18 de septiembre de 2010

El Capital Cultural: ¿piedra angular?

Publicado en Los Tiempos y parcialmente en Ateneo Naider. --- Esta semana se publicó en el diario Los Tiempos un artículo de Luís Christian Rivas en el que abordaba la pertinencia del capital humano como factor clave e imprescindible para el buen funcionamiento de las economías. Pero, además de ese factor, necesario para el desarrollo humano, es pertinente señalar la importancia del capital cultural. Economistas como D. Throsby o L.C. Herrero incluyen el concepto de capital cultural dentro de la función de producción de la economía. Entonces, la renta o riqueza de una economía vendría determinada por la tecnología y su relación con los demás inputs de la función de producción. Estos son el capital físico, la fuerza laboral, el capital humano (al que se refería Rivas), el capital natural (un conjunto de recursos libres de la naturaleza, a veces no renovables), el capital social (calidad/cantidad de redes sociales de una sociedad), y la variable que nos ocupa, el capital cultural, que hace referencia a elementos tangibles y físicos, realizados por las personas, presentes o acumulados, que responden a un sentido estético, simbólico e intelectual, y que son susceptibles de depreciación e incluso pérdida. Así, será una necesidad social considerar el capital natural como factor productivo cuando el ser humano se plantea la sostenibilidad ambiental, o considerar el capital social cuando las relaciones entre personas son multidireccionales, en parte por las interconexiones de la red. De la misma forma, la cultura pasa a ser un punto prominente cuando se la considera como una variable cualitativa que trasciende la variable educativa en un contexto de civilización del ocio y globalización. La cultura, además de ser el caramelo de los dirigentes políticos por su elevada rentabilidad de imagen, tiene efectos a corto plazo asociados al consumo, y efectos a largo plazo principalmente relacionados con la revalorización urbanística, con la gobernabilidad, con la educación, con la cohesión social e indirectamente con la ampliación de las capacidades simbólicas del ser humano relacionadas con la motivación o el “querer ser”. Concretando, la cultura estimula el turismo, lo que en la Bolivia rural significa implícitamente la identidad cultural. Estimula la creatividad, que repercute sobre el tejido social y sobre otras ramas de la economía y crea un matiz extra que certifica un plus de calidad a las ciudades. Si Cochabamba apunta a ser el centro de América Latina, como dijo el Presidente Evo esta semana, habrá que atraer y retener a gente formada o lo que Richard Florida llama “clase creativa”. Se puede comenzar impulsando el desarrollo productivo asociado a las industrias culturales, detectando clústeres o sistemas productivos locales. Tenemos los ejemplos del Carnaval de Oruro o Urkupiña y todo el movimiento económico que arrastran. Está ahí toda la base de la potente gastronomía y restauración valluna. Como dato a emular o desarrollar, cito el ejemplo del chef catalán Ferrán Adrià, que este semestre dictará cátedra en Harvard, relacionando su gastronomía e investigaciones con las posibilidades de los investigadores de aquel prestigioso centro universitario, o la combinación estética del afamado grupo de teatro La Fura dels Baus con el chef vasco Andoni L. Aduriz. También se puede intuir una posibilidad alrededor del mundo del cine viendo los últimos años a directores foráneos como Soderberg, Jaoui, Gil o Bollaín, instalando sus platós y sets de producción en territorio boliviano. Este fin de semana precisamente Bollaín ha presentado su film “También la lluvia”, rodada en Cochabamba, en el Festival de Toronto y se espera su estreno comercial para enero. Además está preseleccionada entre las tres finalistas para representar a ese país en los premios Oscar. Las administraciones públicas, Gobierno Central, Prefecturas y Alcaldías, ya tienen una tarea pendiente para llenar los vacíos emocionales y factuales después de tanto festejo y ensoñación. Quizás una de las directrices de las nuevas políticas de desarrollo económico puede apoyarse, como toda gran estructura, en una piedra angular que combine cultura y tecnología. ---- Foto: tomada de la página de Flickr de Sergio Ribero. La chica es una bebida alcoholica de maíz, de frecuente consumo en los valles cochabambinos.

2 comentarios:

Victoria dijo...

Interesante entrada...aunque a mi en cuanto me hablan en términos económicos me pierdo un poco y ésta tiene unos cuantos.
Sin embargo, hay una frase con la que no estoy de acuerdo "la cultura estimula el turismo". Si hablamos del turismo y de cultura de masas o mejor dicho de democratización de la cultura. Es percisamente al revés, es el turismo el que estimula la cultura o mejor dicho que la cultura llegue a más sectores de la población.
Desde comienzos del siglo XX y especialmente a mediados, el desarrollo de la sociedad postindustrial posibilitó que una buena parte de la sociedad (que antes solo trabajaba)comenzara a tener tiempo libre y que ocupara este tiempo de ocio para viajar, para la cultura, para visitar museos, desarrollándose así el turismo cultural. Por lo tanto, por mucho que se inste a que las administraciones potencien la cultura a la vez que la tecnología, es mucho más necesario contar con unos usuarios y consumidores de cultura que demanden cultura, y una persona no la demandará hasta que, o bien tenga tiempo para consumir cultura o esté "educado" en esto del consumo cultural, es decir, tenga un hábito de consumo. Hay que crear consumidores de cultura, y esto solo será posible a través de la educación y deseando además que sea una buena educación cultural...

Fadrique Iglesias Mendizábal dijo...

Muchas gracias.
Cuando dije que la cultura estimula el turismo, me refiero a la inversión en capital cultural. Ese es el contexto del post: el capital cultural y su potenciación, otorgándole recursos, hará que se ponga en valor el patrimonio existente, ojo, no se crea patrimonio metiendo dinero, sino que el existente se pone en valor. Al ponerse en valor (poner en valor es que aparezca en Nueva York y Osaka carteles de Machu Pichu o que la gente que imagine Argentina piense en tango) se estimula el turismo.
Así es que no se debe priorizar sólo la demanda interna en cultura, sino también en la demanda externa y en la oferta, porque si nos concentramos en la interna, perdemos posibilidades de producción más grandes. Por ejemplo, si un festival de cine, como la seminci sólo se centrara en la demanda interna, estaríamos prescindiendo de lo que hace grande a la Seminci: sus visitantes, sus creadores extranjeros en interrelación con los locales.
Otro ejemplo es el ejemplo del pisco o la cocina tradicional en Perú. Hasta que no se han valorizado afuera, no han tenido realmente peso dentro del Perú.
En resumen, creo que hay que potenciar los dos a la vez. Creo que se debe estimular el consumo interno de cultura, pero también el externo, que indirectamente va a legitimar las decisiones locales. Y en estos días, la tecnología puede dar nuevos caminos para ello.
Saludos y gracias por venir