10 de septiembre de 2009

¿El deporte es salud?: ¿Bolivia territorio libre de dopaje? (Parte 3)

Bolivia, ¿territorio libre de dopaje? No es tan fácil asegurar que en Bolivia estemos libres de esta lacra que cada vez sacude más al deporte mundial. De momento son muy pocos los casos demostrados (en parte podría deberse a que en el país se realizan muy pocos controles con la salvedad del fútbol). Hace algunos años, Agostopa y los hermanos Torrico dieron positivo tras la carrera ciclista Doble Copacabana. En 2005 el levantador de pesas William Campos dio positivo en los Juegos Deportivos Bolivarianos de Armenia y Pereira tras colgarse en el cuello dos medallas que le fueran desposeídas. Además, muchos casos de futbolistas se han registrado, la mayoría de ellos por cocaína, sustancia no considerada como estimulante directo del rendimiento deportivo. Tal como está montado el circo deportivo hoy en día, y ante el ansia de un futuro con medallistas internacionales, nos podemos cuestionar cuáles son los medios que nos llevarían a esos éxitos. El primero de ellos, y el fundamental es el del perfeccionamiento técnico, el del rigor y la responsabilidad. El del oficio. Todos indispensables y necesarios para llegar al alto nivel y que todavía no están potenciados a nivel nacional. Pero el objetivo de una medalla olímpica, parecería que pasa casi de forma obligatoria por algunas “ayudas” exógenas, tanto al sistema como al cuerpo. Así, no parece que el deporte sea tan transparente o sano como sus promotores a nivel internacional lo proponen. Por esto el interés general que tienen los políticos por la imagen del héroe nacional. Además el deporte es un arma poderosa de integración nacional. Puede ser usado, igual que la cultura y el arte, como motor de cambio social. Ahora bien, el peligro surge cuando se lo utiliza como medio de exaltación de lo nacional o como propaganda panfletaria, como pan y circo popular. No obstante el atleta no es el único responsable, ni sólo una víctima. El tema es más complejo. Cabe aclarar que la industria asociada al deporte mueve mucho dinero ya que entre marcas comerciales, políticas de Estado, clubes deportivos, ingresos por afluencia a los estadios, prensa, propaganda política y difusión masiva vemos a algunos de los grupos de interés que influyen en las decisiones macro y hacen que combatir el dopaje se antoje tarea complicada. Entonces, surgen las seducciones de galenos y cuerpo médico (también dirigencia, mánagers, federaciones, directivos y algún político urgido de medallas y fotos populistas) que ven al atleta como una mercancía, y que luego de pasar muchas veces por lesiones, fases de estancamiento en cuanto a marcas o problemas con entrenadores, el deportista se encuentra en arenas movedizas que suelen ser el caldo de cultivo para que la tentación deje de ser tentación para ser acción. Estos hechos han sido confesados por numerosos deportistas q como Chambers, Kohl o Marion Jones, que pasaron muchos controles sin ser detectados. Resulta paradójico que Jones, al haber contado lo ocurrido haya sido desposeída de sus medallas en Sydney 2000, pasando la medalla de oro de los 100 metros a la griega Thanou sancionada también. Lo que no queda claro es si existe la voluntad real de combatir el dopaje en las altas esferas de la dirigencia mundial, aunque los sucesivos escándalos de dopaje también hacen huir a algunos patrocinadores que ven manchada su imagen. Parecería que dentro de esa misma lógica de mercado, como dijo algún economista, el capitalismo termina por ser autodestructivo, y lo que llevó al deporte a ser eje importante en la configuración de las sociedades, será lo que le aniquile: el escepticismo y la duda constante de espectadores otrora crédulos de la limpieza del deporte. Por suerte, todavía podemos disfrutar del beneficio de la duda, esperando que llegue el reciclaje y el cambio de actitudes. Foto: http://romanempress.files.wordpress.com/

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