15 de junio de 2008

Baúl Imaginario 2008 XP



Hablando con una persona muy cercana de los lenguajes narrativos empecé a pensar y repensar en los contornos expresivos que delimitan cada época y momento histórico.

Con cada tiempo, los formatos, los ritmos, la estética va mutando. El teatro, la pintura, la escultura o la música han pasado del barroco al minimalismo y han vuelto de forma cíclica; la prosa ha pasado de ser lineal, de ser descarnadada y tosca a ser muy cuidada, zigzagueante, pulcra en la redacción, a diversificar la dicción.

La composición social, el pensamiento filosófico, la organización familiar va permeando a la forma que tenemos de contar historias. Va cambiando nuestra forma de ver las cosas y de imaginarlas.
Es así que vamos cambiando nuestros ejercicios diarios, racionales e irracionales de percepción. Si antes imaginábamos en clave de escenario con caja negra o en dos dimensiones, ahora lo hacemos quizás de forma virtual o en códigos de programación, y sobre todo a mayor velocidad.
Los espacios y las distancias territoriales se han reducido. No voy a comentar la manida globalización, pero ese acortamiento en la brecha de las posibilidades de consumo cultural e intelectual ilimitado, o por lo menos más accesible, ya nos resulta imperceptible, es casi una nimiedad. Es que estamos acostumbrados.
Si la TV nos ha traído una sobrevisualización, especialmente en los años 80, y creo que las nuevas tecnologías nos han traído una vuelta de tuerca más. Ya no necesitamos muchas veces, ver la imagen, sino que tenemos un bagaje múltiple en la cabeza que nos permite interpretarla como mejor nos sirva en base a otras visualizaciones previas que ya hemos acumulado, inventariado y almacenado.

La línea expositiva del nuevo cine, teatro o literatura de ahora no parece ser tan explícita, en cuanto a imágenes, y tampoco es tan abstracta en cuanto a estructura, sino que asume ese ánfora de ideas que tenemos y al que hemos llegado no sólo palpando y viajando sino también leyendo, viendo youtube o entrando a enlaces compulsivamente.
Ahora la dispersión es mayor, tenemos ese cibermundo que muchas veces nos desborda pero estamos desarrollando otras capacidades de atención múltiple que hace sólo treinta años estaban reservadas para los más astutos o los más inteligentes.

Nuestra memoria va aumentando en algunos campos su capacidad de almacenar gigas, esperemos que no mengue nuestra capacidad real de raciocinio y nos quedemos en un plano superficial. A veces nos vendría bien volver a Grecia y darles un vistazo a los sofistas.
Lo dejo para otro momento, ahora me voy a navegar en la red, a bucear y luego broncearme entre bits y links... En la playa de la tecnología. Para pensar habrán marineros de aguas profundas.

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