9 de junio de 2012

Bolivia: ¿Campeones en políticas deportivas?



Publicado en Los Tiempos y Página Siete


    Hace unos años, justamente durante los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, se le preguntó agresivamente al entrenador de natación José Quintanilla -preparador de la deportista boliviana con más participaciones olímpicas, Katherine Moreno- para cuándo Bolivia ganaría una medalla olímpica, durante una entrevista llevada a cabo por un periodista boliviano tras la participación de la nadadora.

    Quintanilla, aceptando su responsabilidad, rebotó la pregunta e inquirió a su interlocutor que si él pensaba que las políticas de deporte y juventud -o la planificación en materia de alto rendimiento- adoptadas por el Gobierno (aplicables también al mecenazgo o a una fundación privada) estarían entre las tres mejores del mundo o entre los ejemplos a seguir en materia de desarrollo deportivo. Fue más adelante preguntando al periodista si él creía estar entre los tres mejores periodistas, ya no del mundo, sino de América Latina. El corresponsal se atragantó ante la arremetida pero Quintanilla siguió, observando por qué aquél no tenía alquilada para tal magno evento una caseta en la zona mixta de prensa ni tenía una acreditación oficial que le permitiese tomar imágenes en el estadio olímpico. La respuesta del reportero fue que por causas económicas. El entrenador le dijo que igual pasaba en la natación.

    Y aunque el problema no sea solamente de dinero, la ausencia de medallas olímpicas muchas veces es medida con excesiva severidad por parte de los hinchas desde su sofá –con cierta razón–, pero sin un análisis sistémico del asunto. Al final de cuentas deportistas y artistas son un reflejo de las prioridades de la sociedad.

    Así, ¿sería justo reclamar a los atletas que participarán dentro de dos meses en Londres por la más que probable ausencia de medallas? La primera responsabilidad será suya, lógicamente, pero deberían ser evaluados de acuerdo con las expectativas y posibilidades reales de cada caso.

    No parece ser merecedor de reproche el probable representante de atletismo Bruno Rojas, quien es uno de los mejores velocistas del continente en la categoría juvenil, sin perjuicio de tener la mejor marca histórica de Bolivia en los 100 metros en categoría adulta. Por su parte, Claudia Balderrama, la representante femenina del atletismo boliviano, acaba de quedar en el puesto 29 de la última Copa del Mundo de Marcha celebrada hace unas semanas en Rusia con una gran marca que la encumbra en el top-5 de la región. En ambos casos se les premiará con la designación por ser las mejores opciones del atletismo boliviano.

    Estamos a pocas horas de la nominación de un reducido equipo de siete u ocho representantes que finalmente irán a Londres, acompañados seguramente de muchos dirigentes, y esperemos que esta vez de algún médico o fisioterapeuta, ausente en años pasados. La terna es de no más de una docena de deportistas entre los que destacan nombres como los de los ya mencionados, además de Karen Tórrez, Óscar Soliz, Juan Carlos Pérez, Giovanna Irusta, César Menacho, Rudolf Kninjemburg, Juan Cotumba, Horacio Gallardo, Andrew Rutherford y Ronald Quispe, por mencionar algunos.

    No es momento de decir, como hizo Evo en 2008 en la despedida al equipo, que le “daba pena ver un equipo tan reducido de atletas representando al país”. Es tiempo más bien de alentar a los que van, porque al fin de cuentas son los mejores. A partir de entonces, habrá que ver si las políticas utilizadas en el último quinquenio para promover el deporte de alta competición fueron acertadamente planificadas y ejecutadas y, de no haberlo sido, buscar cambios reales.

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