17 de noviembre de 2012

La cultura boliviana tiene motivos

Publicado en Los Tiempos. Foto: Los músicos bolivianos Eddie y Gabriel Navia.




¿Boliviano eres? Habrás ido a Manassas (EEUU) al festival de danza de septiembre, ¿no? Habrás participado en la entrada equis o ye, ¿no? Entonces no pareces tan boliviano, oye.

Preguntas como ésa, amenazantes casi, son retóricas y repetitivas entre nuestros compatriotas afuera. Los caporales han absorbido la bandera de la representatividad cultural nacional allende nuestras fronteras –merecidamente quizás– pero da la impresión de que hay más cosas que los vistosos y alegres patrones vestidos de lentejuelas.

Quizás no nos hemos percatado que esta semana está Eddy Navía en Las Vegas persiguiendo un Grammy acompañado por su hijo Gabriel, también virtuoso músico. Quizás no ha circulado la voz de que el fin de semana siguiente toca Octavia por enésima vez en el State Theater de Falls Church (EEUU). O que la banda de rock Oil acaba de hacer una gira por Europa. Acaso no hemos podido leer esta semana un brillante artículo de Edmundo Paz Soldán a propósito del Boom Latinoamericano en El País de España, diario más leído en castellano.

Probablemente no teníamos conocimiento de que en Argentina se ha publicado el trabajo sobre la guerrillera Tania del historiador Gustavo Rodríguez Ostria, así como en España se publicaron algunos textos de Maximiliano Barrientos, hoy becado en el célebre programa de creación literaria de la Universidad de Iowa; o de Sebastián Antezana, quien acaba de unirse este semestre a sus compañeros de doctorado Colanzi y Hasbún en la Universidad de Cornell. Y es que esa ruta hacia el norte ya la exploró hace unas décadas Eduardo Mitre y hace menos los narradores Claudio Ferrufino, Giovanna Rivero, además del ya mencionado Edmundo.

Probablemente haya resonado poco que el cochabambino Joaquín Rolón, un año después de ganar el concurso nacional de creación literaria joven “Roberto Bolaño” en Chile, ha sido gratificado con una beca del programa Ibermedia para desarrollar proyectos de guiones cinematográficos en Madrid; y quizás tampoco sepamos que la artista aimara Elvira Espejo expuso en esa ciudad, o que otras paisanas suyas como Alejandra Alarcón, Lucía Grossberger y Claudia Joskowicz lo han hecho en México, California y Nueva York respectivamente.

No sé si recordamos que Jaime Laredo es el director de la Orquesta Sinfónica de Vermont, que el joven chelista Pablo Issa, estudiante en el Conservatorio de la Universidad de Hartford, ha tocado este año con una orquesta de cámara en el Museo Smithsonian o que Willy Claure acaba de grabar un disco con el prestigioso folklorista argentino Enrique Coria, quien formara parte de grupos tan diversos como Los cuatro de Córdoba o David Grisam Quintet. También se puede citar una vez más a los ya conocidos Piraí Vaca en Alemania, Ramiro Sanjinés en Varsovia o Ana María Vera también en EEUU.

Y probablemente los aficionados del teatro no se hayan enterado que Diego Aramburo ha estado dirigiendo el mes pasado Lisístrata en el Teatro Nacional Sucre de Quito –donde también participó el actor chuquisaqueño Daniel Aguirre– y el año pasado en Quebec, Canadá. Estaría bien recordar que la fotógrafa de Página Siete Wara Vargas fue seleccionada entre las mejores fotógrafas de la región, y que el periodista del mismo medio, Fernando Molina, fue distinguido el año pasado con el premio de periodismo Rey de España.

Y no será boliviano de carnet pero sí de corazón como él mismo se define, Alex Ayala, uno de los cronistas jóvenes que está dando más qué hablar en América Latina por narrar pequeñas historias que transcurren en Bolivia.

