30 de noviembre de 2010

Impuestos, deporte y desarrollo

Publicado en Los Tiempos.
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Este mes, Evo Morales ha manifestado su interés por activar el deporte nacional y la herramienta de la cual se valdrá será el impuesto al tabaco y a las bebidas alcohólicas. Y aunque el dinero sea condición necesaria, no es suficiente. Habrá que hacer algo pocas veces visto en la dirigencia deportiva nacional: planificar y lograr sinergias multilaterales.
Recordemos que Bolivia no es un país que se haya caracterizado por planes de desarrollo. Nuestra ausencia de planificación se refleja en la ausencia de medallas olímpicas, siendo el único país de Sudamérica que no cuenta con ninguna. Pero aún recibiendo dinero, pueden existir riesgos. El problema podría venir cuando se riega demasiado la planta sin abono. Es decir, mucho dinero, poca institucionalización, búsqueda de resultados personales y ausencia de alianzas para ampliar el pastel.
En cuanto a la alta competición, se debe institucionalizar el estímulo de los deportistas a través de sistemas de premios/becas de forma objetiva y estable. Tan sencillo como ponderar medallas internacionales (Juegos Olímpicos, panamericanos, competiciones sudamericanas, bolivarianas y marcas notables) y premiarlas. Es muy peligroso comparar una medalla de un niño en un panamericano de bicicross con un puesto de finalista sudamericano en natación. Además, la institucionalización de estos estímulos debe ser firme. Hasta ahora no se ha visto ningún decreto en la Gaceta Oficial en el que se diga públicamente cómo serán estas recompensas a atletas y entrenadores de manera clara.
Luego, para garantizar que los recursos lleguen a sus destinatarios habrá que implicar en primer lugar a la opinión pública, formando a la prensa para valorar y ponderar los resultados, y en segundo lugar la participación de la empresa privada con sus patrocinios. Todavía no existe una ley que otorgue beneficios fiscales al empresario que apoya al deporte. También será importante dar atención específica de instituciones cooperantes internacionales, para las que siempre Bolivia es un país prioritario por sus indicadores de pobreza y las cuales suelen aportar cuando los actores implicados son múltiples y trabajan mancomunadamente.
Otro punto interesante será el de la aprobación de alianzas estratégicas y colaboraciones entre distintas disciplinas deportivas e incluso diferentes ramas del conocimiento, que generalmente trabajan de espaldas cuando no compitiendo. Se pueden combinar esfuerzos de sectores tan dispares como el de la educación superior, las instituciones relacionadas con salud, la instrucción militar, los empresarios textiles o el turismo deportivo. Uno de los problemas del Centro de Alto Rendimiento de fútbol de Vinto, proyectado hace más de una década y todavía inconcluso, fue que nunca se incluyeron otros proyectos y beneficiarios.
Por último, no hay que olvidar que fomentar el deporte no trata sólo de infraestructura sino de capital humano: formación de atletas y entrenadores. Se puede aprovechar la consecución y organización de grandes campeonatos internacionales como estrategia de desarrollo tanto a nivel humano como educativo por no mencionar las bondades que traen estos campeonatos internacionales en cuanto a la exposición de la “marca país”.
Hasta ahora en Bolivia no ha habido iniciativas integrales, salvo en casos aislados. Esperemos que esta nueva etapa con más recursos no vuelva el deporte un apetitoso botín de corrupción para dirigentes y atletas, ni que sature al contribuyente. El dinero o las rentas pasadas no bastan; para ejemplo Wilstermann, que aunque clasificado a la Copa Libertadores, baja a segunda, dejando en evidencia que faltó un proyecto serio.

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