada por los politiqueros y neointelectuales más conservadores que en el oriente están de moda. Se valió de recursos de interpretación teatral, lo que hizo muy amena su ponencia. Y lógica. Lo que hace pensar que en el oriente hay algunas cabezas lúcidas. Veremos cuánto tardan en ahuyentarlas.

La exposición previa, la del técnico gasífero Boris Gómez, tuvo un comienzo interesante analizando los fallos de la Nacionalización pero se fue diluyendo hasta enfangarse en sus subjetivas interpretaciones del "inservible Socialismo". Se limitó a encerrar el socialismo en las borrosas interpretaciones de Chávez y Castro. Desdeñó indirectamente a los Nórdicos, a Giddens, a las Socialdemocracias, a la Landsorganisationen, a las vueltas de tuerca marxianas (no marxistas), a los Lagos, González y Zapateros. Resultó ser muy reduccionista y simplificó las cosas a caudales cuando se salió de su tecnicismo.

¡No existió debate ni ronda de preguntas!. Parecía que los que nutríamos el escuálido auditorio, estábamos para ser adoctrinados, no para preguntar ni para contar o rebatir. Los que hablaron dejaron su palabra santa impoluta sin oportunidad a cargos o precisiones.
Nos trataron como ovejas de un rebaño que no tiene profundidad ya desde el comienzo con los 30 minutos de retraso.
No lo lograron ya que no hubo cuorum, no hubo a quién adoctrinar.
Para adoctrinar a los jóvenes basta con atemorizarlos, con susurrarles en la oreja que su origen racial ya no les va a dar trabajo, ya no les va a dar ventajas competitivas, que los cholos toman el poder. Como bien apuntó Lechín, la Autonomía y los Indígenas llegaron para no irse nunca. A Dios Gracias y por fin.

Ahora me pregunto, dónde están todos esos jóvenes que salieron con palos y bates de beisbol el 11-E. Dónde andan todos esos chicos que supuestamente están vinculados con la política, en defensa de la democracia y de Cochabamba, con los cambios históricos de Bolivia. Dónde andaban esos jóvenes demócratas, que en el auditorio no pasaban de seis. Me imagino que en Viva (medio disco medio tienda de teléfonos), hablando de la inviabilidad de la visión engeliana, de las mentiras del verde Jocka Fisher y de Noam Chomsky, del cholulismo de Jimi Carter. Quiero imaginar que el stand de Viva es un hervidero de ideas políticas, de las que partirán las bases de nuestros nuevos partidos de centro derecha.

De quien hay que pedir autonomía es de los que no quieren consensuar. Hay que pedir autonomía de los grupos de presión y actores sociales que no permiten reformas estructurales, me da igual que sean de un bando o de otro.
Hay que pedirla de los sindicatos clientelistas que impulsan el populismo, porque la tan mentadita palabreja no es otra cosa que el evitar las correcciones estructurales y con coste social alto pero necesarias, eso es el populismo; no salir al balcón a saludar a las masas, eso no es populismo, eso es boludez.

Organizados así los jóvenes es imposible que algún día hagamos política, igual si es gobierno u oposición. Y la Política se hace limando diferencias, redistribuyendo o proponiendo hacerlo y no sólo la platita sino también las ideas.
Aquí, en Cochabamba y a día de hoy no se debate. Se discute poco.
Dónde andan esos jóvenes dispuestos a debatir, a intercambiar ideologías y teorías que salían en la tele y en escenarios. Dónde están los que están dispuestos a practicar, a discutir y a crear. El viernes en la feria, en el foro autonomista de la Cámara de Industria no estaban. Quizás en la misma feria pero a la vuelta, en una disco gritando ¡Autonomía Carajo!.

22 de abril de 2008

La Portuaria


Los puertos son sitios abiertos por definición. Generalmente las ciudades que tienen uno, suelen ser más receptivas, por supuesto al comercio, a la cultura, a las culturas, a la diversidad, a la apertura y al intercambio.

Muchos músicos, pintores, escritores han basado su obra en estos centros de flujo comercial y personal. Rafael Alberti escribió su Marinero en Tierra, impulsado por una fuerte añoranza a sus experiencias costeras.

En el puerto de Buenos Aires, el más grande de América Latina, en el plano del rock-pop internacional, emerge un grupo argentino que concilia las virtudes de la musica de puerto y este es La Portuaria.

