20 de septiembre de 2011

BAU: La revolución (del arte) está en la calle

  Publicado en Los Tiempos
  
     Hasta hace unos años, lo más atrevido en el arte estaba fundamentalmente dentro de las galerías, quizás tras el legado de las vanguardias francesas en la transición del siglo XIX al XX y luego en el Nueva York de Andy Warhol. Pero a las puertas del siglo XXI muchas cosas han cambiado. El acceso a la cultura se ha atomizado, causando que una porción del arte se encapsule a ciertas élites y otra muy importante se democratice para permear en nuevas capas de la sociedad.


En este segundo grupo de nuevas capas, tradicionalmente menos atendido por el mercado y por la crítica especializada –por lo menos hasta lograr alcanzar el mainstream-,  podemos ver una vitalidad inusitada. El arte más vivo actualmente quizás provenga de las artes callejeras, y no solamente de la mano de la superestrella británica más mediática de la actualidad, Banksy, sino de un robusto grupo de artistas, muchas veces anónimos, repartidos por todo el planeta.

En Cochabamba, el arte más reivindicativo y que ha gozado más vigor en los últimos años se ve en el mARTadero, verdadero detonador de emprendimientos culturales y artísticos con una perspectiva de cambio social.
Su más reciente apuesta es la Bienal de Arte Urbano –BAU- que durante 15 días revolucionará la zona sur de Cochabamba, específicamente mediante intervenciones en Villa Coronilla, a través de colores, texturas, ideas e ilusiones.

La solidez del evento no gravita solamente en sus expositores, sino en la firmeza de la propuesta, en su misión –sintetizada en un sesudo alegato en la página web-, en la capacidad de interacción social con un barrio tradicionalmente postergado por las administraciones públicas en cuanto a su dotación de servicios culturales y en que se apuntala mediante un compacto código ético, causando que la Bienal de Arte Urbano sea algo muy diferente a una exposición de arte de calle.

El código ético, fundamentado en la preocupación por intervenciones irrespetuosas que llevan a la gente a identificar el arte urbano con el vandalismo, comprende siete puntos que abarcan una profunda idea de respeto por el otro, por el patrimonio y por la libertad de creación, en una lógica constructiva, lúdica, colaborativa y en un ambiente de profesionalidad. En palabras del director del mARTadero, Fernando García, este código, como todos los códigos, constituye sólo una reflexión sobre las posibles razones de nuestro actuar. El concepto central del evento parte del prefijo trans: transformador, transgresivo, transdisciplinar, transitorio, transituacionista, transvanguardista, transmisor, transpersonal, transmoderno y translúcido e indaga lógicas ocultas laterales,  narrativas  paralelas de la ciudadanía, resignificaciones de contenidos y de espacios residuales, rescate de lo cotidiano y críticas a hegemonías. Lo simbólico y lo artístico de la mano para lograr reflexiones y cuestionamientos, personales y colectivos.

Hace unas semanas María Galindo, de Mujeres Creando, caviló sobre el arte contemporáneo nacional a propósito de su negativa a exponer en el Siart de La Paz, argumentando que ese tipo de eventos estaba limitado a “cuatro calles y familias”.  De ser cierto su razonamiento, iniciativas como la BAU de Cochabamba irían encaminadas a ampliar esas cuatro calles.

Imagen tomada del portal de la BAU en la web del Martadero. www.martadero.org 

7 de septiembre de 2011

Cronistas avant garde

Publicado en Los Tiempos, en Página Siete y en la revista literaria on-line Ecdótica.

   Hacia el final de la década las redes sociales, leídas a través de dispositivos móviles, van a ser las principales fuentes físicas y de referencia para consultar noticias. Una revolución frente a las mañanas de café y sol que mis padres empleaban durante sus domingos “a la potosina” a través de la Los Tiempos, edición papel.

Ahora generalmente las noticias nos llegan cuando ya las conocemos por un histérico twittero o por el copy-paste compulsivo en Facebook, quedándonos hambrientos de un verdadero relato. Incluso han aparecido nuevos sitios de referencia con reputación ascendente como el Huffington Post, que le hace la competencia a su medio tocayo de Washington, con la diferencia de que aquel no circula en papel y ya ha extendido sus tentáculos por Europa: la cofundadora Arianna Huffington es parte del consejo directivo del periódico español de más tiraje, El País.

