7 de septiembre de 2011

Cronistas avant garde

Publicado en Los Tiempos, en Página Siete y en la revista literaria on-line Ecdótica.

   Hacia el final de la década las redes sociales, leídas a través de dispositivos móviles, van a ser las principales fuentes físicas y de referencia para consultar noticias. Una revolución frente a las mañanas de café y sol que mis padres empleaban durante sus domingos “a la potosina” a través de la Los Tiempos, edición papel.

Ahora generalmente las noticias nos llegan cuando ya las conocemos por un histérico twittero o por el copy-paste compulsivo en Facebook, quedándonos hambrientos de un verdadero relato. Incluso han aparecido nuevos sitios de referencia con reputación ascendente como el Huffington Post, que le hace la competencia a su medio tocayo de Washington, con la diferencia de que aquel no circula en papel y ya ha extendido sus tentáculos por Europa: la cofundadora Arianna Huffington es parte del consejo directivo del periódico español de más tiraje, El País.

En estos cambios, asoman ciertos peligros como la pérdida de profundidad o de credibilidad -enlatados Efe, acoso de bloggers- siendo un miedo parcialmente justificado ya que el hambre por las buenas letras va a existir siempre.

El click del asunto gravita en el cómo se cuentan las historias, haciendo que el periodismo en su vertiente más poética espabile de la mano de la crónica literaria. No obstante vale recordar que la crónica ya obtuvo pedigrí en las exploraciones transoceánicas coloniales, siendo clásicas en Bolivia las de Arzans de Orsua y Vela sobre Potosí. Modernamente, el New Yorker, una de las revistas de actualidad cultural y política con más difusión del mundo, lo viene haciendo desde hace varias décadas. Incluso en habla hispana destaca la renovada Letras Libres, una actualización de la vieja revista de Octavio Paz, Vuelta, sin ser un hecho del todo aislado.

En América Latina ha habido un reflorecimiento de este tipo de textos, aunque todavía responda más o menos al gusto de sibaritas. García Márquez es el padrino de la región a través de su Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, junto con otros notables como el argentino recién fallecido Tomás Eloy Martínez  o del mexicano Juan Villoro. Gatopardo, SoHo, The Clinic, Frontera D, Orsai, Emeequis y sobre todo la peruana Etiqueta Negra son las revistas que han abanderado el movimiento.

Este subgénero parece ser uno de los más dinámicos actualmente ya que se apoya en detalles, sensaciones y la atmósfera que rodea el hecho mismo; el objetivo final es el de crear una experiencia emocional más que racional. Un gran escuela ha sido el periodismo deportivo, subgénero experto en enganchar lectores contando goles que no se ven mientras se lee o se oye el hecho, asumiendo el cronista ser el ojo del espectador que no ha podido acudir al estadio. También han aportado lo suyo los cronistas de guerra, guiados en Bolivia por el gran Juan Carlos Gumucio informando desde el frente de guerra en Beirut o Líbano.

Precisamente en este país, uno de los nuevos cronistas que pone colores, sabores, y texturas a sus relatos ha sido Alex Ayala, primero con la ya desaparecida revista Pie Izquierdo, y ahora participando del proyecto Viaje al corazón de Bolivia, junto con otros narradores como Benjamín Chávez o Liliana Carrillo, contando a su manera, historias tangenciales relativas a pobladores de parajes alejados, en tres etapas según distintas zonas geográficas, patrocinados por la oficina nacional de Naciones Unidas y Página Siete.

Casi suena a paradoja que la vanguardia de la prensa escrita venga de uno de los subgéneros más antiguos, aunque ahora enriquecida de un lenguaje más urbano y más vivo.

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