28 de diciembre de 2013

BikeSwell y el caso de Arlington, Virginia

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Publicado en el blog BICIudades, parte de la iniciativa Ciudades Emergentes y Sostenibles del BID.


Hace unas semanas se ha estrenado el mediometraje documental BikeSwell, filme en el que se destaca cómo Arlington, ciudad colindante con Washington, DC, ha apostado decididamente por las alternativas en cuanto a transporte se refiere. Una de ellas es BikeArlington.

Esta propuesta audiovisual forma parte de la campaña BikeSwell Smart Movement, iniciativa impulsada por el condado de la ciudad virginiana “hermanada” con San Miguel, El Salvador y Coyoacán, México, donde además existe una importante población inmigrante boliviana y salvadoreña.

El video es un componente más de una estrategia que busca potenciar y combinar el uso de redes sociales (Facebook, Twitter y un foro de discusión abierto), con herramientas de educación y sensibilización respecto de derechos y obligaciones de conductores, peatones y ciclistas, además de la diseminación de noticias y reuniones de pedalistas, un blog, mapas, sugerencias de rutas y paseos, y vínculos con otras comunidades ciclísticas a lo largo de Estados Unidos. BikeSwell tiene por misión conseguir que más arlingtonianos se monten en las máquinas de dos ruedas, ya sea para desplazamientos, compras o simplemente divertirse.

La plataforma es sencilla y está logrando fortificar la comunidad de usuarios de la bicicleta en Arlington, apuntando a traer el ciclismo a la vanguardia de la conversación acerca de cómo la gente se desplaza en la ciudad, conocida por tener el cementerio militar más famoso de Estados Unidos.

Y parecen estar comenzando a lograrlo, a través de argumentos tan convincentes como que una persona promedio pierde 13 libras (unos 20 kgs.) el primer año de ir al trabajo en bicicleta, o que correr y manejar bici son las dos actividades al aire libre más populares en Estados Unidos según frecuencia de participación, e inclusive que aquellos adolescentes que usan la bici más de cuatro veces por semana, tienen un 48% de posibilidades menos de sufrir obesidad de adultos.

Estas ideas o datos “gancho”, se apoyan en otros hechos como que Arlington ha puesto al servicio de sus ciudadanos más de 113 millas (180 kms) de circuitos multiuso, carriles-bici y ciclovías; que aquellos barrios más “caminables” están directamente relacionados con un mayor valor de las viviendas; o que el 50% de todos los viajes que hacen americanos son de menos de tres millas, distancia muy sencilla de cubrir sobre una bicicleta y en lugares relativamente planos.
Todas estas cifras e ideas son para ponerse a pensar. Y también a pedalear.

Aquí el link del documental completo de BikeSwell.

27 de diciembre de 2013

Lo que dejó el cine latinoamericano en 2013

Publicado en Los Tiempos

Estaba en una de esas aciagas tardes de domingo familiares típicas de días navideños compartiendo con mi cuñado el sofá y el control de la TV. Él quería ver alguna novedad, pues según decía, ya se había visto “lo bueno” de este año producido en Hollywood. Puesto que abrió la veda a sugerencias, me apuré a proponer algo de cine latinoamericano, obteniendo yo una mueca de desaprobación, seguida de una lacónica y desdeñosa sentencia: “en América Latina hay poca calidad”. 

En ese momento se me vinieron a la cabeza no pocos ejemplos del buen momento que, precisamente a nivel internacional, existen del cine regional. En términos comerciales y de exploración de lenguajes –animación específicamente–, este año tuvimos el estreno de la película más cara y taquillera de la historia del cine argentino: “Metegol, del director argentino oscarizado Juan José Campanella, ganador de la estatuilla hace un par de años con “El secreto de sus ojos.

Mi cuñado me increpó diciendo que el éxito no sólo se puede medir en términos de taquilla, argumento que favorecía mi posición: la directora venezolana Mariana Rondón acaba de alzarse en el Festival de Cine de San Sebastián este septiembre, con la Concha de Oro por su filme “Pelo Malo y en el mismo festival, el mexicano Fernando Eimbcke se quedó con la distinción a mejor director por "Club Sandwich". Y con México tenía más argumentos: más pronto este año Amat Escalante logró el premio a mejor director en el festival de Cannes con su desgarrador drama “Heli, emulando el éxito de Carlos Reygadas el año anterior con su experimental filme “Post Tenebras Lux, mientras que el documental "Los insólitos peces gato", de Claudia Sainte-Luce recibió en Toronto, el premio FIPRESCI – Discovery, todo ello sin contar todavía el éxito de crítica y taquilla que está cosechando “Gravity”, anotada en varias quinielas de mejor película en Estados Unidos, del nominado al Oscar Alfonso Cuarón.

Chile también tuvo este 2013 una cosecha prodigiosa: la actriz chilena Paulina García logró el Oso de Plata a Mejor Actriz en la Berlinale (máximo galardón), por su papel en “Gloria, de Sebastián Lelio.  En Sundance, el premio a Mejor Director- Drama en la categoría World Cinema se lo llevó Sebastián Silva con "Crystal Fairy", mientras que “No de Pablo Larraín, logró la nominación al Oscar como Mejor película de habla no inglesa.

Cada uno puede hacer las quinielas que quiera con las 10 mejores películas del año. Esta no es una de esas listas, simplemente trata de resaltar algunos productos destacables que triunfaron en certámenes de primer nivel alrededor del mundo. Y ojo con lo que puedan hacer en 2014 los documentales musicales sobre Café Tacvba, “El objeto antes llamado disco” y sobre los cantautores españoles Serrat y Sabina de viajes a América Latina, “El símbolo y el cuate”, además de la gran apuesta boliviana “Yvy Maraey” de Juan Carlos Valdivia, quien ya recolectó galardones de Sundance en 2009.


Ya lo dijo el director artístico de la 70ª Mostra de Cine de Venecia, Alberto Barbera: “El futuro del cine no está en China, sino en América Latina, una tierra donde están sucediendo muchas cosas”. Consejo a tener en cuenta los domingos por la tarde. 

