15 de junio de 2012

Procesos, estructuras y cantera

Publicado en Los Tiempos. Foto: Mauricio Tapia - Atleta: Leslie Arnez

Cuando F.W. Taylor introdujo en las empresas hace un siglo la organización científica del trabajo revolucionó las estructuras productivas. Desde aquellos tiempos se han mejorado los procesos organizativos, de ser absolutamente racionalistas a tener una lógica centralidad al factor humano, sumándose luego la planificación estratégica tomada de tácticas militares, desembocando en la administración moderna que hoy conocemos.
Aunque tardara más, la gestión eficiente llegó al deporte, plasmándose en el éxito creciente del movimiento olímpico, donde en algunos episodios también se dejaría del lado el factor humano, en pro de los resultados, por medio del dopaje masivo y la maquinización del individuo, cuento conocido en la ex URSS. Su gran rival, Estados Unidos, logró más bien encumbrar uno de los baluartes en los que se basa su éxito: el deporte universitario, con la clave de la cantera y las divisiones juveniles.
En Bolivia los procesos de planificación y ejecución han llegado aisladamente y gracias a emprendimientos personales. La institución deportiva más grande, el Club de Fútbol Bolívar, ha tratado recientemente de dar pasos estructurales hacia ello, creando departamentos  encargados de balancear lo deportivo (educativo y competitivo) con lo institucional. Marcelo Claure, presidente del brazo gestor del club, ha anunciado esta semana la contratación del entrenador español Miguel A. Portugal, encargándole la misión de pilotar la nave. Según destaca en su hoja de vida, fue secretario técnico del Real Madrid que logró una Liga española en 2008, dirigiendo previamente al equipo juvenil, el Castilla, y en Primera División al Rácing de Santander, donde promocionó a futbolistas como Cambiasso o Sergio Canales. Claure busca alguien que ejerza el “manejo integral del club, del primer equipo y las divisiones inferiores, teniendo claro el concepto de reclutamiento de jugadores jóvenes”. Tendrán ante sí el reto de consolidar un proyecto que no ha logrado del todo la academia Tahuichi, oficio que conocen muy bien en Argentina o Uruguay, donde se toman el asunto como un verdadero negocio rentable para los inversores y para la sociedad.
En cuanto al deporte amateur, en Cochabamba hay un caso especialmente exitoso en cuanto al cuidado de la cantera y las estructuras: el Club Olympic. Conocido como el gran semillero del voleibol, ha logrado expandir su horizonte hacia el atletismo. El entrenador del equipo, Luís Daniel Valenzuela es parte de un proceso que empezó una década atrás mediante las gestiones de Marco Luque, entonces responsable del Club UPB. Allí se consolidó un equipo desde la base, y de donde salieron atletas que lograron medallas nacionales e internacionales. La evolución de Valenzuela fue paso a paso. Luque primero y luego el español Antonio Postigo le aportaron "know how". Colaboró con quien firma este artículo y logró hacer campeones nacionales a Javier y Álvaro Valenzuela (sus hermanos) así como a Maira Cano, Hamid Chipunavi y Fernanda Trujillo. Una vez que Luque y Postigo escogieron otros proyectos, Valenzuela, de apenas 32 años, dio el salto definitivo con un emprendimiento propio, siendo hoy el mejor entrenador de la velocidad boliviana por resultados.
El mes pasado los récords nacionales de 100 metros fueron batidos en categoría mayores por sus atletas Leslie Arnez y Bruno Rojas, que mejoraron unas marcas nacionales que permanecían inalteradas durante décadas, ganándose ambos el derecho a representar a Bolivia en el Campeonato Iberoamericano de Barquisimeto. Arnez también batió la marca nacional en 200 metros y Rojas fue finalmente seleccionado para participar en el Campeonato del Mundo Juvenil de Barcelona dentro de unos días, pero lo más importante aún, en los Juegos Olímpicos de Londres de agosto. Cabe recordar que Rojas es todavía un atleta en formación, que está en el top-10 absoluto de la velocidad sudamericana -ámbito que ha dado medallistas mundiales- y lidera el ranking juvenil de 100 metros.
Se puede mencionar también a la escuela de natación cruceña Samix o al ciclista Óscar Soliz, en este caso desde una institución societaria entre Colombia y España como es su equipo el Movistar, y no sería nada raro verle en una grande vuelta europea próximamente.
Así se confirma que existen casos exitosos, y aunque todavía parezcan hechos aislados, lo importante es ir sumando. Las estructuras públicas podrían aprender de lo que ya se ha hecho bien y replicarlo, pensando en procesos que impulsen la cantera y rindan fruto, de forma estructurada.

