24 de julio de 2008

48 Trancos (relato de Willy Rocabado)


Mi amigo Willy Rocabado, el Roco, me ha mandado este relato que escribió a propósito de la mesa redonda que hicimos la semana pasada en el mARTadero.
Sintetiza una serie de emociones que los atletas hemos sentido en algún momento. Me suscribo a él.

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Y de pronto todos los colores callan y los sonidos se oscurecen. De pronto todo el entrenamiento queda en tu cuerpo. Tu mente está enfocada. Ahora estás a cien metros de tu objetivo y no hay nada entre la línea de llegada y tú.
Han quedado muy atrás las largas jornadas del entrenamiento de preparación general, cuando corrías más pero despacio, cuando pasabas mucho tiempo en el gimnasio adquiriendo fuerza, cuando buscabas calles en pendiente para hacer repeticiones. Los entrenamientos generalmente eran largos y muy distendidos, con calor en esta parte del mundo. Lado a lado con quienes ahora te toca competir, tus amigos.
Parecían interminables repeticiones por que te dejaban muerto de cansancio, con tanto ácido en las piernas que en vez de haber corrido, sentías que te habías calzado pantalones de hierro. Ese período en el que cada día llegas a casa con el cuerpo agotado al extremo, pero con la cabeza cada vez más segura de qué quieres, y quién eres.
Atrás también quedó el período en que comenzabas a convertir esa reserva de fuerza y resistencia en velocidad. Cuando los entrenamientos se convertían cada vez más específicos, hoy tenías que lograr la técnica correcta: correr suelto, subir la cadera, relajar cuello y cara, mantener los brazos paralelos y hasta la altura de los ojos, los codos pegados al torso, las puntas de los pies hacia arriba, las rodillas por encima de la altura de la cadera, los trancos largos y terminados en un zarpazo explosivo.
Tu partida tiene que ser perfecta, has entrenado las salidas desde ese taco hasta que tus dedos dejan de doler por la posición, por tener que sostener gran parte del peso de tu cuerpo sobre las diez yemas. Durante sesiones enteras te has dedicado a encontrar una postura cómoda desde la que sales décimas de segundo luego del sonido que desencadena la fuerza de tus piernas y tu torso, completando la expulsión de tu cuerpo hacia adelante.
Atrás también quedaron las últimas sesiones en las que hacías muy pocas repeticiones, pero casi al 100%, ese casi es la diferencia entre el entrenamiento y la competencia.
Ahora queda atrás todo, ahora también queda atrás todo el entrenamiento de ese otro músculo que permite que estés acá: el cerebro. Todo aquello que tu entrenador te dijo sobre la concentración y sobre cómo verte corriendo técnico, suelto, rápido y seguro, ahora que lo ejecutarás también quedará atrás, sobre cómo una mirada a otro competidor puede derrotarlo aun antes de correr.
Escuchas la voz del juez que te pide colocarte en el taco de partida y te olvidas que al lado tuyo están algunos de tus compañeros de entrenamiento, personas con las que estás todos los días, de lunes a lunes, sin domingos, ni feriados, personas que comparten tu misma pasión, que conocen tus defectos, que conocen tus destrezas. Y te olvidas de ellos pues en última instancia no compites contra ellos, compites con ellos contra ti mismo, así como ellos.
Cada quien tiene su ritual, aplaudes, estiras tus piernas, saltas, corres en tu sitio, gritas, resoplas, mueves tu cuello, tus hombros, miras al frente como queriendo comerte esos 48 trancos que estás por dar. Haces algo tuyo, es tu forma de decir yo lo vivo así, es difícil de explicar si no se lo ha vivido, tiene mucho de teatral, pero es muy íntimo al mismo tiempo.
El juez dice listos y los pocos espectadores que están allí, en la tribuna de la derecha, aguantan la respiración junto contigo. Ahí estás, tus piernas se acomodan y sabes que eso era lo que esperabas, para lo que vives, para lo que despiertas cada mañana. Tu mente y tu cuerpo entran en fina armonía, esperas el sonido que te llevará a tu sueño. Lo escuchas y tu cuerpo reacciona como resorte hacia delante y tus pulmones se vacían por una milésima de segundo… y de pronto todos los colores callan y los sonidos oscurecen, ya nada importa, eres el mismo griego que hace tres mil años entraba al stadium a demostrar que era merecía ser guerrero, el mismo paguani mexicano que corría para contarle a Moctezuma que Cortés había llegado a Tabasco, el mismo Masai que corre kilómetros para poder beber. Eres el mismo Owens, el mismo Menea, el mismo Lewis, la misma Griffith-Joyner, el mismo Jackson, la misma Jones, eres el mismo que deja todo en la pista. Tú mismo.

10 comentarios:

Mauricio dijo...

Roco! (gentileza del clavo) .. Revivi letra a letra la experiencia, y pues que nostalgia...

Hoy por hoy la vida me ha puesto en carril externo para competir en carreras mucho mas dificiles y para las que no tuve ningun entrenamiento previo....Pero bueno, todo se reduce a los 48 trancos que cada uno da para alcanzar la meta no?....tendre que recordar eso..

Erick dijo...

Hola
no me conoces pero yo a ti si (por la prensa y la pag. web), soy atleta veterano que todavía vive lo que el relato nos cuenta, al leerlo he vuelto a mis 24 años cuando en la pista de La Paz hacía lo imposible por ganar a Vladi Aponte, pero...
En todo, gracias por este espacio que para mi es muy reconfortante. Asi, los 48 pasos yo los hago en aprox 54, ya te daras cuenta qué estatura tengo.

Micky dijo...

se eme estremecio el cuerpo al terminar de leer los "48 trancos" muy bueno Roco.

flacazul dijo...

dique querido,

no pude ir, che! al final el trabajo no dió tregua y el bus ya salía.

imagino ha debido estar super entretenido.

en todo caso, el relato está muy bueno; por un momento, los nervios espectantes los he sentido yo!

un abrazo y ya nos estamos viendo.

Julieta dijo...

Me ha parecido certero e impresionante...

Fadrique... tengo una buena noticia..
¡¡Nos vemos en Pekín!!
Un fuerte abrazo que en una semana te doy personalmente!

Fadriqve Iglesias Mendizábal dijo...

Has visto qué gráfico... te metes en la pista un cacho... Negro, gracias por ir el jueves.

Erick, cierto, esos Aponte fueron leyenta, uno de ellos, el Ale, está acá en Pekín, lo voy a ver. Un saludo a vos.

Miky, nosotros damos algo más que 48, jeje.

Flaca, a ver si hacemos otro a mi vuelta, un abrazo fuerte.

Julieta París, no Venegas... nos vemos la otra semana... yeeeee.
besos

Raúl dijo...

No creo que haya otro relato que haga que mi cuerpo se estremezca y canse tanto, como lo hizo este, creo que al terminar de leerlo llegue a la meta.

Fadriqve Iglesias Mendizábal dijo...

Raúl, ya somos dos

Oscar Alberto dijo...

Yo hago mas q 48 mi especialidad es fondo, pero todo ello q se ve y se siente hace revivir cada una de las pruebas q se hace en distintos torneos, esta muy bueno el relato.

Espero verte prontoen la pista pero compitiendo emn algun nacional por los 800 o 1500mts.

Atte

Oscar

Fadriqve Iglesias Mendizábal dijo...

cada vez va a ser más difícil qeu nos veamos en las pistas, los años pasan jajaja, a ver si te animas a hacer alguno de medio fondo... yo también trataré..
saludos Óscar.