30 de mayo de 2010

Cristian Mercado a Contracorriente

Publicado en ElPortalvoz. El buen salvaje latinoamericano ha sido festejado muchas veces por el público norteamericano que, quizás ante el exceso de urbanismo, se deja hipnotizar por lo exótico. Gaugin lo extenuó en su obra pictórica buscándolo en el mundo bucólico de Taití. América Latina, con la base de la filosofía cristiana y esa dicotomía moderna-pre moderna, parece ser un paso a lo exótico bastante más accesible que Polinesia o la lejana África. El nuevo acercamiento a esos pueblos encantados, al recogimiento idílico con una mezcla entre pobreza material, simpleza y felicidad inocente, nos llega con una producción cinematográfica colombiana: Contracorriente. Dirigida por el peruano Javier Fuentes-León, recibió el premio del público en el último festival de Sundance, donde también fue distinguida la boliviana Zona Sur. Es altamente probable que a mediano y largo plazo no sea valorada como joya de patrimonio audiovisual sudamericano y se percibe con pocas posibilidades de trascender en la historia del cine. Muy vista está la fábula del romántico pueblo de playa, del inocente autóctono, pasional, latin lover de esencia pero poco arriesgado, en un entorno de toscos paisajes pero mágicamente encantadores; de devotos, obedientes, conservadores y místicos pobladores y con casas decoradas con toques kitch y altares de vírgenes en las paredes con rosarios en el cuello. Y por si fuera insuficiente la atmósfera ampliamente estereotipada, el guión da vueltas sin contundencia por el realismo mágico, con apariciones y desapariciones fantasmagóricas y espectrales, en pleno año 2009, a más de medio siglo de haber leído a Rulfo y García Márquez. Está muy visto también el culebrón de infidelidades aunque ahora sea sazonado con la intersexualidad, de un pintor de familia rica que se muda a playas plebeyas. Lo que sostiene el film: la brillante interpretación de uno de los mejores actores jóvenes de Bolivia, Cristian Mercado. Ya lo vimos en la pantalla grande en obras como Che-Guerrilla, El Atraco, Sena Quina o en Los Andes no creen en Dios, y en teatro gracias a Escena 163 o a la inagotable cantera del Teatro de los Andes. Y es que Cristian Mercado, además de actor y más allá del cine, muestra diferentes versiones de sí mismo como un caleidoscopio: Mercado músico (Reverso). Mercado radionovelista (a punto de estrenar una saga con Claudia Eid y otros autores). Mercado director (dirigirá una obra con Teresa Dal Pero y Soledad Ardaya). Mercado productor. Mercado gestor (lleva el espacio El Desnivel). Mercado compositor. Esperemos que esta enredadera de colaboraciones en el cine, nos traiga más posibilidades creativas, más intercambios profesionales e integración cultural en América Latina. Esperemos más expansiones de coproducciones, más actuaciones de talentos nacionales. Más vidas artísticas, a contracorriente de lo que nos exige el mercado.

18 de mayo de 2010

Industrias culturales y economía creativa: una posibilidad creciente para Bolivia

