22 de febrero de 2009

A Oruro hemos de ir...

Me han publicado esto en Los Tiempos a propósito del carnaval de Oruro. Ha sido mi primera vez y he salido encantado. Qué energía. Todos deberían ir por lo menos una vez en la vida. Ahora a descansar. --------------- Así reza el estribillo de una canción popular española que originalmente canta a Pamplona en lugar de nuestra capital minera. Con una fiesta popular como la de los toros, con los famosos encierros quedaron fascinados artistas como Orson Welles o Hemingway. Es sobre todo en países con herencia latina, donde abundan las festividades populares en las que se mezcla lo pagano, lo ecléctico y lo religioso. Estas festividades además sirven para transmitir la memoria histórica, los usos y costumbres, percepciones, recuerdos, leyendas, pautas de asentamiento, atribuciones de rango o de prestigio. Se pueden encontrar multitudinarias festividades y muchos tipos de combinaciones, desde el hecho deportivo (el Palio en Siena), a lo rural (Tomatina de Buñol en Valencia) a lo gastronómico (el Oktoberfest de Münich) o a lo religioso-costumbrista (las Posadas navideñas en México). Normalmente las temáticas suelen girar en torno al año nuevo, a la primavera, a las épocas de recolección o al carnaval. Pero existe un tipo de festividades con unas características básicas en común a las que la UNESCO, mediante una Convención redactada en París el 2003, ha decidido salvaguardar y preservar el llamado Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI). Como una evolución de los Derechos Humanos de primera y segunda generación, ahora se desarrolla un tercer instrumento que es el de los Derechos Culturales (tercera generación). Primeramente la UNESCO certificó 21 obras maestras como PCI el año 2001, entre las que está Oruro. Posteriormente en 2003 y 2005 se incluyeron 69 más, entre ellas también la Cosmovisión y Cultura Kallawaya. Con sus 28.000 bailarines, más de 10.000 músicos y largos procesos de transformación, en la celebración orureña se yuxtaponen tradiciones cristianas carnavalescas (devoción de la Virgen del Socavón) y tradiciones autóctonas Urus (festival Ito), a través de las cuales Oruro cumple a cabalidad los requisitos de salvaguarda cultural comprendidos en la Convención. De esta forma el Carnaval de Oruro cuenta con un patrimonio que se transmite de una generación a otra, recreado constantemente por las comunidades en función de su entorno (minería), su interacción con la naturaleza (Los Andes) y su historia (mestizaje de civilizaciones). Infunde en las comunidades un sentimiento de identidad y pertenencia; promueve el respeto a la diversidad y creatividad y facilita la convivencia mutua. Se trata de conservar y desarrollar las tradiciones sin dejar de mantener su vitalidad. Con los instrumentos normativos que emanan de dicha Convención, que será vinculante para los Estados miembro de las Naciones Unidas, se pretende amparar el Patrimonio de las amenazas propias de la globalización, que además de las ventajas que ésta otorga, lamentablemente estimula políticas homogeneizantes y estrategias mercantiles en extremo que podrían minar o distorsionar las obras en cuestión, cuando no su desaparición o destrucción. También la falta de medios de valoración, de entendimiento o de convivencia con el entorno natural, son barreras con las que se deberá luchar, además de movilizar a las instituciones y mecanismos de la sociedad, ya que a veces la intención primaria podría ser la masificación en busca de un mayor beneficio dejando a un lado el mantenimiento de los usos sociales que si no compartidos, sí conocidos por los miembros de la comunidad. En este sentido, Estado y Sociedad deben tener cuidado con tendencias contemporáneas (no necesariamente negativas en todo contexto) como la emigración masiva, la incorporación y el cambio a sociedades modernas, los valores individualizantes, la enseñanza formal o algunos sistemas religiosos que ven estas tradiciones como “idólatras” o “gentiles”. Mejor festejemos el retorno de los orureños que emigraron, aprovechemos del turismo y de la sinergia de medios que esta actividad trae y vayamos bailando al socavón, respetando al diablo, cuidándonos del Chiru Chiru para que no nos robe, y ¡disfrutando (como el Grillo y el Papirri nos cuentan en su morenada-pop) sin llorar!

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