14 de diciembre de 2012

Las ciudades como laboratorio creativo




Publicado en Los Tiempos. Foto: Sergio Ribero.

Resulta obvio que las ciudades, gracias a las economías de escala y a la alta interacción social, son hervideros de ideas, creatividad y desarrollo.
Que no se me malentienda, ojo. El equilibrio con el mundo rural, la salvaguardia cultural, el cuidado de la naturaleza, la sostenibilidad alimentaria y la preservación del paisaje son necesidades fundamentales y prioritarias, pero no por esa nostalgia del pueblo del abuelo se debe negar la fertilidad de la plaza pública urbana.
 Hace unos años hubo quien pensó que la llegada del internet y el teletrabajo posibilitarían la permanencia de profesionales de alta cualificación en pueblos pequeños, trabajando a distancia. Lamentablemente para los pueblos, eso no ha pasado en niveles significativos, principalmente por el mismo motivo por el que las personas emigraron varias décadas atrás: el tamaño de los mercados.
Inclusive para trabajadores autónomos y para profesionales de las artes liberales, diseñadores o consultores profesionales independientes, la interacción y el continuo proceso de “lobbying” -aún tan necesario en nuestros días- parece ser fundamental. Como añadido además está el hecho de que los trabajadores altamente cualificados tienen generalmente hábitos culturales de la gran ciudad, como ir a teatros, estadios, reuniones sociales y procesos de capacitación con su respectiva “hora del café”, porque en esos espacios informales también se comparte información valiosa.
Para lograr el equilibrio ciudad/campo hay que pensar estrategias para retener pobladores en las regiones rurales del país. Un estadio de 35.000 personas en una ciudad de menos de 20.000 como Cliza, por ejemplo, no es una estrategia per se. Al comenzar las obras a principios de año, Evo Morales, soltando una profecía  demográfica, indicó que la población en el valle cochabambino estaba en expansión. En ese punto no se equivocó. Las poblaciones con mayores índices de pobreza crecen siempre más rápido, el punto es que suelen emigrar a las ciudades, haciendo de la retención algo imposible  de dejar al azar. No parece tan probable que Cliza tenga en los próximos años un crecimiento como el que tuvo El Alto o Santa Cruz, ciudades destinadas a liderar los procesos de las industrias culturales nacionales de las siguientes décadas.
Como afirma Richard Florida en la prestigiosa revista The Atlantic Cities, la clave en el desarrollo económico es la ciudad misma, gracias a su densidad y a los conectores interactivos que las alimentan. Las ciudades son máquinas que conectan ideas y personas, proporcionando una plataforma en la que puedan combinar y recombinar en miles de formas, estimulando la creatividad artística y cultural y la innovación tecnológica, el espíritu empresarial y el crecimiento económico.
Hace unos pocos días en Cochabamba se ha llevado a cabo en el centro Patiño un evento “TEDx” (Tecnología, Entretenimiento, Diseño), de los que se realizan cada año en diferentes regiones del mundo con el objetivo de reunir a los pensadores y emprendedores. En Cochabamba se han centrado en la innovación social, presentando expositores de áreas culturales, tecnológicas y científicas. Esta es una plataforma excelente para intercambiar la esencia de proyectos exitosos, pero sobre todo para motivar a quienes tienen ideas no experimentadas, a llevarlas a cabo.
Las Administraciones Públicas no tienen la capacidad ni la velocidad de ser tan creativas como los individuos, por ello, si tan sólo proveyeran espacios de diálogo y pequeños empujones en forma de “capital semilla” sería quizás suficiente en un primer momento. 
Tenemos un país rico en capital cultural y social, pero hay que transferirlo al plano económico. Hay que apostar, más todavía, por resaltar, proteger y abonar, manifestaciones productivas o simbólicas, reconocidas o por redescubrir, ya sea el recientemente certificado por la Unesco Periódico de Alasitas, emprendimientos tecnológicos como la empresa de software JALA o el chicharrón de Doña Pola.

