23 de julio de 2012

Los Juegos Olímpicos desde las entrañas y sus socavones


Publicado en la revista OH! del periódico Los Tiempos. Foto: Eduardo Osorio.

El 27 de julio próximo comienza el festival deportivo y cultural más grande del planeta. 31.000 periodistas, 70.000 voluntarios, casi 9 millones de entradas disponibles y sobre todo 11.000 competidores concentrarán la atención mundial durante 17 días. Es el momento en que las revistas y medios de prensa impregnan sus números con entrevistas, rankings, récords, historias de triunfo y leyendas épicas. No obstante existe un lado íntimo, cercano a la persona, frecuentemente tapado por los pódiums.

Los fuegos de artificio vistos al pie del cañón
El día de la inauguración en los juegos de Beijing el cielo estuvo lo suficientemente cerrado como para que, en lugar de mostrar unos nubosos fuegos artificiales, la televisión emitiese unas imágenes pregrabadas del ensayo general con un cielo totalmente despejado, dejando patente el poco margen de improvisación con el que actúa la organización, tratando de aprovechar las tres semanas que tienen para exhibirse en la mejor vitrina posible.
El derroche mayor llega con la inauguración. Minutos antes del desfile, en los túneles que conducen al estadio, se mastica el nerviosismo mientras se agolpan las delegaciones vistiendo trajes de Armani y Ralph Lauren en los casos de Italia o EEUU, más folklóricos en el caso de Sudán, o de sastre de corte tradicional en el caso de Bolivia. Con un nerviosismo muy diferente al que se vive en las canchas, piscinas y pistas, los atletas, aglutinados esperan que el alfabeto permita que se cante su nombre en francés, al tiempo que intercambian impresiones, sonrisas, correos electrónicos y anécdotas, además los pins del comité olímpico al que pertenece cada quien, ideales para romper el hielo; los hay coleccionistas profesionales que llevan intercambiándolos durante varios juegos. Las insignias bolivianas suelen ser apreciadas por su escasez: si en China o Rusia llevan medio millar de atletas, los de Bolivia se cuentan con una sola mano.
Este año la ceremonia de apertura será más austera que hace cuatro años pero no menos espectacular. La dirigirá el cineasta Danny Boyle (Slumdog Millionaire), bajo la supervisión de otro conocido del séptimo arte, Stephen Daldry, y estará inspirada en textos de Shakespeare según revela la prensa. Estas propuestas teatrales corales, que distan mucho de aquellos impolutos premilitares haciendo pirámides humanas de hace un siglo, son amalgamas de construcciones conceptuales, visuales, circenses y operísticas, encarnadas en actores de teatro profesionales. En Barcelona 92 el espectáculo corrió a cargo del grupo La Fura dels Baus, habituales de teatros con pedigrí mundial como el Colón de Buenos Aires o la Scala de Milán. En Atenas se construyó una macropiscina en el campo de fútbol, por donde fueron desfilando los dioses de la mitología griega, cerrando con broche de oro aquella simbólica cita la cantante islandesa Björk. Por su parte, en Atlanta, Gloria Estefan impregnó la noche de fiesta y en Beijing fueron Jackie Chan y Plácido Domingo quienes pusieron las caras conocidas en sendas ceremonias, dirigidas por el cineasta Zhan Yimou. Ahora será el beatle Paul McCartney uno de los encargados de poner su voz en el escenario, aunque la canción oficial es de la banda de rock alternativo Muse, quienes han compuesto una marcha-rock de corte épico titulada “Survival”. El encendido de la tea suele ser sorpresa, lo que invita a evocar ediciones pasadas, en las que encendieron la antorcha por medio de una mecha (Atlanta), por el tiro de una flecha ardiente (Barcelona) o gracias a un atleta suspendido por un cable sobre la cornisa del estadio (Beijing).

Nuestros cinco hidalgos y sus años de soledad
El Quijote, la obra máxima de Cervantes, satirizó a aquellas personas que al igual que el Ingenioso Hidalgo, persisten locamente en busca de sus sueños y luchando contra sus propios fantasmas con valentía. Así probablemente se identifiquen algunos de nuestros representantes olímpicos en América Latina, y más aún en Bolivia, donde ser deportista profesional es poco menos que una quimera y una irreverencia. El deportista, desde pequeño tiene que luchar contra un entorno familiar y educativo que prima horas de estudio o de trabajo, un entorno social que le tienta por la senda de los brebajes dipsómanos, un entorno profesional inestable y un reconocimiento social absolutamente limitado. Eso por no hablar de las restricciones de infraestructura y de las posibilidades de desarrollo de los entrenadores, quijotes también a su modo, que tienen que sobrevivir al paso de los años en la soledad de las canchas deportivas. Afortunadamente todos han tenido oportunidad de competir afuera de nuestras fronteras. Claudia Balderrama quedó ubicada en el puesto 29º en la Copa Mundial de Marcha realizada hace un par de meses en Rusia. El velocista Bruno Rojas llega del mundial Júnior de Barcelona, mientras que Karen Tórrez y Andrew Rutherfurd estuvieron preparándose en Estados Unidos. Por su parte, el tirador Juan Carlos Pérez, con la experiencia previa de un Campeonato del Mundo en Alemania en el bolsillo, se preparó en Sucre.

