13 de abril de 2011

El deporte y la gestión creativa

Foto: Roco Foto. Publicado en Los Tiempos. ----
Esta semana pasada han sido concedidas a nuestros deportistas nacionales las becas de Solidaridad Olímpica. Dichas becas consisten en una jugosa suma de dinero mensual para los atletas con más posibilidades de representar al país en los Juegos Olímpicos, en este caso de Londres el próximo 2012, entre los que destaca la joven nadadora Karen Tórrez, quien junto con Leandro Pérez, son los únicos representantes de Cochabamba. El patrocinador de estas becas es el Comité Olímpico Internacional, con sede en Suiza, a través de su fundación Solidaridad Olímpica, con el fin de potenciar atletas que, por la misma situación de pobreza de sus respectivos países o por la inoperancia de sus autoridades deportivas, no puedan recibir ayudas económicas dignas. Estas colaboraciones muchas veces son las que permiten salvar la “muerte por inanición” del deportista, ya que son contadísimos los casos en los que éste recibe otros patrocinios.


El problema que se adivina en el ámbito deportivo es el mismo que en otras ramas de la cooperación internacional: la institución donante realiza un fuerte desembolso y la contraparte se limita a recibir el monto sin ampliar el pastel. No gestiona, sólo opera como una cuenta bancaria: lo que recibe, es lo que entrega (suponiendo buena fe, claro está). No se buscan (o quizás no se encuentran) posibles inversores internos, ni siquiera con la reciente promesa gubernamental de dedicar parte de la tajada impositiva al deporte.

Hay que notar, no obstante, que cuando menos se ha dado un paso adelante. Mientras que el anquilosado equipo gestor del Comité Olímpico Boliviano, del periodo previo, difícilmente pudo gestionar la exigua cantidad de dos becas (la de Irusta y la de quien escribe), el remozado equipo actual ya ha logrado el avance de conseguir este año siete cupos, lo que en sí es un progreso.

Aún así, hay una importante cantidad de empresas que se frotarían las manos, en caso de comprender la magnitud del emprendimiento, al hacer uso de su “responsabilidad social”, endosando los colores y logo de su negocio en las camisetas y buzos de los deportistas. No hace falta hacer comparaciones con Estados Unidos o países europeos en la materia. Ecuador, con sus rentas vitalicias a medallistas internacionales o Chile, con su plan ADO, sin ir más lejos, demuestran exitosos modelos de gestión público-privada conjunta, que benefician directamente a atletas y entrenadores.

A poco más de un año de los Juegos Olímpicos de Londres y medio de los Juegos Panamericanos de Guadalajara (42 países en liza y verdadero termómetro del deporte boliviano), lo que en términos de plazos deportivos es casi nada, hay un tiempo quizás suficiente para lograr asociaciones colaborativas y no llegar a estas citas sin siquiera material deportivo decente como ha sido la costumbre en las décadas precedentes. 

Recordemos que escribir un correo electrónico mostrando un proyecto a empresas deportivas como ASICS o Nike cuesta unos centavos. Menos todavía hacerlo a empresas locales y administraciones públicas ahora diversificadas en el marco de las Autonomías. Si Irak, Guatemala o Somalia pueden hacerlo, ¿por qué Bolivia no?

*El autor fue becario de la Fundación Solidaridad Olímpica.

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