A propósito de las posibilidades de la industria del cine o del turismo. Publicado en Los Tiempos. Algunas de las preocupaciones más importantes de los gobernantes son la creación de empleo, crecimiento de la riqueza de sus ciudadanos, mejores niveles de educación además de lograr paz social. La cultura en los últimos tiempos parece ser un potente catalizador de energía para cubrir estas necesidades. La ONU y sus brazos operativos en temas comerciales (UNCTAD), de turismo (WTO), de desarrollo (PNUD), y sobre todo de educación y cultura (UNESCO) llevan un tiempo investigando sobre los caminos hacia el desarrollo integral de los pueblos. Si a ello sumamos grandes instituciones como la Asociación Mundial de las Telecomunicaciones, el Foro Económico Mundial y especialmente el Banco Mundial que en su informe de 2009 estudia la Geografía Económica (ampliamente investigada por el Nóbel de economía Paul Krugman), nos encontramos con que el desarrollo de la diversidad cultural y de la “economía creativa” puede ser un interesante camino para lograr las metas mencionadas. ¿Pero organismos aparentemente tan dispares, y en casos antagónicos a la creación artística, pueden ahora mirar la cultura como fuente de crecimiento y desarrollo? La economía creativa, concepto popularizado gracias Richard Florida, parece ser una respuesta que señala la importancia de los agentes creativos de una sociedad y los efectos multiplicadores que generan. Y no solamente en lo relativo a lo puramente artístico y espiritual sino también como motor tecnológico e intelectual. Florida apunta a la atracción de talentos de alta calidad, combinándolos con atractivos de patrimonio histórico, natural, industrial debidamente gestionados e incluso con eventos deportivos, gastronómicos o de diseño y moda. Una ciudad creativa además podrá tener la capacidad de atraer más talento aún, ya que éste tiende a aglomerarse para intercambiar información. Se hizo informalmente en París con los pintores impresionistas, expresionistas y surrealistas hace más de un siglo. Pasó en Barcelona con los escritores del Boom latinoamericano. Lo vemos cada día en Hollywood con el cine y en Broadway con los musicales. Se ve con las nuevas vanguardias artísticas en Berlín y Nueva York. Así, el fenómeno va más allá del esnobismo. Lo interesante (y racional en términos económicos) será atraer sistemas productivos locales o más precisamente, distritos culturales. Intuitivamente podemos identificar la formación de algunos en Bolivia. La industria audiovisual (incipiente aún), ha pasado de ser un reducto artesanal en su producción pero de gran potencia artística heredado de Ukamau, a mover capital, buenas ideas y empleo en nuestros días, con productoras y realizadores profesionales como Juan Carlos Valdivia y Cine Nómada, Londra Films, Artistas Latinos, La Fábrica, Marcos Loayza, Rodrigo Bellot, Plano Medio, Martín Bouloq, Cine CefiroFilms y otros muchos. Incluso en los últimos años ha sido capaces de atraer cineastas internacionales renombrados como Steven Soderbergh (Che-Guerrilla), Iciar Bollain (También la Lluvia), Laurent Jaoui (La cacería del Nazi) o la todavía no estrenada Blackthorn de Mateo Gil (colaborador habitual de Alejandro Amenábar), que contará con Eduardo Noriega, Stephen Rea y Sam Shepard entre otros para rodar la historia de Butch Cassidy a estrenar en 2011. Existen otros sectores ya consolidados como el Carnaval de Oruro y sucedáneos folklórico-religiosos (Gran Poder, Urkupiña, etc.) o algunos polos locales de turismo rural (Uyuni, Rurrenabaque, Chiquitos, Copacabana, Yungas, etc.). Las administraciones públicas, tanto a nivel estatal como a nivel local deberán identificar estos sistemas productivos o sus embriones, para desarrollarlos o estimularlos y que de esa forma sean fuente de crecimiento.

14 de mayo de 2010

¿El teatro contemporáneo se puede entender?

