30 de julio de 2010

Desigualdades efectivas y simbólicas

Publicado en Los Tiempos. Foto: Sergio Ribero.
----
 La semana pasada el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha presentado el Primer Informe de Desarrollo sobre Desigualdad en América Latina y el Caribe con una interesante campaña mediática. Han escogido el periódico generalista más leído de España, El País, como plataforma de lanzamiento público.

En un suplemento especial llamado “En marcha hacia la igualdad” se pueden ver datos introductorios (en su edición digital) y sobre todo artículos de opinión sobre el origen y la solución de las desigualdades en América Latina y el Caribe de notables intelectuales, expertos, escritores y artistas. Entre ellos destaca gente variopinta como Rubén Blades, María Teresa Fernández de la Vega, Jorge Castañeda, Santiago Roncagliolo, Antonio Skármeta, Daniel Barenboim, Ángeles Mastretta, Enrique V. Iglesias, Michelle Bachelet o Francis Fukuyama entre otros.

 Aunque existen estudios que indican la necesidad de igualdad para lograr un crecimiento económico y un desarrollo a nivel global con evidencias empíricas, todavía parece necesario recordar a nuestros políticos la pertinencia de acabar con las persistentes asimetrías, especialmente como medio en el que se desenvuelven las libertades efectivas. Tres rasgos se pueden destacar de este informe: que la desigualdad en la región es alta, que es persistente y que se reproduce en un contexto de baja movilidad socioeconómica.

 El economista indio y premio Nóbel Amartya Sen profundizó en los conceptos de libertad efectiva y capacidades del ser humano como condiciones de desarrollo. Sus aportes sirven de sustento y de base conceptual en este Informe, en el que se indica que para lograr un desarrollo efectivo hay que emprender necesariamente dos caminos a la vez: el primero, ocuparse de las condiciones iniciales eliminar las “restricciones operativas” (restricciones en salud, educación, renta); y el segundo, centrarse en desarrollar los elementos subjetivos que influyen en la determinación de las aspiraciones y logros alcanzados por los ciudadanos. Este segundo punto es el que parece dejarse de lado con más facilidad en sociedades como la boliviana. Se trata de factores del contexto que inciden en la generación de metas ambiciosas y el nivel de autonomía de la gente para conseguirlas.

 El deporte y la cultura son instrumentos muy eficaces para desarrollar las capacidades del “yo puedo”. En Bolivia sufrimos, además de un círculo vicioso de exclusión, de falta de avidez de triunfos, no porque no deseemos ganar fervientemente sino porque muchas veces no nos creemos capaces de lograrlo. Nos cuesta visualizarnos ejerciendo el papel de ganador. Revertir esto se logra con cambios de paradigmas populares. Actualmente, el imaginario nacional en cuanto a exclusión simbólica de grupos indígenas ha progresado mucho. Veremos hasta qué punto se ha avanzado en revertir la exclusión efectiva. Me temo que menos de lo que se anuncia.

 Hay que advertir que con un magro desarrollo del sentido humanista y creativo va a ser muy difícil llegar a cubrir estas carencias. La inversión de recursos públicos en deportistas, artistas e intelectuales va más allá de la frívola competición nacionalista. Se trata de desarrollar nuestros heterogéneos factores identitarios apoyándonos en referentes y modelos, y no concentrando esos recursos como instrumentos para copar el “poder cultural”.

----
Nota: excelente imagen capturada por el fotógrafo cochabambino Sergio Ribero. Muy narrativa y explícita. Es quizás más elocuente que el mismo contenido del post.

10 de julio de 2010

España: Fútbol vs Crisis

Publicado en Ateneo Naider y Los Tiempos de Cochabamba. ----- Mientras conversaba la semana pasada con un profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Valladolid, advertí la afirmación rotunda de que si España ganaba el mundial, o por lo menos llegaba a la final, se habría dado un paso gigante para olvidar la tan mentada crisis que envuelve el país desde hace un par de años y que parece no haber afectado al mercado futbolístico, siendo en la pasada temporada, en la que más dinero se invirtió en la historia del fútbol ibérico. A estas alturas, después de un mes de saturación mediática por el devenir de la pelota Jabulani, de ensordecernos con vuvucelas, de ser machacados con las bravuconadas de Maradona, de presenciar irremediablemente los escupitajos de Ronaldo y de haber abandonado nuestras distracciones y deberes habituales en favor del fútbol, volvemos a la normalidad. Pero la vida se reacomoda lentamente, sobre todo para países triunfantes como España, Holanda, Uruguay, o alicaídos como Francia, Italia, Brasil o Argentina, que reciben un impacto muy fuerte según las actuaciones de sus selecciones. En casi todos los casos, estos días los entrenadores y jugadores han tenido “rango” de Ministros de Estado o Embajadores. Y más allá del shock sociológico o político (Sarkozy se reunió con Henry para pedir cuentas), está el económico. Por ejemplo, en Italia, después de que se proclamara campeona del mundo de fútbol en 2006, el turismo en 2007 aumentó un 12%. Además de los impactos directos, estas epopeyas logran ganancias de visibilidad, confianza, y otros efectos psicológicos que la musicalidad cansina de la repetición del nombre del país campeón o del organizador logra imponer ineludiblemente. Pero las utilidades no se limitan al año siguiente sino que pueden lograr una estabilidad en su desempeño como factor de crecimiento económico endógeno, para llegar a ser una industria robusta. Quién es el valiente que discute que Uruguay, Brasil, y muchos países de África no son mercados de abasto para equipos europeos. Se estima que hay un millar de jugadores argentinos pululando por diversas ciudades del Viejo Continente, desde Estambul hasta La Coruña. Así como los economistas nos han puesto hasta la saciedad el ejemplo de economías de aglomeración y de atracción de capacidad tecnológica el Sillycon Valley, de talento creativo Hollywood y de distritos industriales en Italia, de la misma forma se podría comentar que después de días como éstos, clubes, gimnasios, tiendas y fábricas españolas se frotan las manos de que sus compatriotas estén rindiendo a nivel mundial en fútbol, ciclismo o tenis. Y no sólo ellos se las frotan, sino toda la retahíla de empleados y microempresarios que se benefician de trabajos asociados a servicios turísticos, médicos, de ocio y tiempo libre o de comunicación de medios de masas (recordemos que el diario Marca es el periódico más vendido de la península, por encima de El País o El Mundo). En España algunos empresarios invocan a la Virgen María y al Pulpo Paul, al ver que, tras la caída del “mercado del ladrillo” y ante las penalizaciones de los mercados financieros, el deporte podría servir de atracción de capital, ya que la innovación todavía no parece ser capaz de absorber las capacidades ociosas y la productividad relativamente baja en términos comparativos con los países nórdicos. Veremos si el brazo fuerte de Nadal, la envergadura de Gasol, la finura de Iniesta, el aguante de Contador, la gallardía de Marta Domínguez, la inteligencia de Xabi Alonso, la compostura de Del Bosque o la visión de Guardiola ayudan a pasar el oleaje y la crecida peligrosa del río de los cambios económicos que ocurren en el planeta.