17 de febrero de 2011

Cambalache en el Ministerio de Culturas

Publicado en Los Tiempos.

Esta semana Evo Morales ha decidido que Zulma Yugar no va más como Ministra de Culturas. La ex titular comentó no tener idea del móvil de la decisión pero afirma que la raíz está en la falta de comunicación. ¡Cuánta razón! la página web de su Ministerio no se actualizaba desde hace ocho meses. Pero además de los problemas de forma que señala Yugar, hay otros de fondo en cuanto a nuevas formas creativas de gestión y captación de recursos que no se han emprendido, y yendo más lejos, la necesidad de enfrentar los nuevos desafíos que trae la revolución tecnológica actual.

En primer lugar, Yugar desoyó recomendaciones de la Unesco en la gestión de Tiwanaku. Dicha institución supranacional expresó su preocupación con un comunicado oficial el 22 de marzo de 2010, cuando vio un mohoso y decadente complejo arqueológico. Según salía esta semana en el periódico La Razón, la Unidad de Arqueología y Museos (UDAM) del Ministerio de Culturas sigue aún descabezada.

En cuanto a la captación y administración de recursos (siempre escasos), y en una cartera donde la creatividad es el insumo central, se pueden tomar dos vías, incluso simultáneamente:

A.- Hacer: se puede ejercer el estímulo directo más común que suele ser a través de academias de bellas artes, elencos nacionales, centros culturales públicos y cualquier otra estructura clásica, pero también son efectivas las convocatorias de subvenciones de proyectos, que son transferencias para intervenciones con fines específicos y duración definida. Otra forma común es mediante transferencias a artistas en forma de becas, residencias e intercambios, o con transferencias de dinero a centros culturales, condicionadas a la enseñanza y a programas formativos.

B.- Dejar hacer: Los estímulos indirectos pueden ser por ejemplo fiscales. Deducciones impositivas a las empresas que destinen dinero a la cultura, o mediante la participación en entidades sin fines de lucro. Todavía no está sancionada una ley al respecto.

Los estímulos también podrían venir mediante coparticipación: creación de entes mixtos gobernados por un concejo de administración en el que estén representantes del ente público, de la empresa privada y de la sociedad civil en general, es decir los llamados en el mundo anglosajón public prívate partnerships.

También se puede colaborar al no estorbar: ayuda enormemente la simple cesión de un espacio en desuso. Ese ha sido el caso de proyectos exitosísimos como el club deportivo Olympic o el Martadero. Otra forma puede ser mediante el fomento de múltiples alianzas con fines únicos o accidentales, es decir que las transferencias se pueden dar condicionadas a alianzas entre grupos de interés. Por ejemplo, se puede premiar la realización conjunta de una campaña o festival, entre una empresa privada y un emprendimiento sin fines de lucro como ONGs, fundaciones/asociaciones, OTBs, etc.

La nueva ministra, Elizabeth Salguero, experta en temas de género, también se enfrentará a una estructura que se ha caracterizado por priorizar las manifestaciones folklóricas, patrimoniales y autóctonas, en detrimento de nuevas necesidades como el acceso al libro digital, la promoción del acceso a herramientas tecnológicas aplicadas al arte, el desarrollo económico local enfocado en la cultura, el estímulo de ciudades del conocimiento, el potenciamiento de clústeres culturales, la defensa de la propiedad intelectual, la archivística/biblioteconomía en nuevos soportes (incluidos el cine y la fotografía) y en general la democratización cultural. Son retos complicadísimos que deberá afrontar con creatividad.

2 de febrero de 2011

Democratización Cultural

Publicado en El Porta(l)voz

El eslogan que más se repite con la llegada de internet al campo humanístico es el de la democratización cultural. Se supone que con el internet sectores de la población que no tenían acceso a la cultura ahora sí lo tienen. Y aunque esa afirmación no es universal, se pueden observar esbozos de avances.

Estos días llegará a La Paz uno de los grupos referentes de la cultura popular a nivel mundial, y que fue protagonista de la contracultura occidental de los años 70, fundado por el finado Jim Morrison: The Doors. También uno de los paradigmas del posmodernismo pop latino, Shakira, tocará en Santa Cruz.

Asimismo se ha inaugurado esta semana la galería virtual de visitas a museos de Google. La plataforma se llama Google Art Project y desde el lunes se pueden visitar museos como el MOMA de Nueva York, el Reina Sofía de Madrid o la Tate de Londres utilizando tecnología similar a la de Google Earth.

También el cine está tratando de abarcar estos nuevos espacios. Festivales de cine on-line como el de cortometrajes español NotodoFilmfest ha seleccionado a 150 finalistas de casi mil videos que fueron puestos a competición y el jurado cuenta con directores ganadores del Goya a mejor director como Daniel Monzón o Javier Fesser. Este año hay una artista boliviana, Denisse Arancibia, con su corto “Eterna”. Incluso ya hay festivales de largometrajes como el Filmin con cabida para cine en habla hispana que no ha alcanzado distribuidores regulares.

La revolución del internet actual cambia los paradigmas de consumo cultural. Las redes sociales y las nuevas plataformas como YouTube dan mayor acceso a, por ejemplo, usuarios de obras audiovisuales, documentales o de ficción a las que antes era muy difícil o imposible acceder. Precisamente YouTube es el medio de comunicación de masas del mundo.

No obstante, las desigualdades de acceso, distribución y dotación social y cultural, aun siendo un fenómeno antiguo, contrastan con la paradoja que trae la mundialización en cuanto a homogeneidad de contenidos culturales oficiales (y de concentración del capital) y de diversidad de expresiones. Estas disparidades culturales todavía son enormes y no sólo suceden entre países sino, dentro de ellos, entre los segmentos que más renta ganan y los que menos.

Hay noticias alentadoras aunque en Bolivia queda mucho camino por recorrer. La Fundación Imagen de Cochabamba ha publicado en Los Tiempos esta semana los resultados de una encuesta virtual de hábitos culturales de la cual deducen un bajo consumo cultural (El 64 por ciento de los cochabambinos va entre una a 10 actividades al año). Esto además puede estar subestimado ya que al ser una consulta virtual, los encuestados o son personas con acceso frecuente a páginas culturales o se trata de un estrato con alto poder adquisitivo, por lo que se intuye que el consumo es más bajo aun.

En este sentido, se puede ver que las diferencias todavía no se han limado del todo. Las disparidades de acceso a formación crítica, diferencias de capacidad de inversión de tiempo, desigualdades de acceso a computadoras, a conexiones veloces, a programas de apoyo a producciones locales y nacionales limitan mucho un intercambio que crece a gran velocidad y que probablemente logre lo que sociólogos y futurólogos han llamado democratización cultural.