8 de mayo de 2010

El teatro masivo de La Fura dels Baus

¿Arte de élites para élites?. Publicado en Ecdótica. El arte contemporáneo ha profundizado su incursión hacia el terreno conceptual en las últimas décadas. Se ha vuelto en una de las manifestaciones culturales más elitistas y exclusivas, ya que para la comprensión de algunas de estas piezas no basta con el aprecio instintivo de la estética o de la forma, sino que además se requiere una racionalización de la materia tratada, que suele buscar un discurso que antepone como prerrequisito, conocimientos sólidos previos. No quiero ahondar en la discusión filosófica y moral ya debatida acerca de la democratización cultural, pero lo que es innegable es que con la llegada de internet y las redes, el acceso a fuentes creativas y culturales se ha vuelto mucho más fácil que hace unos años. Además la búsqueda de mercados y de públicos (desde el lado de la oferta) ha ayudado a tratar de llegar a más y distintos públicos con una misma propuesta Uno de los proyectos artísticos que lo ha logrado con mayor éxito es el grupo de teatro La Fura dels Baus, afincado desde hace varios años entre España y los sitios que va recorriendo por el mundo. Se trata de una proposición que, junta teatro de la calle, contestatario y provocador, para grandes masas a la vez que riguroso y coherente. Véase que participaron en inauguraciones de grandes eventos: deportivos (Barcelona 92, Almería 2005), pasando por la recientemente inaugurada Feria Universal de Shanghai 2010, hasta llegar a eruditas óperas en La Scala de Milán. En La Scala precisamente fueron ferozmente criticados (y hasta abucheados en escena) por los más conservadores, después de desplegar en marzo el “Tannhäuser” de Wagner. En Shanghai tienen contrato comprometido desde mayo hasta octubre “Window of the City”, hasta cuatro representaciones por jornada todos los días. Sus próximas presentaciones en territorio español serán en la Tabakalera de San Sebastián, recinto residual del rico patrimonio industrial vasco (al estilo del Martadero cochabambino), donde presentarán su versión del clásico “Tito Andrónico” de Shakespeare, que incluye un desenlace antropófago del banquete final, incorporando una “degustación” de la comida del afamado chef vasco Aduriz. En esta misma línea, la del teatro que busca llegar tanto a las masas de la calle como a los más exigentes, la compañía teatral Animalario se ha llevado esta semana varios premios Max, los “Goya” del teatro español con la obra “Urtain”, indagando la vida del boxeador maldito que lleva el mismo nombre. Vemos que el teatro más provocador, contemporáneo, esnob y otrora alternativo, demuestra su capacidad de adaptación y de llegar a grandes públicos, incluyendo aproximaciones posmodernas hacia el deporte o a la gastronomía, uniendo lenguajes versátiles y recursos técnicos novedosos en escena. Si no son las fuerzas del mercado y sus agentes comerciales los que lo demandan, será el propio público, que quiere pan y circo, pero no pan de batalla, sino de repostería fina y que esté fresco, y circo no de barrio con escuálidos tigres y saltimbanquis errantes, sino al estilo “Cirque du Soleil” para lograr un espacio que convierta el tiempo del espectador en “único e irrepetible” en esa sociedad homogeneizadora donde queda espacio para los destellos personales y de autor.

3 comentarios:

Luis Bredow dijo...