Por Fadrique Iglesias Mendizábal en relación a un aporte de Luís Bredow Los días pasados, en el post previo sobre la capacidad de alcance público (en términos de diversidad) del grupo de teatro La Fura dels Baus, quise huir de disquisiciones en torno a lo que se define como arte (concretamente referido al teatro contemporáneo), ya que su discusión puede ser una espiral infinita a la que no me atrevo a entrar del todo. Me limité a describir las aportaciones, desde el punto de vista de la misión y gestión de medios, además de los avances del “packaging” o continente del mensaje representado, y sobre todo, del poder universal de convocatoria a distintos públicos de distintas edades, de compañías de teatro español exitosísimas como La Fura o Animalario. En la introducción solté alguna pincelada acerca de cierto hermetismo de ese arte contemporáneo y de su dificultad inherente, sin ir más allá. Recibí una interesante respuesta (en los comentarios del blog), de Luís Bredow, uno de los más importantes actores bolivianos (también de los más requeridos por directores de cine), continuando ese incompleto trazo en el que advertí que no ahondaría. Así fue que encontré una breve tesis expuesta por Bredow en la que afirma que el teatro no debe buscar ser entendido. Y aunque el teatro contemporáneo no sea una actividad para entender, estoy convencido de que cuantos más códigos logre descifrar el espectador, abrirá más ventanas dónde reflejarse, sobre todo si el director o el guionista buscan ese ocultismo. Lógicamente el teatro debe ser un ejercicio fundamentalmente emocional, pero requiere muchas veces de esfuerzos intelectuales para enlazar recuerdos, experiencias y conceptos, que consciente o subconscientemente se han filtrado dentro de nosotros, para así lograr desembarcar en forma de emociones. Hay muchos directores herméticos, que disfrutan de esa “exclusividad”. El éxito (y lo interesante) que yo destaco de La Fura, es la capacidad que tiene para llegar a distintos públicos en distintos terrenos y con distintos recursos. ¡Y tan distintos como un estadio de fútbol, el escenario del teatro más reputado del mundo (La Scala) o la playa!. Lo que yo también festejo y admiro, es la capacidad de disparar esas posibilidades de identificación y atracción emocional a todo nivel, aunque provengan de Homero, del Teatro de los Andes, de Chespirito, de García Lorca, de Ástor Piazzola, de Carlos Fuentes, de Spielberg o de Los Simpson. En cualquier caso estoy plenamente de acuerdo con ese proceso de libertad que da la posibilidad caótica e infinita de interpretación que tiene cada individuo, sin una verdad definida a la que se deba llegar. Y la posibilidad de alcanzar eso que algunos llaman éxtasis. Luís Bredow: ¿El teatro contemporáneo se puede entender? Para entender el teatro contemporáneo, lo único que se requiere es darse cuenta de que NO SE PUEDE ENTENDER. Lo que sucede es que el espectador está acostumbrado por la literatura, el cine y el teatro a que le narren una historia con pies, cabeza y moraleja. Abandonar esa expectativa, eso es todavía difícil para el espectador. Sin embargo, en la vida en bruto, no existen esa clase de historias. Todos son acontecimientos inconexos que el azar une en cadenas que algún rato se romperán. Es la narrativa la que construye un sentido, una historia con esos hechos inconexos. Me atrevo a decir que construimos esas narrativas para consolarnos de la falta de sentido que enfrentamos en nuestras vidas reales. El placer de las fábulas no ha muerto y, por supuesto, para construir esas narrativas y para descifrarlas, nuestro instrumento es la cultura de nuestras respectivas civilizaciones. Por ejemplo, unas metoforizarán el "mal" con una rata y otras el "bien" con el mismo roedor; pero todas metaforizarán la vida para entenderla y sacar ilusorias enseñanzas y experiencias. En cambio, el teatro contemporáneo es más realista y busca prescindir de las narrativas. Se niega a narrar, se pega a la vida real, a la vida en bruto y simplemente pone a disposición, como la vida misma, estímulos como lo hace la música o las artes plásticas... Para lograr eso, el teatro contemporáneo le entrega ostensiblemente al espectador la libertad de hacer lo que hace, de manera menos consciente en la vida cotidiana: construir lo que él pueda con lo que percibe. Si lo desea podrá construir una narrativa personalísima, una explicación intelectual. O si prefiere, podrá mantenerse en el plano de lo sensible, como un melómano. Por eso, ante el teatro contemporáneo, la actitud menos apropiada es la de la cultura, que nos convence de que el afán de entender nos salvará del absurdo de la existencia o del acto teatral inexplicable. Ahora bien; en el teatro es endiabladamente difícil crear belleza fuera de la cultura, pues el teatro está forzado a utilizar los lenguajes más constructivos de la cultura. Por eso las piezas de teatro contemporáneo logran -unas más y otras menos- alejarse de la fábula y del drama que narra una historia. Quizás, "Esperando a Godot" de Samuel Beckett sea la pieza paradigmática de apuesta del teatro contemporáneo. En el escenario sucede algo, pero lo que sucede no quiere decir más de lo que sucede, no puede ser traducido a "otra cosa". Como dice el mismo Beckett en "La última cinta de Krapp": -¡Nada que decir. Ni pío! ¿Qué significa hoy un año? ¡Mierda revuelta y tapón en el culo... Y, sin embargo, no le queda más remedio que decir que no tiene nada que decir... De todo esto ¿qué ganamos los espectadores de teatro contemporáneo? Pues ganamos lo que siempre nos dio el teatro: Una conciencia de nosotros mismos. La conciencia de que somos un punto de vista. Es decir que en la vida como en el teatro estamos obligados a escoger ese punto de vista y que lo que escojamos, eso seremos. Para ello, la pieza que espectamos se pone a nuestra disposición para que nosotros la construyamos. Al salir del espectáculo debiéramos sentir que la pieza ha sido un pretexto para ponernos en evidencia. Es decir que sólo hemos recibido los estímulos de la belleza para con ellos construir o no construir algo. Eso es divertido y si logramos ese placer es porque hemos logrado descubrir qué espera de nosotros el teatro y que ya sabemos jugar el juego. Y si nos aburrimos en el teatro contemporáneo, entonces por lo menos sabremos que el teatro ya no nos sirve para huir de nuestro trabajo en la vida, sino que nos obliga a hacerlo conscientemente. Y ese trabajo es espantosamente aburrido e ineficaz, pues la vida, como el teatro no tiene ninguna explicación… En ambos casos, ganamos conciencia de nuestra condición humana. Eso no es nada nuevo. El teatro siempre nos convocó para que tomáramos conciencia de eso. Ahora lo hace con medios más radicales. Esta apuesta del teatro contemporáneo es un signo de los tiempos que vivimos... --- Foto: representación de "Art". Un interesante texto de Yasmina Reza con la actuación de Ricardo Darín que pude ver gracias a la tía Susana Lucio allá por el año 2000 en Buenos Aires.

