26 de octubre de 2009

¿E-Books o el papel de toda la vida?

(A propósito de la Feria del Libro de Frankfurt) Acaba de terminar la Feria Internacional del Libro de Frankfurt. El referente en cuanto a volumen de negocios y publicaciones a nivel planetario. Si bien existen otras como la de Guadalajara, que está llena de eventos para el público en general y los escritores, la feria alemana atrae principalmente a editores y empresarios del mundo editorial. Este año uno de los puntos centrales del evento se ha referido a la inminencia del libro electrónico. Aunque existan nostálgicos como Vargas Llosa o Javier Marías, que sutilmente desaprueban el salto “cualitativo” que nos ofrece la tecnología a riesgo de perder el soporte del papel, el debate está servido. A la gente (por lo menos a la del siglo XX) le gusta palpar, oler, manosear digamos, un libro en papel. Pero veamos el lado práctico del asunto. ¿Qué era lo que contaba Bolaño, Rushdie o Donoso de sus experiencias de vida en París, Barcelona o Nueva York?. Contaban que parte sustancial de sus maletas, cuando viajaban, se llenaba fundamentalmente de libros. Y es que tampoco hace falta que nos lo cuenten grandes escritores. Si en un viaje una aerolínea convencional permite, de media, 30 kgs, por muy poca ropa que uno introduzca en el equipaje, más de 15 libros es difícil de embutir; eso, descontando los posibles males lumbares que semejante lastre puedan ocasionar o el deterioro de los textos por el traslado y la humedad. Entonces, para un escritor, editor, periodista, viajante o persona común que en la actualidad viaja exponencialmente más que hace algunas décadas, ¿cuál es la des-utilidad de viajar portando un libro electrónico con una memoria de muchos “gigabites” en los que caben miles de libros? (y miles debe ser considerado literalmente). Una ventaja importante que ofrece el E-book es la velocidad y simplicidad con la que se pueden obtener las obras. Estaríamos al alcance de un libro en una tienda de Oporto, en El Ateneo de Buenos Aires o en el Soho de Nueva York, en tiempo real. Además de que su uso podrá dinamizar el comercio editorial, algo maltrecho en estos tiempos de crisis global. Siguiendo con las ventajas, en un texto electrónico, se pueden hacer búsquedas asociadas a ciertas palabras. Es decir, que si introduces la palabra “Cochabamba” en la obra de Vargas Llosa, posiblemente esté repetida algunas veces. Antes, para encontrarla, teníamos que acudir a un profundo estudio antropológico o biográfico de la obra del autor peruano. Ahora con sólo buscar la palabra en el documento electrónico aparece subrayada todas las veces. Si bien los textos bíblicos cuentan con la Concordancia (libros que tratan sólo de referencias), estos trabajos son escasos y difíciles de obtener. El problema de esta tecnología respecto de nuestra lengua es que las traducciones todavía son escasas en relación con lo editado en soporte papel o en el idioma inglés. Hoy por hoy, tampoco somos conscientes de los problemas derivados que pudiéramos sufrir con la apertura a esta tecnología. Apenas hay estudios acerca de las “contraindicaciones” del libro electrónico. Claro, los detractores no se fijan que leyendo un libro de bolsillo de 600 páginas también nos podemos quedar ciegos. Además, en cuanto a sostenibilidad se refiere, el papel ocupa mucho espacio y está asociado a la tala de árboles. Tendremos un tiempo para pensar los pros y contras mientras las grandes empresas como Sony o Amazon deciden si somos los suficientemente rentables como para transformar el material comprendido desde Alejandría hasta la nueva novela de Rodrigo Hasbún.

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