13 de diciembre de 2013

Ciudades como la gente


Publicado en Los Tiempos. Fotograma del film The Human Scale.
La Iniciativa Ciudades Emergentes y Sostenibles del Banco Interamericano de Desarrollo ha presentado esta semana en Washington DC la película The Human Scale (La Escala Humana), documental que, de la mano del estudio de arquitectos urbanistas daneses Gehl, explora las posibilidades futuras de las ciudades, pensadas para los ciudadanos.
Y aunque esa afirmación parezca una verdad de Perogrullo, lo cierto es que las ciudades muchas veces  parecen haber sido configuradas para los automóviles.
La Escala Humana cuestiona cómo asumir la modernidad urbana, con el individuo como centro del alegato. Las personas por encima de los edificios. Ágilmente, debate cómo se planearán las megaciudades del mañana (hasta hoy pensadas mediante “planes maestros”, gigantes sistemas de carreteras y rascacielos como paradigma) poniendo atención a los espacios de socialización, recordando la pertinencia de tomar en cuenta la creciente violencia e inseguridad, la inclusión social de los individuos que la conforman, para así evitar la alienación de estos y la individualización en extremo, asunto que muchas veces se transfiere en depresión y ansiedad, enfermedades del siglo XXI.  
Según el arquitecto Jan Gehl, para que una ciudad sea inteligente y sostenible, habrá que tomar en cuenta cómo caminan sus peatones, conocerlos, interactuar con ellos, escuchar sus demandas, a un nivel de base, y para ello –apoyándose en estadísticas– observa cuántas personas pasan por una calle durante un día, qué porcentaje son peatones, cuántos conducen bicicletas, o qué parte del espacio de la calle se permite a cada grupo; cuestiones todas ellas ya planteadas en ciudades como Copenhague, Melbourne, Dhaka, Nueva York, Chongqing y Christchurch al momento de planificar calles peatonales, ciclovías, parques, plazas y otros espacios públicos.
Estas preocupaciones tienen que estar en el centro del debate, sobre todo cuando se espera que para el año 2050 la población mundial que vive en zonas urbanas sea de 80% (actualmente es el 50%), fenómeno que tendrá más relieve sobre todo en Asia, África y América Latina, aunque con otros tintes, aquellos como la escasez de petróleo, el cambio climático y nuevos problemas de salud debidos a nuestra forma de vida.
Las ciudades se mueven a velocidades extremas, prueba de eso es el caso de El Alto, con 50.000 habitantes hace seis décadas y con más de un millón ahora, crecimiento que continuará en ciudades como Santa Cruz o Cochabamba.
La Iniciativa de Ciudades Emergentes y Sostenibles del BID precisamente está trabajando en la ciudad valluna en el diseño de un plan de movilidad urbana sostenible y tiene en la mira otros dos proyectos piloto, uno de ellos de renovación del río Rocha y el otro de sistemas de salud y desarrollo infantil y juventud en riesgo. Todo ello en congruencia con los postulados de La Escala Humana, aquellos que hacen un llamado al cambio radical de mentalidad y estilo de vida, intentando que la planificación urbana sea una parte integral de la solución.

29 de noviembre de 2013

De francotiradores pacientes a artistas


Publicado en Los Tiempos. Imagen: Jaime "Diablo" Tereba. 

Desde hace unos años el arte callejero ha dejado de verse como una expresión vandálica. Ahora, artistas urbanos exponen, con la venia de afamados curadores (a veces amos de la especulación) en espacios reputados como la Tate-Londres, que ya cuenta con un programa educativo virtual para niños sobre el tema, o el MOMA, y su colección “Occuprint Portfolio” sobre el movimiento “Occupy Wall Street”.
Esta semana precisamente el Banco Interamericano de Desarrollo ha preparado un gran evento con innovadores de nivel mundial, como el inventor del detector del cáncer de páncreas, el joven Jack Andraka o el diseñador del popular biciclo urbano Segway, el multimillonario Dean Kamen. Entre estos inventores vanguardistas estaba Panmela Castro, grafitera de Río de Janeiro, que comenzó su relato mostrando una foto del expresidente de Brasil, Lula Da Silva posando junto con su obra. Su fama ha llegado gracias al uso de su arte como método de lucha contra la violencia machista.
También esta semana el académico de la lengua española y periodista de guerra, Arturo Pérez Reverte ha presentado su nueva novela “El francotirador paciente”, que explora precisamente el camino que recorren los grafiteros, aludiendo el nombre del libro a las tácticas de guerrilla que emplean sus fieles, aunque con unos precisos códigos de solidaridad, camaradería, coraje, riesgo, aventura y hasta deporte.
Cuenta Pérez Reverte que muchos de los grafiteros que él ha conocido no pretenden hacer arte, y que incluso repudian ese rótulo, pero que algunos alcanzan un nivel superior –de talento o exigencia gráfica y conceptual- que los lleva a convertirse en artistas.
En Bolivia, las grafiteras más universales son las activistas Mujeres Creando, que inclusive han expuesto en museos comoel Reina Sofía de Madrid, espacio donde posa el Guernica de Picasso. Pero el grafiti y su evolución hacia el arte urbano va mucho más allá y los movimientos underground se han expandido como la pólvora, igual o más rápido que el hip hop en El Alto (movimientos con los que muchas veces se dan la mano), y buena prueba de ello son las ya dos exitosas ediciones de la Bienal de Arte Urbano que organiza el Martadero.
Algunas de las más interesantes propuestas vienen de Santa Cruz, una de ellas del artista cruceño Jaime “Diablo” Tereba, mente indomable que surgió del proyecto social de Hombres Nuevos del Plan3000 y se introdujo en el ambiente artístico influenciado sobre todo por Roberto Valcárcel, y que ahora junta arte mestizo con propuestas eclécticas y hasta escultura. Tereba colabora con el colectivo Arterias Urbanas, grupo que ha llevado su arte inclusive a Alemania.
El grafiti evoluciona, como seguramente terminará evolucionando la cumbia y los narcocorridos, ahora con grupos más experimentales e innovadores como Botisch Fussible o el Mexican Institute of Sound. Ya lo hizo el tango, desde Piazzola a Bajofondo; el flamenco, de Camarón de la Isla al Cigala; y el folklore boliviano, de Cavour a Willy Claure.

Y así se canonizará otra expresión, alcanzando un sentido artístico refinado, y cuando llegue ese momento, los márgenes sabrán apropiarse de una nueva vía, que desde la clandestinidad critique al sistema.

1 de noviembre de 2013

La Economía Naranja

Publicado en Los Tiempos. Para ver el video promocional, haga click aquí. Para descargar el libro gratuitamente, aquí.
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Esta semana el Banco Interamericano de Desarrollo ha presentado el libro de Iván Duque y Felipe Buitrago sobre el poder de la economía creativa y de la cultura, denominado “Economía Naranja”. La idea es desmitificar una aparente escasa incidencia de las artes y de la creatividad en la economía global, específicamente en América Latina.

El texto publicado con el Grupo Santillana, y gratuito para su descarga, demuestra con cifras, los potenciales beneficios que pueden traer las industrias culturales convencionales (libros, teatro, cine, tv, video, fotografía, música), sumadas a aquellas industrias, como las deportivas, el turismo cultural, el ecoturismo, la gastronomía; además, de identificar otros “nuevos” rubros como aquellos que incorporan diseño, publicidad, desarrollo multimedia, software, videojuegos y soportes de medios.

Muchas veces, al común de los mortales, nos cuesta visualizar cuánto aporta realmente este sector, en comparación con otros.

