14 de mayo de 2010

¿El teatro contemporáneo se puede entender?

Por Fadrique Iglesias Mendizábal en relación a un aporte de Luís Bredow Los días pasados, en el post previo sobre la capacidad de alcance público (en términos de diversidad) del grupo de teatro La Fura dels Baus, quise huir de disquisiciones en torno a lo que se define como arte (concretamente referido al teatro contemporáneo), ya que su discusión puede ser una espiral infinita a la que no me atrevo a entrar del todo. Me limité a describir las aportaciones, desde el punto de vista de la misión y gestión de medios, además de los avances del “packaging” o continente del mensaje representado, y sobre todo, del poder universal de convocatoria a distintos públicos de distintas edades, de compañías de teatro español exitosísimas como La Fura o Animalario. En la introducción solté alguna pincelada acerca de cierto hermetismo de ese arte contemporáneo y de su dificultad inherente, sin ir más allá. Recibí una interesante respuesta (en los comentarios del blog), de Luís Bredow, uno de los más importantes actores bolivianos (también de los más requeridos por directores de cine), continuando ese incompleto trazo en el que advertí que no ahondaría. Así fue que encontré una breve tesis expuesta por Bredow en la que afirma que el teatro no debe buscar ser entendido. Y aunque el teatro contemporáneo no sea una actividad para entender, estoy convencido de que cuantos más códigos logre descifrar el espectador, abrirá más ventanas dónde reflejarse, sobre todo si el director o el guionista buscan ese ocultismo. Lógicamente el teatro debe ser un ejercicio fundamentalmente emocional, pero requiere muchas veces de esfuerzos intelectuales para enlazar recuerdos, experiencias y conceptos, que consciente o subconscientemente se han filtrado dentro de nosotros, para así lograr desembarcar en forma de emociones. Hay muchos directores herméticos, que disfrutan de esa “exclusividad”. El éxito (y lo interesante) que yo destaco de La Fura, es la capacidad que tiene para llegar a distintos públicos en distintos terrenos y con distintos recursos. ¡Y tan distintos como un estadio de fútbol, el escenario del teatro más reputado del mundo (La Scala) o la playa!. Lo que yo también festejo y admiro, es la capacidad de disparar esas posibilidades de identificación y atracción emocional a todo nivel, aunque provengan de Homero, del Teatro de los Andes, de Chespirito, de García Lorca, de Ástor Piazzola, de Carlos Fuentes, de Spielberg o de Los Simpson. En cualquier caso estoy plenamente de acuerdo con ese proceso de libertad que da la posibilidad caótica e infinita de interpretación que tiene cada individuo, sin una verdad definida a la que se deba llegar. Y la posibilidad de alcanzar eso que algunos llaman éxtasis. Luís Bredow: ¿El teatro contemporáneo se puede entender? Para entender el teatro contemporáneo, lo único que se requiere es darse cuenta de que NO SE PUEDE ENTENDER. Lo que sucede es que el espectador está acostumbrado por la literatura, el cine y el teatro a que le narren una historia con pies, cabeza y moraleja. Abandonar esa expectativa, eso es todavía difícil para el espectador. Sin embargo, en la vida en bruto, no existen esa clase de historias. Todos son acontecimientos inconexos que el azar une en cadenas que algún rato se romperán. Es la narrativa la que construye un sentido, una historia con esos hechos inconexos. Me atrevo a decir que construimos esas narrativas para consolarnos de la falta de sentido que enfrentamos en nuestras vidas reales. El placer de las fábulas no ha muerto y, por supuesto, para construir esas narrativas y para descifrarlas, nuestro instrumento es la cultura de nuestras respectivas civilizaciones. Por ejemplo, unas metoforizarán el "mal" con una rata y otras el "bien" con el mismo roedor; pero todas metaforizarán la vida para entenderla y sacar ilusorias enseñanzas y experiencias. En cambio, el teatro contemporáneo es más realista y busca prescindir de las narrativas. Se niega a narrar, se pega a la vida real, a la vida en bruto y simplemente pone a disposición, como la vida misma, estímulos como lo hace la música o las