20 de septiembre de 2009

Desinformación en escena (a propósito del festival de Teatro Péter Travesí)

Una de esas aciagas tardes de domingo quise saber en qué quedó el festival nacional de teatro Péter Travesí, discontinuado el año pasado, cuándo se realizaría y quiénes participarían en él. Mi intuición inicial, ya que no vi pósters, ni volantes en cafés y eventos culturales, ni pasacalles, ni anuncios comerciales en prensa, ni en redes sociales electrónicas tipo Facebook o Twitter, hizo que acudiera al buscador de internet Google, tecleando “Festival de Teatro Péter Travesí”. El primer vínculo actualizado que apareció era del Ministerio de Culturas (http://www.minculturas.gob.bo/index.php?option=com_content&task=view&id=972&Itemid=1) y la nota comenzaba así: “El XVIII Premio de Teatro Peter Travesi que se desarrollará en la ciudad de Cochabamba desde este 21 al 27 de agosto”. Ante este anuncio, dudé si se refería a la gestión 2010 o si más bien se trataba de una nota vieja de archivo. Pero lo que me desconcertó más aún fue que la nota estaba fechada en 1 de septiembre con actualización en 3 de septiembre. Acudiendo a más fuentes para saciar mi curiosidad, seguí la búsqueda y fue este mismo periódico el que me ayudó, con una nota que indicaba que el festival se desarrollaría entre el 21 y el 27 de septiembre, haciéndome dar cuenta de que la información de la web del Ministerio simplemente respondía a una errata. Leyendo la nota de Los Tiempos, noté que el grupo encargado de abrir el festival era Bogatir de La Paz con Cómic. Me alegré por la propuesta escénica, que disfruté (y bastante) en el festival de La Paz y también en el Festival Bertolt Brecht de Cochabamba del año pasado, pero me dejó pensando que para la apertura de uno de los festivales más importantes del país, se podía haber acudido a un estreno, incluso del mismo grupo Bogatir. Siguiendo con mi colecta de información, ante la imposibilidad de dar con página o blog alguno del festival, recurrí a las guías culturales locales como El Guía o el “Programa Cultural de Septiembre” de la Oficialía Superior de Cultura de Cochabamba. El primero, que responde a una iniciativa privada de las fundaciones culturales de la ciudad y que no es excluyente, sino todo lo contrarío, no registraba información. La persona responsable de su edición me dijo que en ningún momento los organizadores del festival se comunicaron con ella ni con gente de la publicación. En cuanto al programa de la autoridad edil, el festival se repite hasta doce veces en un folleto de 32 páginas pero la información es la misma siempre: lugar, comité organizador y dirección. De las obras, directores y dramaturgos no se menciona nada. Nótese que éste es el único festival en el país que ha contado con dotación económica pública en 18 versiones. Es decir, amigo lector, que lo pagamos entre usted y yo. Además que no ha podido sumar apoyo privado en otras ediciones y que contrasta en demasía con el exitosísimo Festival de Teatro de Santa Cruz que organiza la Asociación Apac o con el recién concluido Festival de Danza Contemporánea que organiza tan bien la Fundación Patiño. Ya con el escozor, intenté informarme de actividades paralelas que todo festival que se precie de serlo contiene, como coloquios, talleres o exposiciones relacionadas, acabando con la misma sensación de aquella tarde. Incertidumbre. Espero que a partir de mañana, día de la inauguración, mis dudas se disipen y disfrutemos de buen teatro, que tanta falta hace en Cochabamba. --- Foto: Teatro El Masticadero

