23 de febrero de 2012

¿Quién les quita lo bailado?


Artículo de Mónica Tejada, a propósito de la polémica causada por la resistencia de padres y alumnos del Colegio Bolívar al ingreso de estudiantes mujeres. Publicado en Los Tiempos. Foto: Chema Madoz.

Después de varios días de violencia, de gasificar un colegio y suspender clases, de amenazas de todos contra todos, de iniciar “negociaciones”, de bailar la danza de la discriminación y de la imposición, las autoridades educativas recién deciden iniciar un proceso de capacitación y socialización para que los colegios de Bolivia ingresen al sistema educativo de formación mixta.
¿Acaso no es demasiado tarde para proponer capacitaciones y socializaciones sobre estas medidas educativas? A estas alturas, ¿quién les quita lo bailado a todos los asistentes de la fiesta absurda del colegio Bolívar? No solamente eso, pero hasta el proceso que se pretende ahora realizar es superficial y limitado, ya que se enfoca únicamente en los directores de las instituciones educativas. ¿Y qué pasa con los/las estudiantes de los centros, así como con sus madres, padres y maestros? ¿Acaso no son ellos los principales afectados por las medidas educativas?
El tema de la igualdad de género se viene discutiendo y trabajando desde hace varias décadas, y a pesar de que se han logrado avances significativos, la brecha de desigualdad todavía existe. La cooperación internacional ha tratado de abordar este tema, recién desde 1970, cuando se observó que en las sociedades receptoras de asistencia, las mujeres muchas veces se encontraban en situaciones de desventaja y/o discriminación, y por lo tanto, muchos proyectos perdían impacto al no incluirlas en el proceso. Fue entonces que se creó el enfoque de “Mujer en el Desarrollo”, centrándose exclusivamente en las mujeres, a través del diseño e implementación de proyectos exclusivos para ellas.
A pesar de que se avanzó bastante en educación, salud y participación de la mujer, se cometió el grave error de dejar marginados a los hombres de los procesos de estos proyectos. Los resultados fueron desalentadores, ya que al imponer ciertas medidas en comunidades pobres –dejando a un lado a la mitad de su población– los proyectos no fueron tan eficientes ni efectivos como se pretendía, y lo que es peor aún, en muchos casos se produjeron daños, tensiones sociales e intrafamiliares, a veces hasta resultando en un incremento de violencia contra la mujer.
Tardamos casi 30 años en darnos cuenta de que las mujeres no vivimos en una comunidad, ni país, ni mundo exclusivo de mujeres –somos sociedades integradas por hombres y mujeres–.
Entonces, se cambió el enfoque de “Mujer en el Desarrollo” por “Género y Desarrollo”, enfoque que analiza y considera las relaciones, roles y responsabilidades de género dentro de cada sociedad en un momento específico. Por lo tanto, los proyectos de desarrollo hoy en día incluyen género como un tema transversal en todo proyecto, buscando que tanto hombres y mujeres puedan participar de los procesos y beneficiarse de los resultados de la cooperación. Definitivamente, quedó en el pasado “imponer” programas de igualdad de género. Ahora, se debe incluir a todos los actores involucrados en un proceso de consulta, en el cual se sensibilice y capacite sobre derechos humanos, se responda a las dudas y preocupaciones de los afectados y se negocie, llegando a consensos donde los beneficiarios y se conviertan en aliados del proyecto.
Es probable que si se hubiese realizado un proceso de consulta planificado y sin imposiciones forzosas, los padres y madres de familia del colegio Bolívar no habrían realizado peticiones tan absurdas como aceptar sólo a “cinco mujeres con la condición de que estas lleven el cabello corto y vistan pantalón como los varones”. Lastimosamente, se ha llegado a un punto en que las negociaciones entre los padres y madres de familia con las autoridades educativas se limiten a ítems para maestros y requerimientos de infraestructura, como lo ha indicado la Dirección Departamental.
El Gobierno debe reflexionar sobre las exigencias que realiza y el tipo de apoyo, herramientas y recursos que ofrece para llevar a cabo estos requerimientos de forma exitosa. ¿Veremos otro espectáculo patético cuando el liceo de mujeres Adela Zamudio también tenga que aplicar la normativa impuesta por el Gobierno? Ojalá que para ese entonces las autoridades hayan aprendido su lección y “hagan su tarea” antes de hacer cumplir la ley, para que las autoridades educativas aprendan de las lecciones del pasado y lleven a cabo los procesos necesarios previos al baile, ya que en esta vida, nadie te quita lo bailado.
Mónica Tejada Canedo es especialista en temas de equidad de género y desarrollo.

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