Resulta pues que en 2011, la producción de la Economía Naranja a nivel mundial alcanzó los 4,3 billones de dólares. Para entendernos, si la Economía Naranja fuera un país, sería la cuarta economía del mundo, un 20 por ciento más que la economía entera de Alemania o más que el doble que el gasto militar mundial, y eso que hay muchas guerras. Siguiendo con el supuesto del “País Naranja”, sería el noveno mayor exportador de bienes y servicios con 646.000 millones de dólares (más del doble que las exportaciones de petróleo de Arabia Saudita) y la cuarta fuerza laboral del mundo con más de 144 millones de trabajadores (casi lo mismo que los empleos total de los Estados Unidos).

Así que son datos para no despreciar, especialmente en países como Bolivia, uno de los mayores aportantes por millón de habitantes del mundo de sitios y manifestaciones certificadas como Patrimonio Mundial por la Unesco, y con una cultura tan rica y diversa. Ciudades como Cochabamba, famosa por ser el hub gastronómico del país; Oruro, conocida como la capital del folklore; Sucre y Potosí, las perlas coloniales; La Paz y su aire behemio “saenziano”, o la Santa Cruz jigote (y así podríamos repasar las características creativas de cada región), representan ese gran capital con infinito por explotar. Y esto no es teoría: según un estudio de la Oficialía Mayor de Promoción Económica de La Paz, la Fiesta del Gran Poder, en La Paz, generó 50 millones de dólares.

Los ministerios de Cultura, y a veces de Turismo, han sido los encargados de ponerle horas y recursos al asunto. Ahora toca que sean los ministerios y Desarrollo Económico y Hacienda de los diversos países de América Latina los encargados de apostar, en grande, por estas posibilidades, puesto que la dimensión de la economía creativa en la región es comparable a la economía entera del Perú, con 175.000 millones de dólares, y con una fuerza laboral equivalente a las de Guatemala, Honduras y el Salvador combinadas con más de 10 millones de empleos.

Tendremos que exigir a nuestros representantes (legisladores, ejecutivo, concejales, gobernadores y dirigentes de base) tomar un asunto tan divertido como el de la Economía Naranja en serio, y no porque esta semana se haya festejado Halloween o hayamos comido t’antawawas, sino porque puede ser nuestro sostén de vida el día de mañana.

21 de octubre de 2013

El Cuarto y la era de las imágenes

Publicado en Los Tiempos. Foto: Sergio Ribero. 

Ha tenido que ser un concurso internacional (el primer puesto en el HumanKind Photo Contest de Mercy Corps y Getty Images) y un reportaje en El Deber los detonantes para que se le preste atención masiva al fotógrafo cochabambino Sergio Ribero. Pero lo cierto es que él viene dando muestras de su capacidad desde hace años, en plataformas virtuales principalmente.

Y casualmente no han sido curadores o educadores locales quienes han puesto atención en su trabajo, sino más bien gente del mundo literario. En su caso fueron los escritores Maximiliano Barrientos, que utilizó una foto suya para el libro “Conductas Erráticas” (Aguilar, 2009); Rodrigo Hasbún, para su premiada novela “El Lugar del Cuerpo” (Alfaguara, 2009), y acto seguido Liliana Colanzi para la edición boliviana de “Vacaciones permanentes” (El Cuervo, 2010). Incluso el reconocido literato español Miguel Sánchez Ostíz, Premio de la Crítica de aquel país, ha elogiado el trabajo de Ribero.

Pero el que se haya asomado a su fotogalería de Flickr sabe que Ribero tiene mucho más allí escondido. Procedente de familias de artistas (por el lado materno es sobrino del poeta orureño Luis Mendizábal Santa Cruz y por el paterno del pintor Gonzalo Ribero), Sergio tiene un radar especial que se plasma en rostros, fotografía documental y paisajes urbanos.

Es una de las ventajas de la democratización del acceso a la cultura. Artistas como éste ya no necesariamente tienen que esperar a que los curadores, críticos o galeristas le den la venia omnipotente para acceder al gran público. De hecho, algo sugiere de los curadores cochabambinos el hecho de que no se le haya expuesto en una sala pública aún. A él y a otros varios fotógrafos que están participando de una especie de boom de la imagen.

Uno de ellos es Steve Camargo, que, aunque ya expuso en lugares como la Alianza Francesa, acaba de ser seleccionado ganador del Humanity Photo Documentary Award-HPA2013 con su serie fotográfica titulada “Banda/Bolivian Traditional Band” y será parte de la exposición Memories of Mankind VIII, en Naijing, China. Camargo ya mostró sus destrezas con trabajos que destacan la plasticidad del cuerpo y las barras deportivas, concretamente la de su querido Wilstermann, Los Gurkas.

Estos son solamente dos ejemplos de un detonante que va mucho más allá: el Colectivo El Cuarto, que nació de interesantísimas tertulias en el café visual La Muelita (donde exponen y debaten sus trabajos), y que fue formado inicialmente por Camargo, Sergio Estrada, Willy Rocabado “Roco”, Álvaro Gumucio “Gumo” y Eduardo Osorio, tiene ahora entre sus miembros al propio Ribero, a Osorio y a Estrada, además de Diego Jordán, Didier Petre, Rodrigo Ergueta, Daniela Parra y Ariana Zabalaga, todos ellos fotógrafos con inmenso potencial.

Se trata de todo un boom de la imagen, no sólo en Bolivia sino a nivel mundial. Todos somos fotógrafos, y todos tenemos acceso inmediato a las obras de los grandes. Cada día en el mundo se comparten aproximadamente 500 millones de imágenes, pero no todas transmiten esa potencia que sólo algunos lentes privilegiados son capaces de inmortalizar.

28 de septiembre de 2013

Los bajos fondos del rock latino


Publicado en Los Tiempos. Foto propia.

No es usual ir a una sinagoga de noche, en el centro de Washington, DC, a escuchar un concierto, de pago, que poco tiene que ver con los ritos religiosos hebreos. Tampoco es común ver esas menorás –lámparas de aceite de siete brazos–, encendiéndose y apagándose al ritmo frenético que dicta un bandoneón, acompasado con los beats de una computadora y aderezados por una banda de rock.

Ése fue el escenario que me encontré la primera vez que vi a la agrupación rioplatense Bajofondo en directo el año pasado. Se trata, probablemente, de la banda más dinámica de América Latina en este momento, y no precisamente porque esta semana haya sido nominada a tres premios Grammy, incluyendo la categoría de álbum del año; o porque haya sido invitada hace unos meses a tocar al festival de música y artes visuales más vanguardista del planeta, el SXSW de Texas, sino por su misma naturaleza de mestizaje cultural.