En estos cambios, asoman ciertos peligros como la pérdida de profundidad o de credibilidad -enlatados Efe, acoso de bloggers- siendo un miedo parcialmente justificado ya que el hambre por las buenas letras va a existir siempre.

El click del asunto gravita en el cómo se cuentan las historias, haciendo que el periodismo en su vertiente más poética espabile de la mano de la crónica literaria. No obstante vale recordar que la crónica ya obtuvo pedigrí en las exploraciones transoceánicas coloniales, siendo clásicas en Bolivia las de Arzans de Orsua y Vela sobre Potosí. Modernamente, el New Yorker, una de las revistas de actualidad cultural y política con más difusión del mundo, lo viene haciendo desde hace varias décadas. Incluso en habla hispana destaca la renovada Letras Libres, una actualización de la vieja revista de Octavio Paz, Vuelta, sin ser un hecho del todo aislado.

En América Latina ha habido un reflorecimiento de este tipo de textos, aunque todavía responda más o menos al gusto de sibaritas. García Márquez es el padrino de la región a través de su Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, junto con otros notables como el argentino recién fallecido Tomás Eloy Martínez  o del mexicano Juan Villoro. Gatopardo, SoHo, The Clinic, Frontera D, Orsai, Emeequis y sobre todo la peruana Etiqueta Negra son las revistas que han abanderado el movimiento.

Este subgénero parece ser uno de los más dinámicos actualmente ya que se apoya en detalles, sensaciones y la atmósfera que rodea el hecho mismo; el objetivo final es el de crear una experiencia emocional más que racional. Un gran escuela ha sido el periodismo deportivo, subgénero experto en enganchar lectores contando goles que no se ven mientras se lee o se oye el hecho, asumiendo el cronista ser el ojo del espectador que no ha podido acudir al estadio. También han aportado lo suyo los cronistas de guerra, guiados en Bolivia por el gran Juan Carlos Gumucio informando desde el frente de guerra en Beirut o Líbano.

Precisamente en este país, uno de los nuevos cronistas que pone colores, sabores, y texturas a sus relatos ha sido Alex Ayala, primero con la ya desaparecida revista Pie Izquierdo, y ahora participando del proyecto Viaje al corazón de Bolivia, junto con otros narradores como Benjamín Chávez o Liliana Carrillo, contando a su manera, historias tangenciales relativas a pobladores de parajes alejados, en tres etapas según distintas zonas geográficas, patrocinados por la oficina nacional de Naciones Unidas y Página Siete.

Casi suena a paradoja que la vanguardia de la prensa escrita venga de uno de los subgéneros más antiguos, aunque ahora enriquecida de un lenguaje más urbano y más vivo.

2 de septiembre de 2011

Cayetano Llobet: así nomás había sido

    Hace pocas semanas el Inter-American Dialogue de Washington DC, think tank especializado en el análisis político de la región, invitó a Cayetano Llobet a compartir su último análisis en público.

Para tal ocasión, sabiendo él que le quedaban apenas unos días de vida, encaró una brillante exposición en la que repartía cera para todos, con altísimas dosis de humor, haciendo un resumen de la coyuntura política boliviana y de América Latina: se centró en Evo Morales, en sus frases célebres apoyándose en los textos de Evadas y contrastando los dichos del Presidente con el sentido común o simple lógica en relación a sus inconsistencias discursivas. Hubo tiempo también para recordar el fracaso, a sus ojos, de la Asamblea Constituyente, el posible punto de inflexión del gobierno del MAS a partir del gazolinazo y el notable debilitamiento de Chávez - tanto simbólico como físico-. También recordó críticamente a Lula da Silva, enunciando la que supone que es su ecuación en referencia a la región: "a menos EEUU, más Brasil". Inclusive esas dos horas escasas de exposición le alcanzaron para ser crítico -una vez más- con Tuto Quiroga y sus concesiones parlamentarias, aún siendo éste miembro del consejo directivo de la institución que lo invitó a la intervención.

Cuando en la última pregunta de la ronda le cuestionan sobre el futuro de la patria boliviana, él, sereno, se anima a decir: "no hay futuro" y luego matiza "como nosotros la hemos entendido".