(viene de 1)
2.
De todo esto ¿qué ganamos los espectadores de teatro contempráneo? Pues ganamos lo que siempre nos dio el teatro: Una conciecia de nosotros mismos. La conciencia de que somos un punto de vista. Es decir que en la vida como en el teatro estamos obligados a escoger ese punto de vista y que lo que escojamos, éso seremos. Para ello, la pieza que espectamos se pone a nuestra disposición para que nosotros la construyamos.
Al salir del espectáculo debiéramos sentir que la pieza ha sido un pretexto para ponernos en evidencia. Es decir que sólo hemos recibido los estímulos de la belleza para con ellos construir o no construir algo. Eso es divertido y si logramos ese placer es porque hemos logrado descubrir qué espera de nosotros el teatro y que ya sabemos jugar el juego.
Y si nos aburrimos en el teatro contemporáneo, entonces por lo menos saberemos que el teatro ya no nos sirve para huir de nuestro trabajo en la vida, sino que nos obliga a hacerlo concientemente. Y ese trabajo es espantosamente aburrido e ineficaz, pues la vida, como el teatro no tienen ninguna explicación...
En ambos casos, ganamos concierncia de nuestra condición humana. Eso no es nada nuevo. El teatro siempre nos convocó para que tomaramos conciencia de eso. Ahora lo hace con medios más radicales. Esta apuesta del teatro contemporáneo es un signo de los tiempos que vivimos...
Te envío un cordial abrazo.
Luis
PD. No conozco sino de oídas y fotos el trabajo de "La Furia". Por eso no sé relacionarlo con lo que acabo de escribir.

Luis Bredow dijo...

Querido Fadrique:
1.
Para entender el teatro contemporaneo, lo único que se requiere es darse cuenta de que NO SE PUEDE ENTENDER.
Lo que sucede es que el espectador está acostumbrado por la literatura, el cine y el teatro a que le narren una historia con pies, cabeza y moraleja. Abandonar esa expectativa, eso es todavía difícil para el espectador.
Sin embargo, en la vida en bruto, no existen esa clase de historias. Todos son acontecimientos inconexos que el azar une en cadenas que algún rato se romperán. Es la narrativa la que construye un sentido, una historia con esos hechos inconexos. Me atrevo a decir que construímos esas narrativas para consolarnos de la falta de sentido que enfrentamos en nuestras vidas reales. El placer de las fábulas no ha muerto Y, por supuesto, para construir esas narrativas y para descifrarlas, nuestro instrumento es la cultura de nuestras respectivas civilizaciones. Por ejemplo, unas metoforizarán el "mal" con una rata y otras el "bien" con el mismo roedor; pero todas metaforizarán la vida para entendera y sacar ilusorias enseñanzas y experiencias.
En cambio, el teatro contemoporaneo es más realista y busca prescindir de las narrativas. Se niega a narrar, se pega a la vida real, a la vida en bruto y simplemente pone a disposición, como la vida misma, estímulos como lo hace la música o las artes plásticas...
Para lograr eso, el teatro contempraneo le entrega ostensiblemente al espectador la libertad de hacer lo que hace, de manera menos conciente en la vida contidiana: construir lo que él pueda con lo que percibe. Si lo desea podrá construir una narrativa personalísima, una explicación intelectual.O si prefiere, podrá mentenerse en el plano de lo sensible, como un melómano.
Por eso, ante el teatro contemporaneo, la actitud menos apropiada es la de la cultura, que nos convence de que el afán de entender nos salvará del absurdo de la existencia o del acto teatral inexplicable.
Ahora bien; en el teatro es endiabladamente defícil crear belleza fuera de la cultura , pues el teatro está forzado a utilizar los lenguajes más constructivos de la cultura. Por eso las piezas de teatro contemporaneo logran -unas más y otras menos- alejarse de la fábula y del drama que narra una historia.
Quizás, "Esperando a Godot" de Samuel Beckett sea la pieza paradigmática de a apuesta del teatro contemporáneo. En el escenario sucede algo, pero lo que sucede no quiere decir más de lo que sucede, no puede ser traducido a "otra cosa".
Como dice el mismo Beckett en "La última cinta de Krapp":
-¡Nada que decir. Ni pío! ¿Qué significa hoy un año? ¡Mierda revuelta y tapón en el culo...
Y, sin embargo, no le queda más remedio que decir que no tiene nada que decir...
(Sigue a 2)

Fadriqve Iglesias Mendizábal dijo...

te respondo en otro blog. Me alegra que hayas venido por aquí y gracias por el aporte.
Saludos afectuosos