31 de julio de 2008

Ahí Vamos


Ya hemos pasado por seis ciudades, todo dentro de este itinerario de Vuelta al mundo en ochenta horas, así como Verne pero más cortito.

Ayer comenzó el periplo. Fuimos al Palacio Quemado, donde dicen que hay fantasmas.
Cuando me acerqué donde la Encargada de protocolo y le susurré en la oreja que me hacía pis, puso cara de alarma. Alarmala de tos, me imaginé.
Los rumores decían que Evo no venía, que sí lo hacía Álvaro.
A él no quiero verlo. Evo tampoco es que me excite pero es el Presidente.
Nuestro originario de Orinoca comenzó diciendo que sentía vergüenza de tan reducido grupo. Yo imaginé que también siento vergüenza de sus asesores de la Administración Pública y de toda esa engorrosa burocracia que aceita los sistemas estatales.
Fue también la entrega de material. Qué sorpresa. Adivinen, tal como fue en los Panamericanos de Río, me dieron la ropa grande. No de forma tan escandalosa como aquella vez, pero grande al fin. Trece años viajando y siempre ropa grande.
Me cambiaron los dos buzos, no las camisetas-poleras anaranjadas.
Este año volvemos a competir por el podio de países con indumentaria más “curiosa”. De nuevo nos veremos con Honduras y Turkmenistán.

Tocaba esperar en el aeropuerto de París, como siempre los gabachos hostiles, sin dar palo al agua con el inglés, mucho menos con el castellano, siempre en un francés casi ladrado.
La agencia de viajes dividió a la delegación, la mayoría se fue en el vuelo de las 3. Me quedé yo con la cúpula del Comité Olímpico hasta el atardecer. La sobreviviente Normita (muchas olimpiadas y juegos varios) y Álvaro, el jefe de misión.

El equipo está integrado por siete deportistas en competición, más una que no, la niña Karen. El abanderado es el tirador Menacho, octavo del mundo y a última hora el Gallardo Chapaco de ciclismo. Repite Kate y su marido, debutan Sonia Calizaya, Miguel Navarro y Maria Tere de pesas, buen clima, buena onda todos.
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Hemos dado la vuelta al mundo pero hemos llegado, felizmente.
La travesía comenzó en el Palacio Quemado de La Paz, luego pasamos por Santa Cruz, Lima y su garúa, Sao Paulo y su selva de cemento, París, donde vi 17 pistas sintéticas de atletismo desde el avión (sólo las que conté a ojo) y luego a Pekín. En total dos días y medio sin cambiarme de calzoncillos y de calcetines.

Se respira un ambiente distinto. Hay tensión y profesionalismo. Esta es una de esas competiciones en las que nadie reserva nada. Aunque existen niveles y niveles, esa suerte de castas que distinguen a los medallistas de los completamente amateurs, se achican en cuanto a la convivencia humana.
Todos comemos en el mismo comedor y dormimos en camas similares, salvo raras excepciones como las de los NBA u algún otro famosillo intocable.

Las personas, los deportistas, no se guardan nada, no hay esa pereza o desidia de dejarlo para mañana. Saben que no tendrán muchas oportunidades como ésta y se vive intensamente. En estas circunstancias es muy fácil que se impregnen los olores, los sabores, los colores.
La gente se sabe olímpica, y eso funciona como un club. Muy pocos son los elegidos para ganar una medalla. Se reparten algo así como 600 medallas para los 12.000 atletas.

Los amigos o el equipo de voluntarios que hacen posible estos juegos se vuelven personas entrañables, muy amables a menudo, porque saben que como chinos, el mérito de un evento máximo, es de ellos.

La Villa es una mezcla de colores y formas atractivas. Se puede observar diseños vanguardistas y clásicos. La entrada de la Villa tiene motivos tradicionales que contrastan con los edificios y los estadios posmodernistas como El Nido.
El diseño también está en la ropa. Italia por ejemplo viste con Armani. Holanda luce sus bicicletas como si estuviesen en Ámsterdam.
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Ahora estamos en plena villa, pero en la puerta, esperando que nos acrediten y comiendo un changüich de verdura, es lo único que hay.
Seguiré informando.

