8 de noviembre de 2010

Deporte, propaganda e integración

Publicado en Los Tiempos y Correo del Sur ----
De los años boom futbolístico en Bolivia de los 90 y del consecuente progreso en el terreno simbólico ha pasado ya bastante tiempo. El mes pasado se retiró Jaime Moreno, uno de sus últimos protagonistas con una emotiva ceremonia por parte de su equipo, el DC United de Washington.
Ha llovido mucho, pero hoy también se pueden vislumbrar, aunque lentamente, iniciativas interesantes en cuanto a integración deportiva y social. Excelente ejemplo ha sido la idea de desarrollar unos Juegos Estudiantiles como los que han terminado la semana pasada. Si hace quince años contemplaban solamente cinco deportes y con alcance únicamente en las capitales de departamento (no en todas), con algún deportista excepcional de áreas rurales, ahora más bien se ha completado un abanico mucho más grande en términos de disciplinas deportivas y sobre todo en alcance geográfico. Los atletas más temidos y con mayor potencial salían en los años 90 de lugares como Warnes, Montero o Camiri, con un notable bajón a principios de la década. Lo que se busca es retomar este camino y volverlo autopista.
Así, parece haberse retomado con fuerza la idea del deporte como integrador desde la base. Esta semana además ha comenzado la III edición de la Vuelta Ciclista a Bolivia en la que el potosino Soliz es uno de los favoritos, y que tiene suma importancia no sólo por cultivar los valores del deporte, que aunque cuestionables en algunas esferas de la alta competición internacional, calan hondo en la gran población en cuanto al estilo de vida sano, a nivel de hábitos de alimentación, disciplina y sostenibilidad ambiental. Recordemos que países como Bélgica, Holanda, Dinamarca o Luxemburgo están a la vanguardia en el uso de la bicicleta a nivel urbano, y ¡casualidad!, el ciclismo es el deporte nacional junto con el fútbol.
Otro punto interesante asociado al ciclismo es la convivencia con el entorno natural y los paisajes. Los “mejores documentales franceses” son considerados por muchos las transmisiones de etapas durante el Tour de Francia. Además, se cuentan por millones los aficionados que hacen caravanas cicloturísticas y viajes de turismo deportivo para acompañar el paso de las grandes competiciones, incluso maratones.
Además se fomentan las capacidades que el economista Amartya Sen llama de “agencia”, o de “querer ser” de la gente que repercute en su participación social y económica, además de la inclusión de jóvenes pobladores de áreas rurales. Durante los años que viví en España, entrenando con el Alto Rendimiento, noté que la gran mayoría de los atletas en ese país, provenían de regiones profundamente rurales o núcleos urbanos pequeños. Sus figuras, medallistas mundiales, como Marta Domínguez, Fermín Cacho, Isaac Viciosa o Abel Antón salieron de poblaciones más pequeñas que Quillacollo.
Como en todas las políticas hay que evitar caer en el fanatismo y el enfoque del deporte como herramienta ultranacionalista, como un fin, sino más bien como un medio. Recordemos las atrocidades que se han cometido en los países comunistas y en algunos capitalistas todavía hoy en esa escalada irracional por los resultados, que han devenido en cuotas altas de trampa, extorsión y dopaje. El deporte no debe ser un medio de propaganda sino de desarrollo humano.
Foto: AP

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