11 de octubre de 2012

Las trampas de Lance Armstrong




Foto: FRANCK FIFE (AFP). Publicado en Los tiempos, Página Siete y El Deber.



Es joven, fuerte y decidido. Se ha recuperado del cáncer luchando. Tiene una capacidad cardiovascular sin parangón. Es un campeón.
Entrena como bestia. Dona gran parte de su fortuna a una noble causa. Todas esas afirmaciones sobre Lance Armstrong pueden ser ciertas. El que era considerado el mejor ciclista de la historia ha destinado mucho dinero a la investigación del cáncer, ha señalado el camino de muchos enfermos, ha ganado más Tours de Francia que nadie, etcétera, pero todos sus éxitos y buena voluntad son una cosa, y el haber recurrido a la trampa de manera consentida, es otra.
Lo ha hecho, mintiendo, al menos durante 15 años, de forma sistemática, transportando bolsas de sangre en neveras escondidas en apartamentos en Francia, España, Italia y Suiza, por “dealers” en motocicletas, con reuniones en gasolineras. Al más puro estilo gansteril.
Lo del ciclista tejano ya no es una sombra del dopaje que se extiende sobre él. Son pruebas y estudios razonados. Como parte del dossier que la Agencia Norteamericana Antidopaje (Usada) ha publicado esta semana –más de mil páginas– se pueden leer 26 testimonios de corredores en activo y otros retirados, medallistas olímpicos y pódiums en las grandes citas ciclísticas. El tono es el de una novela negra.
El miércoles pasado finalmente Nike, su mayor socio comercial, después de haberle defendido a capa y espada, aún después de conocerse la sentencia de la Usada, ha decidido retirarle su patrocinio, y horas más tarde, otras marcas como Trek, Anheuser-Bush y Honey Stinger también. Justamente la firma de ropa deportiva más vendida del mundo ha sido salpicada por una declaración de la esposa de Greg LeMond, otro mito del ciclismo, insinuando que Nike habría sobornado con medio millón de dólares a la Unión Ciclista Internacional para tapar un control antidopaje positivo del texano hace varios años, hecho que la empresa niega.
Las casualidades forzadas han mostrado que los grandes ciclistas impulsados por los equipos donde militó el norteamericano, una vez alejados de éste, han dado positivo en controles antidopaje. Gente como Hamilton, Landis, Contador o Vinokourov han pagado caro el abandono de la estructura US-Postal/Discovery. Todos ellos grandes campeones, todos ellos negaron la evidencia de su positivo. Algunos lo siguen negando o simplemente acuden al manoseado y mendaz argumento de haber pasado varios controles sin haber dado positivo o de haber comido alimentos “contaminados”. Ya no nos engañan. Como uno decía: “que la policía no te pille no significa que no hayas cometido el delito”.
Hay que reconocer que las autoridades estadounidenses en la materia habrían dejado de un lado la hipocresía y han sacado la basura que estaba debajo de alfombra. Seguimos esperando que algo así pase en España, a seis años de su particular Watergate del dopaje, la Operación Puerto y sucesivas (Galgo, Grial, etc.), sin ninguna sentencia.
El ciclismo en particular –y el deporte en general– está en una gravísima crisis ética. El meollo del asunto no pasa únicamente por la lista de productos prohibidos, ya que eso puede ser un hecho arbitrario de las agencias antidopaje, sino el respeto por unas normas equitativas de competición. Si la norma se cambiara y reinara el uso irrestricto de sustancias, sería equivalente para todos, pero de momento no es así.
A los crédulos se les acaba el argumento y la fe. Aquel “role model” que encarnó el norteamericano ya no cuela. Se puede poner a Armstrong como ejemplo de muchas cosas, pero como referente ético y deportista íntegro, nunca. Quizás ha llegado la hora de admirar al corredor popular en detrimento de la élite.

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