26 de abril de 2009

La buena salud de las propuestas teatrales bolivianas en red

Publicado en Los Tiempos, aunque mutilando el título y el último párrafo. En fin. Buen teatro en el Bicenternario de La Paz. ------- La primera mitad del Festival Internacional de Teatro Escénica en La Paz deja patente un hecho que viene ocurriendo no sólo en el mundo teatral nacional sino en los sistemas sociales contemporáneos: la atomización de los colectivos, el paso a la individualización y la posterior relación en red. El precedente ineludible de los colectivos artísticos y vanguardistas aparece con fuerza a principios del siglo XX. Se trata de grupos que tenían una línea estética y filosófica común y que la representaban explícitamente en un manifiesto rubricado por los integrantes del colectivo. Precisamente estas vanguardias aparecieron después, y quizás en consonancia con la Revolución Rusa de Octubre. No es despreciable la coincidencia con el auge del movimiento sindical y del fortalecimiento de la Internacional Socialista. En la época actual nos enfrentamos a un fenómeno diferente al del asociacionismo clásico al estilo del Movimiento Obrero o de las Vanguardias. Hemos pasado a un individualismo en el trabajo, resultado de la internacionalización (mundialización o globalización) productiva y financiera, que no necesariamente tiene que ser vista de forma absolutamente negativa o positiva, sino como lo que es: el nuevo paradigma de la red. Este individualismo no ha originado un aislamiento, sino un efecto diferente, dentro de la individualidad, la creación de nexos, alianzas y el intercambio de información, todo en consonancia con las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Este hecho posmoderno está resumido y explicado por el sociólogo español Manuel Castells en su profundo trabajo La Sociedad de la Información y la Sociedad Red. En el Festival Internacional Escénica, pudimos ver algo de esta tendencia contemporánea. Destaca la dirección de uno de los más lúcidos e innovadores directores y dramaturgos nacionales de la nueva generación: Eduardo Calla que presentó una hilarante obra llamada La Escala Humana con su grupo Escena 163. Precisamente este grupo representa la nueva propensión social. Calla se ha relacionado con un puñado de excelentes actores de otros “grupos”, que a su vez se nutren de actores “free lance”. Así vemos como existe un intercambio actoral y colaboraciones que no son fijas, aunque quizás sí repetidas en más de una obra, como es el caso de la excelente actriz Patricia García, quien ya trabajara con Calla previamente. De esta forma se puede lograr un elenco compacto con intérpretes de distintos lugares y a los que estamos acostumbrados a ver en estéticas diferentes. Exitoso el resultado de juntar en esta obra también a María Teresa Dal Pero, ex integrante del Teatro de los Andes, que borda una bella actuación; al siempre jocoso y seductor Cristian Mercado, largamente relacionado con el grupo La Oveja Negra y que últimamente estuvo vinculado al cine; a Marcelo Sosa llegado de la Escuela de Santa Cruz y a Diego Aramburo, centro de su grupo Kikinteatro, otrora colectivo de actores estable y ahora itinerante. También se pudo ver, con excelente acogida del público y una puesta en escena impecable, al Teatro del Campanario, dirigido por el joven Pedro Grossman, que recoge actores veteranos y ampliamente reconocidos, como Luis Bredow, también excelente director y enfocado últimamente al cine; a María Elena Alcoreza quien trabajó en el pasado con gente como Mondacca o Cacho Mendieta, y a otros más jóvenes comoAndrea Ibáñez, quien ya trabajara con Marta Monzón. Entre las propuestas cuasi individuales, destaca el Teatro Bogatir, con su hiperrealista y agresiva obra Cómic, propuesta apuntalada sobre el peso de la fuerza interpretativa de Saúl Alí, una de las grandes nuevas proyecciones de la escena nacional. Esta semana se presenta Daniel Aguirre, del Teatro de los Andes, con un gran monólogo llamado 120 Kilos de Jazz. Aguirre deja momentáneamente el proyecto de su grupo con La Odisea, actualmente en Italia, para seguir girando un emprendimiento personal que en Cochabamba ha tenido un éxito absoluto con más de 15 presentaciones con llenos absolutos. En contraposición con los grupos comentados, esta semana sale a escena la mejor propuesta del Valle, la del Teatro El Masticadero de Claudia Eid con la obra Borde, de Percy Jiménez. Aquí precisamente vemos un contraataque a esta tendencia atomizadora que hemos comentado, con un grupo que apunta a afirmarse de manera sólida y a crecer a partir de sus elementos colectivos. También David Mondacca, acostumbrado a presentarnos su eximia voz de forma individual, se une a Claudia Andrade y a otros varios artistas en la apertura del festival con la obra Moreno de Plata. En cualquier caso, y hablando de forma general, estas nuevas corrientes de asociacionismo orgánico pueden ser vistas como una ventaja enorme a la hora de lograr un enriquecimiento e intercambio constante y se deben aprovechar para así disfrutar de un teatro nacional que goza de buena salud. También puede traer el peligro de la pérdida de la creación de una estética colectiva y de protección al artista, si no se ponen las bases de unas políticas culturales que protejan a actores, productores, directores y dramaturgos, que quizás deberán pasar algunas temporadas buscando o pensando emprendimientos personales; pero este riesgo es asumible, considerando que nos pueden dar un espacio gigante de exploración y de adaptación a lenguajes a los que no estamos acostumbrados, en paralelismo con las redes del siglo XXI.