8 de mayo de 2010

El teatro masivo de La Fura dels Baus

¿Arte de élites para élites?. Publicado en Ecdótica. El arte contemporáneo ha profundizado su incursión hacia el terreno conceptual en las últimas décadas. Se ha vuelto en una de las manifestaciones culturales más elitistas y exclusivas, ya que para la comprensión de algunas de estas piezas no basta con el aprecio instintivo de la estética o de la forma, sino que además se requiere una racionalización de la materia tratada, que suele buscar un discurso que antepone como prerrequisito, conocimientos sólidos previos. No quiero ahondar en la discusión filosófica y moral ya debatida acerca de la democratización cultural, pero lo que es innegable es que con la llegada de internet y las redes, el acceso a fuentes creativas y culturales se ha vuelto mucho más fácil que hace unos años. Además la búsqueda de mercados y de públicos (desde el lado de la oferta) ha ayudado a tratar de llegar a más y distintos públicos con una misma propuesta Uno de los proyectos artísticos que lo ha logrado con mayor éxito es el grupo de teatro La Fura dels Baus, afincado desde hace varios años entre España y los sitios que va recorriendo por el mundo. Se trata de una proposición que, junta teatro de la calle, contestatario y provocador, para grandes masas a la vez que riguroso y coherente. Véase que participaron en inauguraciones de grandes eventos: deportivos (Barcelona 92, Almería 2005), pasando por la recientemente inaugurada Feria Universal de Shanghai 2010, hasta llegar a eruditas óperas en La Scala de Milán. En La Scala precisamente fueron ferozmente criticados (y hasta abucheados en escena) por los más conservadores, después de desplegar en marzo el “Tannhäuser” de Wagner. En Shanghai tienen contrato comprometido desde mayo hasta octubre “Window of the City”, hasta cuatro representaciones por jornada todos los días. Sus próximas presentaciones en territorio español serán en la Tabakalera de San Sebastián, recinto residual del rico patrimonio industrial vasco (al estilo del Martadero cochabambino), donde presentarán su versión del clásico “Tito Andrónico” de Shakespeare, que incluye un desenlace antropófago del banquete final, incorporando una “degustación” de la comida del afamado chef vasco Aduriz. En esta misma línea, la del teatro que busca llegar tanto a las masas de la calle como a los más exigentes, la compañía teatral Animalario se ha llevado esta semana varios premios Max, los “Goya” del teatro español con la obra “Urtain”, indagando la vida del boxeador maldito que lleva el mismo nombre. Vemos que el teatro más provocador, contemporáneo, esnob y otrora alternativo, demuestra su capacidad de adaptación y de llegar a grandes públicos, incluyendo aproximaciones posmodernas hacia el deporte o a la gastronomía, uniendo lenguajes versátiles y recursos técnicos novedosos en escena. Si no son las fuerzas del mercado y sus agentes comerciales los que lo demandan, será el propio público, que quiere pan y circo, pero no pan de batalla, sino de repostería fina y que esté fresco, y circo no de barrio con escuálidos tigres y saltimbanquis errantes, sino al estilo “Cirque du Soleil” para lograr un espacio que convierta el tiempo del espectador en “único e irrepetible” en esa sociedad homogeneizadora donde queda espacio para los destellos personales y de autor.