El superéxito de esta banda no es tan nuevo. De hecho su líder, el argentino Gustavo Santaolalla, ya trabajó en los años 70 y 80 como productor con sus compatriotas Charly García y León Gieco y en los 90 con gente como Caifanes, Los Prisioneros, Café Tacvba, Molotov o Julieta Venegas. Ya con Bajofondo Tango Club, Santaolalla unió su talento con una exquisita selección de bandoneones, violines, bajos y samplers, contando el grupo con colaboraciones de músicos de la talla de Gustavo Cerati, Jorge Drexler o Elvis Costello. La fama se asentó rápidamente, con la llegada de su primer Grammy en 2002. La conquista del público anglosajón se dio con las consecutivas cosechas por parte de Santaolalla del Oscar a la mejor música original, por sus trabajos en las películas Brockeback Mountain y Babel, además de un Globo de Oro y un Bafta.

Y es que Bajofondo es algo más que tango argentino-uruguayo. Es música electrónica, es milonga, es hip-hop y es rock del especial. Para el que lo dude, le bastará escuchar una de las joyas que forman su nuevo álbum “Presente”: “Pena en mi corazón”, verdadera pieza épica de rock, llamada a formar parte de lo más destacado del manoseado subgénero del rock latino, una vez alejados del orbe Spinetta y Cerati y con Charly en stand-by. Y digo manoseado porque a esas grandes contribuciones, se adjuntó el cartel de otros menos virtuosos como Miguel Mateos, Vilma Palma o Enanitos Verdes, tres buenos ejemplos del estancamiento estilístico y de la falta de exploración creativa de la pasada generación, quienes una vez pasado el siglo se volvieron un tributo ochentero. En contraposición, Bajofondo nunca llenó estadios de fútbol, pero ha logrado tener un público fiel y entregado, distinto de aquellos hinchas futboleros de Los Redondos o Bersuit.

Se trata pues de un conjunto de virtuosos, aunque sin dejar de ser callejeros, y sobre todo mostrando ese congénito instinto musical que no se enseña. Porque aún cuando Santaolalla no sepa o no quiera leer partituras, no deja de ser una de las mentes más creativas y transgresoras de la música del continente. Ese tipo de gente que ayuda a entender que la evolución y la revolución son posibles. Esa revolución a la que el dramaturgo ruso Máximo Gorki le dedicó una obra dramática hace ya más de un siglo, llamada “Los bajos fondos”.

17 de septiembre de 2013

Emociones que se leen

El periódico Los Tiempos de Cochabamba celebra 70 años y para ello los columnistas reseñan lo que es -o fue- para ellos este medio de prensa. Aquí el enlace de mi contribución y aquí algunas otras de gente como Carlos Mesa, Lupe Cagías, Ramón Rocha Monrroy, Paulovich, etc. 


En mi infancia, mis mañanas de domingo familiares consistían en la lectura, principalmente de prensa nacional, instaurando mis padres una férrea dictadura acerca de las actividades de ocio. Puesto que de niño me aburría la economía o las columnas de opinión, no me quedaba más remedio que leer el suplemento deportivo.

Me construí ídolos apelando a la arqueología de prensa, convirtiéndome en un consumado fetichista del escaso material que salía publicado de atletas nacionales como Policarpio Calzaya, Genaro Agostopa, Katherine Moreno, Heriberto Lema, Totoño Pavisic, hasta llegar a la atleta Jacky Soliz, medallista en aquellos Juegos Bolivarianos de Cochabamba, quien fue mi primera entrenadora.

Un día, después de haber pegado en mi ventana una foto del entonces capitán de Wilstermann Gastón Taborga, advertí que al otro lado del folio había una crónica sobre Urkupiña escrita por un tal Paulovich, con tanta gracia y picaresca que cambié mi visión de aquellas pesadas y hercúleas columnas de opinión, perdiéndoles definitivamente el miedo, lo que devino progresivamente en otras lecturas de Gregorio Iriarte, Gonzalo Chávez, Óscar Uzín, Carlos Mesa, Cayetano Llobet, HCF Mansilla, Claudio Ferrufino, Ramón Rocha, Luis Bredow, Roberto Laserna, Gonzalo Lema, Leo De La Torre o Marcelo Guardia.

Años más tarde me tocaría emigrar, afortunadamente ya en tiempos de Internet, lo que hizo mi adaptación más fácil. O quizás no tanto. Para entonces representaba a Bolivia en campeonatos internacionales de atletismo y vivía en un centro de tecnificación deportiva. 

En 2003, tras una profunda desilusión al no clasificar a los Juegos Panamericanos de Santo Domingo, finalicé mi temporada, en lugar de la pista, en el gabinete de la psicóloga, quien me instó a adaptarme más al país de acogida, recomendándome dejar de leer (tanta) prensa boliviana, en favor de la local. Afortunadamente no le hice caso, y conocí y recordé, a distancia, las hazañas del Teatro de Los Andes, y lamenté la muerte de Werner Güttentag, y supe de la capacidad creativa de Edmundo Paz Soldán, y envidié asistir al mARTadero, y festejé los títulos de Wilstermann, y me plegué a la lista de fanáticos de Jaime Sáenz, y supe que Jaime Laredo dirigía la Sinfónica de Vermont, y sentí vergüenza de haber tenido como presidente a García Meza, y conocí que el Grillo Villegas tenía vida más allá de su exgrupo de rock LouKass, y me enteré que designaron al Carnaval de Oruro como Patrimonio de la Humanidad, lo que me causó una inmensa alegría de haber nacido donde nací. No porque nuestra tierra fuera especial porque sí, como proclaman los nacionalismos inútiles, sino porque compartimos una historia común, con genialidades que, gracias a la prensa, gracias a la tinta de Los Tiempos, han quedado registradas en esas hemerotecas mentales que tenemos.

6 de septiembre de 2013

La lotería de los Juego Olímpicos


Publicado en Los Tiempos.

Este fin de semana en Buenos Aires se decide qué ciudad albergará los Juegos Olímpicos de verano de 2020. Han pasado el primer corte tres ciudades candidatas y son las finalistas: Madrid, con la puntuación más alta, seguida muy cerca de Tokio, y luego Estambul, aunque todas cuentan con posibilidades.

España vuelve a presentar una candidatura, a 21 años de celebrar unas olimpiadas ejemplares en Barcelona, pero en un contexto totalmente distinto. La ciudad catalana en los años 80 era todavía una gran desconocida a ojos del mundo y en un ambiente económico muy diferente al actual. Habían puesto como eje de la candidatura, un gran proyecto de gentrificación y reconstrucción urbanística, integrando el mar en una ciudad que físicamente le había dado la espalda, beneficiando hasta entonces sólo el lado portuario.

El experimento salió a la perfección, y a partir de ello las demás candidatas –ganadoras y perdedoras– trataron de vender la posibilidad de “pelotazo” urbanístico como un hecho. No obstante ha habido casos más ruinosos como el de Montreal 1976 o el reciente de Atenas 2004 que han dejado importantes facturas por pagar durante años.