24 de julio de 2008

48 Trancos (relato de Willy Rocabado)


Mi amigo Willy Rocabado, el Roco, me ha mandado este relato que escribió a propósito de la mesa redonda que hicimos la semana pasada en el mARTadero.
Sintetiza una serie de emociones que los atletas hemos sentido en algún momento. Me suscribo a él.

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Y de pronto todos los colores callan y los sonidos se oscurecen. De pronto todo el entrenamiento queda en tu cuerpo. Tu mente está enfocada. Ahora estás a cien metros de tu objetivo y no hay nada entre la línea de llegada y tú.
Han quedado muy atrás las largas jornadas del entrenamiento de preparación general, cuando corrías más pero despacio, cuando pasabas mucho tiempo en el gimnasio adquiriendo fuerza, cuando buscabas calles en pendiente para hacer repeticiones. Los entrenamientos generalmente eran largos y muy distendidos, con calor en esta parte del mundo. Lado a lado con quienes ahora te toca competir, tus amigos.
Parecían interminables repeticiones por que te dejaban muerto de cansancio, con tanto ácido en las piernas que en vez de haber corrido, sentías que te habías calzado pantalones de hierro. Ese período en el que cada día llegas a casa con el cuerpo agotado al extremo, pero con la cabeza cada vez más segura de qué quieres, y quién eres.
Atrás también quedó el período en que comenzabas a convertir esa reserva de fuerza y resistencia en velocidad. Cuando los entrenamientos se convertían cada vez más específicos, hoy tenías que lograr la técnica correcta: correr suelto, subir la cadera, relajar cuello y cara, mantener los brazos paralelos y hasta la altura de los ojos, los codos pegados al torso, las puntas de los pies hacia arriba, las rodillas por encima de la altura de la cadera, los trancos largos y terminados en un zarpazo explosivo.
Tu partida tiene que ser perfecta, has entrenado las salidas desde ese taco hasta que tus dedos dejan de doler por la posición, por tener que sostener gran parte del peso de tu cuerpo sobre las diez yemas. Durante sesiones enteras te has dedicado a encontrar una postura cómoda desde la que sales décimas de segundo luego del sonido que desencadena la fuerza de tus piernas y tu torso, completando la expulsión de tu cuerpo hacia adelante.
Atrás también quedaron las últimas sesiones en las que hacías muy pocas repeticiones, pero casi al 100%, ese casi es la diferencia entre el entrenamiento y la competencia.
Ahora queda atrás todo, ahora también queda atrás todo el entrenamiento de ese otro músculo que permite que estés acá: el cerebro. Todo aquello que tu entrenador te dijo sobre la concentración y sobre cómo verte corriendo técnico, suelto, rápido y seguro, ahora que lo ejecutarás también quedará atrás, sobre cómo una mirada a otro competidor puede derrotarlo aun antes de correr.
Escuchas la voz del juez que te pide colocarte en el taco de partida y te olvidas que al lado tuyo están algunos de tus compañeros de entrenamiento, personas con las que estás todos los días, de lunes a lunes, sin domingos, ni feriados, personas que comparten tu misma pasión, que conocen tus defectos, que conocen tus destrezas. Y te olvidas de ellos pues en última instancia no compites contra ellos, compites con ellos contra ti mismo, así como ellos.
Cada quien tiene su ritual, aplaudes, estiras tus piernas, saltas, corres en tu sitio, gritas, resoplas, mueves tu cuello, tus hombros, miras al frente como queriendo comerte esos 48 trancos que estás por dar. Haces algo tuyo, es tu forma de decir yo lo vivo así, es difícil de explicar si no se lo ha vivido, tiene mucho de teatral, pero es muy íntimo al mismo tiempo.
El juez dice listos y los pocos espectadores que están allí, en la tribuna de la derecha, aguantan la respiración junto contigo. Ahí estás, tus piernas se acomodan y sabes que eso era lo que esperabas, para lo que vives, para lo que despiertas cada mañana. Tu mente y tu cuerpo entran en fina armonía, esperas el sonido que te llevará a tu sueño. Lo escuchas y tu cuerpo reacciona como resorte hacia delante y tus pulmones se vacían por una milésima de segundo… y de pronto todos los colores callan y los sonidos oscurecen, ya nada importa, eres el mismo griego que hace tres mil años entraba al stadium a demostrar que era merecía ser guerrero, el mismo paguani mexicano que corría para contarle a Moctezuma que Cortés había llegado a Tabasco, el mismo Masai que corre kilómetros para poder beber. Eres el mismo Owens, el mismo Menea, el mismo Lewis, la misma Griffith-Joyner, el mismo Jackson, la misma Jones, eres el mismo que deja todo en la pista. Tú mismo.

