26 de abril de 2011

Instituto Laredo: Patrimonio Cultural e Inmaterial de Bolivia

Como casi siempre ocurre, las iniciativas privadas o las que emanan directamente de la sociedad civil son las que tienen más éxito. Esta semana se ha designado como Patrimonio Cultural e Inmaterial de Bolivia al Instituto Laredo, por sugerencia del senador Adolfo Mendoza en representación de miles de voces.

Franklin Anaya fue el verdadero impulsor del proyecto y se pueden ver mejor en este reportaje algunas de sus virtudes.

Verdadera cuna de músicos y artistas en general, este proyecto piloto, que demuestra la hoy muy de moda gestión público-privada, ya cuenta con varias décadas a sus espaldas.

Personajes (incontenibles en este corto espacio) tan variados como el erudito pianista y catedrático de la Universidad Fryderyk Chopin de Varsovia Ramiro Sanjinés, el premio nacional de novela Gonzalo Lema, el popular comediante cochabambino Pocholo o la recordista nacional de atletismo Leslie Arnez han pasado por sus aulas y demuestra la polivalencia de esta fábrica.

La iniciativa y relidad del Laredo se ha complementado para alegría de los bolivianos con otros casos privados (con algunas similitudes) como los de la Fundación Schwimmer en Cochabamba, el Teatro de los Andes en Sucre, la Escuela Nacional de Teatro –Hombres Nuevos en Santa Cruz o el Proyecto Martadero en Cochabamba, y pueden (o deben) ser los modelos a seguir. Esperar que el estado satisfaga, equitativamente, las demandas de la sociedad civil es muy difícil cuando se trabaja con diligencia y cuando se lo hace con negligencia, imposible.

Estas plataformas y espacios son hoy en día señas incuestionables de identidad local y nacional, a las que se debe impulsar y, por qué no, subvencionar desde el Estado, mediante convocatorias abiertas y concejos equitativos. Hacia allí debería mirar el Ministerio de Culturas para replicarlo en las zonas rurales y en ciudades menos favorecidas, descentralizando. Lo demás es burocracia obsoleta y cara.

Ya hemos visto que la aparición de ilustres figuras nacidas en Bolivia como la de Jaime Laredo, director de la Orquesta Sinfónica de Vermont en Estados Unidos (para quien necesitaríamos varias páginas para narrar sus éxitos y logros) no es imposible. El Instituto Laredo ha sido una de las instituciones que ha mostrado por dónde se debe caminar, no sólo para conseguir artistas de calidad, sino también aportando en la educación humanista, en el sentido amplio del término.

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