13 de septiembre de 2009

Música, festivales y primavera

Publicado en Los Tiempos de hoy. ----- Llega la primavera y a todos nos aumentan las ganas de salir a la calle. Aunque no nos habíamos quedado encerrados en casa precisamente, ya que el clima de los valles y llanos bolivianos no obliga a hacerlo, por lo menos nos cubrimos más las carnes y la billetera durante junio, julio y agosto, con las enormes y desconcertantes excepciones de fiestas que nadie puede parar como Urkupiña, el Gran Poder o la Entrada Universitaria. Durante los años 60, de grandes luchas sociales y descontentos causados por la guerra de Vietnam en Estados Unidos, muchos jóvenes encontraron una válvula de escape para sus ideas, excesos, creatividad y desenfreno. Así nació Woodstock en una enorme granja en el Estado de Nueva York. Aquel festival de rock cambió la forma de ver las reuniones juveniles de verano y musicales. Mucho ha pasado ya de eso, y no ha podido reeditarse con el mismo éxito en cuanto a fenómeno sociológico. Sí comercial. Sin embargo, ahora los festivales musicales se han propagado por todo el planeta comprendiendo diversos estilos y formatos. Desde el político y de música protesta, al rock duro, folklore, rock independiente, y últimamente la música electrónica, muchas veces complementados con otras artes, digamos que plásticas, escénicas y digitales. Entre los festivales destacados en esta década han sonado algunos como el Rock in Río, otro decano de los festivales musicales que tuviera su auge en los 80 con grupos como Queen en la ciudad de Río de Janeiro y que en los últimos años se ha mudado a Lisboa y Madrid, y próximamente a Londres. Otro de los célebres festivales, aunque tambaleando su continuidad, es el Lollapalooza en Estados Unidos, para los más alternativos; en España destaca para los “indies” el Festival de Benicassim; o en Berlín y sucursales (Santiago de Chile, Caracas) para los “electrónicos” el Love Parade. Sudamérica no se duerme y existen festivales como el Cosquín Rock (donde tocaron los nacionales Go Go Blues), el Quilmes Rock y el PepsiMusic en Argentina. En Colombia destaca el festival Rock al Parque donde se presentaron hace unos años Octavia. En cuanto a fama, sin tratarse específicamente de rock y sin ese aura contestatario destaca por su repercusión el Festival de Viña del Mar, más acorde con los vientos posmodernos. En nuestro país últimamente se ha tratado de dar despegue a festivales como éstos. El más exitoso sin dudas ha sido el Festimusic de Paceña en La Paz y Santa Cruz, más popularmente conocido como “Festichela”. Por sus escenarios han pasado bandas como Aterciopelados, Babasónicos, La Ley, Cerati, Molotov, Ataque 77 o Bersuit. Este año (la semana pasada) el festival, en cuanto a oferta musical, ha andado más flojito (Panda, Moderato, Beto Cuevas), lo que no impidió un buen aforo nuevamente. En Cochabamba parece que también tenemos algunas nuevas alternativas. En estos días se pueden ver volantes de festivales musicales como el K´ochala Fest o el Zafari Beatz, pero el que luce más sólido es el Spring MusicFest, festival que ya tiene otras dos ediciones en su haber histórico. Este evento prepara para este año (19 de septiembre), además de música electrónica nacional e internacional, algunas de las mejores bandas locales (Mammut, Oil). Como novedad, habrán presentaciones artísticas, fotografía, desfiles de moda, graffitis, actividades deportivas, malabaristas, presentaciones de trabajos de la escuela de cine La Fábrica, y actividades familiares al aire libre dentro del Club Hípico. ¡A tomar el sol vamos!.

10 de septiembre de 2009

¿El deporte es salud?: ¿Bolivia territorio libre de dopaje? (Parte 3)

