11 de diciembre de 2009

Copenhague y la cultura

Estos días los focos del mundo apuntan a Copenhague. Se están reuniendo los líderes políticos, pensadores, activistas, economistas, sociólogos y ecologistas de todo el planeta para diseñar la intervención en los próximos años en materia de lucha contra el cambio climático. Y como el arte tiene cierta correlación con los problemas sociales, se puede notar que aparecen estas temáticas en las preocupaciones creadoras, así como las inquietudes de los autores se transfieren a las preocupaciones de los que disfrutan de sus universos. En las “ciudades globales” se ha hecho eco de esta problemática mundial mediante distintas expresiones artísticas. El cine ha consagrado primero a Al Gore, con su comentadísimo documental Una verdad incómoda, que fue muy mediático no sólo por el contenido sino también por la repercusión política de su autor, ex vicepresidente de Estados Unidos y por su posterior corolario como premio Nóbel. Hay muchas “denuncias artísticas”, como la del fotógrafo francés Yann Arthus Bertrand y su mirada desde el cielo, o la exposición que este mes ha preparado la Royal Academy of Artrs de Londres “Earth”. Publicaciones prestigiosas de diseño también han destacado artículos sobre diseño sostenible, reutilización de materiales reciclados y usos de energías alternativas. Y en la capital danesa, donde se lleva la reunión, se ha preparado la exposición “Rethink”, que aglutina arte contemporáneo y cambio climático. El museo Smithsonian, dentro de sus dimensiones y diversidad temática, también cuenta con apartados dedicados a este fenómeno como “El Ártico: un amigo actuando de forma extraña”, “Cambio climático: su efecto en aves migratorias” o “El poder de alcance de El Niño” por mencionar algunos. Pero como la globalización no sólo afecta a destruir el planeta, sino también al flujo de información, estas preocupaciones fluyen muy rápido. En Bolivia se ha lanzado este año el libro y documental “El tiempo se está cansando”, investigación, recorrido visual y escrito de experiencias, sobre los efectos del clima en la visión nacional, realizado por Gruberg, Augstburger, López, Meruvia, Bustamante y la Fundación Gaia Pacha. Por su parte, el Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, Rimisp, que cuenta con varios proyectos en Bolivia, aporta interesantes estudios sobre el Desarrollo Rural con identidad cultural y emprendimientos innovadores sostenibles. Luego, el arqueólogo Roy Querejazu, con amplia experiencia en la investigación, esta semana ha presentado el libro que combina naturaleza y fotografía "Bolivia: Imágenes de la Biodiversidad" También, entre otros microproyectos, el Martadero de Cochabamba lleva adelante estos días el taller de Libre expresión y educación medioambiental patrocinado por el Centro Cultural del Banco Interamericano de Desarrollo. Además, van apareciendo iniciativas de gestión del patrimonio natural sin espolear sus riquezas naturales. Un punto importante de la gestión territorial es no sólo el aprovechamiento de la naturaleza para el desarrollo, sino también su protección y conservación. Una veta puede ser la creación de Centros de Interpretación, o el desarrollo de los mismos si ya existen, que no son otra cosa que “museos de la naturaleza”. Como individuos debemos repensar lo que estamos haciendo con nuestro patrimonio natural, y sobre todo lo que legaremos a nuestros “retoños”. --- Foto: Yann Arthus Bertrand

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