Diego Frenkel, vocalista del grupo, ha logrado mestizar, mezclar y lograr una música mixta y a la vez bastarda. Funde el pop, el funk, el country, el rock, algo de rumba, un poco de blues, toques electrónicos, gotas de soul además de instrumentos populares como el acordeón o el bandoneón, armónicas, vientos, guitarras eléctricas, bajos y percusión, y lo mejor: sin grandes pretensiones.

Le canta a la migración, le canta a su ciudad y a la energía. Le canta al sentimiento. Es la música popular híbrida, esa que se nutre de inmigrantes, de novedades ultramarinas, de ilusiones allende del mar.

Estos días estuve paseando por Chile, enamorado del puerto de Valparaíso y pude oler y sentir lo que quizás siente Frenkel y su Portuaria cuando se sientan a componer. Traté de sentir lo que Donoso, Bolaño, Edwars, Skármeta, Huidobro, Rojas, Parra y sobre todo Neruda habrían sentido al caminar las callejuelas de los cerros urbanos del puerto que hoy es Patrimonio de la Humanidad.

Ese puerto mestizo con comidas diversas, con olores mezclados, con colores variopintos que tengo en el pecho y que me ha aflorado hoy mientras escuchaba a La Portuaria. He hecho un paseo mental a otros puertos que he disfrutado, Tallin, Rotterdam, Osaka, Barcelona, Rabat, Nueva York, Hamburgo, Montevideo y me he quedado durmiendo la siesta, con el meneo de las olas.

5 de abril de 2008

Identidades


Se ha escrito mucho sobre nacionalismos, identidades y territorialidad.
En los viajes e intercambios deportivos, constantemente existe un flujo de ida y de venida de experiencias, de tradiciones y de comportamientos aprendidos.

Así el peruano, de la misma forma que el colombiano opina que su país es único porque tienen montañas nevadas, selvas tropicales y costas con marisco en extensiones de tierra relativamente cercanas. Claro, no se dan cuenta de que posiblemente en Sudáfrica, Alemania y Estados Unidos también cuentan con esas características.
Pero eso no viene al caso, más que cuando uno viaja y ve que allende de sus fronteras existen cosas maravillosas y que no existe una verdad absoluta o una única forma de llegar al bienestar o a la estética.

Es común también oír comentarios de tipo “el pisco es peruano” y una réplica inmediata de un personaje chileno. Así como éstos con el baile de la cueca o la diablada, en ese momento saltará un boliviano argumentando que el patrimonio boliviano, y será ahí cuando un ecuatoriano dirá que el quechua también se habla allá y que el imperio Inca también les perteneció.

De esa forma, las fronteras actuales pueden estar vertebradas de una forma un tanto imperfecta.
Hay autores que hablan de dos tipos de frontera: las fronteras lineales (por las que se rigen las leyes migratorias) y las regriones frontera, mucho más difícil de distinguir.
En estas últimas, entonces, a quién atribuimos la capitalidad del Imperio Inca, incidiendo en el ejemplo anterior. ¿A Machu Pichu, al Cusco, a Tiwanaku?. ¿existe una zona típicamente incaica hoy en día? ¿el folklore mestizo de los Kjarkas es patrimonio exclusivo del pueblo de Capinota, de donde son oriundos?. Parece ser que no.
Ahora, en esta mezcolanza cultural, yo, boliviano, con familiares españoles, ancestros presumiblemente árabes, ¿puedo identificarme con Óscar Wilde, que era un Irlandés de güisqui y boina?. ¿Puedo aceptar los versos de Joaquín Sabina como propios a pesar de no haber vivido largos periodos en Madrid? ¿o los de Cerati sin haber caminado por la noche bonaerense?.
Claro que puedo, para eso está la cultura. No para acotarla con fronteras sino para compartirla y trascenderla por donde se pueda infiltrar.

Ahora si que estamos en una mezcla de identidad cultural, en la que la definición vendrá dada por lo que leamos, por lo que juguemos, escuchemos y comamos.
Yo me considero fan del Grillo, de Octavia y del Cartel Afónico y leo a Paz Soldán, a Rocha y a Lema y no necesariamente son representativos de los bolivianos como conjunto.
Felizmente cada vez, con las nuevas tecnologías tenemos más posibilidades de consumir y crear cultura, ahora sí nos podemos abrir a ese espacio que nos pertenece como unidades personales.
Esta globalización es positiva, la otra, ese engendro económico no tanto, ese sistema tiene que estar en duda, pero eso lo dejo para los economistas pensantes.