23 de septiembre de 2008

Festivales, festejos y otras fiestas

A casi todos nos gusta festejar o conmemorar ciertos acontecimientos o fechas especiales, no siempre con baile, chicha y mixtura, no siempre con ceremonias solemnes ni con aburridas palabras, no siempre con fuegos artificiales, pero de una u otra manera rendimos homenaje a nuestros días importantes. Los Festivales Culturales contemporáneos se acercan a fiestas consecutivas, una suerte de prestes populares donde juntamos fuerzas para observar, disfrutar, exponer y digerir un cúmulo de experiencias con una o varias temáticas en común. Los festivales culturales estándar suelen durar una semana o más, y suelen crear una impresionante sinergia de fuerzas, recursos y ganas. Ya para eso hemos visto al festival, en dimensiones, más grande e importante del mundo: Los Juegos Olímpicos. En mis años en España cambié mi forma de ver los festivales. La Semana Internacional de Cine de Valladolid me mostró como un festival es patrimonio de todos. Por una semana toda la ciudad se entera de que está pasando algo. Los habitantes, algunos claro, se apropian del evento, se vuelven huéspedes de las salas. Y aunque no toda la gente va a ver pelis, mucho menos las que exhiben en ese festival, alternativas y de culto, mucha tente siente la necesidad de cumplir con una de las fiestas locales por excelencia. Así, vemos un lunes a las 8 de la mañana, largas colas por pillar un ticket para ver algun film iraní o polaco. En mi Cochabamba tenemos diversas festividades y eventos, pero de varios días no tantas. Tenemos (tuvimos?) el Festival de Teatro Peter Travesí. Ahora está huérfano y de capa caída. Aunque éste nunca logró despegar del todo. Nunca identificó a los cochabambinos, la prueba es que está herido de muerte. El festival, también de Teatro, que ha mostrado que las ganas pueden, es el Bertold Brecht. La pena es que aunque existan muchas ganas, el capital se impone también y no ha tenido el crecimiento que merece. Es impresionante lo que la gente del ICBA ha hecho con unos pesitos, es alucinante lo que ha alcanzado ahora Rocío Delgadillo y antes Ivette Mercado. Santa Cruz ya lo está consiguiendo con sendos festivales bienales, el de Música Barroca y el de Teatro. La ciudad de Sucre se quedó estancada con su Semana Cultural y La Paz avanza, con más presupuesto, con su Fitaz. Veremos qué hacen el 2009 siendo Capital Iberoamericana de la Cultura. Todo esto de los festivales me da una noción de universalidad. De que la cultura es para el pueblo, para la gente, para todos. En Estados Unidos los festivales además mueven mucho dinero. Aunque sean independientes como Sundance. Y hay de todo tipo. Washington DC, la capital es también la Capital Cultural, claro, un paso o varios por detrás de Nueva York pero con una densidad de actividades casi inagotable. Y eso es patrimonio de sus habitantes y hay de quien ose tocarlo. En las dos semanas que llevo acá ya he disfrutado de uno de arte, uno de cine y otro de jazz. El de cine era el AFI Latin American Film Festival. Con muy pocas posibilidades de personalizarlo e integrarlo en el imaginario popular dadas las dimensiones de individualidad de este país y el tamaño del área urbana que comprende Virginia, Maryland y D.C. Además, esta semana comienza uno de los más elitistas festivales de jazz, el de Duke-Ellington. Abre el gran cubano Paquito de Rivera. Efervescencia cultural, ésta sí de élites y selectiva (ojalá que un día también popular) , pero cultura viva también, por lo menos para que los autores, varios de ellos nóveles, paseen en limosina alguna vez en la vida. ¡A festejar! PD: pa los de cine, aprovechen para darle un vistazo a la programación de San Sebastián, esta semana activo.