La “cámara de llamadas” o la antesala del envite
En algunos deportes, especialmente en el atletismo, existe una habitación-calabozo con esta denominación, donde el atleta deberá ingresar 55 minutos antes de su evento para ser inspeccionado, tal como si de Chonchocoro se tratase. El control es riguroso puesto que el atleta está prohibido de ingresar al ruedo de competición con artefactos electrónicos en la mochila, con publicidad mayor a 4cm2 o consignas políticas y con clavos en las  zapatillas más largos que 1cm. Todos los detalles serán medidos con lupa y al segundo. Así sucederá con nuestro velocista. Bruno Rojas estará encerrado en una habitación que más parecerá una jaula conteniendo a las ocho fieras rabiosas de su serie que buscarán el pase de ronda o una mejora en la marca, que se decidirá en 10 segundos, pero con la que soñaron toda su vida. Prácticamente no hablarán, no sólo porque muy pocos comparten una misma lengua, sino porque desde el principal favorito hasta el último del ranking sienten la presión de verse observados por mil millones de ojos.

La Villa y el Parque Olímpico
Custodiada por una férrea guardia de varios miles de efectivos (hay quien dice que tantos como en Afganistán), la Villa Olímpica sorprendentemente no permite la entrada de periodistas, paparazzis ni otro tipo de comunicadores. Ni siquiera de diplomáticos, más allá de algunas áreas y horarios especiales restringidas, asunto que puede parecer rutinario para los jeques y príncipes que están al mando de una regata –europeos y árabes fundamentalmente-, pero no así para un corredor de fondo boliviano o para un boxeador costarricense. No obstante, no es extraño ver a cocineros y camareros tirar sus bandejas por los aires para captar una foto con Messi o LeBron James, los cuales, a sabiendas de que ni ahí su privacidad será total, deberán aparecer solamente pasada la hora punta. El mimado del pueblo, deja de serlo al sentirse comensal en la misma mesa de leyendas del momento como Phelps, Nadal o Bolt, e incluso de las otrora figuras pero hoy dirigentes, como el británico Seb Coe, artífice de la organización de estos juegos, o el cubano Javier Sotomayor, el hombre que más ha saltado en la historia, hoy entrenador en la isla del Caribe.
La villa olímpica podría ser lo más parecido al ideal utópico concebido por el filósofo británico del renacimiento Tomás Moro. Así, la espera de la contienda deportiva al menos está acompañada de comida en abundancia, propuestas artísticas y de ocio, fraternidad y algo de libertad contenida por las conciencias de los propios atletas, los cuales en su mayoría buscan tener hábitos de vida de monjes cartujos, o al menos eso deberán mostrar ante sus dirigentes y políticos, muchos de ellos asomándose por única vez al año a la vida doméstica de los deportistas, concepto que no entienden más allá de los flashes de las fotos. Este condominio temporal cede su significado–además de protagonismo- cada cuatro años al término de Villa Olímpica, haciendo del hashtag #olympicvillage un “trending topic” en el twitter; a fin de cuentas en esas habitaciones es donde reposará el deportista que eventualmente volverá como héroe, como paria o como villano.
Pero como en todo, dentro de la Villa también existen Babilonias y no es raro ver condones repartidos en las salas médicas, atletas retornando a sus habitaciones con muchas cervezas de más después de sus competiciones o una cafetería de McDonalds gratuita las 24 horas, en la que se despachan grasientas hamburguesas, donde no será raro ver  a los jugadores de básquet de Argentina. Ello contrastará con la dieta de los fondistas keniatas: cantidades ingentes de trigo cocido y fruta, además del consabido ugali, una suerte de maicena o harina almidonada que es la base de la alimentación de los mejores atletas de largo aliento del planeta.
El encierro de los atletas en la villa puede acabar en demencia. Y aunque el turismo suele estar malvisto por hinchas y entrenadores, es parte de la experiencia de los deportistas, a sabiendas de que deberá antes de la competición prescribirse reposo. Ni hablar de entrenar en demasía puesto que causará fatiga innecesaria. Algunos inclusive entrenan desde la cama y prueba de ello es el caso del fondista y medallista mundial británico de origen somalí, Mo Farah, quien dormirá en una carpa de hipoxia, que simula la altitud de la ciudad de La Paz, con el fin de producir más glóbulos rojos. Un microcosmos de ciudad dentro de otra.
Así, esta ciudadela artificial juntará a la mayor cantidad de talento del planeta, y no sólo deportivo ya que paralelamente se celebra en Londres la Olimpiada Cultural. Será el mejor ejercicio de la polis, ese ideal griego de Ciudad-Estado que representa Londres hoy, o Río de Janeiro en menos de lo que pensamos. Así es que ya ha llegado el tiempo de la pascua deportiva.

2 comentarios:

Pablo Andrés Rivero M. dijo...

Este post ha sido incluido en la cobertura especial de Global Voices a las Olimpíadas Londres 2012, puede leerse en Bolivia: ciudadanos cuestionan gastos y baja participación olímpica.

Fadrique Iglesias Mendizábal dijo...

Gracias Payo. Muy de acuerdo con tus ideas. Creo que es un poco demagógico protestar airadamente con argumentos como "corruptos", sin saber que existen unos gastos de representación, etc... que pagan todas las delegaciones. Ahora bien, es innegable que las cosas se hacen a última hora. Esta es mi opinión: la polémica surgida a propósito de la relación amor/odio del deporte en Bolivia y su dirigencia.
http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20120728/londres-con-una-mano-delante-y-otra-detras_180033_380578.html

Abrazos