En un contexto de crisis económica sin precedentes en el último medio siglo, España se enfrenta ante el fantasma de la insolvencia, lo que precisamente ha dado lugar a una candidatura de “low cost”, usando instalaciones existentes y “reciclando” recursos en uso.

Como punto gris tiene también el lastre de la ineficiente lucha contra el dopaje, lo que puede haber afectado negativamente en las dos elecciones previas, donde Madrid perdió por muy poco ante Londres  y Río de Janeiro respectivamente.

En cuanto a Turquía, un país emergente que rentabilizaría muy ese mensaje de “Mundo: aquí estamos”, tiene en contra la inestabilidad política interna y de la propia región –al lado de Irak, Líbano, Siria o Georgia–, y la que pueda llegar en los siete años que restan, además de las dudas que puede generar su solvencia en términos económicos a la hora de poner sobre la mesa esos 14 mil millones de dólares que dicen que su proyecto costará, y su también desastrosa gestión del asunto del dopaje, con muchísimos casos positivos este año. Por el contrario, tienen a su favor la misma carta que usó Río: albergar unos juegos en esa región geográfica por primera vez en la historia, especialmente un país musulmán y lo que ello representa en términos mercantiles.

En cuanto a Japón, es el proyecto menos eléctrico, pero quizás el más realista. Ni tan caro, ni tan barato como las otras dos candidaturas, tiene como referente la olimpiada que ellos mismos organizaron en 1968, con éxito total.

En cualquier caso los tres alcaldes ya se frotan las manos. Hay estudios que indican que incluso las ciudades candidatas “perdedoras” logran beneficios en términos de imagen y sin poner un solo peso, asunto muy útil si se consideran los gigantescos costos que un evento de estas dimensiones acarrea.

En cualquier caso este fin de semana tendremos una nueva ciudad que estará en la cabeza de todos durante los últimos cuatro años de esta década.

26 de agosto de 2013

Vergés, el brillante bastardo

Publicado en Los Tiempos.

La semana pasada en París ha muerto Jacques Vergés, uno de los abogados más controvertidos del Siglo XX,  a los 88 años. En su currículum destaca haber defendido a gente extrema, muchos de ellos torturadores, asesinos otros, y activistas los menos. Su caso más renombrado fue el de Klaus Barbie, el Carnicero de Lyon, conocido de sobra en tierras bolivianas. 
Vergès tituló su autobiografía de la misma forma que esta columna, y así es como él se proyecta: como un abogado brillante e impío que buscó edificar una imagen de vengador de las colonias francófonas oprimidas, defendiendo la violencia y a los violentos.
Sus 88 años de vida han dado para mucho. Tanto como para haber nacido en Tailandia (de padres francés y vietnamita), haber crecido en Reunión, haber forjado su pensamiento político de extrema izquierda en Londres, estudiado leyes en París, con posteriores estadías en la Praga de los 50, en algunos lugares del mundo que no ha revelado, y haber forjado su carrera política en el norte de África.
Este contradictorio y polémico personaje que fue funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores de Argelia, señaló que su defensa del exjefe de la Gestapo de Lyon fue ad honorem y por una motivación de defender el sistema legal francés de una “manipulación” interesada. No ha dudado en llevar reclamaciones rocambolescas como la de la expulsión ilegal del ciudadano boliviano-alemán Klaus “Altmann” Barbie ante el Tribunal Internacional de la Haya, en 1987, contando con un reducido equipo, entre los que estaba el abogado boliviano Raúl Jiménez Sanjinés.
Aquel fue un proceso judicial largo y costoso: tan sólo la preparación, deliberación y su sentencia demoraron más de cuatro años en total. Este juicio fue el primero en la historia de Francia hacia una persona imputada por crímenes contra la humanidad y marcó la jurisprudencia futura en la materia: 800 periodistas de casi 30 países acreditados y el Canal de Historia francés grabó y, años después, emitió las 185 horas del juicio divididas en 37 entregas, terminando con la sentencia de cadena perpetua a Barbie.
Así, Vergès pasó de ser tan solo un abogado a ser el principal atractivo de aquel evento, ya que sistemáticamente fue armando una campaña multidimensional, implicando otros espectros tangenciales al juicio de los crímenes cometidos por el nazi, como los atropellos realizados por franceses en territorio argelino en las épocas coloniales; la credibilidad de los testimonios y documentos utilizados por la parte civil –documentos sobradamente comprobados en los que estaba la rúbrica de Barbie–; la ilegalidad en la expulsión de Bolivia del ciudadano “Altmann”, e incluso la profusión de voces negacionistas del holocausto. Importantes intelectuales como Jürgen Habermas o el premio Nobel de la paz Elie Wiesel, han criticado sus métodos. 
Ha defendido además a gente tan diversa como a Carlos “El Chacal”, Pol Pot, Wadi Haddad –pionero del actual terrorismo islámico–,Ibrahím Abdalá, y sobre todo a la terrorista Djamila Bouhired, con quien contraería nupcias. En sus últimos años se ofreció a personajes como Slovodan Milosevic, a Saddam Hussein y Muamar el Gadafi, sin haber llegado a consumarse su defensa.

“La naturaleza es salvaje, impredecible y absurdamente cruel. Lo que distingue a los seres humanos de los animales es la capacidad de hablar en nombre del mal. El crimen es un símbolo de nuestra libertad”, dijo en vida. Ese fue su modo de proceder y su modo de pensar. La justificación sin límites. Públicamente manifestó que “comprendía perfectamente la violencia en algunos casos”, lo que le hacía aún más peligroso. El peligro que esos brillantes cerebros significan para la humanidad.

10 de agosto de 2013

Opacidad a la latina

Publicado en Los Tiempos. Foto: Sergio Ribero.