12 de septiembre de 2008

Happy Together

Ya he comentado el tema de los olores, los sabores y los sonidos relativos a los acontecimientos marcados en nuestra mente. Si a esto le sumamos las personas, el queloide puede ser bien profundo, que para eso ya tenemos varias cicatrices. Por buscar una imagen, digamos que la de los 400 metros lisos en Atenas 2004, con ganadora local, Fani Halkia, una hombruna griega que diera positivo en Beijing 2008, al pasar por meta y coger su albiazul bandera fue homenajeada con un movido rock heleno que me hizo poner los pelos de punta. El Oaka Estadium de Calatrava estaba hasta la bandera de furibundos hinchas que festejaban la victoria de su orgullo nacional, una vez descalificados sus portaestandartes y medallistas Kenteris y Tanou, también por dopaje, vaya casualidad. En estos Juegos de Beijing, el show indiscutiblemente se lo llevo la pareja de moda: Bolt e Isinbayeva. Ambos con récord mundial y oro al bolsillo. El jamaiquino festejó al son de un movido reggae el primero de sus tres oros y tres récords. Pero la que más me inspiró fue la rusa, que haciéndo esperar a toda la audiencia a que termine de saltar (el resto del programa ya se cumplió) saltó los 5.04 metros. Al caer dedicó a su nuevo entrenador el triunfo. Quizás en el fondo también a su amorío, el argentino lanzador Baliengo. Estalló entonces en los altavoces Happy Together. Esa canción de The Turtles que tantas veces me ha inspirado, como aquella charla con mi prima Vale, en un bar de carretera al puro estilo americano, como el de Happy Days, y yo contándole mis trajetias, o también al ver con el Negro la romántica peli homónima de Wonk Kar Wai. Pues esta semana pasada la he vuelto a revivir, esta vez con mi familia. Coincidimos en Tiquipaya, después de varios años todos los Iglesias-Mendizábal: Augusto, Ana, Gringa (95 años), Guille, Lu, Rebe, Bego, Badulaque y yo. Happy Together aunque sea por dos días. Ahora toca esperar el siguiente encuentro, en 2009 quizás.

1 de septiembre de 2008

Todavía se puede (a contrarreloj)

Este es un artículo (enlace) mío que se publicó en El Deber de Santa Cruz con motivo de los Juegos Bolivarianos de Sucre 2009 y su situación actual. -------- Normalmente los atletas periodificamos nuestro trabajo. En el largo plazo, se suele pensar en términos de ciclo olímpico, los cuatro años que hay entre Juegos Olímpicos. Dentro de este ciclo, el Comité Olímpico Boliviano tiene otros objetivos intermedios. El primero son los Juegos Bolivarianos (6 países), el segundo los Odesur (14 países) y el tercero los Panamericanos (50 países). Aunque todavía saboreamos la imagen de la antorcha olímpica del Nido de Pájaro de Pekín, la vida continúa. Este 2009 se vienen unos Juegos Bolivarianos, muy especiales porque se realizan en Bolivia por tercera vez en nuestra historia. Tradicionalmente, el organizador de una cita como ésta tiene una motivación extra por estar arriba en el medallero (de acuerdo con sus posibilidades reales, claro). Entre candidatos a medalla en atletismo (sólo unos cuantos realmente se llevarán el metal) se vislumbra un grupo reducido con opciones entre los que están Ugarte, Irusta, Sánchez, González, Mamani, Aruquipa, Pillco, Calizaya, Cornejo, Olmos y quizás algún relevo femenino. Recordemos que en los juegos de 2005 sólo sacamos dos medallas, Irusta e Iglesias. En este contexto, donde un año es casi nada o muy poco, creo que todavía estamos a tiempo para maquillar una actuación algo digna en un campeonato que invita a dudar con los fundamentos como la precariedad en los avances de la infraestructura proyectada; en una ciudad que ha demostrado falencias graves como la paupérrima organización del Nacional de Atletismo 2008; con el antecedente de que nos vetaron la organización de los Odesur 2006 por inoperancia. Así los deportistas sentimos escepticismo de que se puedan sacar delante de forma decorosa. Mucho se debe hacer. Planear concentraciones y campamentos de entrenamiento, insertar a los atletas en competiciones internacionales, aprovechar para aumentar conocimiento y formación aprovechando las sinergias, realizar un seguimiento médico y metodológico del entrenamiento, etc. Aprovechemos que se avecinan días de fiesta deportiva para implicar a los chuquisaqueños y a los bolivianos en conjunto, involucrar a voluntarios y a empresas privadas como se hace en todo el mundo. Se pueden hacer muchas cosas, pero ya. No queremos después tomarnos la cabeza y pensar “podíamos haberlo hecho”.