Bolivia, ¿territorio libre de dopaje? No es tan fácil asegurar que en Bolivia estemos libres de esta lacra que cada vez sacude más al deporte mundial. De momento son muy pocos los casos demostrados (en parte podría deberse a que en el país se realizan muy pocos controles con la salvedad del fútbol). Hace algunos años, Agostopa y los hermanos Torrico dieron positivo tras la carrera ciclista Doble Copacabana. En 2005 el levantador de pesas William Campos dio positivo en los Juegos Deportivos Bolivarianos de Armenia y Pereira tras colgarse en el cuello dos medallas que le fueran desposeídas. Además, muchos casos de futbolistas se han registrado, la mayoría de ellos por cocaína, sustancia no considerada como estimulante directo del rendimiento deportivo. Tal como está montado el circo deportivo hoy en día, y ante el ansia de un futuro con medallistas internacionales, nos podemos cuestionar cuáles son los medios que nos llevarían a esos éxitos. El primero de ellos, y el fundamental es el del perfeccionamiento técnico, el del rigor y la responsabilidad. El del oficio. Todos indispensables y necesarios para llegar al alto nivel y que todavía no están potenciados a nivel nacional. Pero el objetivo de una medalla olímpica, parecería que pasa casi de forma obligatoria por algunas “ayudas” exógenas, tanto al sistema como al cuerpo. Así, no parece que el deporte sea tan transparente o sano como sus promotores a nivel internacional lo proponen. Por esto el interés general que tienen los políticos por la imagen del héroe nacional. Además el deporte es un arma poderosa de integración nacional. Puede ser usado, igual que la cultura y el arte, como motor de cambio social. Ahora bien, el peligro surge cuando se lo utiliza como medio de exaltación de lo nacional o como propaganda panfletaria, como pan y circo popular. No obstante el atleta no es el único responsable, ni sólo una víctima. El tema es más complejo. Cabe aclarar que la industria asociada al deporte mueve mucho dinero ya que entre marcas comerciales, políticas de Estado, clubes deportivos, ingresos por afluencia a los estadios, prensa, propaganda política y difusión masiva vemos a algunos de los grupos de interés que influyen en las decisiones macro y hacen que combatir el dopaje se antoje tarea complicada. Entonces, surgen las seducciones de galenos y cuerpo médico (también dirigencia, mánagers, federaciones, directivos y algún político urgido de medallas y fotos populistas) que ven al atleta como una mercancía, y que luego de pasar muchas veces por lesiones, fases de estancamiento en cuanto a marcas o problemas con entrenadores, el deportista se encuentra en arenas movedizas que suelen ser el caldo de cultivo para que la tentación deje de ser tentación para ser acción. Estos hechos han sido confesados por numerosos deportistas q como Chambers, Kohl o Marion Jones, que pasaron muchos controles sin ser detectados. Resulta paradójico que Jones, al haber contado lo ocurrido haya sido desposeída de sus medallas en Sydney 2000, pasando la medalla de oro de los 100 metros a la griega Thanou sancionada también. Lo que no queda claro es si existe la voluntad real de combatir el dopaje en las altas esferas de la dirigencia mundial, aunque los sucesivos escándalos de dopaje también hacen huir a algunos patrocinadores que ven manchada su imagen. Parecería que dentro de esa misma lógica de mercado, como dijo algún economista, el capitalismo termina por ser autodestructivo, y lo que llevó al deporte a ser eje importante en la configuración de las sociedades, será lo que le aniquile: el escepticismo y la duda constante de espectadores otrora crédulos de la limpieza del deporte. Por suerte, todavía podemos disfrutar del beneficio de la duda, esperando que llegue el reciclaje y el cambio de actitudes. Foto: http://romanempress.files.wordpress.com/

6 de septiembre de 2009

Repensando nuestros destinos turísticos y nuestro voto