Los países del hemisferio norte, especialmente aquellos de tradición protestante, pareciera que han heredado el ejercicio de la transparencia de forma más directa e inapelable, que las festivas naciones de tradición latina.
Esta semana se ha descubierto en Alemania que durante la Guerra Fría, no sólo habría hecho trampa en asuntos deportivos, como se conocía, la Alemania del Este (RDA), sino también la Alemania Occidental (RFA). Un informe preparado por la Universidad Humboldt de Berlín, revela que las prácticas poco éticas y tramposas fueron ejercitadas desde los años 50 hasta la década de los 90 a gran escala en el deporte de ese país, que casi llegó a dominar los medalleros olímpicos.
Con seguridad éste es un tema espinoso y vergonzoso para el nacionalismo germano, y va a levantar algunas ampollas. Sin ir más lejos, ya se baraja el nombre del vicepresidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach y de exfutbolistas, por haber encubierto prácticas dopantes.
No obstante, estos exorcismos son ineludibles si se pretende atacar el problema de raíz. Por contra, en España aún están poniendo excusas y tapando huecos ocho años después de que se descubriese el mayor entramado de dopaje en la historia del deporte: la Operación Puerto, que resultó en la confesión de deportistas alemanes, italianos y el descubrimiento del campeón norteamericano Lance Armstrong. En España nadie confesó y se sancionó sólo a Alejandro Valverde gracias a las gestiones del Comité Olímpico Italiano.
El ejercicio de transparencia debe trascender, obviamente el deporte, pero esto es un ejemplo de su pertinencia a todo nivel. La transparencia es más bien un tema que pasa por todos los estamentos públicos, especialmente en unos tan sensibles como el Ejército y la Policía. El deber de publicidad, respetando tiempos prudentes y la difusión de información que comprometa la seguridad nacional, es una inapelable señal de que las instituciones funcionan.
En Bolivia, no hay todavía una conciencia política que exija responsabilidades a las instituciones mencionadas. Cabe como ejemplo, la accesibilidad a documentos y archivos desclasificados de oficinas de inteligencia como la CIA en Estados Unidos o el BND en Alemania, instituciones que aun poniendo peros y a regañadientes, accedieron a publicar documentos secretos tan incómodos como por ejemplo la participación del nazi Klaus Barbie (conocido de sobra en Bolivia) en labores de inteligencia a favor de los Gobiernos norteamericanos y alemanes. El mismo hecho de sugerir publicidad de los archivos del Ejército y de la Policía de Bolivia ya es un tema tabú. Ni qué decir ya de la accesibilidad de esos documentos, por ejemplo, a 30 años de la última dictadura feroz –la de García Meza–, a través de Internet.
Será que no es un reclamo social su debate en el Congreso, esa necesidad de transparencia, que tiene la misión de registrar decisiones relevantes y sus motivaciones, para que por lo menos, aunque sea un tiempo después, se desvelen y expliquen los caprichos y excesos de las personas al mando de la fuerza y del poder, sin mantener esa opacidad tan latina que hemos heredado. 

26 de julio de 2013

El deporte que morirá de éxito y el que viene


Publicado en Los Tiempos.  Foto: Sergio Ribero

Las trampas y decepciones en el mundo del deporte de alto rendimiento parecen no tener fin. Si la semana pasada se ha sabido que varios de los atletas más rápidos del mundo hacían trampa —Asafa Powell de Jamaica y Tyson Gay de EEUU encabezando la lista, además de otras dos medallistas olímpicas también del país caribeño— ayer mismamente ha destacado la noticia del análisis de las muestras de sangre congeladas del Tour de Francia ¡de 1998!, con el consiguiente resultado de una treintena de corredores que han dado positivo, todos ellos ganadores de etapas y los tres integrantes del podio. Y eso que el análisis fue accidental, si no imagínense el resultado obtenido si se hubieran analizado a todos los ciclistas participantes y medallistas olímpicos en retrospectiva.

Esta es la enésima notificación de un deporte podrido, y que los diferentes estamentos internacionales se empeñan en difundir como deporte renovado. No se ha renovado nada más que las caras, pero los directivos y sus prácticas siguen siendo similares, al menos en el ciclismo.
En ese contexto es de extrañar que algunos dirigentes, y sobre todo parte de la prensa, se empeñen en seguir buscando un modelo caduco para el deporte boliviano (el de las medallas), que todavía no ha accedido a las élites mundiales.

Claramente se trata de un problema, el del dopaje y el propio afán de superación a toda costa, de situación compleja. Algunos plantean el dopaje libre, abriendo la posibilidad al control detallado, a la igualdad de oportunidades efectiva (sin aplicación debido su distorsión extradeportiva) y sobre todo al avance de la ciencia aplicada: recordemos que en un congreso no se pueden transmitir conocimientos abiertamente, sino que las alquimias ilegales trascienden por el boca a boca. Ahí la pertinencia de que desde la virginidad boliviana, sin una sola medalla olímpica en la historia, se apueste por un modelo de deporte inclusivo, de salud, educativo, popular y de desarrollo social.

Porque, seamos honestos, si lo que se quiere es tener un atleta boliviano ganando el Tour de Francia o la final de la maratón olímpica, el segundo paso es (después de conseguir entrenadores de calidad) contratar un equipo médico que los ponga “a punto”. Dirigentes: se los digo con todas las palabras: si ustedes quieren medallas, contraten a un gabinete médico, además del técnico, pero no defiendan la “honestidad” de forma hipócrita como algunos dirigentes en Europa.

Afortunadamente no tenemos todavía un modelo que apunte únicamente a crear supercampeones (y habrá quienes me llamen mediocre), como el soviético o el modelo del ciclismo del Viejo Continente. Estamos a tiempo de educar a los niños a ganar, a luchar por unas metas y a alcanzar objetivos con métodos limpios. Es muy difícil educar a la ciudadanía y al lector del suplemento deportivo, que se siente humillado por nuestro sempiterno último puesto en el medallero. Pero un motivo de orgullo, referente a nivel mundial, sería el de ser el país con el mayor número de atletas populares o ser el país con el mayor índice de tiempo de ocio dedicado a actividades físicas al aire libre.

Lógicamente buscar un nuevo modelo no es sencillo, por eso mismo sería novedoso. Ya existen organizaciones que utilizan —y desde hace tiempo— la actividad física como forma de integración. Girls on the Run es una fundación norteamericana que educa en liderazgo, salud e integración a través de objetivos deportivos (carreras de cinco kilómetros); Ragnar es una empresa de ocio que combina el espectro social (grupos de amigos corriendo relevos diurnos y nocturnos) con el objetivo de que la gente simplemente se divierta; e inclusive la maratón de toda la vida, esa en la que el objetivo es un asunto personalísimo.

Esta semana empiezan los Juegos Estudiantiles Plurinacionales, una gran oportunidad para plantear ese nuevo modelo con los más jóvenes. Esperemos que no se deje pasar. 

12 de julio de 2013

De bipolaridad y revoluciones industriales


Publicado en Los Tiempos.

Esta semana me llamó la atención  la presentación del libro en castellano “BigData. La revolución de los datos masivos” de Cukier y Mayer-Schönberger. Esta semana asimismo, leí sendos artículos de la tuitera boliviana @arquitecta y del periodista argentino Andrés Oppenheimer sobre la revolución que podría suponer la llegada de las impresoras en 3D.

Debo confesar que la palabra revolución se me ocurre un poco manida y hasta aventurada. No obstante la idea que apunta a que consumo de bienes por parte de la gente sea personalizado me ilusionó. También me ilusionó la idea de crear mis propias esculturas, mi propia ropa, mis propias repisas y hasta una silla con mi firma y colores.