Cayetano ha ayudado a tratar comprender ideas referentes a la política boliviana, con sus más y sus menos, a mucha gente. Con destellos de sorna, acritud, rabia, pasión, lucidez y decisión solía decir con esa voz criolla: "así nomás había sido". Agradecido por ello, me uno con este encomio, al recuerdo de una voz crítica poco común. QEPD.

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En un tiempo extra, me acerqué para hacerle una breve entrevista, a propósito de la dictadura de García Meza y sus métodos represivos. Este es el testimonio que vivió Cayetano Llobet aquellos días, militante junto a Marcelo Quiroga Santa Cruz del más serio proyecto de izquierda que haya habido en la Bolivia contemporánea:

Llobet[1] es una de las personas que mejor puede hablar en primera persona acerca de los hechos ocurridos el día del Golpe de Estado de García Meza aquel 17 de julio de 1980 ya que se encontraba en el recinto donde mataron al ex ministro y diputado socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz.
Fue parte del reducido grupo de personas que se reunieron aquel día en la sede de la COB, siendo las voces más legitimadas para debatir acerca del momento crítico por el que pasaba el país.
 A pocas horas de la caída del gobierno de Lidia Gueiler, estaba casi todo decidido. Llobet recuerda que por aquellos tiempos, estaban algunos grupos embarcados en un proyecto conspirativo. Ya tenían contactos con militares argentinos.
Los militares, García Meza; tenian contactos con el régimen argentino. La idea era realizar intercambio entre efectivos y armamento argentino por droga boliviana. Objetivo: eliminar a Lidia Gueiler. Había mucha relación entre militares bolivianos y argentinos. El golpe extrañamente comienza cuando estamos reunidos en la C.O.B.,[miembros del] Comité de Defensa de la Democracia, institución que se hizo permanente. Cuando estábamos ahí, se aprobó el documento de bloqueo de caminos y huelga general. Fue el momento en que en ambulancias, que saliendo del Estado Mayor, coparon la C.O.B., comenzaron a disparar, y nos tomaron presos. En el momento en el que estábamos presos, con las manos en la nuca, uno de los paramilitares reconoció a Marcelo, entonces me impidió el paso, Marcelo siguió bajando las escaleras, y le dispararon, en las gradas de la COB. [El paramilitar] lo mató. A mí me tocó pasar sobre el cuerpo de Marcelo.
Luego, a mí me llevaron al Estado Mayor y [más tarde] a un campo de concentración, en Puerto Cabinas, en el [Departamento del] Beni. En el Estado Mayor estuvimos en las caballerizas, después nos llevaron a [las oficinas de] la D.O.P., que era en el anexo del Parlamento.Corrí el riesgo, como Flores y compañía, pero iban por él [por Marcelo].Luego estuvimos [sometidos a] interrogatorios y torturas por parte de ellos, en las celdas del D.O.P., donde fueron todos los interrogatorios. Ellos nos encapuchaban, tú tenías la capucha con la sangre del anterior incluso, por lo que no podíamos saber quiénes eran. [Había] maltrato físico: gritos, culatazos, golpes con maderas, te hacían sentar en el suelo y te golpeaban las nalgas, golpes en las manos y te rompían dedos. La mayor parte eran argentinos.
[Después] de la D.O.P., estuvimos a cargo oficialmente  de militares y en unidades militares. El campo de concentración de Puerto Cabinas era una unidad de la Naval. Ahí yo estuve [de julio] hasta diciembre. Éramos prisioneros que nos dedicábamos a cortar maderas [y otros trabajos]. Éramos como 70 personas, 51 al principio y luego el resto, todos vinculados con asuntos políticos. 

[1] Entrevista realizada a Cayetano Llobet en Washington DC, en Julio de 2011 por Fadrique Iglesias a publicarse próximamente en un texto sobre la influencia del ex nazi Klaus Barbie en Bolivia. Llobet es un destacado analista político y fue una de las personas que estuvo en la mentada reunión de la COB, el día del golpe de Estado de García Meza, aquel 17 de julio de 1980.

Fotos: Fadrique Iglesias y Fabián Soria