A propósito del Desarrollo Local como herramienta de crecimiento. Publicado en Los Tiempos de hoy. Repensando nuestros destinos turísticos y nuestro voto A pocos días del fin de semana largo del 14 de Septiembre, nos enfrascamos con los amigos en una dura pelea acerca del lugar de destino turístico que emprenderemos. Uno de ellos comenzó delimitando las posibilidades físicas: debía ser dentro del Departamento de Cochabamba ya que si invertíamos más de 3 o 4 horas por tramo, y descontando las 16 horas de sueño de ambas noches (para descansar, digamos), nos comíamos ya un tercio del tiempo total. El primero de los amigos se descolgó del viaje argumentando que no existen infraestructuras ni hoteleras, ni de información más allá de Toro Toro (se tardan como cinco horas) y Villa Tunari (muy visto por él). Otros dos, más capitalizados, se largaron, en avión, uno a Santa Cruz para visitar las Misiones Jesuíticas y otro a Rurrenabaque. Afortunados ellos, pensé. De los restantes, uno sugirió visitar Incallajta, lugar que descarté puesto que yo ya lo había visitado durante el anterior fin de semana largo. Éste argumentaba, que gracias a aportes de la investigadora Ángeles Muñoz, entre otros acerca del sitio, era posible acceder a información y algunas infraestructuras básicas que se lograron a causa de la integración de los pobladores, municipio y entidades vinculadas a la investigación arqueológica. Una amiga sugirió Totora, recordando un bello año nuevo que pasó con su grupo de amigas. En seguida fue increpada por alguien que decía que estuvo allá el fin de semana del 6 de Agosto y que en toda su estadía no vio ni un restaurante “decente” ni un solo centro de información turística. Alguno sugirió Parotani y La Cabaña de La Torre, pero al llamar, le dijeron que todo estaba ocupado. Como la discusión parecía estar empantanada decidí irme yo solo. Tenía todavía frescos los recuerdos de mis viajes a Copacabana, Samaipata, Tiwanaku o Uyuni. En éstos existe mucha infraestructura hotelera, de restauración y de agencias de viaje que proponen posibilidades de turismo de aventura y senderismo, espoleadas principalmente por el continuo flujo de extranjeros. Allí, los emprendimientos, además de los autóctonos, vienen en un número no insignificante de microempresarios de fuera de la zona, muchos de ellos extranjeros. En el caso de Samaipata y Tiwanaku, la sola designación de Patrimonio Mundial de la UNESCO favorecía su publicidad. En cuanto a Uyuni y Copacabana, sus características geográficas como enclave entre el circuito Cuzco-La Paz-Potosí-Salta, además de los incomparables atributos naturales, allanaba la existencia de una trayecto imprescindible. Uyuni, con las rutas del Salar, los volcanes y las Lagunas (Verde, Colorada, Hedionda) me mostró una ventaja que en el caso del departamento de Cochabamba parece ser deficiencia o falta de publicidad: el desarrollo desde el ámbito local. En el departamento de Potosí parecen estar integradas las redes entre los pueblos para dar cobijo hostelero a los visitantes. Alguno muy precario y otro más desarrollado, pero lo cierto es que ha existido una labor de integración de los Municipios, los pobladores, los microempresarios locales, los nacionales y los extranjeros, que han comenzado a notar que la inversión y su retorno tienen un efecto multiplicador. Que la calidad en el servicio aunque las dotaciones de capital sean limitadas (se trate de grandes hoteles o de albergues) atraen más turismo, que puede llegar a expandirse como la espuma y todo de una forma mancomunada de ganar-ganar y beneficio mutuo. Después de elucubrar sin remedio, decidí armar la mochila con una carpa, pensando que las autoridades nacionales no tienen ganas de introducir el Desarrollo Cultural Local, y sus enormes efectos potenciales en el desarrollo económico y social en sus programas preelectorales. No sé si se habrán olvidado que en tres meses vamos a las urnas.

