26 de enero de 2012

El Volcán de Potosí se llama Óscar


Los volcanes suelen estar rodeados de montañas y su peligro es latente; nunca se puede descartar del todo su erupción. En Potosí hay uno encendido, no se llama Tunupa ni Licancabur, sino Óscar, alias el Volcán de Potosí. Se trata pues de un delgado muchacho, cobrizo y de Villazón, ciudad de 40 mil habitantes fronteriza con la Argentina.

Óscar Soliz Vilca, por sus logros, es seguramente el más importante deportista de Bolivia en disciplinas olímpicas de la actualidad. Es campeón Bolivariano de contrarreloj individual en ruta y ha ganado las competiciones ciclísticas más importantes –nacionales e internacionales-- que se corren en el país, a la sazón la Vuelta a Bolivia y su antecesora Doble Copacabana, la Sucre-Potosí, la Vuelta a Cochabamba o los campeonatos nacionales en ruta y contrarreloj.

Pero esta temporada ha parecido dar el salto definitivo, fichando por el equipo Movistar Continental, filial de uno de los más grandes del mundo, el Movistar Team, heredero de la estructura “piramidal” donde ha competido gente como los españoles ganadores del Tour de Francia y Vuelta a España Miguel Induraín y Alejandro Valverde, y más cercanos como el venezolano José Rujano, pódium en un Giro de Italia. Con sus nuevos compañeros de la rama sudamericana, Soliz ha ganado una etapa hace pocas semanas de la Vuelta a Costa Rica.

Se podría afirmar que, quitando a futbolistas, es uno de los escasísimos deportistas profesionales de Bolivia, tanto que se pueden contar con una mano, utilizando la acepción más monetaria –en perjuicio de la cualitativa—del término, ya que prácticamente nadie vive del deporte por estos pagos.
Dar pedaladas 6 horas diarias, arriesgando la salud, la educación formal y las obligaciones familiares no es sencillo. Estamos hablando del deporte probablemente más absorbente en términos de tiempo y bienestar físico. Para mantener a su familia, además de su club, recibe ayuda del Viceministerio de Deportes (vía FID) y de un par de instituciones privadas.

Entre sus objetivos importantes de la temporada está la Vuelta a Colombia, país donde el ciclismo es un asunto nacional y en el qué saben bien cómo se mueve esa industria. Allí precisamente conoció a uno de sus grandes amigos del pelotón, el ciclista Libardo Niño a quien guarda cariño. Igualmente aprecia como amigo de profesión al cruceño Yamil Montaño, y admira  a Lance Armstrong aunque evade comentar el caso Contador.

Pero a Óscar le quedan por cumplir un par de sueños deportivos, cada vez más cercanos: competir en Europa, ya sea en las clásicas flamencas o en una de las Tres Grandes, y en unos Juegos Olímpicos, gusto reservado hace cuatro años a otro buen ciclista boliviano, Horacio Gallardo.

Y aunque ya quedan pocos meses para los Juegos de Londres, Soliz dice no saber nada sobre el asunto. De hecho todavía no se ha dado una lista de los preclasificados más allá de los beneficiarios de las becas de la fundación con sede en Suiza, Solidaridad Olímpica.

Paso a paso, es la idea. Seguramente no habrá una medalla olímpica en 2012, ni una etapa en el Tour, pero ya ha cumplido el sueño de muchos, hacer del deporte una forma de vida (seguramente desmintiendo alguna teoría de profesores de corte clásico) y sobre todo, demostrar que, al menos se puede competir en igualdad de aspiraciones y hasta colgarse medallas, no importa si el rival ha nacido en Buenos Aires, Bogotá o Villazón.


11 de enero de 2012

“Memorabilia” y otras intimidades literarias


Publicado en el diario Los Tiempos, Página Siete, Ecdótica y en el blog de Claudio Ferrufino Coqueugiot. Ilustración de Jaime Saenz, para la obra teatral La noche del viernes. Publicada en La Mariposa Mundial Nº 18, 2010. 


            Desde la infancia nos hemos esforzado por conseguir la llave del diario juvenil de nuestras hermanas mayores. Ahora con Facebook todo es mucho más fácil, ya que no sólo ellas, sino los cientos de contactos que tenemos, se esfuerzan por mostrar pedazos de su intimidad, más todavía con el nuevo “timeline”, que pretende llegar a ser un gran libro o secuela de recuerdos, todo en apariencia muy entrañable.
Ya lo sugirió Enrique Vila-Matas en una novela suya, “Extraña forma de vida”. Las personas comunes, pero más todavía quienes escriben, son curiosos compulsivos, que se esfuerzan por escudriñar en la privacidad del resto de la gente, teniendo siempre un prisma más exhibicionista, por muy pudorosos que sean.

Los diarios personales, a veces secretos, han sido un subgénero latente en la literatura, digamos que de culto, igual que la literatura epistolar. Ana Frank ha dejado quizás el relato personal más leído (y vendido) sobre las penurias durante la II Guerra Mundial; Oscar Uzín, ganador del Premio Nacional de Literatura Erich Guttentag en Bolivia y sacerdote dominico, defendía los diarios como una potencial escuela primaria de todo escritor; Rodrigo Hasbún y Maximiliano Barrientos, por su parte, han hecho de esta plataforma una pasión, reflejándose en la forma de su escritura y en sus inquietudes académicas; inclusive el Premio Nacional de Novela de este año ha recaído sobre la obra “Diario Secreto”, firmada por Claudio Ferrufino-Coqueugniot.

En el mercado anglosajón, las editoriales han respondido con éxito a estos impulsos de curiosidad con la edición de textos dedicados a lo que llaman “memorabilia”. El célebre cronista norteamericano del exceso, refundador del nuevo periodismo y conocido por impregnar de subjetivismo al objeto, Hunter S. Thompson, recopilaba vivencias, anécdotas y fotografías de lo que ahora se conoce como el periodismo Gonzo, una suerte de narrativa de la experiencia.  El autor de “Miedo y asco en Las Vegas”, encarnada en el cine por Johnny Deep y Benicio del Toro, durante un viaje a Bolivia mencionado en “Cartas de miedo y asco, vol. 1: La carretera orgullosa”, apuntó destellos de su malditismo y vida de bohemia entregada al alcohol y a las drogas, dejando escrito en La Paz en 1962: "Estoy tratando de salir de aquí, en el tren de la selva, pero el hotel no aceptará mi cheque, así que no puedo salir. Me siento en la habitación a tocar el timbre por más cerveza. La vida ha mejorado enormemente desde que me he visto obligado a dejar de tomarla en serio”.

Pero la intimidad literaria no se reduce a los impulsos pasionales puntuales, mezclándose éstos a veces con proyectos literarios potentes. Si en el mundo hispano la literatura epistolar entre los argentinos Bioy Casares y Borges ha dejado abundante material para el análisis, el estudio y el recuerdo nostálgico, en Bolivia en 2010 se contó con una iniciativa valiosa, promovida por el poeta Rodolfo Ortiz, exbaterista de Loukass, recuperando cartas, folletos, poemas, revistas y dibujos de uno de los escritores más importantes de la historia boliviana, Jaime Saenz, en el especial de la revista literaria “La mariposa mundial” nº 18, y ya parece ser objeto de colección.

Llámense diarios personales, cartas, memorias, blogs, libretas moleskine, agendas gráficas o álbumes de fotos escritos a mano, “timeline” o biografía de facebook, necesitamos y nos interesamos por esa parte que no se quiere mostrar frontalmente pero que nos gustaría que se conozca algún rato.