29 de agosto de 2012

Detonantes de cultura



Publicado en Los Tiempos.


El modelo público de gestión cultural vertical, gobierno-ciudadano ya no va más y ha dado paso a una red de relaciones que apuntan en todas direcciones. Y no desde ayer. Inclusive las ayudas públicas se complementan y a veces compiten, recordando a las demás administraciones que no están cumpliendo con su parte, desde ministerios a gobernaciones, alcaldías, organizaciones de base y organismos internacionales.

Por muchos años los gestores públicos escudaban sus resultados en la variable ingresos o en el reducido presupuesto de las cuentas públicas. Cada vez más, el control social se hace plausible y por fin los ciudadanos pueden exigir cuentas públicas, al menos cuando los recursos salen del erario público. Hoy en día, tras los éxitos rotundos de asociaciones, escuelas y festivales que han podido trascender con ayuda público-privada, la coartada de la falta presupuestaria ya no se sostiene por sí sola, sino que es cuestión de (falta de) iniciativa.

La Asociación Pro-Arte y Cultura de Santa Cruz ha podido consolidar definitivamente los dos festivales culturales más importantes de Bolivia: el de Música Barroca y el de Teatro con un modelo mixto de ayudas privadas y públicas. Otro ejemplo paradigmático es el mARTadero de Cochabamba. Y lo hacen con una novedad: la de dirigir esfuerzos hacia detonantes y efectos encadenados.

La idea del 2.0, en la que los ciudadanos pueden ser quienes aporten más frescura e ideas, se plasma cuando ellos, los receptores, crean sus propios proyectos culturales. Así, la gestión cultural se deberá ocupar de la programación de eventos, pero ello es sólo una parte: otro rol importantísimo es el de ayudar a impulsar proyectos independientes.
Uno de los hijos exitosos del mARTadero ha sido su serie de talleres de escritura creativa y el grupo de poetas que se ha formado como resultado. En unos tiempos de por sí ya hostiles con la poesía a nivel planetario desde las grandes casas editoriales, es para destacar la prominencia del grupo F/22, abonado en el programa Formarte, en este caso de poesía, que viene impartiendo hace algunos años el escritor chileno Juan Malebrán, coordinador del área de letras del mARTadero.
Si desde algunos años ya ofrecieron talleres de narrativa conocidos escritores como Rodrigo Hasbún o Ramón Rocha Monroy, el resultado de la secuencia dedicada a la poesía ha logrado editar recientemente una antología poética muy revisada y bien lograda, que se ha presentado esta semana en el Centro Patiño, después de haberlo hecho en el lecho doméstico del mARTadero, con la grata noticia de que la edición del libro proviene del autogestionado proyecto La Ubre Amarga Editores.

En palabras de Malebrán, “el F/22 no es una simple recopilación de textos, ni un sobresaltado arrebato ante la fantasía de la publicación, sino más bien el resultado de un proyecto escritural de largo plazo, sostenido sobre la idea “colectivo-individuo-colectivo”.
Esos son los detonantes y proyectos autosostenibles que necesitamos, desde abajo hacia arriba. Ahora se podría complementar el fomento público a detonantes como éste, mediante convocatorias de patrocinio a instituciones como el mARTadero, o bien facilitando el acceso a fondos editoriales. Lo más difícil ya está hecho, abrir la senda. A partir de ahora los encargados de la administración pública deberían, si no mejorar la labor de proyectos como éste, al menos copiarlos y potenciarlos. Ya no tienen excusa desde los entornos palaciegos de La Paz.

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