24 de febrero de 2012

Willy Claure, actualizando la cueca


Publicado en Los Tiempos y Página Siete.

            El cañón de luz enfocaba el proscenio, enmarcado por dos cortinas de terciopelo rojo, proyectando una figura de colores cálidos, abstracta, mientras se resaltaba la figura del guitarrista el pasado día de San Valentín. Desde allí, Willy Claure, considerado quizás el más importante intérprete y compositor de cueca en Bolivia, comenzaba un intenso diálogo con el público que abarrotaba el auditorio Enrique V. Iglesias del Banco Interamericano de Desarrollo en Washington DC, donde el Centro Cultural lleva una activa vida desde hace justo dos décadas.
20 años de vida de un Centro Cultural dan para mucho, y mucho dieron allí durante ese periodo personajes ilustres tan variopintos como los Premios Nobel Mario Vargas Llosa, José Saramago y Rigoberta Menchú, además de los también enormes José Donoso,  Gioconda Belli, Gilberto Gil, Fernando Savater, Paquito D´Rivera, Arturo Pérez-Reverte, Edmundo Paz-Soldán o León Gieco, por citar sólo a unos pocos.
Claure además aprovechó este puente aéreo desde su casa en Zurich, Suiza, para detenerse en la capital estadounidense y así reunirse durante varios días con el guitarrista argentino Enrique Coria, con el propósito de dejar escritas 30 piezas del boliviano en partituras para guitarra, de forma que su legado se transmita por generaciones. Coria, quien aportara su excelsa cuerda durante décadas, desde “Los Cuatro de Córdoba” hasta el virtuoso quinteto de bluegrass de David Grisman, participará en un interesante proyecto que ambos grabarán en mayo próximo.
Embajador de los Claure de Aiquile, clan familiar diseminado por Cochabamba, y antropólogo de profesión, Willy suele buscar la actualización de uno de los estilos musicales mestizos más ligados a la cultura popular de los valles andinos: la cueca boliviana, prima hermana de la cueca chilena, de la marinera peruana y de la zamba argentina. No obstante, ya no viste abarcas y poncho, sino de una etiqueta más urbana, no porque reniegue de los atuendos típicamente folklóricos, sino porque proyecta lo que es: un virtuoso guitarrista popular criado en el contexto urbano de un país eminentemente heterogéneo. Ese mestizaje se refleja en la diversidad de los invitados con quienes toca en sus álbumes, importantes músicos de la escena boliviana, de tan eclécticas procedencias como el rock, el jazz, la trova, la música coral y por supuesto del folklore puro como Grillo Villegas, el Papirri, Glen Vargas, Jenny Cárdenas o Gabriel Navía.
Puesto que las cuecas son conocidas por surgir en los patios de las casas vallunas mientras se conversa (al calor de la chicha de maíz y suculenta comida las más de las veces), Claure, en una noche mágica, a miles de kilómetros de Bolivia, fue dialogando con su receptivo público y recordó canciones como “Un solo pañuelo”, surgida a partir de charlas con el Premio Nacional de Novela boliviano Juan Claudio Lechín y “Gracias a la vida” de la recordada cantante chilena Violeta Parra. No se olvidó de temas dedicados a colegas de profesión como Cayo Salamanca, Matilde Casazola o Emma Junaro y también interpretó, cómo no, sus ya famosas obras "No le digas", con letra del poeta más grande de Bolivia, Jaime Sáenz y la inolvidable banda sonora de la película "Los Andes no creen en Dios", "La cantarina", con letra de Milton Cortez.
Su trabajo ya se va haciendo hábito en cuanto a la recuperación del folklore más híbrido y sobre todo su modernización, sonando tan naturalmente agradable que parecería que su actualización requiriera de un simple click.

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