6 de septiembre de 2009

Repensando nuestros destinos turísticos y nuestro voto

A propósito del Desarrollo Local como herramienta de crecimiento. Publicado en Los Tiempos de hoy. Repensando nuestros destinos turísticos y nuestro voto A pocos días del fin de semana largo del 14 de Septiembre, nos enfrascamos con los amigos en una dura pelea acerca del lugar de destino turístico que emprenderemos. Uno de ellos comenzó delimitando las posibilidades físicas: debía ser dentro del Departamento de Cochabamba ya que si invertíamos más de 3 o 4 horas por tramo, y descontando las 16 horas de sueño de ambas noches (para descansar, digamos), nos comíamos ya un tercio del tiempo total. El primero de los amigos se descolgó del viaje argumentando que no existen infraestructuras ni hoteleras, ni de información más allá de Toro Toro (se tardan como cinco horas) y Villa Tunari (muy visto por él). Otros dos, más capitalizados, se largaron, en avión, uno a Santa Cruz para visitar las Misiones Jesuíticas y otro a Rurrenabaque. Afortunados ellos, pensé. De los restantes, uno sugirió visitar Incallajta, lugar que descarté puesto que yo ya lo había visitado durante el anterior fin de semana largo. Éste argumentaba, que gracias a aportes de la investigadora Ángeles Muñoz, entre otros acerca del sitio, era posible acceder a información y algunas infraestructuras básicas que se lograron a causa de la integración de los pobladores, municipio y entidades vinculadas a la investigación arqueológica. Una amiga sugirió Totora, recordando un bello año nuevo que pasó con su grupo de amigas. En seguida fue increpada por alguien que decía que estuvo allá el fin de semana del 6 de Agosto y que en toda su estadía no vio ni un restaurante “decente” ni un solo centro de información turística. Alguno sugirió Parotani y La Cabaña de La Torre, pero al llamar, le dijeron que todo estaba ocupado. Como la discusión parecía estar empantanada decidí irme yo solo. Tenía todavía frescos los recuerdos de mis viajes a Copacabana, Samaipata, Tiwanaku o Uyuni. En éstos existe mucha infraestructura hotelera, de restauración y de agencias de viaje que proponen posibilidades de turismo de aventura y senderismo, espoleadas principalmente por el continuo flujo de extranjeros. Allí, los emprendimientos, además de los autóctonos, vienen en un número no insignificante de microempresarios de fuera de la zona, muchos de ellos extranjeros. En el caso de Samaipata y Tiwanaku, la sola designación de Patrimonio Mundial de la UNESCO favorecía su publicidad. En cuanto a Uyuni y Copacabana, sus características geográficas como enclave entre el circuito Cuzco-La Paz-Potosí-Salta, además de los incomparables atributos naturales, allanaba la existencia de una trayecto imprescindible. Uyuni, con las rutas del Salar, los volcanes y las Lagunas (Verde, Colorada, Hedionda) me mostró una ventaja que en el caso del departamento de Cochabamba parece ser deficiencia o falta de publicidad: el desarrollo desde el ámbito local. En el departamento de Potosí parecen estar integradas las redes entre los pueblos para dar cobijo hostelero a los visitantes. Alguno muy precario y otro más desarrollado, pero lo cierto es que ha existido una labor de integración de los Municipios, los pobladores, los microempresarios locales, los nacionales y los extranjeros, que han comenzado a notar que la inversión y su retorno tienen un efecto multiplicador. Que la calidad en el servicio aunque las dotaciones de capital sean limitadas (se trate de grandes hoteles o de albergues) atraen más turismo, que puede llegar a expandirse como la espuma y todo de una forma mancomunada de ganar-ganar y beneficio mutuo. Después de elucubrar sin remedio, decidí armar la mochila con una carpa, pensando que las autoridades nacionales no tienen ganas de introducir el Desarrollo Cultural Local, y sus enormes efectos potenciales en el desarrollo económico y social en sus programas preelectorales. No sé si se habrán olvidado que en tres meses vamos a las urnas.

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