5 de diciembre de 2012

El enfoque de deporte y desarrollo humano


Publicado en Los Tiempos y Página Siete. Foto: EFE.

    Esta semana, en un acto oficial relacionado con cooperación exterior, la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, subrayaba que las nuevas vías de la cooperación oficial al desarrollo ya no apuntan hacia relaciones paternales norte-sur, sino más bien hacia las relaciones societarias, y específicamente a aquellas que estén orientadas al tejido empresarial y al fortalecimiento de la inversión privada. En esa dirección van muchos de los proyectos de organismos como el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y su Fondo Multilateral de Inversiones.

    En un país eminentemente receptor como Bolivia, la cooperación exterior ha tenido un rol muy importante en el andar del sector público y privado. De esta forma, el deporte no ha estado al margen de estas dinámicas.

    Desde hace unas pocas semanas, uno de los proyectos más ambiciosos de desarrollo deportivo en Bolivia está siendo llevado a cabo por un conglomerado de instituciones, lideradas por la Fundación Real Madrid-Escuela Social Deportiva de España y su contraparte en Bolivia, la Fundaciones Gol y Alalay, las cuales además han logrado atraer a inversores privados.

    La Escuela Social Deportiva, que en sus comienzos cuenta con varios nodos en La Paz y Santa Cruz, tiene convenios con instituciones educativas como la Universidad del Fútbol y privadas, que ven en la responsabilidad social una interesante senda por recorrer. Sus interesados primarios serán pues, en primer término, los beneficiarios y sus familias, pero también los clubes de fútbol del país, que podrán aprovechar el trabajo realizado por este proyecto, afectando todo ello positivamente al “sector privado” del fútbol nacional que ganará en competitividad. Inclusive otros deportes podrían beneficiarse en caso de haber generación de contenidos científicos tras una evaluación de los resultados.

    Con varios cientos de niños en sus filas, el proyecto de la Fundación Gol parece un modelo interesante, no centrado únicamente en encontrar deportistas, sino en educar ciudadanos. Según se desprende de la web de la fundación, el fin es “incentivar y promover el desarrollo humano de los niños y jóvenes de zonas rurales, periurbanas e indígenas, y que consideren en el deporte una alternativa de aprendizaje, educación, liderazgo y oportunidades de progreso”.

    Por lo tanto, si sale de ahí “un Messi”, bienvenido, pero lo fundamental será educar. Muchos quisiéramos gritar el gol de un delantero boliviano en la final de un Mundial o de una Champions League, pero mejores rendimientos costo-beneficio seguramente se lograrían con un modelo educativo de primer nivel.

    Y es que invertir en capital humano suele ser la inversión social más rentable. Esto no es nada nuevo, sino que lo vienen diciendo economistas liberales como Becker o Schultz y desarrollando en el campo social, principalmente en los recursos humanos desde hace varias décadas. Conocimientos, habilidades y destrezas es lo que se busca potenciar.

    Más allá del impacto sobre el bienestar, la actividad física aumenta las competencias socioemocionales, fomenta habilidades valoradas por el mercado laboral, así como también las perspectivas de salud, educación y autoestima, además de ser un ecualizador que trasciende las barreras sociales.

    Han pasado ya muchas décadas desde la creación de esas revolucionarias escuelas ayllu promovidas en Warisata por Elizardo Pérez. Bolivia ha sufrido muchos cambios y avances. Ahora toca explorar nuevas sendas verdaderamente revolucionarias, que lleven a una educación más inclusiva. El siguiente ejercicio en estos experimentos como el de la Escuela Social Deportiva - Fundación Gol, será evaluar su efectividad, y comprobar si, como decía el ex delantero del Real Madrid Emilio Butraguegueño en La Paz, se han formado “mejores personas”, y si se cumple el cometido, replicar el modelo.