22 de marzo de 2012

Tras el consumo cultural de masas hispano


Publicado en Los Tiempos.


La comunidad hispana en EEUU ha ido ganando terreno con una velocidad impresionante gracias a un perfil demográfico en constante crecimiento, inclusive apropiándose del adjetivo “latino”, excluyendo de éste al europeo mediterráneo del imaginario popular norteamericano.

La influencia hispana en la cultura, más allá de ser un exotismo o un “trending topic” ya  ha logrado hacerse un espacio, principalmente en la música. Si antes era difícil penetrar el mercado sin cantar en inglés –pregúntenselo a Enrique Iglesias, Ricky Martin o Shakira–, ahora la situación parece abrir una ventana que el imperio de los Estefan ya ha explorado: por qué empeñarse solamente en el mercado “gringo” como una totalidad homogénea. Los agentes del mercado ya han comprendido que las primeras generaciones de inmigrantes hispanos están asentadas, con un poder adquisitivo favorable, y en muchos casos logrando que sus hijos accedan a estudios y dominen el uso del inglés mejor que sus padres. Todo ello permite la emergencia de un grupo reconocible de consumidores culturales que hacen que el mercado hispano allí sea interesante por su crecimiento, siendo este un asunto que la industria músical ya lo supo leer desde hace una década, cuando instauraron las ediciones regionales y en castellano de los premios MTV o los Grammy en su versión latina.

En las últimas semanas, por poner un ejemplo, habrán actuado en escenarios de la costa este de Estados Unidos referentes de la música regional popular como Juan Luis Guerra, Franco de Vita, Ricky Martin o Charly García, pero no con presentaciones de corte aficionado ni en restaurantes de barrio. Juan Luis Guerra se presentó hace pocos días en el reputado Radio City Music Hall de Nueva York ante 6.000 espectadores en la que viene a ser la sala de formato teatral más grande del mundo. Aquel concierto sirvió además para desmitificar viejos estigmas o estereotipos: empezó puntual y la calidad del espectáculo fue abrumadora en términos de sonido y de puesta en escena, sacando además el dominicano de la chistera una sorpresa, invitando en escena otro conocido que el público demostró admirar con aplausos: el colombiano Juanes. 


Por su parte, también en la Gran Manzana y con un estilo musical totalmente diferente, hará escala en los próximos días el más importante músico del rock latino, Charly García, para presentar su gira 60x60 enel BestBuy-Times Square Theatre, en el centro de la ciudad, donde pretende festejar su sexta década de vida con 60 piezas.

Y aunque la música haya dado los primeros pasos en el acercamiento al mercado latino, el arte contemporáneo ya ha dado un seguro paso hace algunos años al abrir una sucursal de la bienal más importante del mundo, la de Art Basel, importando exitosamente su modelo suizo a Miami, gracias a su ubicación estratégica triangular. La esfera pública ha notado también la importancia de esta realidad –sobre todo en presencia política­– y están en marcha unas negociaciones que no serán sencillas para llevar adelante la construcción del Museo Smithsonian Latino, en el emblemático National Mall, paseo que acoge a casi una décena de los museos más representativos de la cultura norteamericana además del edificio del Congreso y de los monumentos a sus próceres, lo que sería todo un símbolo. 

Y no nos deberá extrañar tampoco ver a deportistas en los siguientes juegos olímpicos de Londres, de apellidos López o Rodríguez, defendiendo la bandera de barras y estrellas, y hasta ganando algunas medallas, ni la importancia que ya tienen en la literatura figuras como Junot Díaz o Daniel Alarcón, aunque en castellano las cosas vayan más lentas, sin olvidar tampoco que la feria del libro de Miami y el Festival de la Palabra en Puerto Rico van despegando, a pesar de que las publicaciones de prestigio en Estados Unidos –journals y magazines– todavía sean para un público lector ampliamente anglófono, situación repetida en las artes escénicas.

Bolivia de momento podría aprovechar a su Embajada en Washington DC, ciudad por la que tarde o temprano pasan los intelectuales y artistas que buscan una mayor visibilidad, y donde además viven 100.000 almas que tienen sus raíces entre los Andes y la Amazonía.

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