14 de noviembre de 2008

Teatro Fuera del Teatro: Kumulus

No sé por qué, pero al contrario que mi madre, que odia a las artes circenses, yo desde pequeño siempre he tenido una extraña atracción irreprimible hacia ellas. Esa ambigüedad que tienen los clowns, entre inofensivos y diabólicos, esa dualidad entre infantiles y perversos, entre graciosos y traicioneros me ha seducido mucho. Mi primera imagen fue en mi casa de la Calle Lanza, con una tienda que se llamaba Pierrot. Desde eso el Teatro de Calle ha sido una fijación para mí. Por fin logré toparme con un festival dedicado exclusivamente para este tipo de artes. Era el Festival de Teatro y Artes de Calle de Valladolid. Plena época de exámenes. Casi por accidente fui a parar al único espectáculo de esa jornada supuestamente bajo techo ya que el resto de funciones se habían suspendido por la lluvia. Cuando llegué, la taquilla estaba agotada, como era de esperar, ya que el aforo estaba limitado a 150 personas, no obstante, se cruzó en mi camino, como un gato negro, una ancianita arrepentida de tratar de asistir a lo que vendría a continuación: Teatro Kumulus de Francia. Mientras me alistaba para entrar, vi que la fila conducía a un autobús. Mayor fue mi sorpresa cuando, una vez dentro, nos dirigíamos, mi bus y otros dos, a hacia las afueras de Valladolid, a un pinar de monte. Los más conservadores se asustaron, la mayoría se inquietaba con una mezcla se excitación e intriga. Era el atardecer. Una vez que llegamos nos bajaron del autobús gente vestida como carceleros, con las facciones muy agresivas. Al llegar nos seleccionaron por sexos, y nos dividieron por una reja medianera, que desembocaba en un campamento de síngaros, gitanos, vagabundos y gente marginal que se sentaba entre latas de leche en polvo y sus escasas pertenencias. Aunque la obra había comenzado en el instante en que arrancó el coche, en ese momento fue que me sentí en un escenario que representaba quizás Auschwitz, en el que los protagonistas eran ellos y ¡nosotros!. El resto de la noche lo pasé genial, eran seis o siete microobras. Nos lograron dividir, de forma que rotásemos por los pequeños grupos de gente. La interactividad era total. Y aunque no fuera sólo diversión, con un espectáculo muy visual, salí preguntándome muchas cosas. Vi teatro experimental y que arriesgaba, con calidad y sencillez. Desde aquel día he querido hacer teatro, vivirlo in situ. Quizás me llegue algún momento. Ahora me siento más cerca que nunca de ese mundo. Veremos si, como dicen los Celtas Cortos, hay madera de colleja.

8 de noviembre de 2008

Gallos cantando en su corral

Esta es una nota que me han publicado en periódico El Deber. (Ver al final del texto en el enlace) ----- Cuando más en boga está el cuestionamiento de la unidad nacional y su integración se está corriendo la primera edición de la Vuelta a Bolivia de ciclismo. Tras un exitoso crecimiento de la tradicional Doble Copacabana, este año el popular media star, el padre Pérez Iribarne y Fides han dado un paso adelante en la gestión deportiva eficaz. Por una vez al año se va a tratar de integrar el país con rudos, esforzados y corajudos deportistas que quieren además de mostrar su valía deportiva, demostrar que el paisajismo, el patrimonio natural, la diversidad, el rendimiento físico, integración geográfica y cultural, la salud y el deporte son compatibles. Bueno, eso por lo menos es lo que nos vende la prensa internacional, yo tengo más dudas en cuanto a la salud y la ética. Las competiciones ciclísticas a nivel global están en plena metamorfosis. 
El ciclismo mundial ha pasado a estar bajo una nube constante de sospecha a raíz de los ya incontables casos de dopaje. Casi no se han librado ninguno de los podios de las últimas ediciones del Tour de Francia, por ejemplo, una de las supergrandes de este deporte. Mientras vemos que en muchos sitios del planeta la tendencia es a quitar patrocinios de importantes carreras, como la Vuelta a Alemania que no se correrá más a partir del 2009, o el cierre de los dos más importantes equipos de la década, el Deutche Telekom y el Discovery Channel, en Bolivia, por el contrario, comenzamos la andadura de la Vuelta internacional. Esperemos que nuestra integración no tome las mismas rutas (si vale el tecnicismo) que este deporte en Europa. Tras dos años de la Operación Puerto, la redada contra el dopaje más importante de la historia del deporte mundial, en España, no se ha visto mucha transparencia en los resultados. Al contrario. Cada vez los dudosos logros nacionales están bajo la duda de países vecinos que sí han introducido legislaciones antidopaje más severas y contundentes como Alemania o Francia. Justo este año España se ha llevado victorias en Juegos Olímpicos, Tour de Francia, Vuelta a España y Giro de Italia, clasificación Pro-Tour, además de algunas clásicas flamencas como Lieja-Bastogne o la Amstel, sin contar con otras en su territorio, siempre con la alargada sombra de esta lacra. Esperemos que nuestros titanes como Gallardo y su valentía exhibida en los Juegos salga a la luz el domingo en La Paz, que reluzca la serenidad de Yamil, el trabajo y sacrificio de Zubieta o la potencia demostrada por Soliz el año pasado, y nos hagan sentir orgullosos de contar con un deporte limpio. Si no tenemos pruebas en contra, confiemos en ellos y en que, como dijo Soliz a la prensa, “que los gallos canten en su corral”, en nuestra montaña, donde se coronó campeón de esa Doble Copacabana el año pasado. Foto: La Razón