3 de septiembre de 2009

¿El deporte es salud?: España y el dopaje contemporáneo (Parte 2)

España y el dopaje contemporáneo Más allá de desgraciadas coincidencias o de las probabilidades, en España en mayo de 2006, sin una ley antidopaje entonces vigente, la Guardia Civil descubre la “Operación Puerto” (OP), el mayor entramado de dopaje que ha sido descubierto en la historia del deporte. A partir de ese momento el mundo deportivo pasa a ver a ese país como un núcleo de la medicina especializada de dudosa rectitud. 8 años después de un caso similar en Francia: el Caso Festina. Eufemiano Fuentes, el principal médico involucrado, y sus colaboradores no han pagado castigo penal ya que fueron procesados por delito contra la salud pública y, al demostrar asepsia salieron indemnes, y tres años después, el caso sigue en el aire y los sancionados son muy pocos. De los más de 200 deportistas implicados, muchos de ellos ciclistas, los extranjeros, sufrieron una persecución mediática y judicial enérgica (Scarponi, Basso, Üllrich, Zabel, sancionados en sus países), mientras que otros parecerían haber sido protegidos como Alejandro Valverde, mejor ciclista Pro-Tour 2006. Tuvo que ser el Comité Olímpico Italiano quien se encargara de sancionarle, ya que en España no se ha hecho nada, o muy poco, por cotejar la presunta bolsa de sangre que le pertenece según pruebas de este organismo. También hay voces que apuntan a que Alberto Contador, el más importante ciclista mundial de la actualidad, que formaba parte del club al que apoyaba Fuentes: el Liberty Seguros. De boca del mismo Eufemiano y sus archivos (establecimientos que hacían las veces de repositorio, nombres clave, planes de dopaje sistemático, al más puro estilo mafia), se sabe que entre los clientes de su clínica clandestina figuraban importantes tenistas de nivel mundial, atletas (hay registros con fechas del campeonato europeo 2006) y futbolistas que son los que probablemente, a tenor de los intereses económicos hayan detenido las pesquisas (o más bien sus dirigentes). Saquen sus conclusiones. Desde ese día el mundo duda del alcance de los controles antidopaje, ya que de estos 200 deportistas que usaban métodos prohibidos, sólo dos o tres fueron cazados en controles, es decir el 1%. En la clínica de Fuentes se encontraban cientos de bolsas de sangre (la autotransfusión sin sustancias dopantes puede ser considerada prohibida), hormonas animales, drogas chinas y rusas, nombres clave, una jerga específica y un calendario que indicaba los momentos y las sustancias prohibidas a ingerir sistemáticamente (material publicado en el diario El País y en la revista Interviú). Parte de estos datos pueden estar contenidos en un cuento de Edgar Alan Poe. Estos hechos invitan a dudar del salto cualitativo español a partir de los 90. De 4 medallas en los JJOO de Seúl 88, se lograron 22 en Barcelona 92. Por otro lado, si nos remitimos a sus éxitos en 2008, el denominado por la prensa ibérica “año de oro”, vemos que provienen casi íntegramente de estos cuatro deportes (fútbol, ciclismo, atletismo y tenis), con las notorias salvedades de Alonso (Fórmula 1) y Gasol (Básquet, caso aparte). Importantes deportistas como el mejor ciclista de todos los tiempos, Lance Amstrong, o el campeón olímpico de los 1500 metros (suspendido por dopaje hace pocas semanas) Rachid Ramzi, escogían Girona o Madrid por su buen “clima”. En los años 80 se conocía a Liepzig o en los 90 a la Universidad de Friburgo. Y así los destinos de lugares “especializados” van cambiando, de Manaus a Lanzarote, de Sudáfrica a Marruecos o de Hawai al Algarve. Incluso hay indicios de la existencia de redes europeas de dopaje. Los efectos globalizantes también se ven: hoy se puede acudir a un gimnasio de fitness o a una farmacia en Andorra por Internet para comprar mercadería vía tarjeta de crédito y contar en pocos días con un cóctel de drogas estimulantes. Pero el control antidopaje, como ya mencionamos, siempre avanza a un ritmo mucho más lento que el descubrimiento de nuevas sustancias indetectables. Las que comentamos ahora son las que se usaban hace cinco o diez años (parches de testosterona, DHEA, Actovegin o EPO-CERA). Ahora se habla incluso de dopaje genético, ese que logrará que el propio cuerpo produzca ese excedente hormonal que incremente la fuerza y la resistencia. En el brillante libro de investigación “El Derecho a la fatiga”, el periodista valenciano Juan Botella nota que si en los años 80 existió un boom de records en pruebas de fuerza y explosividad (velocidad, saltos y lanzamientos), hoy se encuentran muy difícilmente alcanzables cuarto de siglo más tarde, no porque el ser humano no haya progresado sino porque las técnicas de control son más eficaces contra los esteroides anabolizantes (antes no habían controles sorpresa o pasaportes biológicos). En la otra cara, en pruebas largas o de fondo (aeróbicas) no existen records previos a 1995, años en los que, coincidentemente, se estandarizó el uso de la hormona (prohibida, claro) Eritropoietina (EPO), encargada de la oxigenación de la sangre que produce sorprendentes efectos en la resistencia, así el récord mundial de maratón masculino mejoró 4 minutos en veinte años y el femenino 10. El debate en algunas esferas va en torno a si borrar o no los récords realizados hasta hoy (muy precario o acaso inútil ya que no corrige esta dinámica) o el más profundo pero delicado de si merece la pena liberalizar el uso de drogas en la actividad física. En cuanto a este último, sus defensores sostienen que, entre los efectos positivos de la liberalización estaría el de la claridad y transparencia de los procesos, y sobre todo los estudios científicos y su divulgación, hoy bastante sesgados debido a la oscuridad de los medios en el alto rendimiento. Recordemos que la mayoría de los estudios no cuentan los secretos de guerra y alquimia de sus sumos sacerdotes (investigadores). Con la liberalización, los métodos saldrían de la clandestinidad y pasarían a ser más seguros, y controlados ya que podrían realizarse en hospitales especializados. Ya no se tendrían que aplicar dosis “límite” excesivas digamos, en épocas de no competición que a la postre sean indetectables en periodos competitivos, es decir, se buscaría que no ocurran “empachos medicinales”. A la contra están los riesgos, casi infinitos, que podrían asumir deportistas cegados por la codicia o que actúan soterrados o fuertemente influidos por dirigentes o entrenadores persuasores que ejercen intervenciones en base a su autoridad “moral” o intelectual. Ahora, resulta difícil determinar el punto exacto de la barrera ética. ¿Se puede reducir la trampa al consumo de las sustancias de la lista prohibida?. Además, hay que comentar también que las ayudas farmacológicas sirven principalmente para soportar entrenamientos más fuertes, no para prescindir de éstos. Las drogas nunca sustituyen el esfuerzo. El mismo Fuentes decía “no se puede sacar un purasangre de un burro” aunque matizando este comentario ya que los propios registros del médico mostraban que existían jerarquías y un sistema de “dopaje por objetivos”. Está extendido el pensamiento-escudo de que si no se da positivo en un control antidoping no es trampa. Argumento débil más aún sabiendo que los atletas del médico español, a pesar de doparse no daban positivo; es así que la Asociación Mundial Antidopaje comprende que la intención del dopaje ya es falta, también la confesión. ---- Foto: usatoday.net