9 de junio de 2012

Bolivia: ¿Campeones en políticas deportivas?



Publicado en Los Tiempos y Página Siete


    Hace unos años, justamente durante los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, se le preguntó agresivamente al entrenador de natación José Quintanilla -preparador de la deportista boliviana con más participaciones olímpicas, Katherine Moreno- para cuándo Bolivia ganaría una medalla olímpica, durante una entrevista llevada a cabo por un periodista boliviano tras la participación de la nadadora.

    Quintanilla, aceptando su responsabilidad, rebotó la pregunta e inquirió a su interlocutor que si él pensaba que las políticas de deporte y juventud -o la planificación en materia de alto rendimiento- adoptadas por el Gobierno (aplicables también al mecenazgo o a una fundación privada) estarían entre las tres mejores del mundo o entre los ejemplos a seguir en materia de desarrollo deportivo. Fue más adelante preguntando al periodista si él creía estar entre los tres mejores periodistas, ya no del mundo, sino de América Latina. El corresponsal se atragantó ante la arremetida pero Quintanilla siguió, observando por qué aquél no tenía alquilada para tal magno evento una caseta en la zona mixta de prensa ni tenía una acreditación oficial que le permitiese tomar imágenes en el estadio olímpico. La respuesta del reportero fue que por causas económicas. El entrenador le dijo que igual pasaba en la natación.

    Y aunque el problema no sea solamente de dinero, la ausencia de medallas olímpicas muchas veces es medida con excesiva severidad por parte de los hinchas desde su sofá –con cierta razón–, pero sin un análisis sistémico del asunto. Al final de cuentas deportistas y artistas son un reflejo de las prioridades de la sociedad.

    Así, ¿sería justo reclamar a los atletas que participarán dentro de dos meses en Londres por la más que probable ausencia de medallas? La primera responsabilidad será suya, lógicamente, pero deberían ser evaluados de acuerdo con las expectativas y posibilidades reales de cada caso.

    No parece ser merecedor de reproche el probable representante de atletismo Bruno Rojas, quien es uno de los mejores velocistas del continente en la categoría juvenil, sin perjuicio de tener la mejor marca histórica de Bolivia en los 100 metros en categoría adulta. Por su parte, Claudia Balderrama, la representante femenina del atletismo boliviano, acaba de quedar en el puesto 29 de la última Copa del Mundo de Marcha celebrada hace unas semanas en Rusia con una gran marca que la encumbra en el top-5 de la región. En ambos casos se les premiará con la designación por ser las mejores opciones del atletismo boliviano.

    Estamos a pocas horas de la nominación de un reducido equipo de siete u ocho representantes que finalmente irán a Londres, acompañados seguramente de muchos dirigentes, y esperemos que esta vez de algún médico o fisioterapeuta, ausente en años pasados. La terna es de no más de una docena de deportistas entre los que destacan nombres como los de los ya mencionados, además de Karen Tórrez, Óscar Soliz, Juan Carlos Pérez, Giovanna Irusta, César Menacho, Rudolf Kninjemburg, Juan Cotumba, Horacio Gallardo, Andrew Rutherford y Ronald Quispe, por mencionar algunos.

    No es momento de decir, como hizo Evo en 2008 en la despedida al equipo, que le “daba pena ver un equipo tan reducido de atletas representando al país”. Es tiempo más bien de alentar a los que van, porque al fin de cuentas son los mejores. A partir de entonces, habrá que ver si las políticas utilizadas en el último quinquenio para promover el deporte de alta competición fueron acertadamente planificadas y ejecutadas y, de no haberlo sido, buscar cambios reales.