10 de julio de 2008

Cultura Deportiva: Jueves 17 de julio


Llega agosto, llega el mes olímpico. Han pasado cuatro años y estamos a las puertas del mayor festival cultural del mundo.
Para eso, gracias al mARTadero, vamos a tener un coloquio-tertulia con creadores artísticos que han sido deportistas para que nos cuenten algunas impresiones, anécdotas y hechos que influyen en su proceso creativo.
Cada invitado, cinco en total, nos contará sus aventuras y desventuras en unos cinco o diez minutos. La charla y la interacción es libre.
Lo principal es acercar a los deportistas al disfrute cultural y a los artistas y creadores al disfrute deportivo.
Está abierto a todos y es gratuito hasta completar aforo.

Lugar: mARTadero, Av. 27 de Agosto, entre Ladislao Cabrera y Ollantay (camino al aeropuerto).
Fecha: Jueves, 17 de julio de 2008.

Invitados:

Gonzalo Lema, Premio Nacional de Novela, Concejal, Futbolista y Atleta amateur.

Ignacio Navarro, Ex vocalista de Jade, vocalista El Che, Doctor en Economía y ex recordista nacional de atletismo.

Eduardo Scott, Premio Nacional de Novela, Atleta amateur.

Willy Rocabado, Fotógrafo, Periodista y docente universitario. Medallista nacional en atletismo.

Rodrigo Vargas, Diseñador y Arquitécto. Ciclista amateur.

Modera: Fadrique Iglesias M, atleta olímpico.

Hasta el jueves pues, están invitados todos.

7 de julio de 2008

Le Tour de France




Se viene la Gran Boucle. La competición ciclística más importante del mundo. Una de las tres grandes carreras de tres semanas (amén del Giro de Italia y de la Vuelta a España), indiscutiblemente la más trascendente.
Los empresarios, trabajadores y deportistas que viven del circo mediático, de la épica y de las grandes firmas asociadas al deporte, se frotan las manos.

El Tour de France ha sido la competición deportiva asociada al sufrimiento y al estoicismo por excelencia. Tanto así, que de los 200 competidores que toman la salida, 199 o más acuden a prácticas alternativas de tratamiento médico deportivo.

Este es el argumento manoseado: “Para aguantar tres semanas compitiendo todos los días a ese nivel y con esas montañas es imposible ir con sopas solamente.”
Y nos han machacado tanto con eso que nos lo hemos creído.
¿Por qué entonces para las Clásicas (Amstel, Lieja, París-Roubiax, Bicicleta Vasca, etc) o para vueltas más cortas (Dauphinè, Suiza, País Vasco o Castilla y León) se dopan de la misma forma?. O para una carrera de 100 metros en atletismo que dura 9 segundos…
Esas imágenes de los ciclistas apretando los dientes, cayéndose de la bici, luchando con la soledad, con los 40 grados y con las pendientes de 15% en los Alpes franceses nos penetran los sentidos y nos hacen disfrutar.Y dudar.

Este año además sumemos la fiebre española. Deportivamente, este país está ahora con el pecho hinchado. En los últimos cinco años han caído trofeos de deportes varios como: Campeonato del Mundo de Básquet, Eurocopa de Fútbol, Wimbledon, Roland Garros, Copa Davis, Fórmula Uno, UEFA Champions League, UEFA Cup, Moto GP, Marcha Atlética, Dauphiné y sobre todo Giro de Italia y Tour de Francia. Al ser los nuestros países de habla castellana, estamos sometidos a que nos restrieguen estos éxitos matiné, tanda y noche. ¡Como en los tiempos del deporte detrás del Telón de Acero¡, por lo menos en cuanto a lucha contra las trampillas médicas.

Este año el Tour tiene un puñado de gladiadores máximos. Ya no está el gran Lance Amstrong, que ganó 7 rondas francesas (récord) con un certificado médico bajo el brazo que le daba muchas libertades. Tampoco estarán la mayoría de los integrantes de los podios de los últimos cinco años, todos ellos alejados de la carrera por problemas con el dopaje (¡coincidencia, persecución!!!), Vinokourov, Pantani (fallecido), Klöden, Contador, Landis, Beloki, Heras, Leipheimer, Rassmussen, Basso y Ullrich (el que se gastaba en un médico 60.000 dólares al año).