Los artistas bolivianos están girando y en continuo movimiento fuera del territorio patrio, pero son una pequeña muestra de lo que está bullendo adentro. Y para proyectar ello se necesita una cultura colaborativa y de red, y en ello han puesto su mirada la gente de Cultura de Red, un puñado de artistas e intelectuales que han decidido repensar y escribir nuevas dinámicas en cuanto a compartir cultura de una forma más democrática.

Seguro que el lector disentirá por las omisiones de los nombres aquí enumerados, algunas monumentales, puesto que éste ha sido un ejercicio memorístico y no curatorial. Ése es el fin, que nos demos cuenta de que hay más. Un ejercicio de sentidos, porque hay motivos.

2 de noviembre de 2012

De cultura, sociedad civil y paquidermos

Embedded image permalink

Publicado en Los Tiempos y Página Siete.

Estos días en el diario Los Tiempos aparecía una entrevista a algunos de los más importantes gestores culturales de Cochabamba. Una de las ideas más interesantes la puso Fernando García, director del Proyecto mARTadero, al recordar que las actuaciones políticas relacionadas con cultura van por detrás y más lento de lo que la ciudadanía ya exige. Es decir que, de manera muy saludable, las tendencias de consumo y oferta cultural las van marcando la sociedad civil, muchas veces representada por instituciones privadas como el mismo mARTadero u otras fundaciones sin ánimo de lucro, asociaciones de artistas y otro tipo de redes que aglutinan a gente con aficiones e intereses similares.
Ello trae además un efecto “desenmascaramiento” de políticos y gestores públicos ineficientes. El Internet cada vez deja más en evidencia a los impostores y no hay que ser un estudioso en la materia para notar que, por ejemplo, en la última década el Teatro Achá no ha demostrado muchas dotes en sus criterios curatoriales ni tampoco un plan de difusión (por no haber, ni página web hay) y menos esbozos de crear una red nacional que potencie el flujo de artistas.
Para más inri, estos últimos días dos hechos han removido el panorama cultural en Cochabamba y Santa Cruz: en el Valle, el propio Oficial Mayor de Culturas ha señalado que el Alcalde –un exmúsico– amenaza con destituirle alegando “su edad”, a lo que varios gestores y artistas han reaccionado raudamente. En Santa Cruz por su parte, se hizo un intento fallido de expropiación por parte de la Brigada Parlamentaria de la exitosa galería de arte Manzana 1, con el resultado de miles de voces –casi 12.000 en Facebook– mostrando su contrariedad ante estos absurdos intentos, logrando la restitución del espacio a manos de sus gestores originales. Ambos hechos han sido repudiados por una importante cantidad de gestores y personas relacionadas con el arte y la cultura, en lo que podría llamarse la primavera de los movimientos culturales urbanos. En La Paz ya sucedió algo similar el año pasado con la fallida Ley de Mecenazgo.
Y si Internet puede limitar y poner barreras a abusos de poder de algunos políticos, su otra cara (el siguiente paso) es la propositiva y colaborativa. Precisamente esta semana destaca la iniciativa internacional Entretejer – Cultura en Red y su convocatoria abierta en Bolivia para organizar un “booksprint” (acelerón) con el fin de imprimir intensidad a un proyecto investigativo entre varios expertos e interesados reunidos un par de días para desarrollar un trabajo colaborativo. Como ellos señalan en su convocatoria, se trata de un “espacio de producción conjunta de conocimiento, ideas y prácticas, dedicado a trabajar sobre nuevos modos de sustentabilidad”. La forma de participar es, o bien enviando palabras claves a través de las redes sociales, o más profundamente vía escritura colaborativa –virtual o presencialmente– para pasar luego a un proceso de debate y reflexión.
La centralización en la cultura, tal y como la entendíamos ya se ha acabado. No porque los grupos de poder hayan perdido importancia, sino porque hay un quiebre que permite el acceso de nuevos movimientos y nuevas voces. Los gobiernos nacionales, regionales y locales no pueden pretender abarcar todo, llegó la hora de descentralizar el poder y los recursos, sino quedará muy patente su paquidérmico y apático tranco.