2 de diciembre de 2011

Spiderman, la unión y la red


Publicado en Los Tiempos.



La consigna para 2012 (en realidad mucho antes) es clara: conectarse a la red o morir. Lo que de chicos veíamos como el universo del arácnido superhéroe Spiderman se ha vuelto realidad. Nuestra vida se ha transformado en un continuo escalar por esos nodos en los que tan raudamente se movía aquel.

Con la noción del Internet de las cosas comenzando a merodear nuestro imaginario, principalmente en referencia a la interconexión de objetos y usos ordinarios desde esa red como el correo, la cuenta bancaria, nuestro equipo de sonido, nuestro reloj/cronómetro o el GPS, esta idea ha sido principalmente impulsada por una gigantesca campaña de IBM, y nos acerca inevitablemente a un mundo regido desde arriba, desde una suerte de deidad situada en esa nube cibernética llamada “cloud computing”.

Pero si descendemos mas ya podemos notar “serios signos” de convivencia: en el mundo empresarial vemos exitosas empresas nacionales como Jalasoft, vemos la enorme y creciente influencia social de los cibercafés, vemos el rol de los dispositivos móviles y hasta los equipos informáticos repartidos por el gobierno –con la cara de Evo arbitrariamente en el dorso de un objeto pagado con dinero público—y sobre todo, lo hacemos gracias al avasallador proceso de urbanización.

A nivel de la administración pública local, el impulso es el de seguir esta frenética carrera, sin tener ellos la capacidad (ni la obligación específica) de ir a la par, al no necesitan ser competidores aunque sí facilitadores, debiendo encarrilarse en el “Internet de la burocracia” tarde o temprano.

Pero pensemos primero en pequeño, en nuestro contexto específico. El hecho que nuestro país tenga una larga tradición sindical, (somos muy hábiles para unir pequeñas porciones de desacuerdos individuales en una sola voz más grande) es una necesidad que el Internet trata de cubrir, y aunque milenaria se ha vuelto casi obligatoria en los tiempos que corren.

En el terreno cultural en Cochabamba, Fernando García, director del Proyecto mARTadero ha insistido sistemáticamente en introducir ese espacio en una suerte de sistema de redes con otros centros similares. Algunas de estas redes han abierto posibilidades con cada interconexión y hoy el mARTadero, 6 años después de su apertura es un importante modo cultural a nivel nacional y quizás regional, por su capacidad de cambio social y de encuentro.

En cuanto a los municipios, un organismo internacional sin fines de lucro asentado en EEUU, Sister Cities International, ha tratado de interconectar actividades socioculturales entre ciudades de distintas partes del mundo con una coincidencia cultural o dimensional. Según sus registros, Miami es “ciudad hermana” de Santa Cruz y también de Cochabamba (aunque de forma “emérita”, lo que en el papel significa que sin efecto) y Oruro de Salt Lake City, con resultados nada tangibles en la Llajta, a pesar de que en la web hasta se facilita el cómo hacerlo con unos pocos clicks.

El condado de Arlington (Virginia, EEUU) por ejemplo es uno de los lugares en el mundo con más emigrantes bolivianos residentes y está hermanado con otras urbes como San Miguel, Coyoacán, Reims y Aachen. Con estos últimos han preparado una exposición de intercambio de artistas locales, basados en ese “hermanamiento”. Por su parte, en la debilitada Europa, uno de los vertebradores del imaginario de unidad, sobre todo en los segmentos jóvenes, fue el programa Erasmus-Sócrates, que consiste en una red de intercambios homogéneos interuniversitarios entre países tanto para profesores como para alumnos.

Llegó el momento de tejer las redes efectivamente, para las nuevas generaciones, desde las grandes empresas, pasando por los municipios, hasta llegar a pequeñas asociaciones, para así ganar mayor voz y presencia, tal y como los fundadores del movimiento sindical, allá por 1800 lo soñaron.

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