Entonces quedan como candidatos un grupejo abierto de posibles sucesores.
El primero es Alejandro Valverde. El más carismático. Me gustan sus formas,aunque algo inestable pero es polivalente y tiene un sprint en montaña muy fuerte. En contrareloj se supone que había trabajado mucho el año pasado pero es justamente ahí donde se dejó el podio del Tour 2007.

El más completo es Evans. Australiano que viene de ser subcampeón el año pasado. Su carta fuerte es que aguanta bien en montaña y desequilibra en contrareloj. Veremos mañana la primera, que quizás ganará el especialista Cancellara.

Luego está el ruso Menchov, actual ganador de la Vuelta a España. Buena montaña, equipo sólido aunque este año menos. Regular.

Hay que poner a Pereiro. El gallego ganó hace tres años por la confusión del dopado Landis. Tuvo la suerte de que le dejaran fugar y se cascó veintitantos minutos de ventaja y el resto no se enteró. Nadie contaba con él y ganó.

Sastre, español también, es otro montañista especialista pero no para meter cuchillo. Estará cerca del podio, su conservadurismo no da para ganar algo grande.

Está Riccò. Actual subcampeón del giro. Ese es de los que gustan al público. Lengua larga, guapo, desequilibrante (todo lo contrario que Sastre y el Ruso).
Los luxemburgueses, gemelos fantásticos Shlek, quizás el colombiano Soler, montañero duro y poco más.

Alguna sorpresa habrá. Algún cazado por los vampiros y a enarbolar periódicos y revistas con la épica deportiva de estos gladiadores que nos hacen babear con sus gestas.
Veremos quién llega con el maillot amarillo a los Campos Elíseos y conquista un título que para ellos es más importante que una medalla olímpica.
Esto es la Grande Voucle, el oculta-oculta, pesca-pesca de los dopados, de nuestros perros de caza, de nuestro deporte.

3 de julio de 2008

El mito LouKass vuelve akasa



Todas las personas necesitamos mitos vivos e historias con las que identificarnos.
En Bolivia, históricamente hemos tenido pocos mitos realmente mediáticos.
En la música Rock-Pop han habido intentos como Climax o Wara que nunca han llegado a los altares intermedios entre la erudicción, lo popular y la fama.
Un grupo sí se ha acercado a ésto: LouKass.

Después de unos desastrosos años 80 en materia económica, el país estaba viviendo un pequeño espejismo de bonanza económica. Las ciudades como en los 60, 70 y 80 se llenaban de inmigrantes rurales y parecía que la cultura urbana, sobre todo en la ciudad culturalmente más movida, La Paz, por fin despegaba.
Necesitábamos pues, un grupo que cante en castellano, que sea algo rompedor e irreverente, por lo menos en las formas, y que nos dote de una noción de libertad.

Esa sociedad conservadora que todavía hoy decide mucho, vio llegar a estos cuatro chicos acomodados pero accesibles con ganas de quejarse, de hacer lo que la escencia del rock es: cuestionar al sistema.
Hay que admitir que el estilo de LouKass es más popular que clásico, pero no por esto deja de ser una banda de culto nacional.
La idea era moverse, saltar y avanzar de forma desenfadada.
La movida paceña, en su célebre Socavón, un antro que "patrocinaba" a la banda fue el caldo de cultivo de noches de desenfreno y de creación. El Grillo Villegas, importante integrante de la banda, lo menciona en su canción Raquel, creada con su amigo Óscar García en una noche que duró varios días, en el mismo Soca.

El grupo duró poco, apenas tres años pero caló hondo en el pecho ya no sólo de los paceños sino de los bolivianos.
LA división llegó el 95 con la partida del vocalista Krauss a Alemania. La banda quedó huérfana y el inminente trío no se pudo soportar.
El bajista y compositor de No Reces al Sol o Feel High, Martín Joffré, de familia metida en el rock nacional, se dedicó al hecho religioso y decidió alejarse del mundo de la bohemia. Por otra parte, Rodo Ortíz, el batero, se dedicó la poesía. A Krauss se le vio con Go Go Blues y algún otro proyecto, además de grabar con el Grillo.