22 de abril de 2009

De Festivales de Teatro y Centenarios

A propósito de los festivales de teatro en Santa Cruz, Sucre, La Paz y Tarija entre abril y mayo. Publicado el domingo el Los Tiempos. Desde tiempos inmemorables la gente consagra sus mitos y tradiciones y lo hace de forma prolongada, no en un día ni dos, sino a veces incluso en semanas. Los festivales pues, han sido ampliamente explotados, sobre todo en tiempos de avances sacros y con motivos religiosos. En el mundo posmoderno actual, en el que la cultura parece haber sustituido el efecto de adoctrinamiento masivo que ejercía el clero tiempo atrás, los grandes teatros y coliseos han tomado el lugar que las enormes catedrales representaban. Asimismo los festivales (sean de cine, de música, de arte o de teatro) son una suerte de cónclaves o concilios dependiendo del tamaño y su intensidad. Estas reuniones, concretamente las de artes escénicas, además de su efecto expansivo y masificador, tienen un impacto muy importante y no desdeñable en el desarrollo económico. En cuanto a la oferta, puede ser orientada hacia la producción y enfocada en las industrias culturales. En cuanto a la demanda, con el consumo, enfocada a incrementar las infraestructuras turísticas y por último, como medio de democratización cultural, para acercar el disfrute artístico a la mayor cantidad de ciudadanos, teniendo un rédito político muy alto. En Bolivia estos días se acerca una avalancha de eventos teatrales sin precedentes. Entre abril y mayo, los festivales relacionados con el teatro que copan la actividad nacional se llevarán a cabo en Tarija (junto con otras actividades artísticas), en La Paz y Sucre habrán sendos eventos escénicos con motivo del bicentenario del grito libertario y por último, el exitoso festival bienal de teatro de Santa Cruz. En cuanto a Sucre, una iniciativa llevada por la asociación Proarte, sacará las papas del fuego para elaborar, en poco tiempo, un certamen de teatro con un presupuesto apretado pero con mucha calidad. La base de su éxito serán las ganas e iniciativas que puedan imprimir. En cuanto a La Paz habrá una edición del festival de teatro, que aunque no exactamente su festival bienal Fitaz, digamos que tendrá algunos paralelismos. Se esperan quince días de fiesta intensa a propósito también de la Capitalía Iberoamericana de la Cultura. Respecto a Santa Cruz, con la asociación Apac al mando, parecen tener su reunión escénica mucho más encarrilada, fruto de los años de experiencias positivas uniendo a la empresa privada y colaboraciones públicas. Estas actividades muestran una imagen dinámica de los lugares donde se llevarán a cabo, en contraposición con Cochabamba, que no sólo no tiene casi ya presencia en cuanto a festivales (de no ser por el excelente pero pequeño festival Bertold Brecht) ya que el año pasado se discontinuó el único festival nacional que contaba con un premio económico constante y protegido por decreto supremo: el Péter Travesí. Esperemos que este año se invierta esta decadente tendencia y se acaben las mezquindades para recuperar un espacio que atraía propuestas de todo el país. Sin un festival de estas características, perdemos todos los cochabambinos, que dejamos ya no sólo de percibir los gastos directos (provenientes de la institución organizadora y la Administración Pública), sino también los indirectos (provenientes de los espectadores) y los inducidos (repercusiones económicas en demás comerciantes y negocios que alrededor del festival actúan como multiplicador). Además de estas externalidades económicas positivas, los festivales son una enorme sinergia de fuerzas. Seguramente será uno de los momentos de mayor densidad intelectual por metro cuadrado en las ciudades citadas. Las calles rebosarán de espectadores que ya no sólo serán los habituales, sino curiosos pobladores que desearán hacer suyo lo que el parte del patrimonio local, porque estas fiestas tienen un carácter eminentemente lúdico, de celebración, expresivo y de intensidad. Se trata del caldo de cultivo ideal para presentar nuevas propuestas, más arriesgadas, vanguardistas o de autores jóvenes que durante el año tienen dificultades de exhibición dada la temática o la disposición limitada de espacios y de públicos. En 2010 se cumple el segundo centenario del grito libertario de Cochabamba, ojalá que no dejemos escapar esta excelente oportunidad o excusa para aglutinar fuerzas de las Administraciones Públicas, empresarios y ciudadanía y disfrutemos de nuestra rica cultura entre todos. --- Foto: Teatro el Masticadero