10 de agosto de 2012

Talentos formando talentos


Publicado en el periódico Los Tiempos y Página Siete.

A falta de pocos días para que terminen los Juegos Olímpicos y a riesgo de saturación, podemos pararnos a pensar qué pasa con nuestro país y sus resultados, sin caer en el recurso fácil de culpar al presidente del Comité Olímpico.
La competitividad global ha demostrado que aunque el dinero es condición necesaria, no es suficiente. Hasta el jueves fueron 80 países los que obtuvieron al menos un metal en Londres. Ricos, medianos y pobres.
Algunos de los países han atraído emigración y ello se demuestra en los autobuses de cada ciudad, y lógicamente en el desfile olímpico. En España todavía el gran público es reticente a alentar a un atleta de nombre Mohamed, mientras en Estados Unidos festejan el subcampeonato de 1500 metros conseguido por el atleta de origen mexicano Leonel Manzano o el título que ganara hace cuatro años el keniano Bernard Lagat. En el sentido contrario, Félix Sánchez ha ganado su segunda medalla de oro olímpica representando a República Dominicana pero habiendo nacido, crecido y vivido en Estados Unidos. Algo parecido pasa con el nadador boliviano Andrew Rutherfurd. Los cruces frecuentes de lugares de origen vs. los de residencia y representación están cada vez más enmarañados, puesto que las personas buscan las mejores oportunidades que el terruño quizás no puede brindar.
Otro indicador de éxito olímpico más robusto es el de finalistas o diplomas olímpicos. Bolivia no ha logrado meter nunca un deportista entre los 8 primeros y está difícil que lo logre en los siguientes días, salvo sorpresa de Claudia Balderrama el domingo en la marcha femenina.
En ese sentido, América Latina también se va especializando. Aunque este año un ecuatoriano ha disputado la final olímpica de 200 metros a los jamaiquinos, el estandarte histórico en Ecuador lo ha llevado la marcha masculina, trono últimamente cedido otros de la región, como Colombia –metió un atleta en medallas el pasado mundial pero fue descalificado en Londres-, México, que entrenando muchas veces en el altiplano boliviano logró un honroso 5º puesto y sobre todo Guatemala dio la sorpresa con la medalla de plata de Erick Barrondo.
La esgrima venezolana dio un oro y el relevo de 4x400 en atletismo se metió en la final. La chilena Ducó logró también ser finalista de lanzamiento de bala, al igual que el argentino Lauro; Su compatriota Del Potro en una muestra de pundonor le arrebató el bronce al mejor tenista del mundo, Djokovic. Veremos lo que hace su selección de baloncesto estos días, después de vencer a su eterno rival Brasil. Los cariocas son precisamente quienes parecen haber apostado más fuerte y han sido capaces de lograr hasta el momento 11 metales, cuatro de ellos en judo. Colombia por su parte ha demostrado que tiene para lucir a la saltadora Catherine Ibargüen quien sumó su medalla de plata a la que consiguió Rigoberto Urán en ciclismo.
Poco más qué decir de las ocho preseas logradas por Cuba, a pesar de su paupérrima infraestructura. Precisamente ello rompe el mito y excusa que tenemos los bolivianos cuando echamos la culpa a la falta instalaciones. No tenemos que envidiar en ese aspecto a los miembros de la tribu keniata Masai, los mismos que luego se ponen a correr batiendo récords estratosféricos como el logrado por David Rudihsa en 800 batiendo al de su “primo” Kipketer.
En Bolivia no necesitamos (todavía) máquinas sofisticadas sino entrenadores y formadores. Necesitamos a los mejores talentos formando talentos, como sucede en Kazajistán o Bielorrusia. L.D. Valenzuela, entrenador de Bruno Rojas, hace su trabajo ad honorem y mientras sea así, no se le puede demandar resultados como si esa fuera una obligación. Sí al Viceministro Rimba, quien cobra puntualmente a fin de mes.
En un contexto competitivo, con deportes altamente democratizados -sin barreras económicas de entrada- en los que no se necesita más que una fuerte motivación, deberíamos despertar, exigiendo detonantes, y aprovechando que tenemos una cierta cultura atlética, por ejemplo en la marcha, legado que dejó Geovana Irusta en sus años de campeona sudamericana.
Foto: Luis Daniel Valenzuela con Bruno Rojas en la inauguración de Londres 2012.

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