Estos chicos se juntaron únicamente en 1999 con tres conciertos, Sucre, La Paz y Santa Cruz y desde eso han tenido las apariciones esporádicas junto al Grillo que ya mencioné, ya sea en proyectos de éste o en el aniversario de su banda.

El viernes se abre otro capítulo. Estaremos en El Campo miles de nostálgicos seguidores de una banda que está en nuestro imaginario y que es parte de nuestra identidad.
Aullaremos de nuevo con la Torcida los coros de ese Hombre Lobo hasta el amanecer mirando la luna sin rezar al sol.

2 de julio de 2008

Premios Taquiña al deporte: Salud y Generaciones


Por primera vez (ya era hora) en Cochabamba una empresa apoya de esta forma al deporte. Quince chicos y chicas hemos sido los afortunados. A casi todos nos permite evitar la escapatoria en pos de un trabajo raquítico que nos permita sobrevivir y llevar en pan a la boca. Esperemos que no sea la última vez ni la única empresa.
Taquiña, la cervecera cochabambina se ha estirado y esperemos que la sombra de su ayuda sea alargada.

Estas fueron las palabras que me tocó decir el día de la entrega.
Gracias a Taquiña de nuevo.
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Hace un tiempo que tengo una fijación con las generaciones.
En la literatura, en la poesía, en el teatro, han trascendido generaciones históricas de creadores que tienen en común haber compartido un tiempo y un espacio.
Con manifiestos vanguardistas o sin ellos, con premios nobel o sin llos, la máxima concentración de talentos termina beneficiando a todo el grupo.

En el deporte, de la misma forma, las verdaderas gestas y momentos memorables suelen venir de grupos de deportistas que con una unidad común, con un compromiso de triunfo, compartían la ilusión del progreso.
Desde chico me han impresionado más las generaciones que las individualidades, y eso es lo que intuyo que Taquiña quiere crear y apoyar.
No un campeón, sino la generación de los campeones.

Los deportistas, como los artistas y salvando distancias, tenemos algo de creadores también, no en el sentido estricto de un narrador o de un músico, pero sí armamos historias.
Lo que queda de las competiciones no sólo son marcas y medallas. Son sobre todo cuentos.
Y estas historias dependen del narrador que tenemos dentro, de nuestro imaginario, habiendo así algunas más épicas, otras más graciosas, hay algunas tristes y con finales no felices, otras sobre amistades y alguna de nuestras animadversiones.
Estas situaciones límite que vive el deportista se vuelven imborrables precisamente por lo esperado un evento, por el grado de concentración del competidor, por el ambiente creado por tantas expectativas e ilusiones acumuladas en muchas tardes de entrenamiento y sudor.

Pero estas situaciones especiales no las vivimos sólo nosotros, sino también ustedes, la familia, los entrenadores, los amigos, los periodistas, los directivos, el hincha, todos vivimos en mayor o menos grado estas emociones intensas.
Ahora, por primera vez en nuestro medio, más allá del fútbol, se suma la Empresa Privada. Faltaba uno de los eslabones más importantes de las fuerzas de interacción social, y lo hace con un sentido de responsabilidad corporativa. Si bien Taquiña lleva desde sus inicios apoyando el deporte, nunca se había hecho con la decisión y el brío que vemos hoy.

Nos sentimos halagados y vemos que por fin se toma en cuenta al Deporte y a la Cultura, que es uno de los componentes fuertes que va construyendo nuestra identidad. Las sociedades que no incentivan a sus dramaturgos, a sus escultores y a sus deportistas son sociedades muertas o agonizantes. Demostremos que este pueblo Boliviano sabe forjar una identidad más allá del conflicto y del enfrentamiento, disfrutando de nuestro rico acervo cultural, ni mejor ni peor que el del vecino, simplemente Nuestro. Disfrutemos viendo a nuestros hermanos, algunos de este grupo que seguramente representarán al país en los Juegos Olímpicos de las siguientes décadas, alegrémonos de que nuestro vecino, nuestro compañero de generación triunfe en nombre nuestro, y lleve consigo nuestros valores, nuestras ilusiones por las pistas, por las canchas, por las mesas, por las piscinas, por las carreteras, por las pedanas, por los picaderos, por los escenarios.
Gracias a todos, esta es mí generación, esta es nuestra generación.