artes plásticas... Para lograr eso, el teatro contemporáneo le entrega ostensiblemente al espectador la libertad de hacer lo que hace, de manera menos consciente en la vida cotidiana: construir lo que él pueda con lo que percibe. Si lo desea podrá construir una narrativa personalísima, una explicación intelectual. O si prefiere, podrá mantenerse en el plano de lo sensible, como un melómano. Por eso, ante el teatro contemporáneo, la actitud menos apropiada es la de la cultura, que nos convence de que el afán de entender nos salvará del absurdo de la existencia o del acto teatral inexplicable. Ahora bien; en el teatro es endiabladamente difícil crear belleza fuera de la cultura, pues el teatro está forzado a utilizar los lenguajes más constructivos de la cultura. Por eso las piezas de teatro contemporáneo logran -unas más y otras menos- alejarse de la fábula y del drama que narra una historia. Quizás, "Esperando a Godot" de Samuel Beckett sea la pieza paradigmática de apuesta del teatro contemporáneo. En el escenario sucede algo, pero lo que sucede no quiere decir más de lo que sucede, no puede ser traducido a "otra cosa". Como dice el mismo Beckett en "La última cinta de Krapp": -¡Nada que decir. Ni pío! ¿Qué significa hoy un año? ¡Mierda revuelta y tapón en el culo... Y, sin embargo, no le queda más remedio que decir que no tiene nada que decir... De todo esto ¿qué ganamos los espectadores de teatro contemporáneo? Pues ganamos lo que siempre nos dio el teatro: Una conciencia de nosotros mismos. La conciencia de que somos un punto de vista. Es decir que en la vida como en el teatro estamos obligados a escoger ese punto de vista y que lo que escojamos, eso seremos. Para ello, la pieza que espectamos se pone a nuestra disposición para que nosotros la construyamos. Al salir del espectáculo debiéramos sentir que la pieza ha sido un pretexto para ponernos en evidencia. Es decir que sólo hemos recibido los estímulos de la belleza para con ellos construir o no construir algo. Eso es divertido y si logramos ese placer es porque hemos logrado descubrir qué espera de nosotros el teatro y que ya sabemos jugar el juego. Y si nos aburrimos en el teatro contemporáneo, entonces por lo menos sabremos que el teatro ya no nos sirve para huir de nuestro trabajo en la vida, sino que nos obliga a hacerlo conscientemente. Y ese trabajo es espantosamente aburrido e ineficaz, pues la vida, como el teatro no tiene ninguna explicación… En ambos casos, ganamos conciencia de nuestra condición humana. Eso no es nada nuevo. El teatro siempre nos convocó para que tomáramos conciencia de eso. Ahora lo hace con medios más radicales. Esta apuesta del teatro contemporáneo es un signo de los tiempos que vivimos... --- Foto: representación de "Art". Un interesante texto de Yasmina Reza con la actuación de Ricardo Darín que pude ver gracias a la tía Susana Lucio allá por el año 2000 en Buenos Aires.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Si bien el teatro contemporaneo muestra la cruda verdad en el diario vivir de las personas, me atreveria a decir que uno lo que realmente quiere enteder o busca es un mensaje o mas bien una "ilusion" actuada de lo que deberia ser la vida.
El teatro es una expresion humana de anecdotas o historias puestas en escena, todo esta basado en la mera imaginacion del director o guionista...si bien trata de la vida real o se supone que asi sea, la gente "no lo entiende" o mejor dicho no quiere aceptarlo; es ahi donde nacen las criticas nada constructivas acerca de este género.
Cada persona tiene un punto de vista diferente, y es asi como muchos aprecieran o rechazaran este genero teatral.

Fadriqve Iglesias Mendizábal dijo...

Cierto, anónimo, pero dentro del caos vital, existe la influencia de la capacidad congnitiva en casi todos nuestros actos.
Recomiendo "Eternal In/Out" de la compañía francesa Materia Prima:
http://www.materiaprima-totem.com/
Me ha fascinado, la he visto en el festival de Teatro y Artes de Calle de Valladolid y nos ha tenido a 600 personas boquiabiertas durante más de una hora sin diálogos pero con una capacidad comunicativa y visual que no he visto muchas veces.
Saludos