1 de mayo de 2010

Correr, escribir, leer: el oficio solitario

Publicado en Ecdótica.
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 El ser humano siempre ha buscado aficiones y actividades extraordinarias en torno a características personales y sociales. En la época posmoderna actual, con la exaltación de la “persona de vanguardia” y los medios de masas, aquellas búsquedas se han exacerbado. Todos poco a poco buscamos introducirnos en “clubes selectos” de punks, de ecologistas, de cristianos, de intelectuales o de deportistas.

 Sin cuestionar el valor moral de dichas actividades, asumamos que es saludable para todo el mundo cultivar pasiones. Y si de salud hablamos, mencionemos la afición a correr. Esta semana ha muerto el escritor británico Alan Sillitoe. Escribió una de las obras de referencia para los corredores y atletas populares a nivel planetario: “La soledad del corredor de fondo” entre otros títulos y fue llevada al cine en los años 60 por Tony Richardson. Además en el mes que ha terminado, ha sido publicada en nuestra lengua la propuesta a modo de ensayo-relato del escritor japonés Haruki Murakami “De qué hablo cuando hablo de correr” a propósito de su experiencia como corredor de maratón, y se ha convertido en uno de los textos más vendidos en España el pasado día internacional del libro.

 Murakami, que viene sonando estos años como posible premio Nobel, en su libro abunda sobre las similitudes que percibe cuando se concibe como novelista y cuando lo hace como atleta aficionado: la soledad y su enfrentamiento (o disfrute). Condición necesaria (según él) para triunfar en estos dos modelos, vinculando a éstos, a su vez, el concepto de disciplina. Se dice de escritores como Murakami o Vargas Llosa se sientan en el escritorio a desarrollar el oficio varias horas al día. Se puede pensar en el aparente antagónico: escritores como Bukowsky o Saenz y posiblemente deportistas como Jan Üllrich o Maradona, con esa aureola de indóciles caóticos con talento pero sin disciplina litúrgica. Pues Murakami precisamente apunta a su falta de talento innato desbordante (modesto el autor) para indicar la compensación con su trabajo, resaltando una visión muy japonesa.

 Durante mis días de atleta, en Valladolid, conocí a un grupo humano de entrenamiento magnífico y disciplinado. El capitán del equipo era el ex campeón y recordista europeo de medio fondo Isaac Viciosa. Otro de los grandes, el olímpico Teodoro Cuñado me obsequió amablemente la obra La soledad del corredor de fondo. Me ayudó a entender el oficio del deportista individual y sus conexiones con el mundo real.

Antonio Postigo, que fuera entrenador mío y de las selecciones nacionales de atletismo de España y Chile también tenía esa visión integral y humanista del deporte vinculada al resto de actividades vitales, desde la alimentación, pasando por disfrute cultural, hasta el equilibrio espiritual.

 En Bolivia también hay escritores que vinculan su vida con el hecho de salir a correr. Gonzalo Lema y Eduardo Scott-Moreno, ganadores del Premio Nacional de Novela, son asiduos corredores populares y no es raro verlos en el estadio de Cala Cala o en la laguna Alalay. Fue muy interesante escucharlos contar sus anécdotas referidas a las actividades creativas y su relación con el deporte en un coloquio realizado en el Martadero poco antes de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.

 Si bien la actividad de salir a correr no está hecha para todo el mundo, ya que alguno la considerará soporífera, habrán quienes quizás dándose un asomo por las piezas literarias indicadas, logre el disfrute de la actividad física en carne propia, o sino a través de las letras de Murakami y Sillitoe mediante la propia imaginación, que al fin y al cabo es lo que persigue la literatura.