17 de marzo de 2010

Las Casas Castellanas, redes y nuevas voces: Cultura e influencia

Publicado en la Revista de la Casa de Zamora de Madrid del primer trimestre de 2010 a propósito de las potencialidades de las Casas Regionales fuera de Castilla y León. Uno de los grandes aciertos de Estados Unidos durante y después de las Guerras Mundiales fue la de ejercer como asilo y lugar de estadía de cerebros y mano de obra que huía de los desastres sociales que los conflictos políticos causaron. De esta forma, no nos resulta sorpresivo que muchos de los brillantes investigadores, catedráticos universitarios, artistas, literatos, premios Nóbel y hasta deportistas sean europeos o judíos que escaparon del Viejo Continente sin más posesiones que su sabiduría, algunas vituallas y el título profesional que un canuto bajo el brazo contenía. Como la migración es una historia de flujos y corrientes generalmente asociados a la riqueza y a las garantías de libertad, a comienzos del siglo XXI, en lo referente a América del Sur, los movimientos han cambiado de sentido. Si hubo caudales de vascos, extremeños, andaluces, catalanes y castellanos, pensando en hacer las Américas, defendiendo ideologías políticas o escapando de luchas fratricidas, ahora asoma el momento del retorno de aquellos que en su día partieron, en la medida en que las posibilidades legales lo permiten. Así, mucha gente (más o menos cualificada), que siente que su capacidad laboral o intelectual no está suficientemente valorada (en términos sociales o económicos), que tienen una raíz de consanguinidad más o menos cercana y un origen cultural también próximo, se plantea regresar a un territorio del que sus padres, abuelos o bisabuelos salieron buscando algo similar. España, aquí y ahora, posee un filón interesante para recuperar ideas, proyectos e ilusiones renovadoras y fusionarlas con el sistema y realidad actual. No obstante, no faltará quien observe este hecho con temor. Y estas aprensiones no son más que falta de información y de socialización del fenómeno. La conjunción de experiencias y el intercambio de formas de interpretar la vida y leer la realidad resulta siempre enriquecedor, y qué mejor forma que hacerlo con los parientes de los parientes que algún día marcharon y que ahora vuelven. Lógicamente que si esta re-integración se hace torpemente, y dado el momento de crisis económica que atravesamos, podría traer dificultades en su resultado práctico. Pero el hecho no es para ser percibido como una amenaza sino como una enorme oportunidad con la que no muchas democracias modernas han contado en las últimas décadas. La oportunidad de recuperar españoles que marcharon y que ahora pretenden seguir construyendo este espacio y territorio nacional que del que forman parte es una veta que España en su unidad y diversidad debe aprovechar. Para esto, y de forma acertada, las instituciones regionales, encabezadas por la Junta de Castilla y León y su brazo operacional, la Fundación Cooperación y Ciudadanía de Castilla y León, junto con la Fundación Universidades de la Comunidad Autónoma, han creado, como parte de un ambicioso programa, una dotación de becas de retorno para descendientes de migrantes castellanos radicados en América. Muchos de los chicos del grupo, del cual yo formo parte, tienen iniciativas encomiables, rebozan cargas emocionales y alimentan expectativas de lograr actividades de diverso calado. No sé si se llegarán a plasmar todos los proyectos, pero lo que sí está claro es que se ha plantado una semilla. Quizás de este primer grupo salga una o dos propuestas interesantes, pero a lo largo del tiempo se pueden extraer interesantes valores personales y grupales. En el Encuentro Internacional de Comunidades Castellanas en el Exterior, realizado a principios de diciembre en Zamora, se trataron varios temas, pero el que más me llamó la atención fue el referido al del progresivo desinterés (presupuesto) de la juventud por los valores y tradiciones locales, en este caso aludiendo a las segundas o terceras generaciones de castellanos fuera de Castilla, tanto en otras Comunidades Autónomas españolas como fuera de España. Aunque algunos sectores fueron más melancólicos y nostálgicos, el tinte optimista en cuanto a las propuestas de casas Castellanas en otras CCAA, lo puso la Casa de Zamora en Madrid, que edita este rotativo, con una visión y misión muy clara y moderna, enfocada a la integración comercial y a los emprendimientos locales en conexión con la actividad de la capital. También se vieron interesantes propuestas de casas castellanas en América Latina. Conversando con la gente de esta Casa de Zamora, tuve varias coincidencias. Una de ellas era la conclusión de que, el hecho de tratar de preservar el espíritu castellano como se ha venido haciendo tradicionalmente es un potencial error. El sentido común parece empujarnos a replantearnos la visión, puesto que el mundo entero ha cambiado de paradigma, de modus operandi y de lenguajes. En todo el planeta se han acelerado los procesos de vínculo y de cooperación, gracias a las nuevas tecnologías de información y comunicación. Ahora el sistema global no se puede concebir sin sólidos sistemas de redes, que interconecten a sus actores civiles y sociales. Y en este punto, particularmente el tema referido a valores, costumbres y cultura castellana, adquiere una importancia capital ya que poseemos, como castellanos, una cultura centenaria (cuando no milenaria) de formas de pensamiento y de acervo patrimonial envidiable. En tiempos de “glocalización” (ese fenómeno que indica una mundialización sin dejar de lado las cepas locales), todos buscamos raíces identitarias que nos sirvan de referente, no para sentirnos a gusto en un gueto cerrado y protegernos entre nosotros, sino para comprender al otro entendiendo nuestros orígenes. De esta forma podremos también ofrecer, en el sentido más desinteresado y noble del término, la Cultura (y sus propuestas artísticas e intelectuales) que ha alimentado raíces comunes a las nuestras para potenciales admiradores o adeptos que por razones casuales han nacido en otros territorios. ¿Por qué limitar el disfrute de creaciones artísticas maravillosas (por poner un ejemplo) sólo a los que viven en Castilla y León?. ¿No será más provechoso para todos compartir las creaciones de castellanos originarios o de adopción brillantes, de personajes tan heterogéneos, populares o eruditos como Leopoldo Alas “Clarín”, Antonio Gamoneda, Miguel Delibes, Gustavo Martín-Garzó, Andrés Trapiello, los Celtas Cortos, el Teatro Corsario, Marta Domínguez, Vicente del Bosque, Elena Anaya o Juan Manuel de Prada?. O a los mismos Manrrique, Zorrilla, Unamuno, o Guillén vistos con ojos contemporáneos. Aquí está este importante potencial de exportación y de influencia internacional que es Castilla y León. Unos fondos casi vírgenes si se comparan con sus posibilidades. Y esta es la responsabilidad de las Casas Castellanas, como la de Zamora en Madrid, porque al fin y al cabo podremos influir positivamente en el resto y compartir nuestra riqueza si estamos dispuestos a abrir ese cofre que tenemos guardado. *La Ley de Cooperación de Castilla y León faculta a las Casas Regionales para ejercer como instituciones de cooperación al desarrollo.

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