Luego me puso menos feliz enfrentarme a la idea de que quizás no soy tan creativo. La depresión fue a más cuando pensé que otra gente muy creativa, podía utilizar esa fuerza mental para imprimir armas o drogas sintéticas, o inclusive utilizar bases de datos para bombardearme con ofertas que no necesito.

En el carrusel emocional pasé a pensar -optimista- que los jóvenes (entre los que todavía me incluyo) teníamos una nueva oportunidad al haberse cambiado el orden preestablecido. Pero la congoja se asomó nuevamente cuando me di cuenta de que millones de emprendedores (mucho más jóvenes que yo) en todas partes del mundo están ejecutando proyectos con una dosis de creatividad desbordante. Para alivio mío, advertí que por muchos que fracasan, hay algunos que se llevan el gato al agua y triunfan, y que quizás éstos últimos pertenecieron al grupo de los fracasados previamente.

A estas alturas me encontraba en un estado de bipolaridad aguda. Para ponerle la guinda a la torta, mi paranoia salió a flote por las andanzas de espionaje que Estados Unidos ejerce a través de sus productos de mayor alcance en mi vida de ocio: el Google, las redes sociales y mi correo electrónico. Me imaginé bajo una enorme lupa, y sentí miedo de que en lugar de tener un ojo detrás del lente, tuviese un rayo de sol.  Luego recordé las palabras del tal Snowden y volví a cavilar.

Afortunadamente también pensé que la recolección de datos podría tener sobre todo efectos positivos, y así caóticamente, volví al artículo del “Big Data” y a un ejemplo peculiar descrito: los patrones de propagación de pandemias, como la gripe N1H1 que recorrió por el mundo hace algunos años, no se controló en base a los datos censales de contagios, sino a través de un novedoso sistema facilitado por investigadores de Google, gracias al cual, mediante una correlación entre búsquedas como “jarabe para la tos” se podía predecir por dónde estaba avanzando (geográficamente) la difusión de la enfermedad en tiempo real y así poner cortafuegos.

El internet nos está otorgando no solamente nuevos espacios sociales, sino además posibilidades colaborativas casi infinitas. Las grandes instituciones como el Banco Mundial, o los gobiernos nacionales y locales, le están dedicando mucho esfuerzo a los datos abiertos, para observar tendencias y explicar comportamientos.

Los investigadores se van a dar un buen festín compartiendo datos, diseños de prototipos, experiencias  y recetas. Eso sí, habrá que evitar la “infoxicación” para que no ocurra eso que el músico argentino Cerati cantó hace unos años: “Lo terrible del mar es morir de sed”.

29 de junio de 2013

La revolución de las ciudades

Publicado en Los Tiempos.

Este mes Brookings, uno de los centros de investigación (think tanks) más reputados de Estados Unidos, ha patrocinado un estudio monográfico y una interesante aplicación para iPad dedicado a divulgar el poderde las ciudades como locomotoras de progreso económico a cargo de Bruce Katz y Jennifer Bradley.
La aplicación precisamente permite a los usuarios saber de las iniciativas de gobiernos locales, empresas, universidades y mecenas en diversas ciudades de Estados Unidos, y deja una puerta abierta a más aportes desde otras urbes en casos exitosos.
En Bolivia, a nuestra escala, no se han observado todavía iniciativas decididas de desarrollo local y regional que apuesten por la innovación y la atracción de talento, que integren a los diferentes sectores de la sociedad de manera efectiva. El primer paso será pues formar un microcosmos atractivo.
Hacia ese microcosmos apunta precisamente Richard Florida, otro gurú del tema urbano, quien acuñó el concepto de clase creativa, aquel referido a la migración entre ciudades y atracción de talento especialmente en ramas con un componente tecnológico, hecho que atribuye a las personas que conviven en un entorno dinámico y abierto.
Precisamente Florida ha encontrado en The Atlantic Cities una plataforma ideal para transmitir sus ideas acerca del protagonismo de los sistemas urbanos. De forma moderna y dinámica, esta revista on-line explora las ideas más innovadoras y las cuestiones apremiantes que enfrentan las ciudades y los barrios del mundo de hoy, seleccionando noticias, análisis, datos y tendencias Las oportunidades que brinda el mapeo y el manejo de estadísticas en las urbes ha facilitado la posibilidad de tomar decisiones con más precisión.
En América Latina se pueden destacar un puñado de las llamadas megápolis, aquellas ciudades que absorberán el talento y el movimiento económico a nivel continental, como Bogotá, Buenos Aires, Lima, Santiago, DF, Rio y SaoPaulo. En Bolivia ninguna ciudad ha dado el paso definitivo, pero se intuye que Santa Cruz tarde o temprano lo hará, principalmente por su poder demográfico y de creación de empleo. También pueden subirse al tren La Paz, con el fuerte impulso que da un mercado como el alteño, si es que se logran reducir las disparidades, y Cochabamba, dada su envidiable formación educativa y de desarrollo humano, respecto del resto del país.
Se puede prever que las urbes (y sus dinámicas internas) sean las unidades territoriales y políticas que apuesten más idóneamente por empresas emergentes (startups), por emprendimientos privados de jóvenes innovadores, por proyectos tecnológicos y por sinergias. Los primeros movimientos en nuestro país han venido de iniciativas –privadas  lógicamente– pero sin un terreno abonado por parte de la Administración Pública. Si estos brotes verdes surgen en condiciones hostiles, imagínense lo que podrían a llegar a alcanzar aquellos emprendedores que hacen “hackathones” y se lanzan a desarrollar ideas, aquellos que compiten con productos de software o diseños vanguardistas con gente incluso en otros países o los emprendimientos de innovación social.

Los alcaldes tienen un reto muy importante: el de asumir el liderazgo e impulsar relaciones de abajo a arriba, de estimular a aquellos órganos más vivos –los ciudadanos y sus formas asociativas con o sin fines de lucro– que las lerdas y paquidérmicas empresas estatales. Para ello basta que desde el Estado central pongan un marco institucional estable y normas que fomenten que nuestras ciudades sean un hervidero de ideas e intercambios, atrayendo a los inversores establecidos, pero principalmente a nuevos microinversores –los llamados “business angels”–, aquellos proveedores de capital que buscan surtirse de nuevos talentos e ideas, pilares para la economía del mañana. 

14 de junio de 2013

¿Ahorcamos al vasco o nos vamos al parque?

Publicado en Los Tiempos. Imagen panorámica de las áreas verdes de la ciudad de El Alto. 

