28 de julio de 2012

Londres 2012: con una mano delante y otra detrás


Publicado en Los Tiempos y Página Siete. Caricatura: Abecor/Página Siete

Esta semana en las redes sociales ha circulado una inusitada avalancha de carteles, fotos con texto, quejas en general y hasta una genial caricatura de Abecor, clamando contra la cantidad de dirigentes y sus emolumentos en relación con la exigua cantidad que se da a los atletas.
En Juegos Olímpicos pasados -un presidente que estuvo dos décadas en el cargo sin casi dar cuenta de lo que hacía ni de los resultados (en unos juegos dio los viáticos a los deportistas diciendo que eran “de su parte”)- nos tenían acostumbrados a la oscuridad en las cuentas. Además, sazonaban esta angurria de centavos con su afán de protagonismo, visto en varios desfiles inaugurales, mostrando ante las cámaras los músculos de los dirigentes. Hoy afortunadamente Internet nos permite parcialmente conocer más de cerca y de primera mano lo que sucede con las actividades de las instituciones públicas. En el caso del Comité Olímpico Boliviano, institución privada de interés público, su página web cuando está activa, no muestra ningún plan estratégico ni líneas de apoyo a mediano y largo plazo al deporte boliviano, lo que no significa que sus ingresos provengan de las arcas del Estado.
Se puede leer en portales como Terra, el más grande de internet en América Latina, que nuestro país tiene los viáticos más reducidos de los JJOO. Ello sin contar por supuesto que probablemente el buzo deportivo sea menos dotado estética y funcionalmente, como lo fue en los dos últimos juegos (discutible dirá alguno). Este año las equipaciones que fueron brindadas por una empresa patrocinadora no podrán ser usadas en actos oficiales puesto que el nombre de la firma estaba estampado en la espalda en proporciones mayores a las permitidas y donde debería ir el nombre del país, asunto que se hubiese resuelto con un email. El resultado será un equipo deportivo de emergencia color azul.
La falta de planificación ya está dada. Los deportistas ya han entrenado durante años y poco más se puede hacer ahora con ellos, más que alentarles. No obstante emerge en este momento una situación contradictoria para ellos: la atención pública. Durante 3 años y 11 meses las tribunas de estadios y canchas de atletismo, natación y tiro han permanecido absolutamente vacías y poco se ha cuestionado acerca de los resultados de las instituciones encargadas. Ahora, tras la euforia del desfile, la mayoría de la gente que clama contra los “dirigentes”, así genéricamente y con cierta razón, no ha sido capaz de asomarse al campo deportivo y, en el caso del atletismo, ver que cada último fin de semana de mayo desde hace 13 años hay un gran prix de atletismo de primerísimo nivel donde han participado ex medallistas olímpicos y mundiales como Maurren Maggi, Osmar Barbosa o Sanderlei Parrela y donde el boliviano Bruno Rojas ha sacado una medalla hace pocas semanas. Lo mismo pasa en Volley o Ciclismo.
El tejido social además de estar conformado por ciudadanos, poco conocidos por abarrotar parques y ciclovías, lo está por empresarios, que rara vez han hecho aportes decididos por patrocinar y promocionar el deporte. Están los casos de empresas grandes como Taquiña o Entel, que sí lo han hecho en el pasado, y una gran cantidad de mecenas que lo hacen de forma anónima, pero no sistemáticamente. Ello se debe principalmente a que no está sancionada una ley de mecenazgo que logre desgravar impuestos a quienes decidan cambiar su pago obligatorio por extender una cuantía a un club deportivo sin fines de lucro. El sector cultural lleva discutiéndolo hace varios años.
Fernando García, director del Proyecto Martadero y aunque en el campo cultural, prioriza “detonantes” de cultura y proyectos comunitarios en lugar de proyectos fastuosos poco sostenibles. Si hacemos una analogía al deporte, nos encontramos con la triste realidad de la abundancia de estadios millonarios como el de Villa Tunari o el todavía en construcción de Cliza, donde no hay entrenadores capacitados. Esos entrenadores que deberían ser los detonantes y formadores de futuros atletas. Para fomentarlos no es necesario pagarles los 1.000 dólares que percibe Azkargorta por día laboral (con eso alcanzaría para pagar bien a los 50 mejores entrenadores de las demás disciplinas), sino un plan de ejecución y control con miras a largo plazo.

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