9 de octubre de 2012

¿Medallas? Conchazo será



Publicado en Los Tiempos y Página Siete. Foto: Mauricio Tapia.

Estos días, tanto a funcionarios de la Alcaldía como de la Gobernación de Cochabamba les ha faltado tiempo para agasajar a los deportistas cochabambinos -merecidamente- que han ganado los Juegos Deportivos Estudiantiles Plurinacionales por tercera vez consecutiva. Es ya conocida la tentación de llamar a la prensa cuando la mesa está servida, cuando la medalla está en el pecho, sin siquiera haber pelado ellos una cebolla para el festín. Lo que decía mi abuela comer a mesa puesta.
Cierto es que Cochabamba ha tenido resultados y aportes notables en el deporte históricamente y aún hoy en día. De las últimas 24 plazas olímpicas (retrocediendo 16 años, de Sídney a Londres), 7 fueron ocupadas por representantes cochabambinos (dos atletas repitieron y tres fueron una vez), es decir casi el 30% de los competidores bolivianos. Ahora bien, todos esos deportistas salieron de la zona urbana metropolitana de Cochabamba (que incluye Quillacollo). Ninguna representación de deportistas de zonas rurales, lo que puede dar a entender que estamos despreciando el talento que hay en una porción de un millón de habitantes o que sencillamente no se los descubre.
Además de ello, surge otra cuestión: ¿después de motivar a un joven de colegio a competir y participar en el deporte, qué sigue y cuál es la siguiente página del plan de desarrollo deportivo?
Cuando yo era atleta en activo y estando becado en un centro de tecnificación deportiva en España, muchos periodistas bolivianos me preguntaban “cómo era la vida en un centro de alto rendimiento”, pensando ellos  quizás que estaríamos enchufados a máquinas y entrenando las 24 horas, mi sorpresa fue grande cuando entrené con gente como Isaac Viciosa, campeón europeo de 5000 metros, que se preparaba en caminos de tierra, bosques y en una sala de pesas muy parecida a la del Félix Capriles, y “tan sólo” 3 o 4 horas diarias, aunque eso sí de lunes a lunes. Y eso sólo lo visible, a lo que había que añadir el “entrenamiento invisible” que él llamaba a una serie de privaciones y sacrificios relacionados con el estilo de vida.
La diferencia principal que ofrecían esos centros de tecnificación era la posibilidad de dar casa, alojamiento, opciones educativas mediante tutores, acceso a un centro médico y a un entrenador asalariado, a potenciales campeones de poblaciones alejadas y rurales.
Hace unos días el suplemento Informe del diario paceño La Razón, enumeraba ocho razones del fracaso del deporte boliviano. Algunas no parecen ser obstáculos con los que no se hayan topado países con los que podemos competir. Entre las variables citadas destacaban nuestra escasa población (¿y qué pasa con Uruguay o Guatemala?), infraestructura insuficiente (¿y Cuba, Etiopía o Uganda?), bajo seguimiento y competitividad (¿la TV estatal cubre eventos deportivos?) y falta de entrenadores.
Asumiendo que los recursos son limitados, y más en un país como el nuestro, habrá que priorizar. Para aquellos señores en la administración pública, no sabemos cuánto más alto hay que decirles que se necesitan, entre otras muchas cosas, entrenadores bien formados y con salarios dignos, para así atraer a los mejores cerebros e investigadores, ya que la infraestructura no trabaja por sí sola. Hace algunos años, la cúpula federativa chilena se puso manos a la obra activando el CAR de Santiago, combinando la estimulación de entrenadores locales de éxito como Gerardo San Jose o Pablo Squella con otros de renombre internacional como el español Antonio Postigo, e incluso fisiólogos como Jorge Cajigal. Todos ellos estuvieron en Bolivia atraídos por las bondades de la altura. Más aún, Postigo, tras varios años de entrenar a la Selección Española de atletismo se ofreció voluntariamente para colaborar con el equipo boliviano siendo abruptamente despreciado por el ente estatal. Así pues, fue que Postigo rápidamente fue contratado como asesor en Chile, y en un periodo corto de tiempo, atletas comenzaron a dominar las categorías juveniles de aquel país. Hoy, cuatro años después todavía no han tenido un medallista olímpico, pero han logrado pódiums en campeonatos del mundo, panamericanos y sudamericanos de categorías juveniles.  
Los bolivianos, deportistas, periodistas y aficionados, nos rompemos la cabeza pensando qué pasa afuera para que siempre nos ganen. Debemos aprovechar primero lo que ya tenemos y a partir de ahí, buscar el siguiente escalón, y no esperar que, como vulgarmente se dice, ¡haya un conchazo!

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