Cuando se trata de medir el pulso del deporte nacional, los primeros indicadores a los que se hace caso, lamentablemente, siguen siendo el número de goles marcados o las victorias del equipo nacional de fútbol, cifras frecuentemente escasas. Nos acordamos del éxito o fracaso del modelo de gestión deportiva y de las estructuras de la educación física, cuando Bolivia pierde en las eliminatorias mundialistas o cuando, cada cuatro años, llegan los juegos olímpicos y no aparecemos en el medallero, asuntos tristes pero sin demasiada importancia .
 Pero existen muchos otros indicadores, verdaderamente más importantes que el desempeño en competiciones, en las que simplemente por gasto neto o por tamaño de población tenemos las de perder.
Indicadores de uso, por ejemplo, como la cantidad de personas que practican el deporte popular ocasional, el de esparcimiento, se ignoran. Se pueden mencionar las más de 6 millones de licencias federativas que, únicamente contando el fútbol, existen en Alemania, país con una población de 80 millones de habitantes, lo que daría a más de 8 de cada 100, contando mujeres, ancianos y niños, poblaciones no especialmente conocidas por practicar ese deporte.
También se puede tener en cuenta a la infraestructura utilizada para el efecto. Si en Bolivia tenemos a día de hoy 5 pistas sintéticas de atletismo, en Chile se puede contar el mismo número solamente entre los colegios privados de la capital, Santiago. Si analizamos el número en España, la cifra crece hasta las 3.500, y si analizamos –nuevamente– las cifras de Alemania, el número es de 35.000. Más duros son los datos de las piscinas de 50 metros, aquellas llamadas “olímpicas”: en el país únicamente hay dos, una en La Paz y la otra en Santa Cruz.
Pero quizás sea más relevante sea prestar atención a los formadores y aun a los formadores de formadores. Sigue siendo un sueño quijotesco el tener como objetivo profesional la gestión deportiva o la vida de entrenador en nuestro país, dadas las oportunidades de retribución e incluso de formación que hay en el medio, hecho que chirría especialmente cuando los más altos funcionarios del Estado se quejan de nuestro nivel. El asunto es más sencillo que un gimnasio de lujo o de pensar que somos una raza maldita. El asunto va más bien por la formación e inversión en recurso humano que propague el mensaje: el deporte es necesario para la gente, para su salud, para nuestro verdadero “vivir bien”.
 Aun entendiendo que nuestra comparación no debe ser con países ricos, porque la tendencia es al fracaso, podemos pensar en términos propios o per cápita de espacios de recreo y de deporte, como elemento lúdico. Según The Economist, las 17 ciudades más relevantes por tamaño y población de América Latina, promedian 255 metros cuadrados de áreas verdes per cápita. Esa cifra en El Alto apenas llega a uno. Y no se necesita consultar sesudos estudios, basta con el empirismo para demostrar que en esa ciudad existen poquísimos parques o áreas de esparcimiento público y quizás menos programas de promoción de actividades al aire libre.
El meollo del asunto es tener canchas de futbol llenas, promover la existencia de bicicletas en las calles, ver a la gente en los parques y tener una población saludable, orientada por monitores o formadores divertidos y altamente cualificados que hagan esas actividades divertidas y atractivas. El deporte competitivo trae sus beneficios pero también sus deseconomías de escala y efectos perniciosos como la corrupción, el dopaje e incluso la trata de deportistas jóvenes. 
El modelo estatal a seguir no es el que tuvo la Unión Soviética, no es el de las ligas profesionales europeas siquiera –conocidas por lavado de dinero-, sino por las iniciativas comunitarias, aquellas transversales que relacionan desarrollo local, empoderamiento, integración y promoción del deporte saludable.
Para hacer negocio ya están las instituciones privadas. Al Estado le basta con preparar chicos espabilados, saludables, con fuerte autoestima y con un sistema donde se valore lo que hacen.
Por eso, si me preguntan a mí si prefiero colgar a Azkargorta en la Plaza Murillo o llevar a mi hijo al parque a jugar con sus pares, me quedo con lo segundo. 

31 de mayo de 2013

Salvados y el Cuarto Poder: acosando con humor

Publicado en Los Tiempos
La fórmula: un chico muy sencillo, vestido con un par de zapatillas deportivas, jeans y camisa a cuadros, con la barba crecida, de apariencia risueña, curioso y fisgón, que increpa con gracias y astucia –sin faltar al respeto– a políticos y figuras públicas representativas con argumentos de peso desde el sentido común.
Eso, la sencillez en las preguntas y el corpus investigativo que hay detrás, es lo que ha posicionado a “Salvados” como el programa de reportajes más visto de la televisión española cada domingo, y que cualquier estudiante de periodismo debería analizar.
En un país como España, en el que para ver peores años que los actuales en materia económica habría que remontarse al oscuro periodo de su Guerra Civil, con más de la mitad de su población juvenil desempleada en este momento y con una serie de escándalos de corrupción en las cúpulas de su sistema político, se ha formado el microcosmos para la demanda popular de control social y la denuncia justificada.
El descontento general ha sido lo que ha abierto la veda al conductor de “Salvados”, Jordi Évole, quien se enfrenta a sus entrevistados provisto de un iPad que le ayuda a desmontar las contradicciones discursivas de sus interlocutores, haciendo el simple uso de hemerotecas, evitando desmarques y elusiones de responsabilidad. Algunos de ellos han quedado en ridículo, no por un acoso abusivo, sino por su propia incapacidad de debate y transparencia.
Se tratan temas tan complejos y diversos como el sistema de pensiones, el financiero, las burbujas inmobiliarias y de infraestructuras culturales y deportivas, la defensa del consumidor, los monopolios de las empresas eléctricas y farmacéuticas, o los excesos y discrecionalidades de los líderes políticos ante los recursos públicos. Frescura y empatía son las claves, siempre desde la posición del ciudadano medio, que a menudo no tiene la oportunidad de increpar a un político, empresario o dirigente sindical de frente, de preguntarle el porqué de sus decisiones y acorralarlo cuando le evada con una batería de eufemismos.
El espacio de rodaje siempre es la calle, ya sea el Congreso, una fábrica o la Audiencia Nacional. Cuando la situación lo requiere, el equipo de producción –de una impecable calidad audiovisual– se traslada a Suecia, Inglaterra o Islandia para demostrar que otras vías son posibles, comparando el sistema español con otros foráneos. Entre sus entrevistados han estado gente como los expresidentes del Gobierno español González y Zapatero, así como el actual, Rajoy; el activista Julián Assange; el juez Baltasar Garzón o Joaquín Sabina por citar algunos.
Los nuevos públicos demandan formas alternativas de consumo noticioso. En Estados Unidos por ejemplo, la principal fuente informativa de los jóvenes proviene de noticieros de comedia, como el conservador “The Colby Report”  de Stephen Colby o el progresista  “The Daily Show” , de John Stewart, donde incluso entrevistaron a Evo Morales hace un par de años. Ambos son foros que satirizan decisiones que aparentemente son faltas de sentido común.
España atraviesa una crisis económica y social grave, pero también es un país con grandes virtudes creativas. “Salvados” no trata de ser una propuesta presuntuosa, pero sí de ejercer eso que llaman el Cuarto Poder en su sentido más positivo: la comunicación como forma de control social.