8 de febrero de 2012

Culturas: por pedir que no quede


Publicado en Los Tiempos.

Aunque los Reyes Magos ya han pasado de largo hace un mes, todavía queda una esperanza de comenzar con regalitos el 2012 en materia cultural, confiando en que el nuevo ministro Pablo Groux -uno reciclado- que vuelve tras un breve periplo por tierras galas como embajador ante la UNESCO, traiga nuevos vientos.
A propósito de la cutivuelta de Groux, a los moderadores de las redes sociales de las revistas Lamalapalabra y LaRamona se les ha ocurrido hacer sendas tertulias 2.0 y preguntar qué queríamos los lectores sugerir, algo que se obvió en la pasada gestión: la participación vía internet. Entre las peticiones había reivindicaciones varias, desde el fomento de microemprendimientos culturales, pasando por el desarrollo del apartado educativo dentro de lo cultural,  hasta la exportación de las industrias culturales nacionales. El mismo Groux en sus cuentas de twitter y facebook lo hizo, en un ejercicio que su predecesora Salguero olvidó, al menos cuando propuso la Ley de Mecenazgo.
Y aunque Groux ha señalado que las prioridades apuntarían a Samaipata, Tiwanaku, Sucre, el Cerro Rico y las Misiones, una papa caliente es precisamente aquella Ley que permitiría que empresarios y ciudadanos dirijan sus dádivas hacia proyectos de interés social, con el aliciente de recibir beneficios fiscales. El asunto se amplía cuando se reconoce que el mecenazgo abarca otros ámbitos más allá de los culturales, haciendo que, al igual que el Godot de Becket, su entramado legal esté “a puntito de hacerse efectivo”, desde hace muchos años.
Pero ya que se nos pregunta, sugeriría dar un vistazo a la conexión cultural como herramienta de desarrollo local, regando el arbolito para que crezca desde abajo hacia arriba y sean las propias comunidades, asociaciones, barrios, OTB y usuarios directos, quienes desarrollen sus propuestas, dejando un frondoso bosque, en línea a lo que pretende, por ejemplo, el Centro Latinoamericano de Desarrollo Rural, RIMISP, con su experimento de Desarrollo Territorial Rural con Identidad Cultural en lugares como Curahuara de Carangas y Entre Ríos.
Siguiendo con los deseos, los más demandados inciden en la difusión de las culturas nacionales puertas afuera (y también adentro). Se puede sugerir la no tan novedosa (Perú lleva una década en ello) creación/afirmación de la “marca Bolivia” para lograr intercambios e interconexiones efectivas. Estos planes potencian no sólo a los grupos artísticos, sino a toda la industria boliviana, ya que se le da un cariz cualitativo a los productos nacionales, pero desde el germen de la creatividad y el acervo cultural, lo que el teórico Richard Florida denomina aporte de la “clase creativa” al atractivo local. Ya lo comentaba hace unos días el escritor Sebastián Antezana, recordando nuestro caso de “underdogs”, es decir de individuos que llevan  las de perder, siendo una tendencia que quizás en la literatura podría estar cambiándo gracias a gente con visibilidad internacional como Paz Soldán, Mitre, Rivero, Hasbún o Ferrufino.
Se puede dar un vuelco a esta negación de lo nuestro -principalmente por desconocimiento- de una forma integrada. Ya sea en la gastronomía homogeneizando un sistema de denominaciones de origen (certificaciones de procesos cualitativos específicos con una objetiva raíz en los saberes populares) ya en funcionamiento en Tarija, o en casos similares como las artesanías o el periodismo narrativo por poner ejemplos en marcha, pero siempre a través de una “puesta en el mapa” o puesta en valor.
Mucho que hacer para Groux. Una modernización que además debería implicar la sostenibilidad en el tiempo del mismo ministerio más allá de la persona o del proceso de cambio.

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